Corría el verano de 1996, Johanna había decidido ceder ante las constantes insistencias de su hija y la había apuntado a ese campamento en la costa de Marseille.
Al fin y al cabo el expediente académico no podía ser mejor y aun a pesar de la edad Kate era responsable e independiente, no era la típica niña consentida que se pegaba a sus faldas cuando tenía un problema o se le habría nuevas puertas.
Que Nicole también se hubiese apuntado al campamento la tranquilizaba y fue en parte lo que la animó a decidirse a Johanna.
Nicole había sido la compañera de juegos de su hija desde que Kate empezó a dar sus primeros pasos y las familias tenían muy buena relación entre ellas.
Llamó a Elisabeth que le enumeró el listado de ventajas que ese viaje tendría en las niñas y así decidió prepararle la sorpresa a Kate para cuando volviese del instituto ese día.
La niña llegó sonriendo y saludando pletórica al entrar en el apartamento dejando las llaves sobre la mesa de cristal del recibidor.
-Mama, ven. Hay una cosa que debes saber –escuchó Johanna desde el piso de arriba.
-Ahora bajo –respondió a los pocos segundos.
Conforme iba descendiendo los escalones, pudo ver la cara de felicidad de su hija y a esta esperándola con los brazos cruzados tras la espalda.
-¿Qué ocurre hija?-dijo con el cesto de la ropa sucia en uno de los brazos.
-Mamá... la beca para irse a Ámsterdam… al final son dos becas y una de ellas me la han dado a mi –la niña se acercó a su madre para darle un abrazo emocionada perdida, mientras le enseñaba el certificado que corroboraba sus palabras.
-Eso es fantástico. Te lo dije. Me alegro un montón campeona –un beso en la mejilla acompaño a estas palabras y Kate volvió a esbozar una radiante sonrisa
-Ven ayúdame con esto –continuo Johanna mientras le pasaba el cubo de la ropa sucia- ¿Puedes ir metiendo a la lavadora mientras hago un par de llamadas?
Un asentimiento por parte de su hija siguió a esta pregunta y le dio un beso en el pelo aún a sabiendas de que Kate ya detestaba ese gesto.
-mamá… que luego lo haces delante de mis amigas y no sabes la vergüenza que me haces pasar –la oyó decir mientras se zafaba de ella.
Sonrió para sus adentros mientras se quedaba observando el camino que había seguido Kate y que conducía a la cocina, pensando en lo rápido que había pasado los años. La que ayer era su pequeña, ya pronto se graduaría en la universidad y en unos años se iría de casa.
Cuando volvió de su ensimismamiento marcó el número y espero la respuesta.
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Al ver que su madre no aparecía por la cocina, se incorporó del taburete y cogiendo un plato colocó las dos tortas con queso y jamón que había preparado para esa merienda de chicas.
Se encontró a su madre sentada en el sofá con la mano derecha cerrada en un puño y la barbilla apoyada sobre los dedos de esta. El semblante era serio y Kate dejando el plato sobre la mesa llena de papeles, se sentó junto a su madre mientras le pasaba el brazo izquierdo por los hombros.
-¿Todo bien?
-Claro, ¿por qué no iba a estarlo?
-No sé… pareciese que esa llamada te hubiese tocado..
-Hija que cosas tienes –le pasó el pulgar y el índice por la barbilla a su hija antes de coger una de las tortas que esperaban sobre la mesa. – Te tengo preparada una sorpresa.
Kate dejando de lado el tema se concentró en las nuevas palabras que acababa de escuchar de boca de su madre.
-¿Una sorpresa?
-Ni sueñes en enterarte de ella hasta que no llegue tu padre.
-¿Pero es para mí?
-¿Tu que crees?
-Ah no, entonces tienes que contármela. No puedes dejarme así –dijo cruzándose de hombros.
-Vamos, cuando llegue tu padre te la daremos.
Kate miró a su madre entrecerrando los ojos y frunciendo los labios.
-Eres cruel.
Las risas de Johanna se sucedieron durante unos cuantos minutos
Al final desistió, con su madre no era posible razonar. Encendió la tele y buscaron hasta dar con una película que les gustó a ambas.
Y así con cojines y apoyadas una sobre la otra, pasaron la tarde.
Eran las 9.00 pm cuando la cerradura de la puerta volvió a escucharse y Jim entró cargado con una bolsa en cada mano.
Kate se levantó rauda a recibirlo.
Jim dejando las bolsas a un lado le paso un brazo por los hombros a su hija y le abrazo contra su pecho.
-Tengo una buena noticia –empezó entonces Kate.
Los ojos de Jim miraron entonces hacia los de Johanna que estaba tan solo a un par de pasos de su hija y pudo leer el orgullo y la satisfacción que estos mostraban.
-Dime colega –dijo entonces volviendo a su hija mientras fruncía la nariz y torcía los labios.
-La beca a Ámsterdam… al final son dos becas y me han concedido una a mí.
