Los primeros rayos del Sol entraron por el gran ventanal de su salón mientras la detective Kate Beckett tomaba su primer café del día. El verano estaba empezando y los días eran más largos. Así, cuando salía de su trabajo aún no era de noche y podía salir a caminar un poco por el parque o simplemente caminar de vuelta a casa. Ya no hacía frío. Era viernes y no era un viernes normal. Saldría más temprano del trabajo teniendo todo el fin de semana para ella. Después de los últimos casos, los cuales habían sido bastante complicados, lo agradecía. Le encantaba su trabajo pero necesitaba descansar. El día se presentaba tranquilo. Sólo debía terminar el papeleo retrasado. O eso esperaba que fuese todo o su plan para el fin de semana se vería truncado. Rezaba para que no hubiese ningún asesinato hasta al menos pasadas las cinco de la tarde, hora en la que ella terminaría de trabajar. Se terminó de beber el café y se dirigió a su habitación para vestirse y darse los últimos arreglos antes de salir para la comisaria, exactamente a la comisaria número 12 de la Policía de Nueva York, la cual se encargaba de resolver los asesinatos.

La mañana tal como se la esperaba iba trascurriendo tranquila. Ningún asesinato. "Menos mal" pensaba. Cuando ya casi acaba con su papeleo atrasado escuchó como su capitana la llamaba desde la puerta de su despacho. "Oh, no". Cuando las dos ya estaban sentadas, su capitana Victoria Gates, conocida por todos como "la Dama de Hierro", comenzó a hablar.

-Ya sé que le había dado el fin de semana libre, detective, pero ha ocurrido algo. Siento chafarle los planes.

-No se preocupe, señor, el trabajo lo primero. Además, no tenía muchos planes –mintió.

-Me alegra saber eso porque siendo usted mi mejor detective no puedo encomendarle este trabajo a otra persona.

HORAS ANTES

Richard Castle, el famoso escritor de Best seller salía de una de sus firmas de su último libro publicado, el cual daba el fin a su saga "Derrick Storm" con la muerte de su personaje principal. Algunos de sus fans no se lo han tomado precisamente bien.

Caminaba dirección a su casa cuando alguien se le acercó por detrás clavándole la punta de una nava en su espalda.

-Sigue andando si no quieres que te mate aquí mismo. Y más te vale no intentar nada.

El escritor continuó andando siguiendo las indicaciones que ese hombre le daba hasta que llegaron al final de un callejón alejados de la muchedumbre.

-Dame todo lo que tengas de valor –le indicó. Sin pensarlo dos veces el novelista le dio todo lo que llevaba encima que pudiese tener algo de valor. Cuando el asaltante lo tenía guardado todo en sus bolsillos le ordenó que se pusiese de rodillas. Y éste comenzó a dar vueltas alrededor de él.

-Richard, Richard yo no sé qué es lo que has hecho para que me mande a por ti pero me pagan así que me da igual los motivos.

-¿Quién te paga? –dijo intentando demostrar que no estaba intimidado.

-Eso no te lo voy a decir. Nunca revelo esos datos.

Los dos se quedaron en silencio durante unos segundos.

-¿Sabes? Es una pena que tenga que hacer esto porque me gustan tus novelas. Pero me gusta más el dinero que me van a pagar por hacer esto –le golpeó fuertemente en el estómago-. Algo malo debes de haber hecho para que esa persona no solo me haya pedido que te mate sino que tengas la más dolorosa de las muertes.

Pero antes de que Richard Castle pudiese articular alguna palabra le atizó otro puñetazo en la misma zona.

-Pero teniendo en cuenta que esto debe de parecer un simple asalto y que me gustan tus novelas, tendré piedad. Deberías de estarme agradecido. –Rick le devolvió una mirado dura. Como respuesta recibió otro puñetazo, más fuerte que los anteriores si es que eso era posible-. No me enfades –Castle siguió con la misma actitud. No se iba a dejar acobardar. De todas formas ese hombre iba a matarlo -. Veo que sigues sin querer agradecer ese "buen" gesto por mi parte, lástima. Pensaba darte una muerte rápida, sin apenas dolor pero teniendo en cuenta que eres un mal agradecido –le asestó otro puñetazo- Haré que tengas una muerte lenta y dolorosa –preferiría no tener una muerte muy cruel, no quería una muerte dolorosa y menos lenta, pero tampoco quería morir como un gallina-. ¿No? –Preguntó con sorna- Ya veo que no –Lo agarró del pelo tirándole para obligarle a que lo mirase a los ojos mientras le asestaba tres puñaladas en el abdomen-. Con esas tres puñaladas tienes bastante, estamos lejos de la gente y no conseguirás llegar a ningún lado antes de que te desangres. Tendrás dolor y morirás viendo cómo te desangras sin poder evitarlo y sin que nadie pueda ayudarte. Si hubieses sido agradecido te hubiese disparado en la cabeza y ya. Ahora tardarás más tiempo en morir y serás consciente de ello. Tú te lo has buscado- No hagas muchos esfuerzos, así podrás conservar más energía y vivir más tiempo –rio- aunque no sé si yo es tu lugar sintiendo ese dolor querría vivir mucho más tiempo. Tú eliges –volvió a reír- adiós Richard, saluda a los del otro lado de mi parte –se fue mientras reía.

Castle se quedó allí tirado mientras se desangraba. Sabía que iba a morir y en su mente sólo podía tener a su hija. ¿Qué sería de su pequeña hija sin él? Su madre nunca se había hecho cargo de ella. Sólo lo tenía a él. Antes de desmayarse sus labios lograron pronunciar, aunque muy bajo, "Alexis".

