¡Buenas noches, amigos lectores!

Bueno, no sé si puedan saberlo desde aquí, pero si me observan por ask o por tuiter, soy una GRAN, sino es que la MÁS GRANDE admiradora y shipper de Quincedes/Ambianna. Creo firmemente que Quinn y Mercedes tuvieron una historia previamente, ya que como sabemos, Mercedes invitó a vivir a Quinn a su casa durante las últimas etapas de su embarazo. Creo firmemente que Amber y Dianna tienen una historia, porque si no fuera el caso, ¿Por qué tan cariñositas en la tercera temporada? Incluso ahora, de vez en cuando, no pueden evitar expresar su amor... En fin. Yo no estoy aclarando qué tipo de amor sea, queridos lectores, así que hay que abrirnos a la posibilidad de un "todo".

Esta historia nació porque NO hay quien escriba sobre ellas, así que lo hice yo, para mi propio gusto. Si les gusta, acompáñenme en este camino. Si no, pues también, no creo que pierdan nada. Habrá además Samcedes, Quick, Tike, FINCHEL, KLAINE Y BRITTANA :D

Los personajes no son míos. Le pertenecen a Ryan, Ian y Brad y yo sólo hago esto por pura diversión. No recibo ninguna remuneración económica con esto.


Won't Go Home Without You.

A Quincedes fanfic.

Capítulo 1.- "La invitación que no pude rechazar".

POV: Mercedes Jones.

Abrí mi bolsa y saqué los libros de Biología e Historia y los metí a mi casillero. Le di una hojeada a mi horario sólo para verificar que mi siguiente clase era Español y Matemáticas, así que metí mis dos libros, me acomodé el cabello una vez más y cerré mi casillero, dispuesta a irme. Bajé las escaleras directo para el salón del señor Shue, cuando me encontré con Mike, Rachel y Kurt. Parecían bastante plácidos al hablar, así que me acerqué a saludar.

-Hola, Mercedes, ¿Cómo estás?- preguntó Mike, tan amable como siempre. Le sonreí.

A pesar de que habíamos estado juntos en la clase de Biología, él jamás perdía su encanto de caballero. Qué suerte tenía Tina.

-Bien, bien, Mike, dejando de lado que es miércoles… -

-Estábamos hablando de que Kurt y yo queremos hacerle un tributo a Sara Bareilles, pero no encontramos una excusa lo suficientemente perfecta, ya sabes. Con eso de que ya se acerca la seleccional, no creo que el señor Shue quiera dejarnos cantar otra cosa…- comentó Rachel, un poco apesumbrada.

-Si se te ocurre una idea, Mercedes, ¡Tienes que decirnos! De verdad queremos cantar sobre ella- insistió Kurt.

Me mordí mi labio inferior e hice como que pensaba en algo. La verdad es que yo no conocía a ésa tal Sara y tampoco tenía muchas ganas de hacerlo, así que decidí salirme por la tangente.

-¿Y si simplemente cantan y ya?- pensé sin demasiada imaginación. Mike sonrió al igual que Kurt, pero más bien Hummel parecía hacerlo en tono de burla.

-Mercedes, si así fuera de fácil las cosas, ¡Lo haríamos y ya!- se quejó Berry, frunciendo el ceño. Levanté mis cejas y apreté la carpeta contra mi pecho, lista para seguir con mi camino.

-Chicos, tengo que irme a mi clase, pero si se me ocurre algo, se los diré, lo prometo- dije mientas caminaba. Mike se despidió también y subió las escaleras por donde yo había bajado. Apenas había dado tres pasos, cuando de todos modos escuché la voz chillona de Rachel quejarse.

-Pero si son ideas así de malas, mejor ni te molestes- murmuró, siendo reprimida por una mirada amenazante de Kurt, quien se cruzó de brazos. Ella exclamó entonces- ¡¿Qué?!-

Las voces de mis amigos se quedaron atrás mientras yo seguía avanzando y no tardé en llegar al salón, medio lleno. Las clases del señor Shue normalmente se congestionaban porque era, además de un buen profesor, un excelente amigo que muchas veces podía darte la mano, así que el que yo hubiera estado en su clase fue casi una especie de milagro. Creo que los únicos que estábamos en ésa clase del club Glee éramos Artie, Puck, Finn y Brittany.

