Capitulo 1

El camión de las mudanzas se instaló frente al humilde edificio. Detrás de el, un escarabajo amarillo estacionaba tranquilamente. Una de las dos rubias que se encontraban dentro llevaba el ceño fruncido y los brazos cruzados mirando en dirección opuesta a la mayor de ellas.

-Quinn – la rubia de largos cabellos rizados se volteó a verla, respiró profundamente intentando conseguir la paciencia que poco a poco se iba agotando con su hija adolescente. La elegante joven continuó ignorando a su madre. - Sé que ésto es muy complicado para ti. Pero te gustará. - la chica sonrió irónicamente alzando una ceja y se volvió para verla.

-¿Cómo pretendes que me adapte a un pueblucho sin chiste en el medio de la nada después de haber vivido en Boston toda mi vida? - Emma suspiró.

-Sólo dale una oportunidad ¿Si? - Quinn resopló y volvió su mirada al maltrecho edificio.

-¿Se supone que viviremos aquí? - La rubia mayor rodó los ojos y se apresuró a salir del coche antes de volver a discutir con ella. Había cosas inexplicables en el mundo. Pero la razón por la cual su hija había salido tan estirada era la más difícil deresponder de todas ellas. Una nostálgica sonrisa se dibujó en su rostro al recordar la dulzura de su niña en su infancia. Pero pasada la pubertad comenzó a volverse incontrolable. Tomó las llaves y abrió la puerta de entrada al edificio. Subió las escaleras hacia el departamento que había logrado arrendar casi por milagro. Una vecina curiosa abrió la puerta al sentir el ajetreo de los hombres que entraban y salían del lugar.

-¡Buenos días! - saludó una sonriente mujer de cabellos negros excesivamente cortos. - Soy Mary Margaret. ¿Usted es la nueva vecina? - La rubia de chaqueta roja que estaba apoyada a la pared levantó la mirada con una sonrisa. Se encogió de hombros y extendió su mano.

-Emma Swan, mucho gusto. - Los ojos verdes de la vecina curiosa se abrieron grandes. -

-¿Qué la trae a Storybrooke? Lo siento, pero no estamos acostumbrados a recibir nuevos vecinos en este pueblo tan pequeño. -

-Me acaban de trasladar por trabajo. Se supone que seré la nueva Sheriff. - Mary Margaret sonrió entusiasmada.

-¡Vaya! Eso es fantástico. Ya nos estaba urgiendo alguien que se hiciera cargo de... - pero la presencia imponente de una preciosa rubia de unos 16 años la dejó sin habla. La chica veía fijamente hacia ella con una mirada que cortaba su piel peor que mil cuchillos. Su ropa, elegantemente juvenil, parecía sacada de una prestigiosa tienda de Manhattan.-

-¡Oh! - exclamó al verla llegar. - Ella es mi hija.

-Mucho gusto preciosa. Bienvenida a Storybrooke. - le extendió la mano en señal de saludo, pero recibió a cambio una ceja arqueada y un gesto extraño con su nariz. -

-Quinn, por favor. - suplicó la ahora Sheriff intentando no armar una disputa frente a los nuevos vecinos. Pero la joven lo único que hizo fue barrer con la mirada a la mujer e ingresar al departamento revuelto y semi vacío sin decir una sola palabra. -

-Parece que Regina tiene competencia. - murmuró, pensaba que ella era la persona más desagradable en todo el pueblo, pero evidentemente la rubiecita no se quedaba atrás.

-Disculpa. - la voz de Emma la hizo volver a la conversación. - Está en la edad difícil y realmente no sé como tratar con ella. - Mary Margaret sintió pena por aquella mujer, se la veía frustrada y confundida.

-No se preocupe. - sonrió tranquilizandola. - ¿Su marido todavía no llega? - Emma miró a los lados un tanto incómoda. -

-No, y no vendrá tampoco. - la mujer pequeña respondió con un suspiro que se asemejó a un "Oh" - El vive en Boston. De hecho no es mi marido es sólo el padre de Quinn.

-Ya veo. -

-Disculpe, pero debo irme. - dijo señalando a la puerta. - Un placer conocerle.

