Stiles Stilinski, boyfriend extraordinaire

MereLoup


(Disclaimer)

Los personajes y escenarios de Teen Wolf pertenecen a sus respectivos creadores y son usados en ésta historia sin fin de lucro.

Esta es una traducción autorizada de la historia escrita por MereLoup y publicada en AO3.

(Resumen)

—Departamento del sheriff del condado de Beacon Hills, está hablando con el oficial Mahealani.

— ¡Oh, gracias a Dios!

— ¿Stiles?

—Yo, uhm, necesito un consejo.

— ¿Consejo?

—Sí. Así que, hipotéticamente, te encuentras con la madre y la hermana de tu novio por primera vez. Completamente por accidente. En la tienda de comestibles. Y te convencen de ayudarles a preparar una cena para sorprender a ese novio antes mencionado cuando llegue del trabajo. ¿Qué harías?

Danny hizo una pausa y, entonces: —Stiles, tú no tienes novio.

— ¡Ese no es el punto! Y aclaré que era algo hipotético.

—Stiles… ¿qué estás haciendo en éste preciso momento?


Stiles nunca imaginó que estaría en la cocina de Derek, preparándole una cena sorpresa con su familia mientras esperaban a que Derek llegara del trabajo. Parcialmente porque su visita fue una total sorpresa. Pero mayormente porque Stiles no tenía novio. Ni idea de quién era Derek. Pero ya había llegado demasiado lejos ¡y su padre no educó a un desertor!


Capítulo 1


Apenas pasaban de las cuatro de la tarde y Stiles, por fin, terminó su jornada laboral por el día.

Mañana sería su primer día libre tras casi una semana y media cubriendo turnos por un enfermo de gripe Greenberg. Stiles había estado a la espera de pasar los próximos dos días tirado en el sofá y finalmente ponerse al corriente con las series de TV en su DVR y emparedad, en medio de eso, varias y necesitadas siestas.

Tenía grandes planes.

En su camino a casa, se detuvo en la tienda de comestibles para abastecerse para El Mejor Día Libre en la Historia de los Días Libres y fue extraído de su deliberación entre Cheetos y Doritos cuando creyó escuchar a alguien exclamando su nombre desde el otro lado de la tienda. Levantó casualmente la mirada y observó los alrededores, pero no vio a alguien que reconociera.

Ooookey, apenas acababa de devolver su atención al aparador cuando lo escuchó de nuevo, pero más cerca esta vez.

— ¡Stiles!

Su cabeza se levantó de nuevo y la giró una vez más, escaneando el corredor con mayor intención. Siguió sin ver a alguien que conociera. De todas formas, vio a una mujer acercándosele a propósito con una gran sonrisa y un determinado y malicioso brillo en sus ojos.

Ella hizo contacto visual y lo saludó con la mano y apenas tuvo medio segundo para pensar «¿quién demonios es?» antes de que la mujer lo atrapara en un abrazo firme, sujetándolo con fiereza.

— ¡Eres tú! No estaba segura de que lo fueras, ya que estás usando gafas ésta vez, ¡pero seguía sin poder creerlo! —farfulló con emoción, abrazándolo más fuerte. Se hizo a un lado y lo miró, con una sonrisa enfática en la cara.

Uhm.

—Tomaríamos un vuelo de conexión en el SFO, pero terminó por cancelarse por problemas mecánicos, ¡así que pensamos en pasar por aquí y sorprenderlos, chicos!

Okey… ¿qué? ¿Me perdí de algo aquí?

—Uhm —Stiles sonrió con nerviosismo—. Bueno… considérame sorprendido —su voz sonó extraña, incluso para sus propios oídos. No creía haberla conocido antes, pero ella, sin duda alguna, parecía conocerlo.

Antes de que tuviera tiempo de preguntarle de dónde, exactamente, lo conocía, otra mujer apareció por la esquina del pasillo. Cuando sus ojos pararon en la primera mujer, que seguía tocando a Stiles, se mostró, momentáneamente, confundida. Pero, entonces, cuando sus ojos repararon en Stiles, éste pudo ver el reconocimiento asentándose en su rostro y sus labios se rompieron en una sonrisa también.

