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Margaritas
~One-shot~
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Len era un pequeño niño de tiernos siete años. Él vivía en un orfanato, pues sus padres habían muerto y no tenía más familia que ellos dos. Len había llegado hace dos años, teniendo solo cinco años, pero aún así y con todo aquello era muy feliz ahí aunque aveces cayera en los recuerdos.
Tenía tres amigos con los que jugaba casi todos los días. Miku, Kaito y Luka, la primera de su misma edad y los otros dos mayores por uno y dos años respectivamente.
Len era un chico sencillo, con solo terminar un dibujo por día estar feliz todo lo que restaba del día. Se divertía con solo saltar o dibujar y amaba cantar y aveces leer. Pero más le gustaba cantar, pues este gusto lo compartía con sus tres amigos.
A Len en especial no le agradaba la lluvia pues le traía malos recuerdos. Pero al parecer no era el único al que la lluvia atormentaba.
Fue un día lluvioso cuando llegó esa pequeña niña. No tendría más de siete, podría jurar que tenían la misma edad o era menor por un año.
Luego de que fueran a confirmar su llegada con la anciana que la había llevado, él y ella se la habían pasado hablando por mucho tiempo.
Rin. Así se había presentado la recién llegada. Rubia como él y muy similares tanto físicamente como también por recuerdos y gustos.
A ella le gustaba mucho leer, escribir, cantar y bailar. Era una niña muy extrovertida y una fanática de las paletas dulces y compartía una historia similar con Len.
Sus padres habían muerto en un accidente un día lluvioso y como nadie quería hacerse cargo de ella, la anciana que era vecina de la familia la había llevado ahí.
Cuando Rin le contó esto, Len se dijo que no dejaría que ella llorara. La niña era muy similar a él y algo lo hacía querer hacerla sonreír.
Así que en el momento en que a Rin se le llenaron los ojos de lágrimas, Len la dejó ahí con un "espera" y corrió hacia la pequeña biblioteca del orfanato. Se acercó con prisa a uno de los ventanales y ahí habían unas hermosas flores. Margaritas, era un ramo de Margaritas. Con prisa sacó cuatro de las tantas que habían ahí y se volvió por donde había venido.
Al llegar junto a Rin, el pequeño le sonrió y con cuidado le entregó las pequeñas y delicadas flores.
A lo que la pequeña rubia lo miró sorprendida. Nunca nadie además de su padre le había dado flores cuando estaba triste.
- ¿Por qué? - susurró ella perpleja.
- Me he prometido que no llorarías - contestó Len.
Rin se sonrojó por la confesión del niño a su lado y soltó un pequeño "gracias" con una sonrisa.
- Ah, si bueno. Creo que es mejor ver una sonrisa en lugar de lágrimas - murmuró un poco cohibido y nervioso.
- ¿Recuerdas eso Len?
"Si..."
- Porque yo aún lo hago, como podrás ver - sonrió nostálgica.
"..."
- Espero que seas un poco más feliz allá - comenzó a sollozar.
"No llores, Rin..."
- Lo lamento, es que no lo resisto y la lluvia no ayuda en nada - rió nerviosa.
"Nunca lo hace, excepto esa vez. En ese momento la amé tanto como a ti".
Rin sonrió.
- Cuídate, Len. Mientras tanto, espérame amor - susurró.
La chica dejó una Margarita en el ataúd y junto con la delicada flor, un húmedo beso.
Sabía que él estaba escuchando. Siempre lo hacía y estaba segura de que siempre lo haría.
