Por aquí haciendo una pequeña contribución en este fandom… Espero que les guste. Iba a ser un Oneshot, pero decidí que mejor será una historia con un par de capítulos más jeje. Hay menciones a obras famosas de dos grandes maestros, por si acaso jeje. Los personajes de Nodame Cantabile son propiedad de Tomoko Ninomiya.

.

.

Acto Primero: Un chico ordinario

San Petersburgo, Rusia. Lugar donde se presentaba la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, una de las más reconocidas a nivel mundial. La Sala de las Ilusiones, la nueva casa de la orquesta, había sido construida recientemente, recordando la magnificencia de los palacios de los zares y zarinas de antaño. Se la llamaba "la sala de las ilusiones" precisamente porque, para los espectadores, las obras de que escuchaban eran tan impresionantes que parecían ilusiones. Nadie podía discutir el talento de los músicos de la filarmónica rusa, mucho menos de su reconocido director, el grandioso Yuri Mravinski.

Concierto N° 1 para piano de Chopin en mi Menor, Opus 11.

A pesar de haber escuchado a su mejor amiga Nodame tocar el piano muchas veces, cada vez que asistía a uno de sus conciertos no podía dejar de maravillarse con su interpretación, tan colorida, tan llena de vida, tan excéntrica, como sólo ella podía ser. Y sonrió con un dejo de nostalgia. Jamás sería como ella, de eso estaba segura. Nodame era una chica extrovertida, tocaba el piano como una diosa, todos la querían por su peculiar forma de ser, tenía un novio atractivo y famoso, y muchas orquestas reconocidas a nivel mundial se peleaban por tenerla en sus conciertos. Y, ¿ella qué? Pues era una chica algo malhumorada, sin demasiadas habilidades para el piano, – según ella misma claro – sin suerte en el amor – ya había dejado de contar las veces que la habían decepcionado.

Sin punto de comparación, pensó la rubia, poniéndose de pie junto con el resto de los espectadores, para aplaudir a la estrella japonesa del piano, Noda Megumi. La chica saludó al público efusivamente y luego hizo una reverencia, para recibir nuevamente una avalancha de ovaciones. En ese momento, el director de la orquesta también se despidió y, ofreciéndole su brazo a Nodame, dejó el escenario.

Esa noche, el más talentoso pupilo del director ruso, Yuri Mravinski, se encargaría de cerrar con broche de oro el concierto. Se hizo un anuncio, presentando a Chiaki Shinichi, segundo director de la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo y la obra final de la noche:

Concierto para Oboe de Mozart en C Mayor K 314.

Y el solista sería… Un momento, ¿quién era ese chico? Ah sí, ya lo recordaba. Nodame le había dicho que el primer oboe de la Filarmónica de Berlín había sido invitado para tocar en Rusia y, curiosamente, él era japonés, al igual que Nodame y Chiaki. Tanya arqueó una ceja, era un chico bastante… simple. No había nada extraordinario en él, pero aún así la joven rusa no era capaz de apartar sus ojos de él. ¿Qué era lo que tenía? No es como si fuera alguien especial a simple vista. Ella sacudió la cabeza un par de veces y, reclinándose en su asiento, se cruzó de brazos. Supuso que el chico debía ser bueno, de otra manera no lo habrían aceptado en la Filarmónica de Berlín, y la Filarmónica de su país mucho menos. ¡Pero vamos! Seguro que sí tenía talento, pero no debía ser nada fuera de lo normal.

Pero aquel "simple" chico estaba probándole lo equivocada que estaba. ¿Qué era esa extraña sensación? Jamás había sentido algo así antes, más bien, nunca había escuchado una interpretación de oboe tan hermosa como aquella. ¡Era un genio! Tanya se sorprendió a sí misma cerrando los ojos y dibujando una enorme sonrisa de tranquilidad y satisfacción en su rostro. Era como si todo a su alrededor desapareciera y de repente se viera recostada sobre un hermoso campo de flores.

Los aplausos ensordecedores de los espectadores sacaron a la joven rubia de su ensimismamiento. Sin pensarlo siquiera, Tanya se levantó de golpe de su asiento, aplaudiendo, sin poder despegar sus ojos de aquel muchacho que, a pesar de parecer "ordinario", era un extraordinario músico. Y también… atractivo. La chica se sorprendió notando ese detalle y se reprendió mentalmente: tenía que dejar de ser tan impulsiva. ¡Ni siquiera lo conocía! No lo conocía, no lo conocería y ¡no quería conocerlo! O, ¿tal vez sí? Bueno, tal vez, pero sabía que eso era imposible.