—Oh, por… Laura, no puedes sólo ir y saltarle encima —rió, acercándose a los dos—. ¡Va a pensar que estamos locas!

Bueno, no estaba equivocada.

Tenía largo cabello castaño, que llevaba elegantemente peinado hacia atrás. Caminó hacia Stiles y extendió la mano con una cálida y firme sonrisa.

—Debes ser Stiles —tenía un gran parecido con la primera mujer, pero lucía mayor. ¿Madre e hija, tal vez? Stiles se cambió la canasta de compras a la mano izquierda y tomó la que ella le ofrecía, sacudiéndola con solidez.

—El único e inigualable —rió con vergüenza.

Desde que trabajaba para el departamento de policía del condado de Beacon Hills, Stiles se acostumbró a que gente que no conocía lo saludara, especialmente mientras usaba el uniforme. Su padre había sido el sheriff de Beacon Hills por casi treinta años, por lo tanto, un rostro conocido por la comunidad. Stiles había dejado su propia marca en la sociedad temprano ese año, cuando hizo su debut en el diario local en su envolvimiento al cerrar un gran caso.

Su cara salió en el periódico y todo.

No era como si fuera una celebridad local ni nada de eso, pero, sí. Tendía a ser notado alguna que otra vez. Pero nada como esto.

—Soy Talia Hale. La madre de Derek —dijo con felicidad.

Eso no ayudó.

— ¿Oh? —asintió en lo que, esperó, fuera un honesto y satisfecho gesto y no uno confundido.

Talia Hale. Derek. ¿Derek Hale? No le sonaba conocido.

Ella se irguió y rodeó con el brazo a la otra mujer.

—Ella es Laura —Laura sonrió orgullosamente, mientras Stiles la saludaba con la mano vagamente.

Era obvio que ésta gente sabía quién era él, pero no fue hasta pasados unos cuantos segundos en completo y vergonzoso silencio que Stiles notó sus sonrisas expectantes y se dio cuenta de que se suponía que él debía conocerlas también.

— ¡Por supuesto! —Ay, Dios, ay, Dios, ay, Dios—. ¡Es genial verlas, chicas! —sonrió ampliamente, deseando que fuera lo suficientemente convincente—. Talia y Laura —repitió, sacudiendo la cabeza, como si el reconocimiento por fin le hubiera caído encima—. Laura y Talia —su mano hizo una floritura apenada—. ¡Las Hale!

Pudo sentir las gotas de sudor resbalando por su espalda.

Se devanó el cerebro, intentando escanear por todos los rostros de gente que conoció al crecer o con quienes interactuó en el trabajo, esperando recordar quién carajo era esta gente antes de que todo se volviera más extraño.

La preparatoria de Beacon Hills tenía un montón de maestros substitutos todo el tiempo: ¿alguna vez impartieron alguna de mis clases?

—Así que, su vuelo se canceló, ¿eh? Hombre, que molestia —se estremeció internamente ante lo flojo que sonó eso.

—Sí —intervino Laura, poniendo los ojos en blanco—. Nuestro avión tuvo un montón de problemas técnicos, así que lo aterrizaron indefinidamente. No tenían nada hacia Nueva York hasta mañana temprano, así que —abrió los brazos dramáticamente—, ¡aquí estamos!

—Claro que están. Aquí —rió Stiles débilmente—. Ustedes dos. Laura y Talia — ¡Deja-de-hablar-Stiles!—. Esto es demasiado… apenas puedo creerlo. ¡Qué sorpresa! —ofreció Stiles de forma apagada.

¿Un vecino, tal vez? No, ¿alguien que trabajaba en la ciudad? ¿Familia de un viejo compañero de lacrosse? ¡Mierda, mierda, mierda!

Sin ser conscientes de la confusión interna de Stiles, Talia permaneció de pie ahí, con una sonrisa complacida en el rostro, viendo a Laura y Stiles hablar. A Laura no parecía importarle que a Stiles le faltara un poco —okey, un montón— de diálogo al conversar y continuó como si nada:

—Lamento estar siendo tan intentas —rió—, es sólo que, Derek es tan receloso de su vida privada, ¡que pensamos que nunca te conoceríamos! —Sonrió, mordiéndose el labio con emoción—. ¡Nunca antes nos presentó a alguno de sus novios!