-Mi pepito grillo… –continuo mientras le revolvía el pelo a su hija, sin poder ocultar el orgullo que sentía – no tenía duda de que me tocaría perderte de vista antes de lo pensado. Pero cuéntame, ¿cómo se lo ha tomado John? –le había pasado el brazo por los hombros y ahora ambos se dirigían hacia la cocina seguidos de Johanna.
-La verdad es que no lo sé… -Kate bajo la mirada.
-¿Habéis discutido? –preguntó entonces Jim.
-Anda que eres tu delicado para estas cosas chico-lo reprendió Johanna.
Kate se mordió el labio y se acercó a su madre, pidiendo un abrazo sin palabras explicitas. Ésta la abrazo arrimándosela al pecho cómo cuando todavía era pequeña y una pesadilla la levantaba a las 3.00 de la mañana.
-Hija, no hace falta que lo cuentes, pero sea lo que sea, sabes que si necesitas desahogarte nos tienes a nosotros.
Kate que ya se había recompuesto de ese pequeño momento de debilidad sonrió a sus padres y les obligó a sentarse mientras ponía el aceite en una de las sartenes.
-Deja que te ayude –Jim fue a hacer un amago de levantarse, pero entonces su hija se volvió con el cazo en la mano y lo taladró con la mirada –de acuerdo, me siento me siento. ¿Estas segura de que quieres estudiar derecho?, Bueno como juez vas bien preparada, pero yo te veo como sargento o capitán de la guardia civil. Señor, si señor.
Kate de espaldas a sus padres, acabó por reírse a la par de ellos.
Cuando los huevos revueltos y el bacon estuvieron listos, sacó las salchichas de la nevera y un par de latas de cerveza acompañada de una de Pepsi.
Con las manos llenas, se coordino para abrir el armario situado encima de la nevera y sacar un par de vasos.
Dejando todo sobre la mesa, volvió a girarse, para dirigirse al otro extremo de la cocina mientras sacaba de un armario colocado encima del lavavajillas tres platos y los utensilios.
Cuando ya estuvieron los tres sentados sobre los taburetes en fila, Johanna propuso cenar en el comedor que es donde tenían la mesa para las comidas, ya que en la cocina solo se hacía las meriendas o los almuerzos.
-No mamá, hoy cenamos aquí. Quiero decir… ¿no importa, no?
-Claro que no –respondió esta mojando un trozo de pan sobre la yema de uno de sus huevos.
Antes de poder preguntarle nada, Kate empezó la conversación y les contó a grandes rasgos como había comenzado la semana.
Había descubierto a John a la entrada del instituto con una chica y había sido ella la que lo había dejado cuando se habían cruzado en clase.
Erika había suspendido el examen de Literatura Contemporánea que ella le había ayudado a estudiar. Además Rose, la profesora de arte y una con la que mejor se entendía Kate, acababa de perder a su padre la noche del domingo al lunes y verla aparecer por clase había dejado tocada a Kate, que sentía un vínculo importante con la profesora.
-Guau, lo siento hija –fue todo lo que consiguieron decir Jim y Johanna al unísono.
-Pero no te responsabilices de ello, nada de lo que nos cuentas es responsabilidad tuya –Johanna apoyó su mano izquierda sobre la derecha de su hija y esto hizo que Kate levantase la vista y la enfocase en la de su madre.
-Ya… supongo que es inevitable que de cualquier manera hoy no tenga muchas ganas de sonreír. De hecho me cuesta hacerlo sin sentirme culpable… pero es que la beca a Ámsterdam… no me la esperaba. Lo siento.
-Tú –Jim la señalaba con el tenedor – no se te ocurra decir eso. Tienes todo el derecho del mundo de festejar tu triunfo, has trabajado desde pequeña duro por conseguir esta beca, así que no te sientas mal por sentirte satisfecha.
Kate le sostuvo la mirada a su padre, asintiendo con la cabeza sin decir nada.
-Escucha-continuo éste- me siento orgulloso de ti. Sabes que no soy de estos padres que te felicitan y te llenan de regalos, tú mejor que nadie sabes que no lo he hecho y ni sueñes que he de hacerlo de ahora en adelante, pero quiero darte un consejo hija: la vida es disfrutar victorias, aceptando derrotas sin responsabilizarse de ellas. Nunca has de ganar una batalla sin sufrir pérdidas, créeme.
Kate esbozó una sonrisa.
-Gracias.
Johanna decidió cambiar de tema y acabar la cena de manera más animada.
-Tu padre y yo, a pesar de todo, te tenemos preparada una sorpresa.
Su hija la miraba intentando esconder su expectación por conocer de qué se trataba el asunto.
-Vamos, ¿no ves que la estas matando de intriga? –dijo Jim mientras se levantaba de su taburete y abrazaba por la cintura a su mujer.
Se miraron y entonces dijeron como si estuviesen sincronizados:
-te vas a Marseille.
-¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Por qué?... ¿E-en serio?
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-¿En serio?, ¿No puedo quedarme en casa mientras tu estas de gira esas semanas?
-No
-¿Y si llamas a tu hermano?, Prometo ser responsable.
