Sabía que debió de haber cambiado las herraduras de su yegua antes de salir del establo, y suplantarlas con pantuflas para dormir color rosa no había sido una muy buena idea. El animal relinchaba en protesta de sentir esa suavidad tan extraña en sus patas , acostumbradas a la cálida y seca tierra del Oeste.

-Calma, Merry. En cuanto lleguemos al pueblo, te comprare los mejores calzados para tus patas viejas y flacas. ¡Todas las demás yeguas se morirán de la envidia al verte pasar, si señor! –reconforto el joven jinete a su querida bestia de carga, acariciando su lomo y escupiendo en el camino. Merry relincho débilmente como contestación y siguió con su tranquilo andar por la rocosa senda que llevaba al pueblo Mar Sediento.

-Ah, pero que nombre tan mas triste, ¿no crees, Merry?. Yo la hubiera llamado Valle de la Carne o Villa Feliz, y todos los días comeríamos sopa de armadillo picante, como la que prepara Dadan. Eso sería genial, Merry .-

El joven jinete, desde que tenía memoria, había platicado con su yegua como si ella fuese un ser humano. Los demás que pasaban por el camino con sus carretas elegantes o en burritos lo miraban como si estuviese loco y hasta lo insultaban, a lo que el jinete contestaba con un alegre "Buenos días para usted también, señor" , aunque él lo que lo insultara fuese una mujer.

-¡Oye chiquillo, que se te ha caído un tornillo de tu cabeza!- le dijo un vaquero montado en un caballo de pelaje rojizo que pasaba por el camino y que llevaba observando al muchacho un buen rato, con curiosidad por su peculiar comportamiento. El jinete volteo a ver al vaquero y lo saludo.

-Ah, no , eso no es posible, ayer la tía Dadan me dio unos buenos martillazos por haberme comido el pastel de cactus, por lo que es imposible que se me haya zafado un tornillo, y mucho menos de la cabeza - el chico jinete sonrió y se retiro el sombreo de paja que portaba. En efecto, pudo distinguir el vaquero mientras chasqueaba la lengua: el chico tenía unos buenos moretones y bastante banditas por toda su cabeza -¿Ve? Todo en orden. Pero agradezco su preocupación, señor-

-Eres un huerquillo bastante extraño, pero me agradas- comento el vaquero, aminorando el paso de caballo al mismo ritmo que el de la yegua Merry – ¡Esas son una extrañas herraduras para una yegua, chico!- admiro el vaquero viendo las patas del animal.

-Son solo temporales. Ahora mismo voy a Mar Sediento para conseguir agua y alimento, y de paso le compare herraduras a Merry-

-¿El orfanato? ¿Y para que eso, huerquillo?-

-A, pues vera…- explico el joven jinete de sombrero de paja a su nuevo compañero de viaje –Yo vivo en el orfanato de la vieja Tía Dadan, pero a ella no le gustan que le llamen vieja. No entiendo porque, si ella es una vieja…. ¿Cómo le gustaría que le llamara entonces? ¿Viejo? Je, recuerdo que eso hice en una ocasión, y lo único que gane fue un trincherazo en las posaderas. ¿Quiere ver la cicatriz?- ofreció el muchacho levantándose un poco de su asiento.

-¡No gracias, que acabo de desayunar ¡- dijo rápidamente el vaquero , desviando la mirada – Pues por lo que cuentas, esa tal Dadan es una señora muy agresiva. Ese orfanato ha de ser un infierno para los chiquillos. Si yo fuera uno, haría mis maletas y me largaría de polizón en el tren más cercano -

-Es una vieja casaca rabias- admitió el joven jinete –Pero no es mala. Cuida de nosotros y nos da asilo y de comer-

-Eso se encuentra fácilmente en cualquier lado, si se sabe como buscar. – aseguro el vaquero sonriendo con seguridad, como si él pudiera confirmar sus palabras por experiencia propia

Dieron vuelta a la izquierda del camino, entrando a la estepa del desierto. Merry empezaba a gemir y su caminar era torpe. Su joven jinete deseaba que Mar Sediento ya no se encontrara muy lejos, y que con un poco de suerte pudieran llegar antes del ocaso. De lo contrario, tendrían que acampar por la noche, lo que alargaría innecesariamente el viaje, y tiempo no era exactamente algo de lo que joven jinete gozaba.

En la distancia, un aullido que parecían gemidos de risa se produjo.

-Coyotes- informo el vaquero sin asustares – Los animales mas rastreros de esta tierra, si no contamos a los políticos, claro-

-Dígamelo a mí, si no fuera por ellos, el orfanato no estaría necesitado de alimento- comento el muchacho, secándose el sudor la frente y dando un trago a su cantimplora de agua.

-¿Les elevaron mucho los impuestos? O no me digas que les han confiscado sus animales de corral…- dijo el vaquero muy indignado.