Caminé por las bancas hasta tomar asiento en una de los mesa bancos que aún se encontraban vacíos y al sacar mi carpeta y mi libro, miré hacia adelante sólo para encontrarme con el rostro de pocos amigos de la rubia perfecta Quinn Fabray. Ella sacaba un par de plumas de su bolso que estaba recargado en el respaldo de la silla, cuando me miró. Sus ojos verdes no tenían emoción, al igual que su rostro, lo cual era una lástima. Tenía una cara tan bonita, que era imposible imaginarse que no tuviera un color o emoción en ella. Una verdadera lástima.

Oh, y ella también pertenecía a las clases de Español del señor Shue. Sólo que a diferencia de Artie, Brittany, Finn o Puck, ella sí compartía el mismo horario conmigo.

El señor Shue comenzó a escribir en el pintarrón mientras hablaba en ése idioma extraño. Anotaba, hablaba y nos pedía que repitiéramos. Era miércoles, era normal estar cansada, pero raramente me sentía emocionada. Tal vez se debía a que las seleccionales estaban cerca y quizás por fin en un año, el señor Shue me diera un solo para participar. Así por lo menos Berry se bajaría de su nube de humo oxigenado en donde solía pasearse.

Estaba tan preocupada pensando en si debía elegir "Hero" de Mariah Carey o "Love On Top" de Beyoncé para mi imaginario solo, que accidentalmente moví mi mano izquierda, provocando que mi lapicera cayera al suelo y arrojando a varios centímetros lejos mis colores y mis cosas.

Más de alguno se volvió a ver, y más de alguno puso cara de burla mientras el señor Shue ignoraba mi tiradero y él seguía hablando y anotando palabras y cosas. Sonrojada como un tomate, torpemente recorrí la silla para levantarme y recoger mis cosas y cuando lo hice, me encontré con una sorpresa bastante confusa.

Quinn Fabray, con cinco meses de embarazo, estaba de rodillas, recogiendo mis colores y plumas. Me arrodillé junto a ella y estiré la mano para pedirle mis cosas y terminar lo más rápido posible. Ella no se levantó en cuanto me vio ahí como pensé que haría, simplemente decidió ignorarme mientras terminaba de ayudarme. No duramos ni dos minutos en el suelo cuando me miró, seria, me dio mis colores, se levantó y regresó a su lugar.

Me cayó como balde de agua fría; jamás lo creí de Quinn. O sea, éramos compañeras del club Glee y la habíamos apoyado en muchas cosas, pero jamás la consideré mi amiga. No tendría por qué haberme ayudado a recoger mis cosas. Sin embargo, lo hizo y sin esperar a que yo le agradeciera o algo.

El timbre sonó, despertándome de mi burbuja de concentración. Recogí mis cosas y me levanté. Quinn ya estaba en los pasillos cuando yo apenas salía, así que en un momento de locura la alcancé.

-Gracias, Quinn, por ayudarme a recoger mis cosas-

Ella se volvió una vez y sin hacer un gesto o algo parecido, asintió.

-Debes poner más atención a clases- y lo que pensé que era una sonrisa, era un gesto duro. Respingué. ¿Quién era ella y por qué creía que podía darme órdenes?

Sin esperarse a que yo pudiera soltarle un "Oh, hell to the no", ella simplemente siguió caminando con ésa elegancia y arrogancia tan propia de Quinn Fabray. La sangre me hirvió de coraje, pero más adelante comprendí que así era ella.

Fría, inflexible, pero siempre con ése sentido de solidaridad que rara vez dejaba salir. Y yo había sido una de sus excepciones. Era todo tan raro.


POV.- Quinn Fabray.

Comenzó a dolerme la espalda. OTRA VEZ. Y estaba en medio de la clase de química. Miré hacia mi lado derecho, sólo para encontrar a Brittany copiando mi examen. Suspiré. Ésa chica era un caso perdido y yo no tenía por qué celebrarlo o lamentarlo. No era mi responsabilidad. Volví mi rostro hacia el lado izquierdo y vi que Tina se concentraba muy duramente en el papel frente a ella. Le iría bien, Tina era muy inteligente aunque un poco distraída y soñadora.

Tenía tres cuartos de mi examen terminados y no quería entregarlo así, pero de repente la espalda decidió matarme de dolor en menos de diez minutos. Hice ademán de recoger mi bolso para buscar algo para el dolor, pero el profesor lo malinterpretó.

-Señorita Fabray, ¿Qué cree que está haciendo?- me llamó, haciendo que varios compañeros me miraran, incómodos.

