Este fic es un regalo para la persona que ha hecho el review número 100 en mi fic "Regina Mills, Legendary Lawyer", Fanclere. Aquí tienes el fic que me pediste. Un par de capitulitos, ¿Eh?
Emma Swan
_ Te veo esta noche, Regina._ Le dije, en un susurro, dejando un beso robado entre sus labios.
Había quién decía que el furor de las recién casadas se esfumaba en seguida. Pero en nuestro caso la Luna de miel parecía no haber tenido fin. Habían pasado dos años desde que Regina y yo nos habíamos casado. Y es cierto que teníamos mucho trabajo, pero todos los momentos que teníamos los atesorábamos.
Por mi parte tenía que acudir a una cita con Astrid. La abogada parecía tener un caso para el que quería mi ayuda. Al parecer algo relacionado con su familia. La familia Morgan. Decididamente nuestras circunstancias no habían sido las mejores, pero puedo decir que a partir de aquello, las cosas habían mejorado mucho.
Astrid Morgan
_ No veo motivo alguno para prolongar este juicio. El caso está muy claro, no hay forma de malinterpretar los hechos. Este tribunal declara al acusado, Leroy… ¡No, culpable!
Lo admito, me encantaba ganar. Tenía cierta adicción al triunfo. Algo que me venía de familia. Pero ganar, ganar sabiendo que tu cliente es realmente inocente, y que has hecho lo correcto. Eso es algo que no tiene precio. Me despedí de Leroy, que decididamente era culpable de muchas cosas, pero no de haber matado a uno de sus siete hermanos.
Tenía ganas de llegar a casa. Mamá y Darcy me estarían esperando. Sin la espiral de la venganza rondándonos, lo cierto es que nos habíamos unido más que nunca. Especialmente a Darcy. Era una descarada, desde luego, pero ahora eso me parecía adorable. Aparqué y me encontré con un deportivo blanco aparcado delante de la entrada. Alcé una ceja, pues si Darcy tenía otro coche nuevo iba a enfadarme. Esa mujer gastaba más de lo que yo ganaba en un año. La fortuna del señor Norrington no iba a durar para siempre.
La puerta del coche se abrió y vi a una mujer conocida emerger del vehículo. No pude evitar lanzar un grito de emoción. Me lancé sobre aquella mujer y la abracé con fuerza.
_ ¡Abu!_ Grité, espachurrándola.
No tenía muchas ocasiones de ver a mi abuela. A fin de cuentas, el ser una bruja y mantener un aspecto que la hacía parecer tener la edad de su hija, le provocaba muchas complicaciones. Por lo que yo sabía, llevaba casi dos décadas De un lado a otro, viajando por Europa. ¿Seguiría ejerciendo de fiscal?
_ Astrid… estás enorme…_ Murmuró._ La última vez que te vi no levantabas dos palmos del suelo. Y ahora… eres toda una mujer…
La abuela Eleanor ya me miraba con deseo, una mirada que le devolví. La abuela no era distinta al resto de nosotros, y lo cierto es que en parte me moría de ganas de experimentar lo que una mujer sabia como ella sabía hacer. Fue entonces cuando escuché una tos. Al girarme me encontré con una joven unos años menor que yo.
Tenía una larga melena negra, rizada, y unos ojos azules que me recordaron al mar. Enmarcados por unas gafas de pasta negra.
_ ¿Quién es esta, Abu?_ Le pregunté.
_ Astrid… quiero presentarte… a tu tía Tony._ Dijo, dándome un leve empujón para acercarme.
_ Es un placer._ Dije, extendiendo la mano._ Soy Astrid.
_ Yo Antonia, pero me llaman Tony._ Dijo, estrechándome la mano._ Es un placer.
_ Es toda una Morgan._ Dijo Eleanor.
Y admito que lo sentía. Había un vínculo que nos unía como familia, y lo notaba a través de esa mujer que hasta hace muy poco era una desconocida. Me acerqué y le di un suave beso en los labios.
_ Bienvenida a la familia, Tony.
Augustine Morgan
Cuando mi madre me informó de que iba a visitarme no pude evitar acicalarme. Me había puesto un vestido largo y ceñido, con un pronunciado escote de pico. Y había dedicado más de una hora a ultimar mis ojos, y en buscar el correcto tono rojo de mis labios.
