Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro. Poetry for the poisoned es propiedad intelectual del grupo de Power metal Kamelot, tomada de su álbum "Poetry for the poisoned" y fue inspiración para la elaboración de este FF.
[Parte I: Incubo]
~Hubo un tiempo en que fui joven, un chico con audaces intenciones~
Él era un niño con sueños e ilusiones, destruidas por el deseo sumiso de su padre ante los invasores turcos. Lejos de su hogar, se convirtió en un chico de mundo criado bajo el esplendor de viejas ciudades: Adrianópolis, Egniojsor, Ened y Ninfamén; también se volvió la puta de Murat II. Tenía trece años cuando suplicó piedad al perverso sultán, quien no se contuvo al momento de saciar su lujuria con el pequeño cuerpo. Vlad pidió perdón una y otra vez, no entendía de que forma ofendió a dios para merecer tal castigo, pero sus suplicas jamás fueron escuchadas y todas las noches se aferró a un viejo crucifijo mientras su cuerpo fue ultrajado, lacerado y mutilado.
~Hubo un momento en que pude distinguir el deshonesto del malvado~
Regresó a su natal Rumania para reclamar el trono que su cobarde padre no fue capaz de mantener. Inició la cacería de los nobles corruptos que se oponían a su reinado de terror y tomó la firma característica del hijo del dragón, todo aquel que se revelara o fuera sospechoso de insubordinación era empalado y dejado a merced de los cuervos. Comenzó el reinado de terror del rey Tepes, el empalador de Valaquia. Pero todo rey malvado termina siendo derrocado y él no sería la excepción; decapitado por sus propios soldados, la sangre del diablo se derramó en los erosionados campos de guerra y su cabeza desollada se volvió un premio para el sultán de Constantinopla. Pero el demonio no iba a perder a su mejor enviado y se convirtió en el primer mortal que abrió los ojos tras una ejecución, ya no era hijo del dragón, se volvió un vástago del señor del infierno.
~Hubo una canción que alguien cantó, un indicio de reconocimiento~
Se volvió un depredador de inocentes, alimentándose de su sangre. Nadie se atrevió a enfrentarlo hasta que conoció a un anciano llamado Van Helsing, un oponente digno que lo reconoció como la amenaza más grande para el mundo. Bajo el pretexto de liberar a una mujer de su control comenzó a darle caza; jamás se divirtió tanto desde que estaba vivo, disfrutó sentirse la presa por primera vez, hasta que el viejo Abraham le dio alcance y lo condenó a una vida de esclavitud, bajo el sello de su familia. Llegó a Londres persiguiendo a una mujer y se quedaría en Londres, sirviendo a una familia de cazavampiros.
~Hubo un momento en que te conocí lo suficientemente bien para saber que no te irías jamás~
Forzado a vivir en una casa de protestantes, tuvo que lidiar con la imagen del dios al que tanto maldijo tiempo atrás. En cada cuadro, cada cruz, cada veladora de un altar, veía sus suplicas de niño y el dolor de ser ignorado. Todo era parte de un plan maestro, pero desconocía si eran designios de dios o del mismo diablo. ¿A quién sirves, cuando eres un ser de oscuridad forzado a combatir al mal? ¿Su alma tendría redención? No lo sabía, pero dejó de importarle con los años, daba igual a quien sirviera, todos terminaban dándole la espalda.
~Ven conmigo esta noche, dime como se siente estar vivo~
Combatió a lado de un mortal, cuyos ojos reflejaban el infierno a pesar de su corta edad. Fue maravilloso, le mostró sus técnicas y modos y en lugar de sentir temor, pudo ver admiración junto a su reflejo. Walter resultó más que un aliado, se volvió un colega, un confidente, el único capaz de llevar sus raciones de sangre y observarlo comer sin horror en el rostro, lo más cercano que jamás tuvo a un amigo. Por primera vez se sintió vivo, incluso más que cuando su corazón latía.
~Hubo un tiempo en que tenía respeto, un nombre de reputación~
Su antiguo nombre fue olvidado, dejó de ser Vlad, ya ni siquiera era Drácula. Tomó el papel de un esclavo y el nombre Alucard sustituyó el resto de sus títulos, los que consiguió tras tantas pérdidas, tanto dolor, esfuerzo, sacrificio y orgullo demencial. Antes era un hombre que logró el respeto de su pueblo infundiendo miedo a sus corazones, el demonio más temido de Transilvania, ahora no era más que el perro de Hellsing.
~Hubo un tiempo cuando podía verme a mí mismo sin estar avergonzado~
Terminó olvidado en el sótano, como si no fuera más que un mueble viejo. La organización ya no estaba en guerra y, por ende, ya no era necesario. Los años pasaban, pero el tiempo carece de importancia cuando estás condenado. Sometido por el sello, sujetado por correas y muerto de hambre como un chacal en el desierto, Alucard se vio envuelto en decadencia, sumido en miseria y autocompasión… se sentía tan humano, lleno de tanta amargura y desconsuelo. Era la primera vez que sentía lástima, muy irónico que fuera por él mismo.
~Ven conmigo esta noche, encontremos un lugar donde podamos escondernos~
Supo de la muerte de Arthur Hellsing cuando el sello de restricción se debilitó, si tan solo una gota de sangre lo alimentara en ese momento, podría ser libre. Escuchó el eco de pasos acercándose, el chirriante sonido de la oxidada puerta que lo aislaba abriéndose, olió la sangre de una virgen y sintió un enorme deseo de devorar a esa chica. Inmediatamente detectó el hedor de Richard Hellsing y supo que estaba frente a la legitima heredera de su último amo. Un disparo fallido le sirvió en charola de plata la sangre que tanto deseaba, pero beber de ella significaba atarse una vez más a esa familia; observó a la chica enfrentarse a su perverso tío sin miedo en la boca, su mano firme al sujetar el arma y la fiereza en su mirada; quedó cautivado por esa determinación y su temple de hierro. Decidió que bebería de nuevo.
~Ven a la luz, déjame mostrarte como seguimos vivos~
Integra creció frente a sus ojos, tan fuerte y hermosa, como un botón de flor que comienza a florecer. Muchas veces le ofreció el regalo de la inmortalidad, creyendo que sería fácil corromperla por su corta edad, pero ella siempre se negó, "si dejas de ofrecerme la belleza de la muerte, te mostraré lo maravilloso de la vida".
