AMOR PARA LA ETERNIDAD
Primera Parte.
El final de una era.
"Año Nuevo vida nueva", ese era el lema que más sonaba en esas fechas pero solo en una ocasión este dicho había sido cierto en su vida. Las doce campanadas sonaban anunciando la llegada de 1952 tantos sucesos transcurridos pasaban por su mente. El día de su boda, el nacimiento de su primer hijo, gente ovacionándolo por un éxito tras otro y a pesar de que todo eso sería la dicha para cualquier hombre para él no significaba nada más que una promesa, aquella que le hizo al amor de su vida.
Cuántos años nuevos había celebrado, la mayoría festejados con gran lujo en países modernos o clásicos pero ninguno tenía comparación como aquel de 1912, en el que conoció a su adorada pecosa, su gran amiga, su primer y único amor... Tiempo atrás trataba de no pensar en ella y en como termino su relación pues las ocasiones en que rememoraba su triste separación, el corazón le dolía tanto que deseaba sacárselo con su propias manos para evitar ese incesante sufrimiento, pero con el paso los recuerdos que volvían a él eran alegres y cómo no serlo al visualizar el movimiento de su pecas, su nariz respingada por el orgullo que sentía por estas, cada suceso pasado era ahora motivo de dicha.
Era cierto que él tenía una familia a la que quería de verdad pero había noches en que pensaba en renunciar a esta y buscarla, pero más que su conciencia su promesa era quien lo evitaba. Poco sabía de la vida de su amada y prefería que fuera así pues le atormentaba creerla casada y con hijos de otro, sabía bien que era muy egoísta de su parte pensar de esta manera y mucho más después de haber sido él quien prefiriera el honor y el deber que a ella.
* Candy... como te extraño... como añoro esa tierna sonrisa... esos ojos de verde profundo... Con cada día que pasa, el amor que siento por ti en vez de disminuir aumenta... Como desearía volverte a ver, auque fuese una ultima vez...
* Papá ¿qué haces aquí?
* Nada en especial...
* ¿Sabes? Siempre me ha parecido que en estas fiestas estas muy triste ¿puedo saber porque?
* Son ideas tuyas Robert.
* Papá ya no soy un chiquillo al que puedes mentir con facilidad.
* ¿A qué te refieres?
* A tu historia... con aquella chica.
Terry como gran actor disimulo su asombro y cambio de tema. –Es mejor que entres tu prometida estará buscándote.
* No hagas eso.
* No sé a que te refieres.
* A ocultarme los hechos por protegerme... Hace tiempo que sé lo que paso entre tú, mi madre y ella... La señora Kleiss me lo contó, aunque creo que sus intenciones no eran buenas.
* Karen no debió haber hablado.
* Pues a mí me alegra que lo haya hecho por que desde ese día te admiro y te respeto más... Aunque he de ser sincero al decirte que si no me enorgullece lo que hizo mamá le agradezco por ello, por que si no lo hubiese hecho ni mi hermana ni yo existiríamos... –El joven agacho su cabeza tras sus egoístas palabras pues no quería que su padre viera sus cristalinos ojos, pero a pesar de esto Terry percibió el acongojo de su primogénito y no pudo menos que abrazarlo.
* Tu y Eleonor son mi alegría, por ustedes es que no me arrepiento de nada. –Así con una verdad a medias, padre e hijo entraron a festejar un Nuevo Año lleno de sorpresas.
Meses después.
* ¡Vaya, vaya! Te noto un poco nervioso.
* ¿Quién te invito a mi camerino?
* Bien sabes que no necesito invitación.
* Te equivocas Karen y te pido que te marches.
* ¿Aun sigues molesto?
* No tenías ningún derecho para decirle a mi hijo sobre mi relación con Candy.
* Él preguntó como se habían "enamorado" sus padres y yo solo conteste con la verdad ¿acaso querías que mintiera?
* Eres actriz ¿no?
* Sí y la mejor... Dime Terruce ¿qué sientes cada vez que nos presentamos en Chicago?
* Nada, es una ciudad como cualquier otra.
* Tú también eres un magnifico actor, lastima que sepa tu historia... ¿Sabes en ninguna puesta he visto a tu "querida"? Bueno talvez ya no viva aquí a lo mejor se caso y cambió de residencia ¿no lo crees?
* Karen, si deseas seguir perteneciendo a esta compañía te sugiero que cierres la boca y te largues de inmediato.
* Mi querido Terruce siempre tan cortes. Me voy por que tengo que alistarme no por que me lo ordenes.
* Es cierto lo que dice... ni una sola vez ha venido al teatro. Después de todo ¿por qué lo haría?
