Hola a todos, bien aquí les presento mi primer fanfic de Frozen, realmente ame mucho la película, y sobretodo a la parejita Kristanna, así que verán muchos momentos de ellos dos. La idea de hacer este fic me nació después de leer el fiction inglés de BBCdisney "When I Carried You Home", el cual les recomiendo leerlo, ya que habla de manera alterna sobre un pasado que tuvieron Kristoff y Anna, bueno después del pequeño cherry, espero que les guste esta historia, lo cual si no les prometo que lo actualice seguido, pero espero que con su apoyo (por medio de lecturas y comentarios) lo pueda terminar, bien aquí les dejo mi historia, espero que les guste.
Capítulo 1
El invierno eterno de Arandelle había acabado, la reina Elsa se encontraba mucho mejor después de días de aquel incidente, recordando siempre que el principal control de sus poderes era relajarse y vivir feliz, a pesar de las inmensas labores que tenía que realizar debido a su puesto.
Mientras aún pensaba en lo que vendría durante el día, pasó cerca a una de las ventanas que daba hacia la entrada del palacio, la cual antes estaba cerrada por largos años como una manera de proteger a las princesas Elsa y Anna, aquellos recuerdos pasaron por su mente y un leve suspiro salió de sus bellos labios. La reina finalmente dirigió su mirada hacia aquel lugar y para su pequeña sorpresa vio entrar al joven "Proveedor Oficial de Hielo" acompañado de su inseparable amigo Sven, al parecer ya había terminado sus labores, y como ya se estaba volviendo habitual, visitaba a su querida hermana menor, Elsa sonrió gentilmente al venir a sus memorias como hace muchos años atrás antes del incidente con su hermana Anna, conocieron a aquel "joven", justo una tarde de verano parecido a ese día.
Kristoff se encontraba por la parte de los establos junto a su reno, pensaba dejarlo un momento para buscar a Anna, su ahora enamorada. Aún él no podía creer que estaba saliendo con la princesa de Arendelle, pero por otro lado una sonrisa se esbozo en su rostro al recordar como conoció a Anna, que al final de cuentas fue una amiga de la infancia.
- Bien Sven, aquí tienes algunas zanahorias, iré a buscar a Anna.
- Hola Kristoff
En ese momento un simpático hombrecito de nieve apareció ante él, llevaba siempre una nube de nieve, pero disfrutaba bastante poder vivir el verano, aquel al que tanto añoraba.
- Hola Olaf
- ¿Y que te trae por acá? Ayer también viniste a visitar el palacio. – con una enorme sonrisa inocente pregunto algo muy obvio para el joven fortachón.
- Busco a Anna ¿La has visto? – un suspiro previo salió del joven.
- ¡Hoy también buscas a Anna! – muy alegre – bueno ahorita debe estar durmiendo.
- ¿Durmiendo hasta esta hora? Son casi las 11 de la mañana.
- Es que tiene un sueño muy pesado, por algo es una princesa.
- Precisamente, sí es una princesa debería estar despierta desde temprano… - el joven rubio solo atino a suspirar y después del ligero comentario de molestia solo sonrío, en realidad él sabía que ese lado de Anna nunca iba a cambiar, lado de ella que también amaba – Iré a despertarla.
- Te acompaño.
- Descuida Olaf, más bien "cuida" de Sven.
- Entendido – con una gran sonrisa el muñeco de nieve se quedo al lado de su amigo de cuatro patas.
Kristoff entro por la cocina del palacio, en donde encontró a Gerda, a la cual saludo muy gentilmente. Gerda era una de las personas de más confianza que tenían las hermanas, prácticamente las vio crecer a ambas, y también fue una de las primeras en enterarse de las noticias más tristes que tuvo el palacio, como la muerte de los padres de Elsa y Anna, ahora ella se siente muy contenta que la situación haya cambiado, y sobretodo que Anna pudiera encontrar a un buen chico como Kristoff, el cual muy amablemente le pidió a Gerda si él podía llevarle el desayuno a la "bella durmiente", a lo cual ella no se opuso.
El muchacho paseaba algo curioso por los pasillos del palacio antes de llegar a la habitación de Anna, siempre teniendo el cuidado de derramar su desayuno, a pesar de las ya consecutivas visitas que hacía al castillo, aún sentía que se podía perder en cualquier momento. Mientras seguía contemplando, finalmente llego a la habitación de la princesa, su curiosidad de conocer más el palacio termino y dio paso a una nueva, que era ver a Anna despertarse, y al solo pensar en ello, hizo que todo su rostro enrojeciera.
- Kristoff deja de pensar en tonterías – se dijo a sí mismo el joven de cabellos rubios mientras tocaba la puerta, la cual tuvo como respuesta un "quejido" de pereza.
Anna, por el otro lado de la habitación, se encontraba en un sueño muy profundo, aquellos sueños del que uno no quiere despertar, pero el ruido de la puerta era cada vez más fuerte, a lo cual tan bello sueño termino y con todo pesar se sento en su cama.
- ¿Quién? - sobandose los ojos y con los cabellos bien enredados, contesto con un gran pesar.
