El vuelo de la pequeña golondrina

Había una vez hace mucho tiempo, una pequeña golondrina que pasaba sus días caminando por el suelo del bosque, con tranquilidad, era una criatura muy curiosa, pues nunca había volado, recordaba que cuando era tan solo un polluelo, había caído del nido, y sus alas se rompieron, había pasado tiempo de ello, pero aun así no podía volar, quizá sus alas no sanaron de la forma correcta, o que simplemente nunca aprendió a volar, pero para la pequeña golondrina era un tema que nunca dejaría de fascinarle.

Los demás habitantes del bosque consideraban a la pequeña golondrina como una criatura muy extraña, incluso los animales carnívoros solían alejarse de ella "tenía algo extraño" decían, muchas veces intentaron cazarla, pero se encontraban con que a la pequeña golondrina no parecía interesarle ello, no parecía importarle lo que le hicieran, y eso atemorizó a sus atacantes, desde ese entonces la pequeña golondrina seguía caminando por el bosque, sin un rumbo fijo y con sus alas heridas.

Pero la pequeña golondrina tenía un sueño, quería volar, quería saber que se sentía poder ver el mundo desde arriba, quería saber cómo se sentía el viento acariciando sus plumas al cortarlo con su cuerpo, y para ello comenzó a aprender, le preguntó a los pequeños colibríes, a la esquiva lechuza, incluso a la poderosa águila, aprendió todo lo que se podía aprender sobre el vuelo, aprendió y meditó, muchas veces soñaba despierta con el día en el que su pequeño par de alas cortaran el cielo a su paso, muchas veces pensó que nada podría detenerlo, y un día intentó volar, solo para caer una y otra vez sin lograr dejar el suelo por más de un segundo.

¿Qué le pasaba a la pequeña golondrina? Ella no podía comprenderlo, lo sabía todo, lo había aprendido, lo había meditado, pero aun así su cuerpo se negaba a abandonar el suelo, esto llenó de tristeza a la pequeña golondrina, quien aun se lamentaba en silencio, cuando vio sobre el suelo, una pequeña paloma, de plumas blancas como las nubes que la pequeña golondrina observaba a diario con fascinación, se acercó a ella, y vio sus heridas, la pequeña golondrina trató de cuidar de la pequeña paloma con todo su esfuerzo, curó sus heridas, la alimentó, y veló por su descanso, tuvo especial cuidado con las alas, que se habían roto al caer al suelo, la pequeña golondrina no quería que su compañera quedara atada al suelo como ella, pasado el tiempo la pequeña golondrina y la pequeña paloma pudieron hablar, ella le contó que había sido derribaba por un fuerte viento, que la separó de los suyos, y la arrojó con fuerza contra el suelo, "Bueno, volar no es para nada sencillo, y mucho menos carece de riesgos, pero la recompensa es más gratificante que todas las penas, ¿No lo crees?" comentó la pequeña golondrina, la pequeña paloma la miró, y susurró "Pareces saber mucho sobre volar, debes de tener mucha experiencia volando" la pequeña golondrina sonrió con tristeza, y comentó "Nunca he volado, pero me gustaría hacerlo en algún momento, me gustaría saber bien que se siente, el luchar contra las fuerzas que me mantienen en la tierra, y triunfar…" La pequeña paloma solo le miró en silencio, y no dijo nada más.

Al día siguiente la pequeña paloma se había ido volando, había sanado, y había aprendido muchas cosas gracias a la pequeña golondrina, pero no pudo ayudarle a vencer a la tierra, ese día, la pequeña golondrina sintió por primera vez un dolor más grande que el de no poder volar, pero al mismo tiempo decidió no rendirse, pues supo que era lo que necesitaba para poder volar, solo esperaba que en algún momento pudiese encontrarlo.

