DISCLAIMER: ninguno de los personajes ni la serie me pertenece. Rumplestiltskin x Belle. Contiene escenas fuertes, dearies.


"Tell me about your fantasies, dearie"

Capítulo 1
Tell me about your dreams

Belle se despertó lentamente de su sueño. Era lunes por la mañana y tenía que ir a trabajar. Atender a biblioteca de Storybrooke no era un trabajo pesado pero siempre se amontonaban los libros el fin de semana, cuando la gente solía visitarla más. Sin embargo, su verdadera preocupación radicaba en que la luna de miel llegaba a su fin. Esa había sido su última noche en la mansión que habían tomado prestada. Era hora de volver a la ciudad. Se incorporó y frotó los ojos con su mano al momento que lanzaba un ligero bostezo. Buscó a tientas el brazo de su esposo.

-¿Rumple?

Miró la cama. Se encontraba vacía. ¿Habría bajado antes que ella? Se desperezó y buscó por la habitación. Entonces vio todo claramente. No era su cuarto. O mejor dicho, se trataba de su antigua habitación. Belle se levantó y caminó hacia los anaqueles repletos de libros y se asomó por la ventana. No había duda. Se encontraba en el castillo de Rumplestiltskin. Habían regresado al Bosque Encantado.

Sintiendo el pánico recorrer su cuerpo, comenzó a deambular por la habitación. Sacó varios libros conocidos de un anaquel. Conocía la localización exacta de algunos títulos. No era una ilusión o una imitación. Entonces se dio cuenta que no llevaba su anillo. Regresó al mueble de lado de la cama, donde lo había dejado. El anillo de bodas no estaba. Buscó en la cama y debajo de ella. Nada. ¿Qué sucedía? ¿Alguien habría lanzado una maldición de nuevo? Se observó en el espejo. No llevaba el camisón de bodas. En su lugar, llevaba el camisón raso que siempre usaba para dormir en el castillo. Sin pensarlo dos veces, bajó corriendo hacia el recinto principal. Rumplestiltskin debía saber que sucedía.

Y ahí se encontraba. En su rueda, rodándola, convirtiendo las espigas en oro.

-¡Rumple!

Belle se echó a los brazos de su marido. Sin embargo él no pareció reconocerla, sorprendido.

-¿Se puede saber qué estás haciendo? –Rumplestiltskin le contestó molesto. Belle se separó y le miró a los ojos.

-¿Qué hacemos aquí? ¿Se puede saber qué está sucediendo? –preguntó Belle atropelladamente.

-Es lo que quisiera saber. –Rumplestiltskin la escudriño de arriba abajo. –Aunque si tuvieras la decencia de vestirte primero…

Belle palideció. La mirada de Rumplestiltskin no era la de su esposo. Y encima, su piel era verde. Algo iba mal. Belle había roto su maldición. Debería tener su piel broceada. Se llevó una mano a la boca intentando ahogar un grito.

-¿N-no recuerdas nada?

Rumplestiltskin solo le dirigió una mirada como si todo lo que dijera Belle no tuviera sentido. -¿Debería recordar algo?

-P-ero era nuestra luna de miel, nosotros…

Rumplestiltskin soltó una carcajada.

-¿Luna de miel? ¿Tú y yo? Creo que alguien ha estado leyendo demasiados libros antes de dormir, dearie. –Esas palabras y el tono burlesco en que las decía Rumplestiltskin, fueron suficientes para dejar perpleja a Belle. Sin poder resistirlo más, regresó corriendo a su habitación. Definitivamente, ese no era su esposo.

Belle cerró la puerta y se tiró bocabajo sobre la cama. Inmediatamente se echó a llorar. ¿Por qué Rumplestiltskin no la recordaba? Entonces, como un hilo de conciencia, otra posibilidad surgió en su mente.

¿La boda había sido sólo un sueño?

