Hola :D Les traigo una nueva fic :3 Ya se que tengo un monton mas que no he actualizado en siglos .-. pero no me maten ewe. Estoy actualizando todas :D exepto un corazon que conquistar, esa ya se fue a la mierda (?)
Y bien, este es un nuevo proyecto que espero les guste, tiene un poco de Iggychu mas adelante.
Warning menciones de sexo y violacion, vocabulario y punk!iggy (?) o algo asi.
"!No, aru! ¡Yo soy inocente, aru! ¡Lo juro, aru!"
"Sí, claro, bombón. Todos aquí son inocentes." Rió con malicia el oficial mientras arrojaba al joven chino a la celda, encerrándolo con llave en la oscura prisión. "Espero te diviertas, primor. Hace mucho que no llega carne fresca. Quizás hasta yo venga a divertirme un rato."
"!Pero, aru, yo soy inocente de verdad! ¡Exijo un abogado, aru! ¡No… no puedo quedarme aquí, aru! ¡Yo no hice nada, aru!"
El chino observó con desesperanza como el oficial marchaba en dirección contraria, alejándose de él. Una lágrima rodó silenciosa por su mejilla mientras se desplomaba e el piso, de rodillas. "Todo esto es un error, aru…"
Yao se abrazó fuertemente las piernas, hundiendo su rostro entre sus manos, intentando tranquilizarse. Todo había sido un gran malentendido. Uno de esos momentos cuando estas en el lugar equivocado a la hora equivocada. Yao era un joven inmigrante de China, y vivía humildemente en un apartamento que compartía con sus demás hermanos. Cuando llegó del trabajo esa noche, se había cometido un asesinato en su piso. Los policías rodeaban el apartamento, y un chino sin documentos es igual a problemas. Al final, como no habían sospechosos, decidieron que lo más fácil sería culparlo a él. Intentó reprimir unas lágrimas mientras se hundía en el desconsuelo. Esto no podía pasarle a él. El era el mayor de sus hermanos, y tenía que ver por todos. Sin él, ¿Quién les llevaría el pan a la mesa?
"Hey, preciosa. ¿Qué haces aquí? ¿Estaba llena la cárcel de mujeres y te trajeron para acá?" Yao alzó la mirada, buscando la voz que le había hablado. Recién entonces notaba que entre las sombras, sentado más allá, había un hombre, sosteniendo una botella en la mano, mirándolo con los ojos llenos de ojeras. El hombre se levantó, rompiendo violentamente la botella contra el piso y acercándose a él. "¿Y tú que hiciste, amor? ¿Eras prostituta o algo? Porque tienes cara de serlo…" Se acercó más a él, poniéndole una mano en el rostro.
Yao abrió los ojos, intimidado, mientras intentaba desesperadamente alejarse de aquel hombre. "S-suéltame, aru… o si no…!"
"¿O si no que? ¿Llamaras a la policía?" Rió con sorna mientras obligaba al chino a mirarlo "Estas en la cárcel, cariño."
Yao fue obligado a contemplar el rostro de aquel hombre. Tenía el cabello rubio y alborotado, los ojos verdes, las cejas gruesas. Tenía un par de cicatrices en el rostro y cuerpo. Yao estaba seguro que de haber sido un hombre cualquiera en la calle, lo hubiera encontrado muy atractivo. Aun así, su olor a alcohol y aspecto descuidado hacían que Yao quisiera alejarse lo más posible de él. El hombre estaba obviamente borracho.
"Pero yo no hice nada."
El hombre volvió reír, esta vez amargamente, mientras le soltaba el rostro y se sentaba frente a él de piernas cruzadas. "Todos dicen eso."
"Pero es verdad, aru. No se que hago aquí, aru."
"¿Aru?" el hombre sentado en frente de él alzo una ceja confundido, pero no le prestó mucha atención. "Escucha, primor. No importa como llegaste aquí ni quien eres. Lo que importa es que estas en una maldita cárcel, y que no volverás a ver la luz del sol al menos en un par de años, si tienes suerte."
Yao hizo silencio, pensando sobre su desgracia. Le habían dicho que en caso de buena conducta podrían disminuir su pena a solo 5 años. Aun así, todo era tan injusto.
"¿Eres prostituta?"
Las palabras del otro lo sacaron de sus pensamientos. "No, aru." Frunció el ceño confundido. "No puedo serlo porque soy hombre, aru."
"¿Hombre? ¿Quieres decir que tienes una salchicha ahí abajo?" el rubio observó con incredulidad la entrepierna del chino, alzando una ceja. "Como sea, pareces una chica. ¿Sabías?"
"Ya me lo habían dicho, aru." El chino se mordió el labio, recordando como en su adolescencia había atravesado por una breve etapa de travestismo de la cual prefería no hablar.
"¿Y te habían dicho que eres muy guapa?" el desconocido puso una mano en el muslo del chino, haciendo que este temblara un poco.
"¿Q-qué haces, aru?"
El rubio se encogió de hombros al mismo tiempo que retiraba la mano. "Mejor preparate. Debes ya saber que lo hacen a los afeminaditos como tú en la prisión, ¿no?"
Yao abrió mucho los ojos, sintiendo que su sangre se helaba lentamente. Había estado tan preocupado en probar su inocencia, tan preocupado de ver por sus hermanos que no había pensado en eso. Intentó balbucear alguna respuesta coherente pero el rubio lo interrumpió, susurrándole en el oído despacio. "Los violan." Yao sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
"Hey, Kirkland… ¿parece que te tocó el recién llegado, da?"