-Igualmente y no dude en contar con nosotros para lo que necesite. Mi marido y yo estaremos aquí. - Emma asintió con una sonrisa e ingresó al departamento. Quinn estaba quitando el polvo de una de las sillas para poder sentarse.

-Eso fue muy grosero – la voz grave la hizo girar. - Yo no te eduqué así. No puedes. -Emma tomó aire intentando no perder la poca paciencia que le quedaba, -Entiende que ahora viviremos aquí, te guste o no. Y mas vale que te acostumbres, porque irás a un colegio público. ¿Entendido? A ver si con eso se te quita un poco el complejo de reina que tienes encima. -

-¡No puedes hacerme esto! - gritó furiosa.- ¡¿Sólo hay dos establecimientos en éste mugroso pueblo y yo debo ir al público?! -

-Espero que así aprendas a comportarte y valorar lo que tienes. - Lo había logrado una vez más. El mentón de su madre temblaba del coraje. Sus ojos estaban vidriosos. Sabía que se había comportado mal pero no podía evitar odiar aquel lugar. Se limitó a llenar sus cachetes de aire en un berrinche contenido. Había llegado lejos, muy lejos si su madre posponía su educación en un recinto privado. ¡Demonios! Gritó para sus adentros. Nada podía salirle peor.


Hacía una semana que las mujeres Swan, habían llegado a Storybrooke. Era de sapiencia popular el par de preciosidades rubias que se habían instalado en el viejo edificio. A pesar de que todos habían conocido ya a la nueva sheriff, su hija se había mantenido encerrada en el departamento negandose a salir bajo ningún concepto.

-Te guste o no irás mañana al colegio. Te llevaré yo misma si es necesario. -Los ojos de la joven se abrieron aterrados. -

-¡Ni de chiste me llevarás en mi primer día en ese carcacho amarillo! - gritó golpeando con su delicado taco el piso con fuerza.

-¡Más respeto muchachita! Y te llevaré aunque sea en el coche patrulla. ¡Tu lo decides Quinn Fabray, o vas por voluntad propia o te llevo a rastras! - La puerta de su cuarto se azotó con fuerza dejando a su madre fuera tomándose la cabeza. Jamás se hubiera imaginado que la maternidad fuera más complicada que mantener a salvo una ciudad. Escuchó tras la puerta un gritito irritado. Su hija y sus berrinches, pero la conocía. Sabía que al final, haría lo que le estaba pidiendo.


Para sorpresa de Quinn el colegio público era muy similar al que ella iba en Boston. Arqueó la ceja admitiendo para si misma que después de todo quizás no fuera tan malo aquel lugar. Caminó por los pasillos sintiendo como todas las miradas se fijaban sólo en ella. Y estaba acostumbrada a ello. En su antigua escuela era capitana del equipo de Cheerleaders y novia del Quarterback del equipo de fútbol americano. Su estatus estaba en la cima. Estaba segura que sería la "Prom Queen" todo, hasta que su madre se dispuso a cambiar de ciudad llevándola consigo y arruinando su vida. Caminó hasta la oficina del director, debía hablar con el y expresar su deseo de hacer algo interesante en aquel colegio. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por alguien que sujeto fuertemente su mano.

-Oye. - una chica de negros cabellos largos recogidos en una cola de caballo y ojos oscuros le sonreía de lado. Quinn alzó una ceja y levantó el mentón soltándose de su agarre. - Vaya, la nueva tiene agallas.

-Muchas más de las que tendrás tú a lo largo de toda tu vida.- respondió con desdén. La morena arqueó una ceja y sonrió.

-Me agradas. - tomó su cuaderno con ambas manos. - Soy Santana y ella es Brittany. - dijo señalando a una esbelta rubia de ojos azules.

-Estoy segura que a lord Tubbington le encantarían tus zapatos. - saludó ella con una sonrisa. Quinn echó la cabeza hacia atrás unos instantes y reparó en que llevaban uniformes de cheerios.

-¿Son del equipo? - preguntó conociendo la respuesta obvia a su pregunta. - Supongo que aquí las animadoras también son las más populares del colegio. - Santana hizo una mueca de satisfacción.