-Comenzó a dolerme mucho la espalda y estoy buscando si tengo algo para calmar el dolor…-

-Pero está a medio examen. Tendrá que esperar-

-¡Pero si ya acabé!- exclamé, molesta. El profesor se levantó y caminó lentamente hasta mi lugar. Miré incrédula cómo me quitaba el examen con una sonrisa de suficiencia.

-Bueno, si ya acabó, Fabray, puede retirarse-

-¡¿Que usted no entiende que me duele la espalda?!- le grité. El profesor infló las fosas nasales y estuvo a un paso de ponerse totalmente rojo y lanzar humo por las orejas. Malditas hormonas del embarazo. Sólo servían para volverme loca.

Con los ojos llenos de lágrimas de furia, tomé mis cosas y salí del salón, no sin antes azotar la puerta detrás de mí. Caminé por el pasillo, bajé por las escaleras y una vez que llegué a mi casillero, estrellé mi puño con fuerza.

Grité un poco de pura rabia. ¡¿Cómo podía hacerme eso a mí?! Quinn Fabray, probablemente su mejor estudiante. Desde mi embarazo, muchas cosas habían cambiado. Además de que la entrenadora Sue me había echado de una patada de las animadoras, varios profesores comenzaron a mirarme y tratarme de forma diferente. Algunos eran morbosos y petulantes, mientras que otros eran groseros y rudos, como era el caso del señor McConan, maestro de la clase de química.

Era algo insufrible. Incluso mis compañeros y amigos. Todos me dieron la espalda, y más de uno se burló, exceptuando a Santana, Brittany y el resto de los perdedores del club Glee. Ahora yo era una más, igual que ellos. Y no estaba segura de si quería seguir viviendo así.

Ni siquiera era novia de Puckerman, y estaba atrapada viviendo con él. Tenía que compartir su cama, y sentir cómo de vez en cuando tenía pesadillas nocturnas y me pateaba o decía cosas en voz alta. Tenía que soportar a su madre diciéndome qué podía o no podía comer. Tenía que soportar a la latosa de su hermana y a sus latosos amigos. Tenía que estar soportando a Puck siempre.

Apenas daba un paso lejos de la casa de los Puckerman, cuando me topaba con las insensateces de Brittany, el maldito sarcasmo de Santana y las bobadas de todos en aquel coro. Mi vida se había convertido en un grano en el trasero.

-Fabray, no te lo quería decir antes, pero ésa falda enorme que llevas puesta te hace ver como si tuvieras cinco meses de embarazo- comentó Santana, apoyándose junto a mi casillero. Levanté una ceja. Percibía el sarcasmo y la burla en su opinión, pero me hice la loca al contestarle.

-Tengo cinco meses de embarazo, Santana-

Ella respingó y me miró, confundida.

-¿En serio? Guau, cinco meses ya… ¿Y cuándo se supone que nace?-

-Dentro de cuatro meses- cerré el casillero, frunciendo el ceño- ¿Es que no vas a la clase de biología?-

-Sí voy-sonrió- Lo que pasa es que no pongo atención-

Suspiré, cansada. Ése tipo de actitud derrotista que todos cargaban era probablemente un reflejo de lo que yo daba. Probablemente. Pero estaba embarazada y tenía 16 años. Obviamente estaba muy molesta con el mundo.

Caminamos un par de minutos, hasta que me detuvo por el brazo.

-Oye, hablando de lo del sábado… ¿Puedo pasar por ti a las siete? Le prometí a Brittany acompañarla al cine y sabrá Dios cuánto tarde ésa película-

Le regresé la mirada; ahora la insegura era yo.

-¿De qué estás hablando?-

-Sí, ya sabes, se están poniendo de moda ésas ridículas películas de libros y Brittany está traumada con una que no sé cómo se llama…-

-No, no estoy hablando de eso. ¿Por qué vas a pasar por mí a las siete?-

Santana levantó una ceja, inquieta. Después habló con un tono mordaz.

-Quinn Fabray, tenemos lo de la fiesta de bienvenida de ése tal Rick, el líder del equipo de hockey. ¿O ya se te olvidó?-

Hice memoria. Con todo lo que tenía por quejarme en mi cabeza, ciertamente no tenía espacio para llenar con estúpidas fiestas adolescentes a las que obviamente ya no iba. O más bien, no me invitaban.

-Sí, lo había olvidado-

Me detuve en el umbral del salón de Historia. Santana se recargó en el marco de la puerta con su mochila en su pecho, mirándome como niña berrinchuda.