Y… okey. Esperen.

¿Novio?

Al escuchar eso, el cerebro de Stiles se detuvo de golpe por completo.

— ¿Qué? —pasó saliva con dificultad.

Se sintió caliente de repente. ¿Estaba el ambiente tan caliente? Definitivamente sentía mucho calor.

Laura puso los ojos en blanco e hizo una mueca tortuosa.

—Sí, dice que no quiere que los espantemos —Laura frunció el ceño, haciendo su rostro lucir más huraño, y cruzó los brazos sobre el pecho, asumiendo una postura que pretendía imitar a Derek.

—Bueno… —Stiles rió, incómodo—. ¡Ya conoces a Derek! —dijo, quizá un poco alto. Pasó saliva de nuevo y se tiró del cuello de la ropa—. Siempre tan reservado.

Stiles definitivamente habría recordado si hubiera conseguido un novio recientemente. No había tenido una relación en años. Demonios, ni siquiera había tenido acción en meses. Excepto por aquella vez que él y Danny fueron a The Jungle y Stiles se lio con un chico al azar. Pero besuquearse con alguien en un callejón oscuro a las tres de la mañana tras beber demasiadas brisas de mar, junto a un contenedor de basura y el charco de vómito de alguien más antes de irse a casa para masturbarse no era exactamente como empezaban las relaciones amorosas.

No usualmente.

Pero ese estaba lejos de ser el punto.

Stiles sabía, totalmente, que no tenía novio por el momento.

Talia, que había permanecido extrañamente en silencio tras presentarse, parecía estar estudiando a Stiles. Sus ojos le escanearon la cara, buscando algo y, súbitamente, Stiles se sintió muy consciente de sí mismo. Stiles no estaba seguro de si era una mirada del tipo me estoy asegurando de que seas lo suficientemente bueno para mi hijo o del tipo que no mereces salir con mi hijo.

Sabía que debía cambiarme de ropa después del trabajo.

Talia ladeó la cabeza a un costado y sonrió. ¿Oh, Dios, y si no le agrado? ¿Y si piensa que no soy lo suficientemente bueno para Derek? Quienquiera que fuera.

Finalmente, ella habló.

—Laura, no sobrecargues al hombre —su voz era juguetona y le guiñó un ojo a Stiles.

Laura suspiró y miró a su madre:

— ¡No lo estoy sobrecargando! —Miró de vuelta a Stiles, con expresión avergonzada y un rubor en las mejillas—. ¿O sí?

— ¡No! ¡No es así! —Se apresuró a decir. Puso su mejor sonrisa tranquilizadora—. No me molesta en absoluto. Es genial conocerlas por fin, chicas —dijo con fingida emoción, mirándolas a ambas—. De haber sabido que vendrían, habría planeado algo.

El eufemismo del año.

—Bueno… —los ojos de Laura brillaron, maliciosos—. Íbamos a preparar la cena para Derek y sorprenderlo —miró a su madre y sonrió antes de volver a observar a Stiles—: ¡puedes ayudarnos!

Stiles sintió el calor escalando hasta su cara y se sintió a punto de soltar su cesta de compras en medio del pasillo.

—Oh, no… —escupió sin poder evitarlo—. Yo no…

— ¡Vamos! ¡Será divertido! —insistió Laura, sonriendo y sin darle a Stiles la oportunidad de zafarse.

Tras ella, Talia se rió por la interacción entre ambos.

—Nunca lo adivinará —sentenció.

—No, no lo sospechará en lo más mínimo —Stiles podía sentir el corazón latiendo fuerte y su respiración acelerándose. ¡Por favor, no tengas un ataque de pánico ahora mismo!-. ¡Seguro! Suena genial —concedió finalmente.

Esto se le estaba saliendo de las manos. Stiles necesitaba tener una seria conversación con su filtro cerebro-boca.

—Déjenme elegir algo que sé que le gustara y, uhm, ¿las veo en la entrada?