Abrió el guardarropa y se vistió con su vestido azul de doncella. Se miró al espejo. Todo parecía un sueño. Si sus recuerdos eran reales, ¿cuánto tiempo habría pasado? ¿30 años? Pero ella seguía igual. Todo seguía exactamente igual. Sólo un hechizo lo suficiente poderoso podía detener el tiempo. O una maldición. Belle suspiró. Después de todo, quizás todo era producto de su imaginación. Volvió a mirar la habitación. La razón le decía que lo más probable es que todo lo que recordaba había sido sólo un sueño. No había evidencia de Storybrooke. Sin embargo, su corazón le replicaba que había sido real. Se negaba a creer que todo fuera una simple fantasía. Quizás alguien le borró las memorias a Rumple. Era otra posibilidad. Tenía que averiguarlo.

Belle bajó nuevamente al recinto, pero esta vez fue directo a la cocina, retomando sus viejas actividades. Preparó el té y se lo llevó a Rumplestiltskin. Se colocó frente a él, vaciando el té sobre la taza rota. Su taza. Quizás eso le trajera recuerdos. Pero no había ninguna reacción en él. Rumplestiltskin le observó con detenimiento. Los ojos de Belle seguían todos sus movimientos. Sonrío para sus adentros. Se levantó y comenzó a deambular detrás de ella.

-Te ves algo tensa, dearie.

Belle intentó responder, pero su mente se encontraba en el dilema de que realidad aceptar. Pero por más que quisiera actuar acorde a la razón, su corazón le traicionaba. Todo había sido tan real…

-N-no es nada…

Belle desvió la mirada. Rumplestiltskin coloco las manos sobre sus hombros, bajando por sus brazos inquisitivamente –Yo diría que… hay algo que aflige a mi doncella de servicio.

Belle sintió flaquear. Era imposible no sentir la familiaridad de sus caricias. El simple roce de sus manos era suficiente. ¿Por qué otra razón su cuerpo reaccionaría así?

-E-en verdad… ¿no recuerdas nada?

Rumplestiltskin se acercó, tomándola lentamente por la cintura.

-¿Sobre la luna de miel?

Belle se sonrojó y detuvo su respuesta por un momento. ¿Y si realmente fue un sueño? Tenía que sopesar los riesgos de sus acciones. ¿Qué pensaría su amo? Si es que continuaba siendo en verdad su doncella. Imposible. Se negaba a regresar al pasado. A ser una simple empleada. No después de todo lo que había luchado por abrir y liberar poco a poco el corazón de Rumplestiltskin. Su esposo.

-Sí –soltó finalmente, respondiendo ansiosa.

-Entonces, te propongo un trato. –Rumplestiltskin bajó hacia sus caderas, acercando su cuerpo al de ella. –Puedo fingir ser tu esposo. Tratarte como mi esposa. En todos tus derechos… y obligaciones.

-¡No quiero apariencias! –Belle le espetó en la cara, molesta. Se sentía a punto de llorar. Le miró a los ojos. Entonces lo vio. La mirada tierna de su esposo. De cuando la veía a ella. Era él. Tenía que ser él. Una idea cruzo por su mente ¿y si el fingir le ayudaba a recobrar las memorias? No tenía nada que perder. Salvo, en una muy remota posibilidad de que estuviera equivocada, su virginidad. Pero no importaba mientras fuera él. Podría robársela las veces que quisiera.

-¿A... cambio de qué?

Rumplestiltskin sonrió. Empezó a bajar con sus manos hasta los muslos de Belle. -¿Por qué no me cuentas más sobre tu sueño?

La respiración de Belle comenzaba a acelerarse al sentir las manos de Rumplestiltskin sobre su cuerpo. Su cuerpo recordaba sus caricias. O eso quería creer. -N no es un sueño…

-Tienes razón. No si lo hacemos realidad. –Rumplestiltskin detuvo su aliento sobre el oído de su doncella. –Dime, ¿cómo te hacía el amor en tus sueños?