-¡Pero Quinn, prometiste que irías!- se quejó, haciendo pucheros. Puse los ojos en blanco.

-Sí, Santana, sí iré. Ahora, déjame tranquila para poder irme a mi clase de álgebra. Voy retrasada-

-De acuerdo. Nos vemos en un rato- murmuró y entró al salón de historia. Yo seguí con mi camino.

De ninguna manera iría a ésa estúpida fiesta, pero le mentí a Santana para que me dejara en paz. Si le decía que no, era capaz de fastidiarme al grado de convencerme y era peligroso. Estaba embarazada. No podía ser una buena idea.

En mi camino hacia el segundo piso, los idiotas que caminaban por el pasillo andaban como si no me vieran. Me tropecé varias veces, y uno de ellos incluso estrelló su hombro contra el mío, casi tirándome al piso. Nadie lo vio, o al menos, fingieron que no me habían visto. Los ojos se me llenaron de lágrimas de frustración, pero continué con mi camino; no sin antes toparme con los ojos oscuros de una Mercedes Jones preocupada.


POV.-Mercedes.

Suspiré. De verdad me sentía un poco deprimida.

-Vamos, Mercedes, no dejarás que eso te entristezca, ¿O si?- me dijo Kurt, abriendo la boca para terminarse su burrito. Lo miré.

-No puedo evitar tener sentimientos humanos, Kurt. Lo lamento- dije, sarcástica. Rachel puso los ojos en blanco y sonrió mientras aplastaba los vegetales con su tenedor.

-Pero, Mercedes… Sentirte mal por un amigo es normal, pero, ¿Por Quinn Fabray? ¿Hablamos de la misma Quinn Fabray que siempre se burló de nosotros?- atacó.

Levanté una ceja. Tenía un excelente punto que Kurt apoyó con un asentimiento de cabeza. Los fulminé con la mirada.

-Eso no importa. Yo tengo sentimientos humanos, como la compasión y la solidaridad…-

-Más bien suena a que le tienes lástima, Mercedes- habló Kurt- Y la lástima no es buena. Creo que hasta Quinn podría sentirse peor si se entera que tú sientes lástima por ella-

Me quedé callada. Probablemente Kurt tenía razón y no era más que un signo de debilidad humana lo que sentía. Además, Quinn no dejaba que nadie sintiera lástima o hiciera algo por ella; se creía autosuficiente, pero el sentimiento no abandonó mi cabeza.

-De acuerdo…- murmuré. Rachel le dio un trago a su té y sonrió.

-¿Ya encontraron una excusa para poder cantar algo de Sara en el club Glee?-

Hummel y yo nos quedamos callados. Berry había puesto mala cara y después de haber suspirado una vez, su voz no perdió emoción.

-Prometo dejarle un solo a quien se le ocurra una buena idea-

La idea y el sentimiento continuaron dentro de mí, y se hicieron más intensos durante la hora del club Glee. El señor Shue tuvo que soportar una discusión sin sentido por parte de Kurt y Rachel para que los dejara cantar Sara y eso no ocurrió. Mi idea era más genial; bien dicen "Más vale pedir perdón que pedir permiso" y ahora por querer acaparar la atención, ninguno de los dos podía cantar Sara.

Volví la cara para reírme cuando el señor Shue terminó rematando a Rachel y a Kurt con un comentario cierto y genial, y cuando lo hice, me encontré con que Quinn hacía exactamente lo mismo. Le sonreí.

Ella no me regresó el gesto.


POV.- Quinn.

Entré al baño después de que acabó el club Glee. Estar embarazada era como consumir tres litros de agua con una vejiga que sólo aguantaba uno y lo peor de todo, es que seguía avergonzándome por estas cosas tan cotidianas. Incluso había hecho berrinche porque la señora McCurty se había negado a subirme la nota en mi trabajo de Historia y un grano comenzaba a formarse en la punta de mi nariz. Era todo terrible.

Cuando salí del cubículo, comencé a lavarme las manos y una vez que terminé, salí al pasillo donde nadie me esperaba. Caminé un poco y bajé las escaleras cuando me encontré a Mercedes.

Sentía que se había comportado rara conmigo desde el momento en que me sonrió, pero tal vez todo estaba en mi cabeza. O tal vez no.

-Hola, Quinn- me saludó.