- Buenos días Anna.
- ¿Kristoff? - al escuchar la voz del joven, la princesa pudo despertarse finalmente y salió de su cama para arreglarse inmediatamente - ¡Ahorita salgo!
- No te preocupes, más bien te traje el desayuno.
En ese momento la puerta de la habitación de Anna se abrio, y la joven de cabellos naranja recibió con un gran sonrisa a su fortachón novio.
- ¡Wow! Si que eres rápida después de levantarte - con cierto tono de sarcasmo el joven rubio se dirigio a la princesa, la cual ya estaba cambiada y debidamente peinada.
- Buenos días Kristoff, pasa, justo ya acomode un lugar para que puedas dejar el desayuno – mostrando una pequeña mesa con dos sillas que había en su habitación, cerca a la ventana en la cual contemplaba por mucho años el exterior.
Por un momento el joven rubio no sabía si entrar a la habitación de Anna, al menos para él era incomodo, pero el hecho de ver la sonrisa de la joven que llevaba dos trenzas, hizo que no tuviera más objeción al respecto.
Después de compartir el desayuno el cual fue preparado para Anna, ella insistió tanto a Kristoff que término comiendo parte del desayuno, ambos jóvenes empezaron a hablar sobre la siguiente excursión que harían.
- ¡¿Y que te parece si vamos de picnic a la montaña del norte?!
- Idea rechazada.
- ¿Por qué? – mirando con gran sorpresa al joven rubio.
- ¿Recuerdas la última vez que fuimos? Por poco y los lobos nos comen.
- Pero esa vez era de noche… ¡Ahora iríamos de día!
- Igual sigue siendo peligroso.
- El bosque de hielo que hizo mi hermana es muy hermoso… ¿No lo crees?
- Anna… - mirándola de reojo, ya que sabía que la muchacha era muy persistente.
- Cuanto desearía pasar una cita contigo en un sitio tan bonito – con un leve rubor en sus mejillas, la joven princesa da una sonrisa muy inocente hacía el joven que tenía en frente, el cual ya sabía que tarde o temprano iba a terminar así, y él no pudo oponer resistencia a su "adorable" encanto.
- Anna realmente no tienes remedio – sonriéndole levemente ruborizado a su joven enamorada – Iremos mañana, pero solo existe una condición para ti.
- ¿Una condición? ¿Cuál?
- Levantarte temprano – cruzando de brazos mientras observaba la reacción de sorpresa de Anna.
- ¡Pero si siempre me levanto temprano! – con una ligera molestia, la princesa cruza sus brazos – Bueno… menos hoy pero dime ¿cuándo fue la última vez que me levante temprano?
- Antes de ayer.
- Ya ves.
- Pero tu hermana te ayudo a levantarte.
- Bueno… pero eso no es siempre, además Elsa me tiro nieve en la cara y eso no es justo.
Kristoff se levanto de su sitio y se puso delante de Anna para darle una tierna caricia en su cabeza, a lo que la joven de cabellos naranja se sorprendió ligeramente, pero inmediatamente le devolvió con un abrazo.
- Gracias Kristoff.
El joven la miro con cierta curiosidad a su agradecimiento a lo que Anna respondió inmediatamente.
- Es solo que cuando haces eso, me recuerda cuando éramos niños, imaginar que por muchos años olvide lo que era sentir esa sensación de calidez de alguien más que mis padres y Elsa.
- El destino fue algo cruel con todos nosotros, pero lo importante es que desde ahora todo marchara bien.
- Lo sé – alejándose del joven sin soltar sus manos mientras le regalaba una cálida sonrisa.
La tarde en el reino de Arendelle era muy hermosa, la reina Elsa decidió salir un momento a los jardines del palacio, era uno de esos pequeños momentos en el cual podía relajarse de la presión del protocolo que debía seguir una reina, parte de ese relajación era poder hacer pequeños adornos de nieve y hielo, o bien jugar con Olaf y su hermana, aunque desde que empezó su relación con Kristoff, eran pocas las veces que jugaban juntas pero era recompensado ese tiempo con conversaciones nocturnas sobre lo que paso durante todo el día, aunque la mayoría de veces Elsa prefería escuchar a Anna, ya que era más interesante oír las aventuras de su hermana, que hablar sobre el montón de papeles y reuniones protocolares que hacia durante el día. Mientras Elsa recordaba todas las nuevas experiencias que pasaba, con su hermana, se le ocurrió darle un pequeño obsequio, algo que pudiera llevar y resaltar la belleza de su pequeña hermana, pensó en un par de aretes, pero tal vez lo terminaría perdiendo, una pulsera sería bonito, pero también tendría la misma suerte que los aretes, mientras seguía pensando en que poder regalarle, una de las pequeñas estatuas que tenia se cayó cerca de un arbusto, Elsa inmediatamente se levanto a recoger la estatuilla que al mirarla detenidamente, encontró el regalo perfecto para su hermana.
- Estoy segura que a Anna le va a encantar el collar que le voy a hacer - Elsa sonreía mientras imaginaba el resultado final y la cara de emoción de su hermana.