— ¡Suena bien, Stiles! —Dijo Talia, sujetando a Laura—. Te veremos en un parpadeo.

Stiles sonrió y esperó hasta verlas caminar hasta el final del corredor y dar la vuelta. Cuando por fin estuvieron fuera de su vista, giró dramáticamente, casi derribando un mostrador de quínoa con el extremo de su cesta de compras.

— ¡Oh, Dios mío! —Susurró-gritó, pasándose una mano frustrada por su ya de por si despeinado cabello—. ¡Qué carajo!

No tenía idea de qué hacer.

Bien podía ir y decirles a Laura y Talia que no era la persona que creían. Pero eso sería demasiado extraño, viendo que había puesto demasiado esfuerzo en fingir reconocerlas. Y no había forma de que ellas lo hubieran tomado por otra persona, ya que conocían su nombre y todo. ¿Quién más se veía se esa forma y se hacía llamar Stiles? Obviamente no lo confundieron con otra persona. No, estaban convencidas de que él era el amigo de Derek.

El novio de Derek.

Si les decía que no era el novio de Derek, ¿qué clase de daño le haría eso al susodicho?

¿Por qué alguien que ni siquiera conocía pretendería que él era su novio? ¿Cómo sabía Derek que Stiles era gay? ¿Cómo sabía Derek quién era Stiles?

¡¿Y quién carajo es Derek, de todas formas?!

Tal vez Derek nunca antes salió con alguien y su familia estaba preocupada de que nunca encontrara a la persona indicada, así que se inventó un novio imaginario para minimizar su sufrimiento y, si ahora esto le era revelado a su familia, tendría que vivir con la vergüenza de que estos supieran lo patética que era su vida, llegando al extremo de inventarse una relación, y tendría que sufrir imparables burlas o, peor, lástima, y se vería obligado a abandonar a su familia para siempre, yendo a vagabundear por el estado envuelto en pena y ridiculez.

O… tal vez Derek era un agente secreto que trabajaba con alguna sombría agencia del gobierno, como SHIELD, y todo esto era parte de alguna operación en la que Stiles estaba siendo seguido. Tal vez Laura y Talia fueron enviadas para llevar a Stiles a la oficina central, donde le informarían que necesitaban sus proezas como agente de la ley y sus habilidades de manejo superiores para resolver un crimen de misterio e intriga internacionales.

O… quizá eran agentes, pero en realidad de Hydra. Y aquello que vigilaban era a Stiles. ¡¿Y qué si era alguna especie de blanco y ellas sólo lo marcaron para ser abatido por francotiradores?!

—Ay, Dios —susurró-gritó con fuerza—. Hydra me está siguiendo.

Stiles miró por encima del hombro, asegurándose de que no hubiera alguien sospechoso a su alrededor que pudiera ser, en realidad, un asesino.

Jesucristo, Stiles, ¿enserio? Contrólate. Tomó aire y lo dejó salir lentamente.

—Hydra no te está siguiendo —se dijo—. Tienes hambre, estás cansado y reaccionando mal ante una situación muy extraña. Cálmate.

En verdad necesitaba mucho el día libre mañana. Seguramente podría mantener la calma un par de horas más hasta que todo esto estallara. Además, ¿qué era lo peor que podía pasar? Si todo se desenmarañaba durante la cena, sólo tendría que despedirse con educación y dejar que Derek manejara las consecuencias.

—Okey —les dijo en voz alta a las cajas con granos que tenía delante—. Puedo manejarlo. Soy un oficial del departamento de policía de Beacon Hills. Puedo controlar situaciones de mucho estrés y soy bueno improvisando. ¡Puedo hacerlo! —los granos no parecieron convencidos.

Stiles giró y se escabulló al final del pasillo. Ocultándose bajo el extremo lleno de frascos de espárragos preparados, se asomó por el borde para asegurarse de que las Hale estuvieran lo suficientemente lejos para no escucharlo. Laura estaba de pie frente al mostrador de revistas, observando, perezosamente, una de ellas y Talia estaba sentada en una banca, viendo algo en su teléfono con el ceño fruncido. Estaban distraídas lo necesario para que Stiles armara alguna especie de plan.