* Señor Grandchester ¿puedo pasar? –Decía su asistente detrás de la puerta.
* Adelante Mary.
* Señor estuvo magnifico en la obra, fue el mejor "Fausto" que haya visto. Por cierto me han pedido que le traiga este ramo de rosas.
* Ponlas junto a las demás y gracias por tu halago. –El inglés esperaba una pequeña respuesta, seguida del cierre de la puerta pero no obtuvo ninguna de las dos.
* ¿Deseas algo más?
* Es que... la dama me pidió que se lo diera personalmente... yo no lo molestaría con esto pero... fue muy amable y...
* Mary ¿cuántas mujeres te han dicho eso desde que trabajas para mí?
* Muchas pero...
* Pero nada...
* Eso dijo.
* ¿Qué dijo?
* Que seguramente seguía siendo un engreído... –La joven titubeo ante la mirada del actor pero continuo –pero ya no un mocoso. –Al castaño le sorprendió en sobremanera esa frase y enseguida le pregunto quién había sido su admiradora. –Le pregunte su nombre pero me dijo que usted lo sabría al ver las rosas blancas.
* Era rubia y pecosa ¿verdad?
* Sí y muy hermosa.
* ¿Qué más te dijo?
* Pues... que en definitiva se había convertido en un extraordinario actor y que esperaba que siguiera cumpliendo su promesa por que ella no había roto la suya, después me entrego el ramo y se fue.
* ¿Estaba sola?
* No, la acompañaba un hombre muy guapo. –Así sin más la chica entregó las rosas y se retiro sin hacer más comentarios.
* ¿Cómo pretendí que no estuviese casada? Solo un idiota como yo la pudo dejar ir... –Terry acerco su nariz a las dulces candys y después de casi una eternidad pudo percibir una vez más el aroma tan característico de su pequeña pecosa, al hacerlo noto el sobre que traía y con nerviosismo e impaciencia lo abrió para leer su contenido.
"Mocoso" engreído y arrogante:
En definitiva eres el mejor actor que haya existido
y me alegra ver que te has convertido
en lo que tanto anhelaste.
Con cariño
Mona Pecas
Esas sencillas palabras le bastaron para derramar una lagrima de felicidad y para decidir que no solo deseaba sino que también necesitaba verla.
Los privilegios que un productor podía disfrutar eran innumerables, Terry nunca los había aprovechado ya que por sobretodo era actor. Por primera vez desde que Robert le vendiera la compañía Stanford disfrutaba de su papel como dueño y autoridad de esta institución. Después de la última presentación que realizó en Chicago decidió tomarse unos días para disfrutar de la ciudad, al menos eso había dicho y sin más reparo se instalo en una pequeña posada en la comunidad de Lakewood.
* Disculpe señor por la intromisión pero ¿es usted el gran Terruce Grandchester, actor y productor de Brodway? –Preguntaba una joven con cierto bochorno en sus mejillas.
* Sí lo soy... –Aquí y en China siempre será lo mismo. –¿Deseas mi autógrafo?
* ¡Oh, sí! ¡Me encantaría!
El inglés tomo una hoja de papel que tenía en la pequeña mesa del cuarto y gustoso dedico unas palabras para la chica seguidas de su firma. –Dime ¿conoces la mansión de los Ardley?
* Claro que sí, todos los que vivimos en Lakewood conocemos la mansión de las rosas.
* ¿De las rosas?
* Sí, es un sitio hermoso y si uno pide que le permitan entrar a ver el lindo jardín acceden sin ningún problema. La señora Ardley es una mujer muy buena y caritativa... en sí toda la familia.
* Entonces se permite la visita de los forasteros.
* Sí señor.
* Gracias por la información talvez vaya mañana.
* Le aseguro que se enamorara del lugar.
* Sí... ¿me podría traer una botella de vino tinto por favor?
* Por supuesto. Con su permiso.
No sabía si era el día tan cálido o el entusiasmo que sentía por verla nuevamente pero se sentía inmensamente feliz, lo único que nublaba esta dicha eran los celos que había estado sintiendo desde que escucho la frase señora Ardley pero disminuía el tormento al recordar que tal vez dicha mujer fuese la esposa de su estimado amigo Albert, quien había resultado ser el famoso tío abuelo de Candy. Había salido en camino poco antes de las diez de la mañana y no había transcurrido más de una hora cuando su auto se detuvo ante una magnifica residencia.
* Ahora entiendo porque adora las rosas. En verdad que son magnificas. –Terry se encontraba contemplando la majestuosidad del paisaje cuando el portal fue abierto por un anciano.