El tiempo pasó, y la pequeña golondrina seguía buscando aquello que la ayudase a volar, caminaba por un sendero sin nada especial, cuando escuchó una dulce melodía, era hermosa, pero muy triste, la pequeña ave siguió el canto, y se encontró con un pequeño ruiseñor sobre el suelo, con el cuerpo golpeado y las alas rotas, la pequeña golondrina decidió ayudarlo, sabía que podían lastimarle de nuevo, pero no le interesaba, ella no quería que nadie más quedara en su misma condición, de igual forma cuidó de su nueva compañera, y le cuidó, se esforzó como nunca por que el pequeño ruiseñor pudiese recuperarse, las heridas que él tenía le obligaron a permanecer más tiempo con la pequeña golondrina, a conocerla, a conocer sus sueños y esperanzas, llegó a aprender mucho de ella, sus heridas pronto comenzaron a sanar, y en poco tiempo el ruiseñor estuvo listo para volar.

La pequeña golondrina le vio mover sus alas, listas para el vuelo, y sonrió con tristeza, estaba feliz por su amigo, que al fin podría volver a volar, pero a la vez triste, sabía que de nuevo la abandonarían, y seguiría vagando por el suelo del bosque, el ruiseñor se le acercó, y le susurró con calma "¿Te gustaría volar conmigo?"

La pequeña golondrina no podía creerlo ¡Su amiga la estaba invitando a volar! Su dicha era tal que cantó como nunca en la vida lo había hecho, corrió tan rápido como sus pequeñas patas le permitían y le contó a todos aquellos que conocía "¡Volaré! ¡Por fin voy a volar!" todos se alegraban por la pequeña golondrina, la habían visto vagar por el suelo tanto tiempo, que saber que pronto volaría los llenó de felicidad.

Y así llegó el gran momento para la pequeña golondrina, había llegado el día en el que por fin abandonaría el suelo, ¿Tenía miedo? Claro, y no era poco el temor que la pequeña golondrina sentía, pero su amigo el ruiseñor estaba a su lado, ¿Qué podía salir mal? Los demás animales estaban ahí, animando a su amiga, a esa pequeña avecilla que por fin podría surcar el viento, dio un par de pequeños pasos, antes de correr un poco y batir sus pequeñas alas una y otra vez, hasta que sintió que ya no había nada bajo sus patas, ese momento la pequeña golondrina sintió que esto era lo que le hacía falta, por fin, después de tanto tiempo, se sentía plena…

La pequeña golondrina sintió dolor en el momento que su cuerpo golpeó con fuerza un árbol cercano, estaba confundida realmente "¿Qué pasó? ¡Yo estaba volando!" la pequeña avecilla cayó al suelo, malherida, y con las alas rotas, viendo con tristeza hacia su amigo el ruiseñor, que se alejaba volando, después de haberla empujado, en ese momento la pequeña golondrina sintió un nuevo dolor, más profundo e intenso que cualquier otro, pero no odiaba ni culpaba a su amigo, realmente en todo lo que pensaba era "¿Por qué lo hizo?"

El tiempo siguió su curso, las heridas sanaron, y la pequeña golondrina siguió caminando sobre el suelo del bosque, su mente era una verdadera confusión, anhelaba emprender el vuelo, y por fin abandonar el suelo, pero ahora conocía el miedo a caer, y el dolor de haber caído gracias a ese ser en quien confiaba, pero aun así, sus sueños seguían siendo más fuertes que sus miedos, la pequeña golondrina quería volar, y lo haría, si encontraba aquello que necesitaba.

La pequeña golondrina siguió su vida, vagando por el suelo del bosque, cuando encontró un pequeño gorrión, sumamente herido y con una herida bastante profunda en una de sus alas, la pequeña golondrina comenzó a ayudarle, pero tratando de mantenerse distante a esa pequeña ave, pues no quería volver a sentir de nuevo, el dolor de la separación.

Pero el pequeño gorrión terminó ocasionando el efecto contrario, pues era joven, y había muchas cosas que seguía ignorando sobre el vuelo, la pequeña golondrina siguió apoyándolo, aconsejándole y ayudándole a sanar de sus heridas, hasta que por fin las heridas de la pequeña avecilla habían sanado por completo.