– Ese chico es en verdad talentoso, ¿no crees? – comentaba una chica que estaba sentada delante de Tanya.

– ¡Y también es muy guapo! – respondió otra. La rubia se sintió extrañamente molesta.

– ¿No lo sabías? ¡Ese chico toca con la Filarmónica de Berlín! – decían un par de hombres que estaban junto a ella – No me he perdido ninguno de sus conciertos desde que llegó hace un par de años a Alemania. Dicen que es un talento que descubrió el maestro Stresemann cuando estuvo de viaje en Japón en su gira mundial. El noble samurái, Yasunori Kuroki.

Así que se llamaba Yasunori – "Yasu", pensó Tanya en ese momento, con una sonrisita ingenua en el rostro – bueno, por lo menos ya sabía su nombre. Se golpeó en la frente, reprendiéndose por pensar en tonterías.

.

Terminado el concierto, Tanya salió de la Sala de las Ilusiones, con la figura de aquel talentoso pero ordinario músico japonés, revoloteando en su cabeza. Esperó fuera del salón a que Nodame saliera, pues habían quedado en salir a beber algo esa noche. Pero, con la gran cantidad de fotógrafos que había afuera, la chica estaba segura de que su espera sería larga. Tanya suspiró y cruzó los brazos, mientras la nieve empezaba a caer lentamente sobre las calles de la ciudad.

Finalmente, después de diez minutos luchando con la prensa y los paparazzi, Tanya divisó a su mejor amiga, Nodame, de la mano de su novio, que la había sacado de ahí a como pudo, pues la prensa no la dejaba ir. Aturdida, Nodame saludó a su amiga con la mano.

– Sí que la tienen difícil ustedes dos, – dijo Tanya – par de presumidos – bromeó.

– Si estudiaras más entonces quizás podrías acercarte, aunque sea un poco, a nuestro nivel, holgazana – le dijo Chiaki.

– ¡Ya deja de molestarme, Chiaki! – replicó la rubia, con un ligero sonrojo en sus mejillas.

– Chiaki-senpai, Tanya lo está haciendo lo mejor que puede – intervino Nodame, al ver las miradas asesinas que se lanzaban – No es bueno que se presione demasiado o…

– Y aquí vamos de nuevo – suspiró Chiaki, mirando hacia la entrada principal de la Sala de las Ilusiones. Una multitud de chicas y fotógrafos se habían reunido en la puerta, alrededor de alguien, de quien sólo podían divisar su mano, entre el mar de personas que lo rodeaban – Este chico…

– ¡Ah, Kuroki-kun! – exclamó Nodame – ¡Sus fans están tratando de matarlo de nuevo! ¡Chiaki-senpai, tienes que ayudarlo!

Shinichi suspiró y empezó a apartar a la multitud enloquecida. Finalmente, Tanya pudo ver de quién se trataba, era el chico ordinario del oboe, aturdido y sonrojado. Chiaki lo arrastró lejos de sus "acosadores" y les dirigió una aterradora mirada que los hizo retroceder.

– Eso te pasa por ser tan amable.

– Lo siento por eso – respondió Kuroki.

– ¡Kuroki-kun, estaba tan preocupada! – exclamó Nodame, arrojándose hacia el chico del oboe, abrazándolo – Pensé que tus fans te matarían esta vez.

Tanya miró a Chiaki, como esperando una respuesta. El director simplemente suspiró, antes de decir:

– Pasa todo el tiempo. Desde que entró a la Filarmónica de Berlín, su club de fans ha crecido, es lo mismo en cualquier parte del mundo. Debiste ver la conmoción en Múnich el mes pasado – Chiaki se estremeció con sólo recordarlo – Supongo que el sobrenombre del "noble samurái" le queda a la perfección, tiene un carácter tan débil que nunca puede decir que no. Es un caso perdido – se volteó hacia Nodame – ¡Nodame, hora de irnos! Antes de que las cosas se pongan peor.

– ¡Tienes razón! – respondió la castaña, animada – ¡Vámonos, Kuroki-kun! – y lo arrastró hacia donde estaban los otros dos. Las miradas de Tanya y Kuroki se encontraron. Ella lo examinaba cuidadosamente, él se había sonrojado y apartó su vista de la joven rusa. Tanya carraspeó – Ah sí, los presentaré, Tanya, él es mi buen amigo Kuroki Yasunori. Kuroki-kun, ella es mi mejor amiga, Tanya Vishneva.

¿Una simple casualidad o un encuentro del destino?