* Buenos días señor ¿puedo ayudarle?
* Hola buenos días. Quiero saber si puedo entrar a ver su jardín.
* Con mucho gusto señor. Pasé usted. –Al final del sendero principal pudo percibir el hogar de los Ardley tan imponente y elegante como la había imaginado. Al salir del automóvil una pelirroja salió a su encuentro.
* ¿Viene a conocer el portal de las rosas?
* Sí, ¿si no es mucha molestia?
* ¡Oh, claro que no! A los señores les agrada que admiren sus jardines, es un orgullo para ellos que visiten sus alrededores. –Dorothy iba a llevarlo por un recorrido pero de pronto su cara se le hizo familiar. –Es usted el señor Terry ¿verdad?
* Sí así es...
* ¡Oh! El señor Albert estará contento de verlo.
* ¿Esta aquí?
* Sí, él siempre esta en los domingos. Pero pase por favor.
Si la residencia era glamorosa por fuera su interior era algo difícil de creer y no tanto por los costosos muebles sino por el ambiente que se respiraba pues bien podía percibirse el calor de hogar y la armonía familiar, raro en aquellas mansiones. Poco después de que Dorothy había ido a avisar sobre la presencia del actor, Albert salió a su encuentro.
* ¡Terry! Que alegría verte. –El monarca de los Ardley saludo afectuosamente a su viejo amigo y con una gran sonrisa lo invito a tomar una copa de vino en su despacho cuando estaban por adentrarse a éste, un niño se atravesó en su camino.
* ¡Escóndanme me quiere hacer cosquillas! –El pequeño más tardo en suplicar ayuda, que su "agresora" en encontrarlo.
* ¡Aja! Ahí estas y pidiendo ayuda ¡eh! –La rubia estaba tan entretenida en su juego que no se había percatado de la presencia de Terry hasta que él la saludó.
* Cuanto tiempo sin verte... Candy. –Ella lucía más hermosa que nunca, los años la habían convertido en una mujer deslumbrante aunque en esos ojos de verde profundo aun se veía la joven del Real Colegio San Pablo.
* ¡Terry! ¡Que sorpresa! –El inglés aun no salía de su sorpresa cuando la ojiverde ya estaba abrazándolo. –Me alegra tanto volver a verte.
* ¡Mamí! ¿Quién es él?
* Él es un gran amigo de tu padre y mío también. –Aquellas palabras fueron un puñal en su corazón pero como siempre él supo disimular sus verdaderos sentimientos. –Ahora ve con tus hermanos en un momento más nos sentaremos a comer.
* ¡¿Abra helado?!
* ¡Aja! Y de todos los sabores. –Así el pequeño se fue con una satisfactoria sonrisa. Minutos después los tres adultos se hallaban en la sala.
* Así que se casarón. –Dijo sin más el castaño.
* ¡¿Casarnos?! –Pronunciaron al unísono los dos Ardley y concluyendo con una carcajada, en este momento a Terry no le sirvió su experiencia histriónica.
* Pues no, al menos no entre nosotros. Es más, yo soy lo que se dice una solterona.
* Pe... pero el niño te dijo...
* Mamá, ese pequeño esta a mi cuidado como muchos otros del Hogar de Pony.
* Candy los trae aquí todos los domingos y algunos como James me llama papá.
* Entiendo.
* ¡Vaya! ¿Te imaginas Albert, tu y yo casados? Es como si me casara con mi padre.
* Pequeña tampoco soy tan viejo ¿o sí?
* Mejor cambiemos de tema. –Decía risueñamente la joven mientras le guiñaba el ojo a su mejor amigo.
Había transcurrido más de una hora entre charlas y carcajadas al recordar los viejos y buenos tiempos, el momento era igual a aquel que pasaran en el zoológico. De pronto una linda mujer los interrumpió, el actor no podía creer de quien se trataba.
* ¡¿Paty?!
* Sí, hola Terruce.
* Terry déjame presentarte a mi esposa.
* ¿Tu... tu esposa?
* Sí, Albert y Paty se casaron hace ya varios años e incluso sus hijos están por graduarse de la Universidad. Yo soy madrina de Anthony William el mayor.
* ¡Woa! Estoy verdaderamente sorprendido.
* Vengo por ustedes para ir al jardín a comer, Archie y Annie ya están ahí, les dará gusto verte. –Exclamaba la señora Ardley mientras tomaba del brazo a su esposo. Al llegar al comedor provisional, los Cornwell saludaron efusivamente al invitado quien por primera vez en mucho pero mucho tiempo se sentía en verdadera paz. Después de la comida los chiquillos y el viejo Klin jalaron a Candy para ir jugar arriba de los árboles.