Amaba a mi madre, tanto como amaba a mis hijas, y lo cierto, es que volver a verla, después de tantos años, me había puesto muy caliente, además de emocionada. No quería parecer una vieja cuando me viera, quería que viese a la niña en la que me había convertido con su sudor y esfuerzo.
Cuando abrí la puerta, la encontré tan imponente como siempre, no había envejecido un día desde que había tenido que irse. Supongo que para eso lo había hecho, para mantenerse joven. Ya me había hablado sobre Tony. A mi edad se me hacía complicado tener de repente una hermana, además una tan mayor.
Pero Tony era una Morgan, mi hermana menor, después de todo. En parte había envidiado a mis hijas, pues siempre se habían tenido la una a la otra. Yo no había tenido eso al ser hija única. Y ahora había cambiado. Es cierto que no compartíamos el padre, pero él había fallecido hacía muchos años.
Y mi intención era aceptarla como a una más de la familia. Al menos el tiempo que estuviéramos juntas. Para mí no tenía caso sentir celos. Era algo que nunca nos había afectado
Emma Swan
Aún me sorprendía cómo la familia Morgan conservaba ese estilo de vida. Tanto dinero para gastar. Hasta donde sabía, Augustine seguía sin trabajar, y Darcy no estaba por la labor de empezar. Astrid parecía la única que se había vuelto algo responsable. Toqué en el gran portón y me abrió una mujer desconocida. Estaba claro que no era la ama de llaves, pues a ella la conocía.
_ Hola… Soy Emma Swan… tenía una cita con Astrid.
_ Oh… Con Astrid… encantada… soy su tía._ Dijo, mirándome de arriba abajo, comiéndome con la mirada._ Me llamo Tony.
Sí… era una Morgan, desde luego. Se le notaba, tenía ese halo de lujurioso fuego a su alrededor. Se apartó y yo pasé, cerrando la puerta detrás de mí.
_ ¿Y usted a qué se dedica?_ Preguntó.
La notaba rodearme, como un depredador que acosa a su presa. Sentí un escalofrío mientras me dirigía al despacho de Astrid. Notaba la mirada de Tony sobre mí. La hermana de Augustine. Había muchas preguntas que hacer allí. Astrid se encontraba sentada en el escritorio, escribiendo con su portátil.
_ Astrid…_ La llamé.
Astrid se ajustó las gafas que llevaba y me dedicó una sonrisa. Aún se me hacía raro que nos lleváramos bien después de todos sus esfuerzos por quitarme a Regina. Supongo que la derrota definitiva de la abogada le había sentado genial a nuestra relación.
_ Inspectora Swan._ Dijo, alzándome una ceja.
_ ¿Inspectora?_ Preguntó Tony._ ¿Te has metido en un lío, Astrid? ¿Vas a sobornarla? ¿Con tu cuerpo?
A Astrid se le escapó una risotada. Lo cierto es que me parecía algo que su hermana haría para librarse de una multa de aparcamiento. Astrid era más elegante.
_ La inspectora Swan está felizmente casada. ¿Cómo está Regina, por cierto?_ Me preguntó.
_ Pletórica. Está trabajando en un caso. Algo relacionado con ladrones de tumbas._ Dije, encogiéndome de hombros._ ¿Para qué me necesitabas?
_ Nos han robado, Swan._ Dijo, suspirando._ Nos han quitado joyas.
_ Astrid, sabes que soy de homicidios._ Dije, poniéndome la mano en la cadera.
_ Oh vamos… no le vas a hacer el feo a mi sobri, ¿No?_ Me espetó Tony, dándome un golpecito con el dedo.
_ No… supongo que no._ Dije, mirándola.
Había una malicia inteligente en aquellos ojos, que me preocupaba un poco. Algo me decía que esa joven iba a ser un problema.
_ Sólo informo a Astrid de mi cargo._ Añadí._ Y del riesgo de pedirme que la ayude.
_ La policía sigue sin tenernos en gran estima, Emma. Sólo me puedo fiar de ti._ Dijo, mirándome._ Sé que tú puedes ocuparte.
_ Gracias…_ Dije, mirándola._ Me ocuparé de todo.
Darcy Morgan
Un nuevo día para pasarlo en grande. Había venido mi abuela, tenía una nueva y sexy tía, y además me había despertado envuelta en los brazos de una de mis criadas. Eran las tres de la tarde, y al abrir los ojos me encontré a la tal Antonia. Hija de un español, y a mi idea, algo exótico. Le dediqué una sonrisa y me incorporé, dejando caer la sábana que me cubría.