"Esto no es asunto tuyo, Braginski." Gruñó el rubio al preso que le hablaba de la celda de enfrente, mostrando una sonrisa.
"No me hables así, Kirkland. Sabes bien de lo que soy capaz…" De repente la mirada de aquel hombre cambió completamente, volviéndose fría y asesina. "Da, con tal de que me dejes… probar, no habrá problema. Aunque es una pena… me hubiera gustado darle la bienvenida personalmente…"
"Metete en tus asuntos, Braginski. ¿No tienes alguna persona a quien torturar por ahí cerca?"
"Da." Sonrió ampliamente. "Justo en eso estaba ahorita. ¿Conoces al albino de la otra celda? Es sumamente estrecho. Nos vemos, Kirkland." Y sin más aquel hombre volvió a desaparecer en la oscuridad de su celda.
El rubio chasqueó la lengua fastidiado, mientras se alborotaba el ya desordenado cabello. "Ese es Braginski." Señaló la celda de enfrente. "Condenado a cadena perpetúa por asesinato, violación, tortura, extorsión, lavado de dinero… Básicamente un bueno para nada que fue delatado por uno de sus empleados domésticos a los cuales extorsionaba. Creo que se llamaba Toris. El chico ahora vive huyendo, con miedo de que Braginski salga por venganza. Pero todos sabemos que ese maldito se pudrirá en la cárcel, al igual que muchos."
"No me da buena espina, aru…"
"Claro que no. Era uno de los más buscados. Creo que incluso pertenecía a algún tipo de mafia Rusia o algo así. Mi nombre es Kirkland, por cierto. Arthur Kirkland. Aunque aquí es como una norma llamarse por el apellido. Así que dime Kirkland no más."
"Wang Yao. Soy chino, aru. Así que mi apellido sería Wang, aru."
"Un placer, princesa." Sonrió arrogantemente el inglés mientras le daba la mano. Un gesto un tanto caballeroso para alguien que estaba en prisión.
Yao estaba agradecido de que su compañero de celda fuera ese hombre. Conversando con él había logrado calmarse un poco, y se sentía un tanto más seguro a su alrededor. A pesar de su vocabulario y general apariencia, no había intentado herirlo hasta ahora o aprovecharse de él, así que no debía ser tan malo. Lo que llevaba a Yao a preguntarse…
"¿Y tú, por qué estas aquí, aru? Si es que puedo saber, aru."
"Por perturbar la paz publica, tenencia de sustancias ilícitas y manejar en estado etílico." Rió estruendosamente, como si fuera lo más divertido del mundo. "Eso y por violarme a un par de putas. Aunque no fue mi culpa, claro. Si hubieras visto como andaban vestidas tú también lo hubieras hecho…" se volteó a tientas mientras buscaba algo en el suelo. Cuando lo encontró, se dio media vuelta sosteniendo una botella. "¿Bebes?" Le dio un largo sorbo a la botella, acercándosela. "Un oficial aquí es amigo mio, me trae unas cuantas cada semana. Aunque nunca es suficiente, claro."
Yao negó con la cabeza. "Yo no bebo, aru."
"Como quieras." El rubio se encogió de hombros, terminándose la botella rápidamente, arrojándola en una esquina. "¿Y bien, Wang Yao? Dime, ¿Ya lo has hecho?"
El chino se tiñó rápidamente de rojo, sintiendo sus mejillas arder. "Eso es personal, aru."
"Aquí nada es personal, cielo." Hizó una pausa, mirándolo a los ojos. "Dime, ¿te han follado ya?"
Yao no se puso más rojo porque no podía. "!Claro que no, aru! ¿Qué clase de hombre crees que soy, aru?"
Arthur alzó las manos de manera defensiva. "Solo te digo la verdad, nena. Con ese rostro de muñeca y curvas delicadas no vas a durar ni una semana con ese culo aun virgen. Todos los presos aquí quieren una cosa, sexo. (Bueno, esa es la segunda cosa que quieren. La primera es libertad, pero me entiendes, ¿no?) A veces lo hacen entre ellos, pero después de un tiempo se cansan y quieren algo nuevo. Y tú les caes como anillo al dedo, cielo. Si no fuera porque soy derecho, creeme que ya te hubiera cogido aquí mismo, pero yo soy macho y no me meto con hombres… ni siquiera con hombres que parecen nenas. Y tú creeme que lo pareces. Por el momento, piensa en mi como tu guía, ¿si? Yo te diré todo lo que hay que saber sobre este lugar. Comenzando por mañana. Mañana en el desayuno…será tu bienvenida. Seguro que todos querrán cogerte en ese instante, así que mejor muéstrales que tienes bolas o no podrás sentarte en una semana, ¿entendido? "
Yao escuchó con alarma cada una de las palabras del rubio, entrando casi en estado de pánico. "¡No lo permitiré, aru!" se puso de pie, cerrando los puños con fuerza. Aunque en el fondo estaba a punto de hacerse en sus pantalones.
"Así se habla, viejo. Cuéntame como te deshaces de 40 fortachones tu solo."
"!Aru! ¿Q-quieres decir que no me ayudaras, aru?"
"Soy tu guía, no tu puta hada madrina. ¿Si? Y si no lo logras rápido, quizás y hasta me uno al festín." Sonrió socarronamente mientras se levantaba, tambaleándose. "Y ahora vete a dormir que seguro necesitas tu sueño de belleza, princesa. A la cama." Y sin más, el rubio caminó hasta la litera que había al otro extremo, y se lanzó al colchón de abajo. "Descansa, cielo. Lo necesitaras."
Primer capi :D les gusto?
nos vemos~