* Sí a mi también me asombra que aun lo haga. –Archie se percato de la cara de sorpresa de su ex-compañero de escuela. –Por ella nunca pasarán los años.
* Ya lo veo... sigue siendo la misma tarzan pecosa. –Estaba cayendo el atardecer cuando la rubia se escabullo de los niños para mostrarle al actor "El portal de las Rosas" –¿Con qué estas son las rosas que cuidaba Anthony?
* Sí, se llaman Dulces Candy´s las bautizo así en mi honor.
* De todas las rosas que he olido en mi vida ninguna podría compararse con su perfume. –El silencio reino entre ellos hasta que él fue quien lo rompió. –Me extraño mucho que fueras a la obra ¿por qué lo hiciste hasta ahora?
* No lo sé, creo que no estaba preparada por eso le pedí a Albert que me acompañara... Durante todo este tiempo no he dejado de desearte lo mejor en tu vida profesional y privada. –La rubia percibió la sombría mirada de su acompañante tras lo dicho. –Sí, sé que tuviste dos hijos con Susana y me alegra que estés formando la familia que siempre añoraste... pero sobretodo me llena de dicha saber que has cumplido con tu promesa.
* Pero tu no has cumplido con la tuya.
* Si lo dices por que no me case y por que no pretendo hacerlo, te digo que te equivocas. Terry, no necesito a un hombre en mi vida para ser feliz... tengo más amor de lo que creo merecer. –El inglés no pudo soportar las sinceras palabras de Candy y como hiciera hace mucho tiempo cerro los ojos para después agachar la cabeza, los destellos del ocaso se iban reflejando en su rostro mientras que su acompañante podía contemplarlo de perfil sin dejar de observarlo más afondo. –Eres tan buen mozo... aun percibo al chico rebelde del que sigo enamorada. –Luego de un largo silencio este fue roto por él.
* ¿Tanto daño te hice?
* ¡¿Qué?! No, claro que no solo que...
* Continua por favor.
* Solo que el amor que sentía por ti jamás lo volví a sentir...
* ¿Qué sentías?
* Terry ¿a qué has venido? ¿Quieres que te diga que te sigo amando? ¿Qué me fue inútil buscar el amor en otro lado?
* Aun me amas. –Lo pronuncio como afirmación más no como pregunta.
* Por supuesto que aun te amo. –Confeso la rubia con una sonrisa en sus labios rosas. –Pero ¿de qué sirve decirlo?
* Para mí mucho. –Sus ojos color zafiro denotaban ansiedad mientras que trataba de calmar el deseo de besarla. –Podría...
* ¿Divorciarte? No, no Terry. Hay cosas en la vida que no pueden ser y lo nuestro es una de ellas. –La pecosa tomo las manos de su amado y en un gesto de cariño las llevo a sus labios. –Tal vez en otra vida Dios nos permita vivir nuestro amor.
* Ese es un consuelo muy pobre.
* Pero al fin y al cabo un consuelo... viejo engreído.
* ¿Viejo yo? Pero si aquí la que tiene arrugas eres tú.
* ¡Oh Terry Grandchester, no cambias! –Así tras una carcajada del castaño Candy lo persiguió por lo largo y ancho del jardín, recordando con ello los mejores tiempos de sus vidas.
Los integrantes de la familia Ardley le ofrecían quedarse a pasar la noche pero él denegó la oferta objetando que al día siguiente partiría muy temprano, así los viejos amigos se despidieron con la promesa de volverse a ver. La única que lo acompaño a las afueras de la propiedad fue su pecosa.
* Bueno pues... feliz viaje.
* Gracias. –Estaba por entrar a su auto cuando sus deseos sobrepasaron a la razón. En esta ocasión su beso fue correspondido con el mismo cariño, profundizándose con más fervor; era una delicia para él probar una vez más esos labios de miel. Hace tanto que fuese su primera muestra de cariño que ya habían olvidado esa mezcla de nerviosismo y pasión. Su dicha era tan grande que bien hubieran podido pasar el resto de su vida de esa manera pero siendo más sensata, Candy fue quien se separó.
* Me alegra que por lo menos esta vez no me hayas golpeado.
* Pues aun no me despido...
* ... Candy.
* ¿Sí?
* Se feliz.
* Igual tu.
* Terry... Te amo y siempre será así.
* Yo te amare por la eternidad... mi pequeña pecosa. –Y con un último beso se despidieron para siempre, jamás volverían a verse pero la esperanza de amarse en otra vida les daba la fuerza para seguir cumpliendo su promesa.