-¿Eh? Ah, no. Yo hablaba de los coyotes- desmintió el chico – Estamos acostumbrados a ellos allá en el orfanato, y sabemos muy bien que trampas ponerles y como ahuyentarlos. El problema es que hasta hace poco, han aumentado de forma increíble las manadas de la zona y nos es imposible lidiar con tantos. Se roban nuestras gallinas, muerden e infectan a nuestras vacas y ovejas. Merry, por ejemplo, es la única sobreviviente de las tres yeguas y el semental que teníamos. Y para echarle más pólvora a la dinamita, los coyotes también han ocasionado que los comerciantes ambulantes con los que negociábamos antes ya no se acerquen por miedo a ser atacados. Sobrevivimos gracias a las conservas de emergencia que guardábamos para el invierno, pero no duraran mucho mas. Por esa razón he partido hacia Mar Sediento-

El vaquero escucho el relato con mucha atención, frunciendo el ceño con gesto pensativo. Cuando termino de hablar el muchacho, miro hacia al camino, que había empezado a transformase en una senda cada vez menos rocosa, y soltó un suspiro que pareció salir de lo más profundo de su alma.

-La naturaleza también puede ser una verdadera perra cuando se lo propone- dijo el vaquero con amargura.

-Wow, yo no sabía que la naturaleza podía adoptar forma de animal. Me pregunto si se puede convertir en un conejito…- se imagino el muchacho.

-No, pero puede transformase también en una completa zorra- comento el vaquero , y empezó a reír a carcajadas de su propia ocurrencia.

El joven jinete rió junto a su camarada, aunque no entendía del todo la gracia del asunto. De igual modo, la risa le caía bien a su cuerpo, que se encontraba cansado y caluroso gracias a los potentes rayos del sol.

Prosiguieron su camino, charlando de temas triviales y bromeando ocasionalmente. Merry mejoro considerablemente su humor una vez que sus patas se familiarizaron con las pantuflas y su andar se hizo mucho más rápido.

Acampar ,por lo visto, ya no sería necesario.


Al cabo de dos horas, una imagen de pequeñas construcciones rodeadas de una pared blanca se hizo visible en la distancia.

-¡Mar Sediento!- exclamo el joven jinete, con una mano en alto -¡Al fin! ¿No te da gusto, Merry? Lo logramos y sin perdernos en el camino. Ja, y eso que los muchachos dirían que no duraría ni cinco minutos aquí en el desierto sin tener idea hacia donde demonios ir -

-¿De que hablas, huerquillo? ¿Quieres decir que no sabias tu rumbo?- pregunto el vaquero impresionado.

-Pues le di una rápida hojeada al mapa antes de partir, pero ese dibujote tan raro no me hizo ningún sentido y decidí solo confiar en mi suerte… y en Merry, claro. Ay, y no olvidemos mi amuleto de la buena suerte: mi confiable pata de conejo de peluche- respondió el jinete, sacando dicha pata de su bolsillo y dándole un beso.

-Debo decir que me has sorprendido, huerquillo - reconoció el vaquero dándole un ligero golpe en el hombro. Después, con un tono levemente más serio, añadió :- Solo no abuses de tu suerte, y menos en un pueblo tan peligroso como Mar Sediento-

-¿Peligroso? ¡Para nada lo es! La tía Dadan siempre nos ha dicho que es solo es un lugar lleno de holgazanes y chicas que realizan la profesión más antigua del mundo. No sea cual sea, en realidad, pero supongo que han de ser pintoras o cazadoras- dijo el jinete sin alterarse.

-Apuesto a que la tía Dadan siempre venia aquí armada con un revólver, ¿o me equivoco?- inquirió el vaquero.

-De hecho, siempre se llevaba su ametralladora y su cuchillo de sierra. Para asustar a los imbéciles, decía ella-

-Exacto. Y dime chiquillo, ¿tú con que vienes armado?-

-¡Con mi entusiasmo!-

-No es suficiente – sentencio el vaquero –Si llegas desarmado a Mar Sediento, los lugareños te comerán vivo, como una oveja entrando a la guarida de los lobos-

-¡¿Qué? !- grito el joven jinete alarmado, asustando a la yegua Merry –¡Pero no tienen razón para hacer eso, si yo vengo en son de paz!-

-Precisamente por esa razón serias una presa fácil, huerquillo. Aquellos que buscan la paz mueren más rápido aquí en el oeste, recuerda eso. No te estoy aconsejando que te vuelvas un canalla ni mucho menos, pero te hará bien aparentar que eres uno- explico el vaquero sabiamente. Extrajo una de sus pistolas de su cinturón y la acomodo en el del muchacho.

Al inicio, parecía asustado del arma que ahora pendía de su cintura y pretendía quitársela, pero el vaquero insistió que se la dejara puesta. A continuación, el vaquero amarro un paliacate rojo al cuello del muchacho y mancho un poco su rostro con tierra.

