Disclaimer: Pokémon es propiedad de Nintendo © y Game Freak ©.
Este Fanfic ha sido desarrollado en conjunto por The Nova 6 y EmberSin.
Parte de la trama está inspirada en el capítulo 08x17 y su tema principal: la canción "Qué es lo que soy".
Episodio 1: El hijo del líder
Max apenas podía parar quieto. Había celebrado su undécimo cumpleaños aquella misma mañana con sus padres, pero para él era un día muchísimo más importante. Era el día en el que iba a comenzar su viaje pokémon. Al fin. Tras casi dos años esperando desde que volviera del viaje con Ash, su hermana y Brock, por fin él se aventuraría por Hoenn, y quizá por muchos más sitios, y viviría sus propias aventuras. La noche anterior había preparado él mismo su equipaje, metiendo toda su ropa en una gran bolsa de viaje que su padre le había comprado precisamente con ese fin. Se llevó también su Poké Tele, que incluía el mapa de la región, por lo que no se perdería, y se aseguró por lo menos veinte veces de que todo lo que necesitaba estuviera en la bolsa.
Su hermana Aura estaba en aquel momento en Sinnoh, participando en los Concursos Pokémon de allí, y aunque a él no le interesaban mucho, estaba dispuesto a hacer todo lo que un entrenador pudiera hacer. Y sabía muy bien lo primero que haría: buscar a un amigo con el que había hecho una promesa. Estaba seguro de que aún se acordaría de él. Total, sólo había crecido un poco desde entonces. Aunque no sabía dónde se encontraría, pero no iba a desanimarse por eso.
Antes de partir, Max se miró en el espejo de cuerpo entero de su habitación. Pantalones largos de color beige, zapatillas deportivas, su suéter verde de manga corta y sus inseparables gafas. Estaba recién duchado y recién comido, era el momento perfecto para salir. Echó un vistazo a su habitación, la cual iba a echar mucho de menos, lo mismo que a su familia. Pero todo entrenador pasaba por eso, ¿no? Corrió al piso de abajo, emocionado y sin poder contener su alegría. Tanto su padre como su madre estaban abajo, esperándolo. Ambos se encontraban cariacontecidos, y al verlos, Max tuvo que hacer un gran esfuerzo por no llorar.
-Papá, mamá...me marcho ya -dijo, con la voz quebrada. Su madre le dio un abrazo como ningún otro que le hubiera dado nunca, apretándolo contra ella con todas sus fuerzas. Y Max no pudo evitar que se le cayesen las lágrimas. Iba a salir por primera vez de su casa, en once años, para hacerse entrenador. Entendía un poco mejor a Aura y qué debió sentir cuando partió. Aunque ella iba acompañada, claro. Y él iría solo, pero tenía intención de encontrar a alguien que también viajara y unirse a él. Pero en caso de que no pudiera encontrar a nadie, debería aprender a desenvolverse solo, aunque le diera miedo.
-Ten cuidado, Max, y si necesitas algo, lo que sea, llámanos -le dijo su madre, mientras le daba veinte besos en un lado de la cara y otros veinte en el otro-. Estés donde estés, ¿de acuerdo?
-Estaré bien, mamá -prometió él, limpiándose los ojos. Entonces, Norman se adelantó y le abrazó también.
-Hijo, te diré lo mismo que a tu hermana aquel día, ¿de acuerdo? No te rindas nunca, y sigue siempre adelante. Como vas a viajar por Hoenn, algún día yo seré tu rival, tenlo bien presente.
-Sí, papá -dijo Max. Era cierto, cuando tuviera cuatro medallas podría optar a luchar contra su padre por la Medalla Equilibrio-. Descuida, no voy a ser menos que Aura.
Cruzó el umbral de la puerta, plenamente consciente de que era la última vez que lo haría. Resultaba curioso, las cosas más triviales, que hacemos a diario sin prestarles la más mínima atención, pueden convertirse en auténticos símbolos de la etapa que dejamos atrás.
Bajó los peldaños de piedra mientras trataba de contener las lágrimas.
Una vez en el camino se giró para encontrarse de nuevo con la amorosa mirada de sus padres. La mirada de Norman mostraba determinación, sus ojos brillaban al ver que su hijo iba a cumplir su sueño; su madre, en cambio, intentaba sonreír, pero no podía evitar que la emoción se reflejara en su mirada, cómo les iba a echar de menos.
Sintió un amago de llanto pero se negó a dejarlo escapar, ya no era un niño, ahora era un entrenador, y nada podía asustarle. Cerró los ojos con fuerza y recuperó el temple, si tan sólo Ash y Pikachu estuvieran aquí para acompañarle…
-¡Pika!
¿Era esa la voz de un Pikachu? Max intentó ubicar el origen del sonido. ¿Acaso estaba imaginando cosas? No, allí estaba, con el sol a su espalda, la figura de un joven con un Pikachu en el hombro caminaba hacia él. Max no podía creerse su buena suerte, ¡tenía que ser Ash! El peso que oprimía su pecho se desvaneció para dar paso a la emoción por el reencuentro.
Sin pensárselo dos veces salió corriendo hacia el joven y su Pikachu gritando de alegría.
-¡Ash! ¡Pikachu! ¡Cuánto me alegro de veros!
