Hola a todos!
Muchas gracias por haber entrado a leer mi historia, espero que la disfruten. Esta historia está ubicada en un universo alterno, donde todos los libros ocurrieron. Estoy muy abierta a sugerencias constructivas. Actualizare cada semana si recibo suficientes respuestas.
Ahora la historia…
Annabeth despertó sintiendo que algo iba mal. No era por ser pesimista, pero cuando has tenido una vida llena de riesgos y posibles causas de muerte, levantarse con aquel sentimiento era algo usual. Pero ese día Annabeth sentía algo diferente.
La luz solar que se filtraba por la ventana de su cuarto en la casa de su padre, iluminó sus parpados cerrados e hizo que la joven despertara. Annabeth intentó cubrir los rayos que le llegaban con el cobertor blanco, grueso y acolchado de su cama, pero eso no logró hacerla dormir de nuevo. Algunos pensaban que, por ser hija de Atenea, debía de ser una de esas personas que despertaban vigorizadas, listas para empezar el día. Cuan equivocadas estaban.
Annabeth se sentó con lentitud en la orilla de la cama, restregándose los ojos y bostezando profundamente. Se había quedado hasta tarde hablando con su novio Percy, vía Iris. Discutieron sobre los detalles de su viaje de vuelta a Nueva York en dos días, ya que Annabeth había pasado parte de las vacaciones de verano con su padre y su familia en San Francisco. La joven se había graduado de la universidad de Nueva Roma con honores y, gracias a Frank, había conseguido un nuevo trabajo en aquella ciudad, construyendo el nuevo barrio griego de Nueva Roma. Su padre le pidió que pasara cierto tiempo con él puesto que, conociendo a Annabeth y su dedicación en la arquitectura, no la vería en mucho tiempo. Percy, al terminar su carrera de oceanografía, decidió seguir estudiando en la universidad biología marina, para en un futuro recorrer con su padre todos sus dominios en el mundo.
Pensativa sobre su futuro, Annabeth tendió su cama y decidió darse una ducha en su propio baño. Mientras se lavaba el cabello, la hija de la sabiduría pensó en cuan silenciosa estaba la mañana. No había escuchado si un solo carro pasando por la calle, o niños pequeños jugando en el jardín como usualmente lo hacían.
Salió de la ducha y se tomó su tiempo para vestirse. Se decidió por una camisilla blanca, debajo de una leñadora, jeans negros y unos botines marrones. Antes de salir de su habitación, Annabeth corrió las cortinas de su ventana y se asomó por ella. Ni una sola persona estaba a la vista. La joven frunció el ceño. Eso era raro. Ni siquiera se veían los carros en los garajes y el pasto de los jardines estaba largo y descuidado…como si hubieran pasado varios meses en una noche.
La joven de 22 años sacudió la cabeza. Eso era imposible. Algún dios debía de estar jugándole una broma. Respiró hondo para tranquilizarse, después de todo sabía que no debía de sacar conclusiones apresuradas.
Annabeth abrió la puerta de su habitación y esta chilló como si no hubiera sido lubricada en un largo tiempo. Sin prestarle mucha importancia, recorrió el cuarto de sus familiares encontrándolos todos vacíos y desordenados. Aquello empezó a preocuparla. La esposa de su padre nunca salía de la habitación sin poner orden a su cuarto.
"¿Papá?" lo llamó Annabeth al pie de las escaleras. Silencio. Ni un solo sonido. La joven empezó a preocuparse y bajó las escaleras cautelosamente, temiendo que un monstruo fuera la causa de tanto suspenso. Al llegar al último escalón, respiró hondo y empezó a recorrer su casa en modo furtivo.
Las escaleras daban a la sala, la cual, a simple vista, parecía vacía. Pero Annabeth no dudó en inspeccionarla varias veces. El único sonido que provenía de ella era el del reloj, el cual marcaban las diez de la mañana ¿Dónde estaría todo el mundo?
Lo siguiente que inspeccionó fue la cocina. Su entrada era un marco sin puerta, así que podía entrar en ella sin causar el menor ruido posible. Se movió con agilidad y revisó los mesones y el piso de la cocina. Al no encontrar nada, se fijó en la puerta de la nevera, en donde se encontraba una nota escrita a mano y adherida a la nevera por un imán en forma de búho. Annabeth corrió a recogerla y la leyó:
Annabeth,
Fuimos al supermercado por algunas cosas que hacían falta para la despensa. No quisimos despertarte, pues te escuchamos hablar con Percy toda la noche. Volveremos al medio día.