El cuerpo de Belle se tensó. Quería huir de esa realidad. Se negaba a aceptar que fuera solo un sueño. Pero de pronto se encontró atrapada en los recuerdos. Recordando cada caricia, preámbulo… y finalmente el éxtasis a la que le había llevado. Los dedos de Rumplestiltskin subieron hasta sus pechos, empezando a acariciarlos sobre la tela.

-O quizás debería enseñarte cómo realmente hago el amor.-Belle soltó un ligero gemido al sentir sus caricias. Rumplestiltskin empezó a desabrochar su corsé. –Así no tendrás que dejar nada a la imaginación, dearie.

Belle soltó otro gemido, y sus pezones empezaron a sobresalir a través de la tela. Rumplestiltskin siguió masajeando. Una vez con el corsé desabrochado, metió sus frías manos, tomándolos. De los labios de ella continuaron saliendo sonidos que intentaba sofocar. La sensación resultaba en cierto modo, placentera. Tenía que evitar dejarse llevar pero…

-No… no, por favor.

Rumplestiltskin comenzó a levantarle la falda, empujándola lentamente hasta dejarla atrapada entre la mesa y él. Llevó una mano a su entrepierna, la cual estaba húmeda. –Parece que no soy el único que lleva bastante tiempo sin compañía en la cama.

Belle no podía verlo porque se encontraba de espalda a él, pero una sonrisa de satisfacción se dibujaba en el rostro de Rumplestiltskin. Acercó su rostro a su cuello, recorriéndolo con sus labios. Respirando su esencia. Mientras, con sus manos seguía preparando a su doncella.

Las caderas de Belle comenzaron a contraerse con las caricias de él. Intentó detenerse, pero su cuerpo había entrado en calor. El sentir sus dedos recorriendo su sexo hacía arder más su sangre. Sin duda, aquello era diferente a sus recuerdos de la "luna de miel". Era toda una experiencia nueva. El placer se interrumpió con aquellos pensamientos. Era cierto, en sus recuerdos no lo habían hecho así. Sintió de pronto pudor y miedo. Entonces… ¿no estaba a punto de ser violada ahí, vulgarmente, sobre la mesa?

-¡D-etente…!

Rumplestiltskin se detuvo al escuchar aquellas palabras. Separó sus manos de su cuerpo. Belle soltó el aire, aliviada. Pero antes de que su cuerpo se relajara, su amo acercó su cadera, introduciéndose dentro de ella.

-Una esposa debe ser obediente y complaciente, dearie.

Intentó reprocharle, pero de sus labios solo salían sonidos indecorosos en lugar de palabras. Lo sintió dentro de ella. Se aferró a la mesa. Él había comenzado a moverse dentro de ella y su cuerpo reaccionaba. Algo le decía que se sentía bien. En cuestión de segundos, sus cuerpos se habían sincronizado. Por su mente, los recuerdos de sus encuentros pasados solo hacían que su cuerpo se excitará más. Su cuerpo se fue arqueando más, invitando al placer que llegaría inminentemente. Volvía a recorrer el camino al paraíso. El paraíso que ya había conocido.

A lo lejos el sonido de algo quebrarse, desvió su atención, sobresaltando su cuerpo. Intentó virarse.

-¿!Q-qué fue eso?

Rumplestiltskin sujetó su rostro y su cintura, utilizando su fuerza para obligarla a regresar a su posición, no sin antes dirigirle una mirada y sonrisa pícara.

-Fue el florero que tú misma tiraste.

Belle miró de reojo hacia donde momentos antes había estado el florero y entonces se dio cuenta. Había hecho un ovillo todo el mantel debajo de ella. Pero antes de poder sentir vergüenza alguna, Rumplestiltskin volvió a introducirse dentro de ella. El ritmo de él comenzó a ser más frenético. Empezó a embestir contra ella más violentamente. Belle se vio obligada a rozar la mesa con sus pechos descubiertos, llevándose el resto del mantel con ello.

