Traducido con el consentimiento de su autora, Thistlerose. Podéis encontrar la historia original aquí: http:// www. sugarquill. net/ read.php?storyid2078&chapno1 (eliminar los espacios)

Originariamente era un one-shot, pero lo he dividido en 8 capítulos por comodidad.


Lily

-No existe la magia.

Lily se giró.

Su hermana de trece años estaba sentada en lo alto de las escaleras, frunciendo el ceño, su pelo rubio enmarcando una cara delgada y la larga falda de cuadros derramándose sobre sus rodillas y enseñando las medias. Lily escuchó música sonar desde el pasillo a su espalda. Un disco de Elvis. Petunia adoraba a Elvis. Cuando Lily y sus padres se hubieran ido, probablemente subiría el volumen y se pasaría el resto de la mañana hablando por teléfono y leyendo revistas estúpidas.

-Todo es una gran mentira- continuó la chica-. Sólo espera. Llegarás allí y te meterán en un tren, y lo siguiente que sabrás será que estás en África siendo vendida como esclava. Sólo espera.

Lily la miró con paciencia.

-Es real. Mamá y papá lo creen. Vinieron al Callejón Diagon conmigo. has visto mi varita.

-Estúpido juguete- bufó Petunia.

Viste la lechuza que trajo mi carta, quiso decir Lily, pero cerró la boca y se encogió de hombros. Durante todo el verano había tratado de convencer a Petunia de que la magia era real, de que el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería era real, de que ella, Lily, iba a ir allí el primero de septiembre para aprender a ser una bruja y a lanzar verdaderos hechizos. Petunia se resistía a creerlo, incluso después de ver la lechuza, incluso después de que la Profesora McGonagall les hubiera visitado para explicarles acerca del colegio, incluso después de ver la varita de Lily (con núcleo de pelo de unicornio de verdad, había dicho el Señor Olivander).

Lily ya no iba a seguir intentando convencer a su hermana. En pocos minutos se iría a Londres con sus padres. No quería desperdiciar esos pocos minutos peleando.

La magia es real, pensó Lily mientras iba a la cocina a por unas chucherías para el trayecto en coche. Claro que lo era. Lo había sabido desde que tenía siete años, cuando había leído por primera vez El León, la Bruja y el Armario. ¿No había pasado horas registrando su casa en busca de pasadizos secretos¿No se había convencido de que los leones de piedra que montaban guardia a ambos lados de la entrada de la casa del vecino eran leonesde verdad (unos pequeñitos) que habían sido transformados en piedra por una bruja malvada¿No había creído¿Y no había estado en lo cierto?

Petunia miró desde la ventana de su habitación como su padre metía el baúl de Lily en el maletero del coche. Hizo una mueca cuando lo cerró. Miró como su padre, su madre y su hermana entraban en el coche y se alejaban.

Luego cerró la ventana de golpe, fue hasta el fonógrafo y subió el volumen al máximo. El sonido era tan fuerte que sus oídos vibraban con la profunda y aterciopelada voz de Elvis. Tan fuerte que no podía escuchar sus propios sollozos.

No era justo.

¿No había pasado años convenciéndose de que la magia no existía¿No había pasado años deseando que fuera real¿Por qué, después de todos esos años, tenía que ser real para Lily, la estúpida, inocente, descarada pequeña Lily, y no para Petunia?

Se acercó a su tocador y ordenó las botellitas de colonia y pintauñas, imaginando que eran pociones mágicas y elixires. Ese pintauñas rosa era una poción de amor; esta diminuta botella de Chanel, un elixir que transformaría a cualquiera que lo bebiese en un tejón. Para siempre.

Cinco minutos después empezó a sentirse tonta, así que volvió a colocar todas las botellitas en su lugar y se secó las lágrimas con la manga.