Papá
P.D: No hay leche para tu cereal favorito, pero hay waffles en el congelador que tal vez puedas descongelar y comer como desayuno.
La joven sonrió y dejo la nota sobre la encimera. Esa nota confirmaba que solo estaba siendo paranoica, así que decidió relajarse. Abrió la puerta del congelador y buscó los famosos waffles entre verduras congelas y potes de helado. Al encontrarlos sacó dos de ellos y los colocó en el horno microondas. Puso el temporizador en veinte minutos y se preparó para desayunar.
Mientras sacaba un plato, un ladrido en el patio hizo que casi dejara caer el plato. Al mirar por la ventana de la cocina que daba al patio trasero, descubrió a un labrador chocolate cojeando alrededor del patio. Al ver al perro malherido, Annabeth sintió lástima y decidió ir a socorrerlo. Bajó el plato y se dirigió a la puerta del patio trasero. Abrió la puerta con forma de rejilla y se dispuso a dar un paso, cuando algo en su interior le dijo que algo andaba mal.
El animal volvió a ladrar, y en ese momento una figura se movió con paso apresurado por el rabillo de su ojo. Inmediatamente, Annabeth retrocedió y observó a la extraña figura de un hombre caminar directamente hacia el perro. Al principio, pensó que el hombre debía de ser el dueño del animal, pero al ver al perro chillar de miedo y el extraño caminar de aquel hombre que se hallaba de espaldas a ella, supo muy tarde que en realidad no lo era.
El perró intentó huir, pero su pata lastimada fue su perdición. Aquel hombre acorraló al perro y Annabeth contuvo la respiración…lo que pasó después sería motivo de varias pesadillas nocturnas y meses de miedos y fobias innaturales.
El hombre se abalanzó sobre el perro…
Y le mordió el cuello.
Annabeth ahogó un grito y se cubrió la boca con las manos. El gemido de dolor del perro resonó en los oídos de la chica como si fuera el grito de la perdición. Cinco segundos después Annabeth se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Se lo estaba comiendo.
Sin pensarlo, Annabeth salió disparada de la casa hacia ellos.
"¡¿Qué está haciendo?!" gritó. Llegó hasta la insólita escena y apartó de un empujón al atacante, y este cayó al suelo como una muñeca de trapo. Lentamente, el "hombre" mostró su cara y el corazón de Annabeth paró de latir. Mitad de su cara era hueso puro, una calavera y la otra mitad estaba en proceso de descomposición. Tenía sangre por todas partes y solo tres mechones de pelo mugrientos. Era como si se hubiera arrancado el pelo por puñados. La mandíbula inferior estaba desencajada y sus dietes podridos y amarillos. Lo peor fue cuando el viento pasó por encima de él, esparciendo su olor putrefacto por el aire. Deja 50 huevos en descomposición encerrados en una bolsa por varios meses y el olor que provenga de ellos, multiplícalo por 100. Ni siquiera se acerca.
Annabeth se quedó en shock. Ni siquiera su cuerpo respondió con arcadas por el olor solo se quedó mirando a aquella cosa, paralizada. Más rápido de lo que pudo procesar, la criatura separó sus mandíbulas descuidadas y se abalanzó sobre ella. Annabeth no reaccionó. No comprendió cuan cerca estaba de perder su vida, hasta que un machete se incrustó en la cabeza de la cosa, a solo centímetros de morder el hombro de la chica. Le salpicó sangre por todos lados. El machete fue retirado del cráneo de la monstruosidad y esta cayó al suelo, esta vez totalmente inmóvil.
Annabeth parpadeó y todo volvió a una velocidad normal. Levantó la vista del cadáver hacia la persona que la había salvado. Un muchacho de su edad aproximadamente, sujetaba el machete mientras le devolvía la mirada intensa de color cobre. En su estado de parálisis, sus ojos eran lo único en lo que se podía concentrar.
Annabeth sintió que el muchacho le cogía del brazo y la guiaba rápidamente hacia la casa. Parpadeó de nuevo e intento mirar atrás.
"No lo hagas "escuchó la voz grave del muchacho. "Si lo haces, nunca podrás retirar la imagen de tu mente "aconsejó.
Pero ya era demasiado tarde.
¿Qué les pareció?
