Eso realmente apestaba. ¿Pasar un sábado limpiando tu casa, mientras los demás se van a ver Merlín sabe qué? Si sólo era una gotita insignificante de pasta dental que se había esparcido por toda la casa. Bueno, sí, era un completo desastre, pero eso a George no le importaba mientras pasase tiempo con Mione. Y, a decir verdad, le encantaba ese olor que la pasta dental desprendía, en combinación con el aceite de jazmín que Hermione usaba para, según ella, "mantener su cabello sano". Vaya, él se tardaba más horas y utilizaba más productos, y su cabello nunca luciría así.

Al terminar, ambos salieron de la madriguera y se dirigieron al patio trasero, sentándose en una pequeña loma que sólo ellos conocían. Y su mente comenzó a regañarlo, diciéndole que estaba mal. Ella era NOVIA de su hermano menor. Pero en ese momento pareció importarle un carajo.

La observó con discreción y logró divisar un poco de pasta dental en su mejilla, lo cual lo hizo reír. El delicioso aroma a aquel invento muggle le llenó sus pulmones, adorando el cómo se sentía ese pequeño ardor al aspirarlo

-¿Qué? -preguntó ella. Él le señaló el lugar y se acercó a retirar aquella mancha blanca de su linda y, ahora roja, mejilla. Ella señaló la comisura de sus labios y se acercó con precaución, lentamente. Pasó su lengua por el lugar y por su labio superior, quitándole la respiración al mayor de los Weasley.

Lo siguiente fue un beso fugaz, una puerta abriéndose, y un confundido Ron caminando hacia ellos.