-Necesito que cuide de él mientras investiga el caso. Quiero que seas su sombra hasta que cojamos al que le ha hecho esto y también a la persona que ha mandado a matarlo.

-Señor, disculpe, pero cuidarlo y protegerlo no es algo que me corresponda a mí, yo soy detective no un agente de Protección de testigos.

-Lo sé, Beckett, sé que usted es detective pero este hombre tiene contacto, nada menos que al alcalde y se la ha ingeniado para no entrar en el programa de Protección de testigo y tener varios agentes protegiéndole de cerca y a otro, a usted, convertido en su sombra. Sé que lo hará bien. Confío en que será así.

-No sé, señor.

-Créeme que será así, además, no estará sola, como ya le he dicho, habrá más agentes. Dos en la puerta de su casa y otros alrededor de ella.

-Entonces…

-Tú convivirás con él. No se separará de él ni un minuto. No nos podemos fiar de nadie. No sabemos quién es la persona que lo quiere muerto y podría ser una persona de mucha confianza y aprovecharse de eso y para quedarse asolas con él. Usted tendrá que impedir eso por mucha confianza que tenga con cualquier persona.

-Bien -dijo intentando asimilar la tarea que le acababan de adjudicar. No estaba nada de acuerdo con ella pero era una orden y no le quedaba más remedio que aceptarla.

-Ryan y Espósito la ayudarán desde aquí. Ellos irán al departamento de su protegido para así poder analizar lo que hayan averiguado. Tú apartes de protegerlo investigarás. Por eso te he elegido a ti. Eres mi mejor detective y sé que lo harás bien.

-Eso espero.

-Ahora vayamos al caso. Como ya le he dicho es un hombre de muchos recursos y rico. Es un escritor bastante conocido. Fue apuñalado esta mañana en un callejón. Según lo que les ha contado a los agentes que han hablado con él después de que se despertara el hombre que lo atacó fue mandado por alguna persona que lo quiere muerto. No tiene idea de quién puede ser. Y ser un famoso escritor no ayuda.

-¿Qué hay del hombre que lo atacó?

-Está en busca y captura. Le vio la cara, lo que ha hecho posible hacer un retrato robot. Desde ya comienza su nuevo trabajo. Vaya a casa, haga lo que necesite y coja algunas cosas. Luego diríjase al hospital y vuelvo a hablar con él por si recuerda algo más. No podrá moverse de su lado hasta nueva orden –la detective asintió aunque no le hacía nada de gracia.- No se preocupe, en la habitación hay otra cama para usted para que pueda descansar por las noches –"Al menos" pensó.

-Señor, ¿Cómo se llama el escritor? –preguntó antes de salir por la puerta.

-Perdón, se me había olvidado decírselo. Richard, Richard Castle, se encuentra en la habitación 634 en Bellevue Hospital Center. Su puerta está custodiada por dos agentes.

La detective que aún estaba intentando asimilar el nombre del escritor asintió ante los nuevos datos y salió del despacho para dirigirse a su casa.

Cuando llegó se duchó mientras recordaba aquella firma de libros a la que ella había acudido años atrás. Era una firma de libro de Richard Castle. Ella era fan de ese escritor desde casi el principio de su carrera. Había leído todos y cada uno de sus libros. En aquella firma de libro lo vio por primera y única vez en persona. Recordaba sus nervios mientras hacía cola impacientemente para que le firmase su libro. Se acordó de como unas chicas, poco antes de que llegase su turno, le pidieron al escritor que le firmase en el pecho y como éste aceptó con una sonrisa pícara. No sabía qué le había molestado más si el descaro de las chicas o la reacción de su escritor favorito. Pero también recordó como ese malestar se le pasó cuando su mirada se topó con la mirada azul de Richard Castle. Y también recordó como en ese mismo instante se quedó sin palabras y el escritor tuvo que preguntarle dos veces por su nombre. Él se comportó muy amable con ella, como con las demás fans. Cuando Castle le devolvió el libro, sus miradas se volvieron a encontrar y notó como esa mirada azul cada vez se hacía más intensa hasta que la chica de atrás tosió aposta. En ese momento ella agarró su libro soltando un simple "gracias" y se fue.

Le pareció mucho más guapo y más atractivo que en las fotos y en los vídeos que había visto de él. Habían pasado varios años pero según sus últimas fotos seguía igual o, incluso, más atractivo desde aquel encuentro.

Cuando se dio cuenta ya había acabado de arreglarse y había hecho una pequeña maleta con algunas cosas que pudiese necesitar en los próximos días. Detectó no saber cuántos días iba a estar sin poder ir a su casa porque, así, no sabía cuántas mudas de ropa se tenía que llevar.

Cerró la puerta con llave de su apartamento y se encaminó a su coche para dirigirse al hospital. Justó después de bajarse de su coche sintió nervios. Era su fan e iba a volver a verlo y no sólo eso, tenía que cuidar de él hasta Dios sabe cuándo. Antes de entrar por la puerta del hospital con su maleta respiró hondo. Desde ese momento dejaba de ser la fan de Richard Castle para convertirse en la policía que debía protegerlo. Tras varios minutos llegó hasta la habitación 634. Enseñó su placa a los agentes de la puerta para identificarse y entró.

-Detective Kate Beckett –dijo mientras sostenía su placa con la mano para que el escritor pudiera verla- y desde este momento seré la encargada de su seguridad.- Y ahí estaba su escritor favorito, acostado en la cama con el torso descubierto y el abdomen completamente vendado.

-Yo soy Richard Castle o lo que queda de él –extendió la mano para que la detective se la estrechara- encantado.