Y sin embargo, el pequeño gorrión no podía volar

Intentó una y otra vez, pero terminaba cayendo de nuevo hacia el suelo, la pequeña golondrina no comprendía, su cuerpo estaba sano, sus alas habían curado de la forma adecuada, ¿Qué era lo que sucedía? La pequeña golondrina no tardó en comprender, el pequeño gorrión tenía miedo, tenía miedo al dolor que significa caer, y por eso no podía emprender el vuelo, la pequeña golondrina decidió entonces abandonar la distancia, y comenzó a apoyarle con todo aquello que conocía, le dio ánimos, le brindó todo su apoyo, hasta que un día, el pequeño gorrión se alejó volando.

La pequeña golondrina sufrió cuando vio partir a su nuevo amigo, ella lo sabía, sabía sucedería, pero no le importó, prefería afrontar de nuevo ese dolor, que ver a otra pequeña ave atada al suelo como ella lo estaba, prefería sufrir ella, a que otra avecilla sufriese lo mismo.

Pero el pequeño gorrión no abandonó a la pequeña golondrina, siguió visitándola, pasando el tiempo con ella, o preguntándole sus dudas sobre el vuelo, la pequeña golondrina estaba feliz, ¡Su amigo no la había abandonado! Pero a la vez estaba triste, pues lo que en verdad deseaba, era volar junto a él. Y sabía que sola no podría hacerlo.

El pequeño gorrión y la pequeña golondrina pasaban mucho tiempo juntos, conversando sobre el vuelo, las cosas interesantes que pueden verse desde el aire, pero aun así la pequeña golondrina se sentía triste por permanecer atada al suelo, un día el pequeño gorrión no apareció, pero la pequeña ave no estaba preocupada, su amiga no podría abandonarla.

Apareció un día después, de nuevo herida, de nuevo con las alas rotas, la pequeña golondrina no preguntó mucho, solo se dedicó a curar las heridas del pequeño gorrión, que no hablaba, no decía nada, la pequeña golondrina no parecía interesada en ello, solo quería que su amigo estuviese bien.

Las heridas sanaron, pero el pequeño gorrión no pudo volar cuando lo intentó, era claro que tenía miedo, que no quería volver a ser lastimado de esa manera, pero la pequeña golondrina quería verlo volar, quería que el pequeño gorrión experimentara por siempre la felicidad del vuelo, animándole, motivándole, para que la pequeña ave levante el vuelo una vez más.

La pequeña golondrina tenía sentimientos encontrados por su amigo, le hacía feliz tenerlo cerca, estar con él, pero le entristecía saber que el sufría también por estar atado al suelo, siguió animándole, con todo su corazón, consciente de que el pequeño gorrión seguramente levantaría el vuelo de nuevo, y que tal vez, no volvería a tener la oportunidad de permanecer a su lado, pero eso no le importaba, por mucho que doliera, por mucho que le hiriera el deseo de volar junto a él, la pequeña golondrina deseaba verlo feliz, volar por el cielo, aunque no fuera con ella, quizá era su destino el permanecer en el suelo, para ayudar a volar a aquellas pequeñas aves que caían de los cielos, quizá el volar no era tan maravilloso como imaginaba, o quizá, solo quizá, la pequeña golondrina no tenía el valor de confesar sus deseos al pequeño gorrión, y sería su propio temor el que la mantuviese atada al suelo, el que la mantuviese como una observadora, en lugar de acompañarlo a surcar los cielos, pues lo único que le impide volar, es el miedo a hacerlo sola.