Su cuerpo se preparaba para tocar el cielo. A punto de alcanzar el orgasmo. Los sonidos guturales que salían de ambos resonaban en todo el recinto. Allí, ajenos del mundo, en lo amplio del recinto principal del castillo. Entonces sucedió. Ambos se hicieron uno solo, tocando el éxtasis con sus cuerpos. Rumplestiltskin se quedó dentro de ella, en lo que pareció un momento eterno. Belle cerró los ojos y su mente no pensó en otra cosa, llenándose de él.

Tras saciar sus placeres, Rumplestiltskin se separó de ella. Belle quedó tendida sobre la mesa, intentando recobrarse del asalto. Mientras lo hacía, mantenía los ojos cerrados, tratando de mantener en sus recuerdos el placer consigo.

-Belle...

Rumplestiltskin mencionó su nombre. Sintió como la palma de él recorría dulcemente su mejilla. La separó y sintió que tomaba una de sus manos entre las suyas.

-Belle… abre los ojos.

Rumplestiltskin soltó su mano, colocándola enfrente de su rostro. Belle sintió algo extraño en ella. Abrió los ojos como él ordenó. Lo primero que vio fue su mano y lo que Rumplestiltskin había colocado en ella. Su anillo de bodas.

Belle se reincorporó casi de un salto –sino fuera porque había perdido gran parte de sus fuerzas momentos antes. Desvió inmediatamente la mirada hacia donde estaba Rumplestiltskin. Había recobrado su apariencia normal. No sólo él. El gran recinto se había transformado en la sala de la mansión que había tomado prestada… en su luna de miel.

-Feliz regalo de bodas, dearie.

Belle ahogó un grito. Tenía demasiados sentimientos encontrados. Por un instante se sintió molesta ¿Había jugado con ella, asustándola de esa forma? Sin embargo, antes poder reclamarle, la infinita alegría de que todo fuera real fue mayor. Se lanzó a los brazos de su esposo. Rumplestiltskin la recibió, devolviéndole el gesto.

-Y-yo… pensé que… ¡¿Cómo te atreviste?!

Belle se atrevió a mostrar su enfado al fin. Pese al enojo de su esposa, Rumplestiltskin no podía quitarse la sonrisa de triunfo.

-Todos tienen sus fantasías secretas. Y ésta era mi única oportunidad de hacerla realidad.

Belle intento reprocharle, pero antes de que lograr pronunciar palabra alguna, Rumplestiltskin tomó su rostro entre sus manos, depositando un apasionado beso en sus labios. Sabía que el beso no sería suficiente para calmar el enojo de su esposa, pero de igual forma le dirigió una mirada seductora. En su mente, aún tenia varios planes pendientes con ella.

– ¿Por qué no me cuentas acerca de tus fantasías, dearie?


Comentarios:

!Al fin primer capítulo terminado! En cierta forma, cada capítulo será independiente pero aún no sé que tan consecuentes. Estaré basándome en la línea de tiempo de la cuarta temporada de la serie, dependiendo de quefantasías se me vayan ocurriendo conforme vaya viendo los capítulos. Este capítulo correspondería dentro del capítulo 04x01 de la serie televisiva. Precisamente a que mi prioridad es el fic deThree night spell: Hechizo de tres noches (del cuál de paso aviso no habrá actualización hasta la próxima semana), no sé con que frecuencia actualizaré éste (Sorry dearies, pero no puedo actualizar dos fics RUMBELLE a la vez... tengo una tesis que alimentar).

Si tienen alguna loca fantasía que quisieran ver plasmada en este fic, hagánmelo saber. Pueden dejarlas por review, inbox, o en mi ask box de mi tumblr de preferencia (link en mi perfil). Quizás me inspire y Rumplestiltskin les conceda su deseo de verlo escrito aquí.

¿Hacemos trato?

Sialia