_ No te cortes, puedes mirar._ Dije, desperezándome.
Éramos familia, después de todo. Para las Morgan la familia significaba algo muy distinto a lo que lo era para los demás.
_ ¿Puedo tocar?_ Preguntó Tony.
_ Claro… diviértete.
Se sentó en la cama, que la criada, silenciosa, acababa de desocupar, y extendió sus manos. Empezó con delicadeza, mirándome a los ojos. Sus ojos me recordaban a los míos. Eran azules y muy vivos.
_ Son las más grandes de la familia… ¿Te has operado?_ Preguntó, mientras apretaba uno de mis pechos, yo gemí._ Porque no lo parece.
_ Es todo natural…_ Dije, apoyándome sobre la pared.
_ Son una preciosidad._ Murmuró.
Sus labios atraparon uno de mis pezones sin pedir permiso, pero yo no me opuse. No pude evitar gimotear mientras me lo mordía. Me mordí el labio, porque me daba morbo más que porque me preocupase que nos oyesen. Tony metió la cabeza en mi canalillo y me empujó contra la cama.
_ Joder._ Grité, notando sus dientes._ Que bien se te da esto.
_ Mi madre me enseñó bien._ Dijo, acercándose a mi boca para darme un beso en los labios.
_ Acabo de conocerte y ya te quiero._ murmuré, acariciando su trasero sin prisas._ Además… estás muy buena.
_ Tú también, Darcy… es cosa de familia.
La ayudé a quitarse el pantalón, mientras ella hacía lo propio con la Blusa. No se había puesto ropa interior. Yo la miré, y ella me sonrió, como si hubiese descubierto una travesura.
_ Es que sabía dónde me estaba metiendo.
No pude menos que reírme un poco y fijar mis labios a su cuello, para besarla sin demasiadas prisas. A fin de cuentas, nos estábamos conociendo. Y eso no se podía acelerar en exceso. Tony emitía unos gemidos adorables entre mis pechos que, al igual que con otras, habían captado su atención rayando la obsesión. Esta vez me dejaba hacer.
Busqué entre mis cajones, hasta que encontré un arnés que solía usar mucho, mi favorito, a decir verdad. Era negro y, sobretodo, era enorme y bien detallado. Tony me lo quitó de las manos y se lo sujetó. Lanzó un gemido hondo cuando se lo puso, y me penetró con furia, sabiendo que estaba entrando en un terreno que acostumbraba a recibir visitas.
La atraje hacia mí, mientras ella me montaba. Sus dientes se aferraron a mi pezón izquierdo y yo grité con furia al tiempo que enloquecía, presa de un orgasmo intenso.
_ Me parece que me va a gustar vivir aquí._ Dijo, acomodándose en mi pecho.
_ Y a mí me va a gustar tenerte cerca…
_ A mí me alegra ver que os lleváis tan bien.
Ambas, dándonos cuenta de que nos habían descubierto en nuestra travesura, miramos hacia la puerta. Mi madre estaba apoyada en el quicio de la puerta. Mis ojos se fijaron en su pecho, que demostraba sus pezones marcados a través de la tela del vestido. Debía llevar un buen rato observando. Sabía que mi madre disfrutaba de las vistas tanto como yo.
_ Sí… creo que he encontrado a mi media naranja._ Bromeé._ Acariciándole el pelo a Tony. Pero ya sabes que no tememos compartir. ¿Quieres unirte?
_ No en este momento, Darcy._ Dijo, pero sin perder la sonrisa._ La comida estará lista en breve. Nos acompañará la inspectora Swan así que… ponte algo.
_ Está bien._ Dije, de mala gana.
Admito que para mí era una práctica habitual el andar por casa sólo con un sostén para que el peso de mi pecho no me molestara.
_ ¿Qué te parece Tony, nos duchamos juntas?_ Le pregunté.
_ Será un placer.
Emma Swan.
Comer con la familia Morgan. No sabía que esperarme. Estaba ante personas que llevaban la lujuria por bandera. Regina y yo solíamos ser bastante alocadas, pero nos guardábamos eso para la vida privada. Mis ojos se llevaron una grata sorpresa al ver a todos los miembros de la familia aparecer perfectamente vestidos. Augustine estaba particularmente arreglada. También había otra mujer, que aparentaba tener una edad cercana a la suya. ¿Tendría una segunda hermana que tampoco conocía?