-¿No es así en todos lados? - Quinn sonrió.

-Quiero entrar. - determinó con un brillo especial en los ojos.

-¿Has estado en algún equipo antes? - La recien llegada arqueó una ceja orgullosa y llevó ambas manos a su cadera.

-Era capitana. -

-Aquí ese puesto está ocupado por mi. - dijo la chica de rasgos latinos. - Pero estoy segura que Sue te hará un sitio si eres tan buena.

-¿Dónde puedo hablar con ella? -


Los días que siguieron transcurrieron en paz. Emma estaba más tranquila al ver a su hija ocupada en el equipo. Los entrenamientos le hacían gastar energía. Su rendimiento escolar parecía estar siendo bueno. Había hecho un grupo de amigas y estaba quejandose menos. Fue por esto que se sorprendió cuando el Director Figgins la citó para conversar acerca de un altercado escolar del cual su hija estaba siendo la protagonista.

-¿Cómo pasó? ¿Qué hiciste? - Quinn estaba vestida con su traje rojo, cruzada de brazos mirando hacia la ventana.

-Agredió a una de nuestras estudiantes, y nuestra política es intolerante a la violencia. - se adelantó a decir Figgins

-¿Agrediste a alguien Quinn? - preguntó enfurecida. - ¿A tí? - dijo mirando a una niña con cierto aire inocente. Ella recordaba su época en el colegio y sabía que vestirse del modo en que esa muchachita lo hacía podía provocar que los demás te tildaran de fenómeno, como mínimo. Los jóvenes son mu crueles. No entendía como una niña de 16 años podía llevar una falda de aquel estilo liso y medias de color opaco casi hasta las rodillas, si bien los colores iban combinados el estilo del sweater que llevaba puesto era ridículo. ¿Cómo una madre permitía a su hija asistir así a clases sabiendo a lo que se exponía? Frunció el ceño y se acercó a la chica que se veía más avergonzada por todo aquel circo que por lo que había sucedido.

-No fue nada Señora, de verdad. Director permitame ir, por favor no quiero que mi madre se entere y arme un escándalo. - suplicó. Emma sintió pena. Sus ojos reflejaban una angustia sincera. Se acercó a ella y le acarició la mejilla.

-Disculpa lo que sea que te haya hecho mi hija. - ella sacudió la cabeza y le dedicó una sonrisa.

-¡¿Que demonios está sucediendo aquí?! - una voz ronca irrumpió en el lugar, la chica se llevó las manos al rostro y escondió la cabeza sobre sus piernas. Emma volteó con intención de disculparse. Pero la intención se le fue cuando la vio. Sabía que la persona que vociferaba era la madre de la chica. Pero su capacidad de habla y razonamiento se vieron bloqueados al darse cuenta de la mujer que tenía detrás. No sólo era la más elegante, fina y sofisticada, sino que su rostro era perfecto. Su cabello largo hasta rozar sus hombros estaba impecable y toda ella era una combinación de perfección que rayaba lo sobrenatural. El corazón de Emma se aceleró.

-Disculpe que la haya molestado Señora alcaldesa. - se disculpó el director. Emma miró a la mujer con la boca abierta.

-¿Alcaldesa? - preguntó la sheriff fulminando con la mirada a Quinn. Pero su hija se cruzaba de brazos indiferente a todo lo que estaba aconteciendo. -

-¿Usted es la madre de ésta... niña? - Preguntó con gesto de desagrado. Los ojos oscuros de la mujer se fijaron en los suyos. Quizás su Quinn fuera una malcriada, pero no tenía derecho a expresarse con esa actitud de ella. Frunció el ceño y se plantó en actitud desafiante frente a ella.

-Mucho gusto. - dijo apretando los dientes y extendiendo su mano. - Soy Emma Swan. - Regina bajó la vista hacia su mano, subió por su torso y concluyó en sus ojos sin inmutarse.

-Regina Mills. - respondió secamente.


Hola! soy nueva en esto, pero vengo delirando con estas cuatro desde hace rato. Y como no encontré ningún fic relacionado me decidí a escribirlo.

Espero les guste y sino les entretenga.