-Hola- asentí como modo de respuesta y creí que sólo era de pasada, pero se ajustó a mi paso y me acompañó.

-¿Te vas a casa ya?-

-Eso creo- la miré, desconcertada. Ella sonrió.

-Yo también. Ha sido un largo día, ¿No crees?-

-Supongo-

No entendía a dónde quería llegar con esta conversación. No le quise preguntar por no herir sus sentimientos. Parecía muy emocionada.

-Oye, ¿Puedo hacerte una pregunta?- dijo con un tono de voz más bajo, con timidez.

Levanté una ceja. Seguro me preguntaría algo relacionado sobre sexualidad, ya que Mercedes llevaba como una semana con Sam Evans. ¿No podía preguntarle a sus amigos? Aunque a juzgar por la ropa de Rachel, ella debía seguir siendo virgen. Y Kurt, era Kurt. Seguro el sexo homosexual era muy diferente al heterosexual.

¿Me creía experta sólo porque me había embarazado?... el chiste se contaba solo.

-Claro-

-No eres feliz- dijo, seria.

-Eso no es una pregunta- le aclaré, deteniéndome en el pasillo del segundo piso.

Ella me miró, un poco ofendida por mi tono mordaz, pero no me iba a disculpar. Ella tomó aire y me miró a los ojos.

-¿Cómo te sientes, Quinn?-

-Estoy exasperada ahora- confesé, cruzándome de brazos.

-Estoy hablando en serio, Quinn. Sé que vives con Puck y tienes que aguantar todo lo malo que hay en su trayecto y además, tienes que venir a la escuela a soportar más. Y válgame Dios, no estoy siendo condescendiente, pero… ¡Estás embarazada! Deberías estar en un lugar en paz, a salvo…-

Sus palabras tenían sentido ahora que lo decía en voz alta. No había hablado mucho del tema, porque cada vez que Brittany quería sacarlo al tema, Santana simplemente le daba vueltas. De vez en cuando Mike, Artie o el señor Shue se acercaban a preguntarme cómo me iba, y qué decir sobre los comentarios de Sam o las lágrimas de Tina… era una pesadilla. Cada día era una pesadilla diferente y estaba harta.

-¡Estoy molesta! Estoy enojada con el mundo, Mercedes, porque mis padres me echaron de mi propia casa, Finn descubrió que no era el padre y ahora estoy atascada con Puck y no es fácil para mí. Es como si además de cargar mi peso, debo hacer lo mismo con el bebé y con Puck y su familia y llego a la escuela y debo cargar con la mierda de todo el mundo… No es fácil. Y si te soy sincera, ya no sé qué más hacer-

Me escuchó atentamente, sin mirarme al rostro, con los ojos en el suelo. Luego me miró fijamente y sonrió. Una sonrisa llena de alegría.

-Yo sí sé qué harás-

-¿Qué?- le puse mala cara.

-Te vendrás a vivir conmigo- se amplió más su sonrisa

-Espera, ¿Qué?- gemí, sorprendida.

Mercedes parecía bastante muy calmada y alegre.

-Ya hablé con mi mamá y está decidido… te vendrás a vivir a mi casa desde este fin de semana… claro, si quieres-

Un impulso nervioso chocó contra mi cara, deformándola. Creo que estaba sonriendo, después de mucho tiempo hasta ya había olvidado la sensación de sonreír. Mis manos comenzaron a sudar en frío de la emoción y mis ojos veían todo borroso, debido a las lágrimas.

-¿Quinn? ¿Estás bien?- murmuró Mercedes, preocupada.

De un momento a otro, me acerqué demasiado a ella de un salto. Pasé mis brazos sobre sus hombros y la estreché contra mí, agradecida y emocionada.

-¡Oh, Mercedes, muchas gracias! ¡Me has salvado la vida!-


¿Qué les pareció, amigos? Los reviews, por aquí o por inbox o ask son siempre BIEN RECIBIDOS. Casi necesarios. En fin. La historia está escrita por POV, o sea, Punto de Vista del Personaje. Tuve el presentimiento de que al hacerlo así, podremos abordar más claramente a la mente de las chicas.

Es una historia romántica pero hay un caos en medio. El embarazo de Quinn, la relación Samcedes y además, el hecho de que Quinn y Mercedes son abiertamente heterosexuales. ¿Cómo podrían enamorarse?

Pues yo creo en eso, y espero que ustedes también. ¡Dejen comentarios, no sean vagos y nos leemos pronto!