-Si serías responsable ya tendrías tu propia casa y no vivirías con esos mamarrachos que tienes por amigos. ¿A ti te parece normal la vida que tienes con casi 23 años?
-mmmm… oh sí –dijo recordando la juerga que se había pegado con Tom el sábado pasado, ¿había sido en esa donde había conocido a Helena? ¿O se llamaba Selena?.
-¡Richard Castle! No me saques de quicio te he dicho que te vas a ayudar a Marseille y no se hable más.
Como no, la voz de su madre volvió a sacarle de esos gratificantes pensamientos.
-¿Pero sé razonable? ¿Qué pinto yo en un campamento para gente pre-universitaria?
Si aunque sea tuviese cerca a gente de mi edad…
Oye puedo llamar a Gina. ¿La puedo llevar?
-¿Pero de que me hablas?, ¿Quién es Gina? –ya había terminado casi el equipaje y miraba a su hijo con esa mirada de: oh, dios mio por qué ha tenido que tocarme a mi.
-No me escuchas, es que no me escuchas. Es la chica que conocí en la facultad.
Martha alzó una ceja mirándole con los ojos muy abiertos.
-En serio, yo voy a mis clases –replico entonces entendiendo el gesto de su madre.
-claro y yo al convento. Los lunes y viernes de 8.00 am a 20.00 pm. –dijo volviendo a moverse por la habitación para comprobar que había guardado todo.
Inútil, esa era la palabra para calificar el intentar hacer cambiar de opinión a Martha Rodgers.
-Oye, dime al menos que será solo una semana…
-…
-¿10 días?
-4 semanas y ahora ayúdame a bajar esta maleta a la puerta del hotel anda.
Richard se había llevado una mano a la frente fingiendo un desmayo.
-¿Ves? Miedo me da… Hubieses encajado mejor en un campamento para gente de 10 años, pero no encontré ninguno en ese sitio. La suerte te ha acompañado.
-¡Mamá!
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Los días se sucedieron rápidos y la mañana de la despedida un calor asfixiante levantó a Kate.
Tenía la maleta preparada y Nicole pasaría a recogerla dentro de 1 hora, se levantó y se hizo la cama antes de salir de la habitación. Una vez duchada y vestida, consultó el reloj, todavía tenía 35 largos minutos.
Escucho pasos, así que bajo a la planta baja y se encontró a su padre preparando el desayuno.
-Vaya, no se te han pegado las sabanas.
Esbozando una sonrisa se acercó hasta él mientras le daba un beso en la mejilla frotándose los ojos.
-¿tú crees que me gustará?
-¿El qué?
-Oh, vamos papá, ya sabes a lo que me refiero.
-¿Estas nerviosa?
-No!
-¿Segura?
-Segura
-Mentirosa –le contestó mientras con el dedo índice lleno de mermelada de fresa le tocaba la nariz a su hija.
-Te odio –dijo mientras subía de nuevo corriendo por las escaleras para volver a lavarse la cara, antes de que llegase Nicole.
Y así entre risas acabo de preparar el desayuno antes de ir a levantar a su mujer.
Pero Johanna no estaba en el dormitorio.
Kate salía del baño en ese momento.
-Hija, ¿has visto a tu madre?
-Supongo que estará durmiendo papa. ¿Por qué? –consiguió terminar de hacerse la coleta y con las manos liberadas se acercó hacía Jim dispuesta a "machacarlo" por haberle embadurnado de mermelada.
Sin embargo el rostro de su padre reflejaba preocupación.
-Papá, ¿va todo bien?
-Claro hija, baja a desayunar, yo te alcanzo ahora.
-Pero papá…
-Kate no me repliques y haz lo que se te ha dicho.
-Está bien.
Conforme vio desaparecer por las escaleras a Kate, empezó a buscar a Johanna por las habitaciones. ¿Dónde se habría metido?
Kate desde el hall sacó el teléfono y miró si Nicole la había llamado. Negativo.
Sin embargo al ir camino a la cocina, vio que la luz de uno de los inalámbricos parpadeaba, reflejando una llamada que seguramente no hubiese sido consultada.
Se dio la vuelta, acercándose y cogió el teléfono para comprobar de quién se trataba.
El número era desconocido, pero habían dejado un mensaje de voz, decidió pulsar a la tecla para escucharlo.
-Ven a las 8.00 am al sitio acordado. Para las 8.20 am estarás de vuelta para poder despedirte de tu hija.
Borró el mensaje y apenas había colocado el inalámbrico, cuando vio a su padre descender las escaleras. Giro la muñeca derecha mirando el reloj, las 8.05 am.
-Ven papa, mamá me ha mandado un mensaje que tenía cita con la peluquera. Volverá en breves.
Se sentía mal por verse obligada a mentirle, pero ese mensaje no le resolvía las dudas que se agolpaban en su mente y no quería inquietar a su padre.
No era tonta, sabía que sus padres habían atravesado hace unas pocas semanas, una discusión bastante considerable y no quería que la situación se complicase, quizás por una nimiedad.
