Estaba oscuro.

Era de lo único que podía estar seguro.

Bueno, de eso y del dolor.

Oh… el dolor.

No sabía si podía ser posible que cada parte de su cuerpo doliera con tal intensidad.

¿Qué era eso?

Ese sonido

Un goteo

-Agua-

Su boca estaba seca. Tragó saliva y lo único que sintió fue un ardor mezclado con el inconfundible sabor de la sangre.

Sus brazos estaban atados hacia arriba, un escozor rodeaba sus muñecas. Todo su peso caía en sus hombros. Sí, en efecto todo su peso caía en sus hombros pues acababa de notar que sus pies no estaban apoyados en ninguna base sólida.

Intentó abrir sus ojos pero de pronto sus párpados pesaban toneladas y su cerebro no parecía muy interesado en obedecer sus órdenes.

vamos, no es tan difícil

Luego de un gran esfuerzo empezó a abrirlos lentamente… pero nada de lo que distinguía tenía sentido.

Todo era como una gran mancha llena de colores y sin forma definida. Intentó enfocarse pero lo único que ganó fue que el dolor de cabeza empeorara.

Su mirada recorrió el lugar.

Okay… está oscuro.

Wow, tú sí que eres un Sherlock Dean.

Un temblor empezó a recorrer su cuerpo. Tenía frío y el hecho de no tener zapatos ni un bendito jersey no lo ayudaba.

Algo caliente resbalaba por su mejilla. Lo que sea que fuese no era cómodo, viscoso y espeso, y definitivamente lo distraía de lo que debía hacer.

¿Qué debía hacer?

Ni idea

Suponía que una forma de escapar de donde sea que estuviese. No recordaba nada después de salir del bar.

SAM

Mierda, ¿Dónde estaba su hermano? ¿También lo tenían amarrado?

¡Mierda! No podía ver ni una maldita cosa. Abrió sus ojos, que sin darse cuenta había cerrado e intentó olvidar el dolor punzante en su cabeza para poder buscar alguna pista de dónde demonios tenían a Sam.

Escuchó algo detrás de él. ¿Eran pasos?

Bastardos, donde está mi hermano

Quiso hablar pero lo único que abandonó sus labios fue un ridículo gemido. No podía voltearse a ver quién - O qué – era lo que hacía ese ruido.

Un corte ardiente y congelado lo dejó sin aliento. Mierda, su espalda.

Un escozor recorrió su espina hasta sus piernas y cuello.

Cerró sus ojos fuerte… tan fuerte como pudo y se tragó ese aullido que clamaba por salir de su boca.

Su cuerpo se contrajo en una inútil forma de autoprotección.

-"Buenos días Dean"- dijo una vos áspera en su oreja.

Un golpe en su ya adolorido estómago le provocó una severas e incontrolables ganas de vomitar.

-"Es tiempo de jugar"