Stiles regresó al corredor y metió la mano en el bolsillo de su uniforme, buscando su teléfono. Lo sacó y, rápidamente, llamó a la estación.

Su píe tamborileó rápidamente mientras esperaba que alguien respondiera.

—Vamos, vamos… —murmuró.

Finalmente, alguien respondió.

—Departamento del sheriff del condado de Beacon Hills, está hablando con el oficial Mahealani.

La voz de Stiles salió en una exhalación de aire:

— ¡Oh, gracias a Dios!

— ¿Stiles?

— ¡Necesito tu ayuda! —graznó.

— ¿Estás bien? —la voz de Danny se mostró, simultáneamente, impresionada y no tanto. Era bastante bueno en eso. Como, aterradoramente bueno.

Stiles volvió a espiar por el corredor, para asegurarse de que Laura y Talia siguieran distraídas.

—Tengo problemas —dijo, moviéndose por el pasillo.

— ¿Necesitas refuerzos? —Toda la calidez se evaporó de su voz y pronto se convirtió en un sujeto dedicado a sus negocios—. ¿En dónde estás?

— ¡No! —dijo con urgencia.

Lo último que necesitaba era un convoy de oficiales del DPBH llegando a la tienda, con las sirenas sonando y llamando más atención al hecho de que Stiles tenía la tendencia a meterse en un sinfín de situaciones ridículas.

Se pasó una mano por el cabello de nuevo:

—Es decir… ¿algo así? Yo, uhm, necesito un consejo.

— ¿Consejo? —y, ahora, la voz de Danny volvió a nada impresionada.

—Sí —Stiles respiró hondo—. Así que, hipotéticamente, te encuentras con la madre y la hermana de tu novio por primera vez. Completamente por accidente. En la tienda de comestibles. Y te convencen de ayudarles a preparar una cena para sorprender a ese novio antes mencionado cuando llegue del trabajo. ¿Qué harías? —Stiles pensó que, si hablaba muy rápido, Danny no notaría la rareza de la pregunta.

Danny guardó silencio un instante y, entonces, contestó:

—Okey, bien, si yo acabara de conocer a la familia de mi novio por primera vez y quisieran que los ayudara con una cena sorpresa, entonces diría que sí. Probablemente sea una buena oportunidad para conocerlos y dejarles ver lo buen novio que eres —Stiles asintió—. Pero, Stiles —Danny pausó y—: tú no tienes novio.

—Ese no es el punto —dijo, ruborizado—. Y dije hipotéticamente.

Pudo oír, prácticamente, a Danny poniendo los ojos en blanco.

—Stiles, ¿qué estás haciendo?

Okey, entonces Stiles tendría que seguir con todo esto.

Ésta no era la forma en que planeó pasar la tarde, pero no podía dejar solo a Derek, porque no.

Si Derek lo necesitaba, iba a estar ahí.

(Sin importar quién carajo fuera Derek).

—De acuerdo. Gracias, hombre —le dijo al teléfono.

—Seguro… uhm, ¿alguna otra cosa con la que pueda ayudarte? —ese era el motivo por el que Danny era la persona favorita de Stiles.

—Sí, de hecho. ¿Podrías, uhm, no mencionarle esta llamada a mi papá?

En vez de responder, Danny sólo se echó a reír —Stiles se habría ofendido, pero esta no era la primera vez que se veía envuelto en alguna clase de extraña situación y le había pedido a alguien que lo mantuviera oculto del sheriff).

No tenía idea de en qué clase de situación este tal Derek se encontraba envuelto, pero su familia parecía gente perfectamente adorable y Stiles no quería decepcionarlos.

Quería ser el mejor novio que pudiera y mostrarles que Derek estaba en buenas manos.

Derek lo merecía.

Tal vez.

Oh, demonios.


Traduje esto escuchando Toss the Feathers, lo que implica: rápido y con el corazón agitado… también, que no tuve tiempo para betear porque, tic-toc, suena el reloj, así que, si hay algún error por ahí, díganmelo y se los agradeceré con besitos de purpurina (o lo haría, si existieran… si existen, qué horror).

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