Pero la pequeña golondrina decidió que en ese momento sus miedos no eran tan importantes como el apoyar a su amigo para que pudiese emprender el vuelo, pero el pequeño gorrión parecía alejarse cada día un poco más de ella, cada día se aislaba más, y comenzaron a ocurrir roces entre las pequeñas aves, hasta derivar en peleas bastante severas, un día la pequeña golondrina trataba de convencer al pequeño gorrión de intentar volar, de recordar el cielo y sus maravillas, la pequeña ave miró con furia a su amiga, y susurró "¿Y tú que sabes sobre ello? Si jamás has conocido el vuelo… ¿Cómo te atreves a querer hablarme sobre el cielo y sus bondades? Si tu nunca en tu vida las conocerás…"

La pequeña golondrina se quedó congelada un instante, antes de que sus ojos se llenasen de lagrimas y comenzara a correr tan rápido como sus pequeñas patitas le permitían, llorando desconsolada, dolía, dolía demasiado todo lo que su amigo había dicho, pero lo que más dolía era el pensar que todo lo que le habían dicho podía ser verdad, corrió y corrió, hasta que tropezó y rodó por una pequeña colina, y ahí se quedó, cubierta de barro con heridas sangrantes en todo su cuerpo.

-Vaya, vaya, parece que el viento nos trajo a una nueva amiga… ¿En qué te convertirás? ¿En un gran y frondoso sauce, o en un amable cerezo?- La pequeña golondrina no dijo nada, parecía haber ignorado al frondoso árbol que le hablaba, solo se quedó observando con tristeza a su alrededor.

-No soy una semilla, solo me gustaría quedarme por aquí, y no saber nada más…- dijo con un sollozo la pequeña golondrina.

-Pero si es una pequeña avecilla, ¿Acaso tu lugar no es el cielo azul?

-No lo sé… realmente ya no se a donde pertenezco…

-Si eres un ave, tu lugar es indudablemente el cielo, así como mi lugar es el suelo, quizá pienses que es difícil, pero es lo natural…

-Pero el suelo es cómodo, y no tengo las energías para seguir, creo que me quedaré aquí, hasta el día en que todo termine para mí.

-No deberías tomarle cariño al suelo pequeña avecilla, no es el lugar al que perteneces, muévete, sigue adelante, y busca tu lugar, sin importar cuánto duela, sin importar cuánto hiera, es mejor un instante en el cielo, que una vida en el suelo, ¿No lo crees?

La pequeña golondrina tembló mientras sus lágrimas abandonaban sus ojos ¡¿Cómo había podido olvidarlo?! ¡Ella siempre soñó con volar!Era su mayor anhelo y su pasión, pero había perdido el camino, ahora ella estaba segura, volaría, volaría alto algún día.

El pequeño gorrión buscó a su amiga por todo el bosque, se sentía triste, culpable por lo que había dicho, estaba frustrado, y había herido a esa pequeña ave que le brindó su ayuda y cariño en el momento de su caída, quería disculparse, quería que ella volviera a apoyarle, pues sentía que si ella estaba ahí, el podría volar otra vez, entonces la encontró, batiendo sus pequeñas y heridas alas una y otra vez, elevándose, y cayendo una y otra vez al suelo, el pequeño gorrión corrió hacia su amiga cuando vio que no podía levantarse.

"¿En qué pensabas? ¡Te estás haciendo daño!" la pequeña golondrina sonrió, y se apoyó con delicadeza en el pequeño gorrión, mientras susurraba con suavidad, "Vuela conmigo" el pequeño gorrión sintió un gran peso sobre su corazón al escuchar esas palabras, tenía miedo, estaba realmente aterrado, pero su amiga seguía susurrando, seguía insistiendo, "vuela conmigo"

"Yo… yo no sé si pueda volver a volar…"

"Tienes que hacerlo… no cometas mis errores, no te aferres al suelo como yo lo hice"

"Tengo miedo"

"Yo también, pero mi anhelo es mayor que mi miedo… solo… solo que no quiero volar si no es a tu lado"

"Yo no soy nada especial… como para que desees volar a mi lado…"

"Para mi eres especial, y aunque mi deseo por volar sea grande… no lo haré a menos que tú seas mi compañero"

"Pero…"

"No hay peros, volemos, volemos alto, alejémonos del suelo, surquemos el cielo, si caemos levantémonos, pero hagámoslo juntos."

La pequeña golondrina y el pequeño gorrión se quedaron un instante observando el cielo, habían decidido abandonar el suelo, quizá regresarían, heridos o enfermos, pero sabían que juntos podrían levantarse, y volver a volar.