-Listo. Al menos así ya no tevés tan indefenso – dijo el vaquero, admirando su trabajo.

-¡Pero ahora luzco como un asesino!- reclamo molesto el muchacho, escupiendo la tierra que se la había metido en la boca.

-No seas exagerado. A lo mucho pareces un criminal de pacotilla, pero bastara para que los granujas de Mar Sediento te dejen en paz por un rato. Trata de conseguir tus provisiones y salir lo más rápido que puedas de ese lugar, ¿entendido?- advirtió el vaquero, sujetando su sombrero – Y vuelve de inmediato al orfanato. Tu yegua es muy inteligente, y para estos momentos la ruta ya debe de estar grabada en su memoria-

Merry relincho orgullosa ante las palmadas que el vaquero le daba en la cabeza.

-Cuida a tu despistado jinete por mí. Ese será tu trabajo- le dijo el vaquero con naturalidad. Momentos después, el hombre sonrió una última vez al joven jinete y partió hacia otro camino, el opuesto al que conducía hacia Mar Sediento.

-¿A dónde vas?- le pregunto el muchacho con voz triste al ver como se marchaba.

-Tengo asuntos pendientes en Villa Nueva. Me temo que este es el adiós, huerquillo. Te deseo mucha suerte con tus problemas, aunque algo me dice que te irá bien. Oh, un último consejo: hagas lo que hagas, no confíes mucho en las mujeres de Mar Sediento. Son lindas y amables por fuera, pero por adentro son mas astutas y viles que el peor de los forajidos-

-¡Tu tranquilo! Se cuidarme solo. Llegue hasta aquí y nunca antes había salido del orfanato, ¿recuerdas?- respondió el chico con confianza, dándose un golpe en el pecho para resaltar su capacidad. Merry puso los ojos en blanco y relincho, negando con la cabeza.

-Me parece perfecto, y tal vez sea un imbécil, pero te creo. ¡Adiós, huerquillo! ¡Que ninguna bala perdida acabe con tu vida ni que alguna bestia de la penumbra te lleve a tu tumba!- exclamo el vaquero energéticamente, jalando las cuerdas de su caballo, obligándolo a levantarse en dos patas por un momento. Se retiro el sombrero como ultimo gesto de despedida y en seguida su caballo recupero su posición normal , saliendo trotando más rápido que el mismo viento, levantando una nube de polvo en su camino.

-¡Cuídate! – grito el muchacho. Abrió los ojos con sorpresa y añadió:- ¡Por cierto, mi nombre es Luffy! ¿!Tu cómo te llamas! ?-

Pero no recibió una respuesta, y creyó que su amigo no lo había escuchado. Sabiendo que era muy tarde para preguntar de nuevo, el joven jinete Luffy emprendió de nuevo a Merry en marcha hacia Mar Sediento. Pero justo como el aullido de coyote que se había escuchado anteriormente, una voz llego a sus oídos y se extendió total y claramente por el desierto y el cielo despejado que brillaba sobre él.

-¡SHANKS!- decía la voz lejana.

Luffy sonrió y volteo en dirección hacia donde había partido el vaquero, pero este ya se había perdido de vista. Se quedo así por dos minutos, que bien se le podían imaginar cómo horas hasta que Merry empezó a golpear la tierra con una pata, impaciente.

-De acuerdo Merry, sigamos con nuestra misión- la tranquilizo Luffy – Además, algo me dice que lo volveremos a ver.-

Tal vez ocurriría así, pero probablemente jamás se volverían a encontrar. El viejo oeste era un lugar peligroso, y apostar por un segundo encuentro entre dos personas era como apostar a la mula mas flaca de la carrera.

-¡La vieja señora suerte nos sonreirá, estoy seguro! – Murmuró Luffy , aferrándose la pata de conejo de peluche, que ahora colgaba de su cuello justo en el momento en que él y Merry llegaban a las viejas puertas que eran la entrada a Mar Sediento -¡Eso es si no se ofende de que la llame vieja, como Dadan!-

Con esas palabras, Luffy se adentro al pueblo de Mar Sediento, donde el olor a whiskey y pólvora impregnaban el aire y el polvo entraba en los ojos. La verdad sea dicha, si bien ese pueblo no era exactamente un paraiso vacacional, a Luffy no le pareció tan temible como el vaquero Shanks lo había descrito.

Pero no podía juzgar aun. Después de todo, solo había estado en el pueblo por un misero minuto.


Otra historia mas les dejo XD.

Debo decir que esta tal vez sea mi ultima historia por un tiempo (exceptuando los One Shots) ya que en realidad quiero completar todas las historia que he iniciado y publicado. Ademas, este fic no sera muy largo. Cuando mucho unos diez capitulos. Y... todavia no se muy bien, pero puede que incluya LuNa tambien en la trama . Opiniones al respecto son bienvenidas.

!Gracias por leer! !Cuidense !