Toc, toc… Hey there! *waves* I'm here to share with you another amazing story written by Drotuno. Thanks for trust me with your stories Deb!

Toc, toc… ¡Hola! *saluda con la mano* Estoy aquí para compartir con ustedes otra increíble historia escrita por Drotuno. ¡Gracias por confiarme tus historias Deb!

Para no perder la costumbre. Nada me pertenece, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Drotuno, yo solo traduzco.

Y no podía faltar mi compañera de aventuras. Gracias a mi querida amiga Erica Castelo por ayudarme una vez más.


~ooo~AFTA~ooo~

Capítulo 1

EDWARD

"Ese pendejo está tratando de matarnos a punta de tarea," escuché la voz masculina detrás de mí. "Nunca terminaré con toda esta lectura."

"Deja de salir todas las malditas noches," la chica con él le respondió.

Él maldijo bajo su aliento, porque ella tenía razón o le gustaba bastante como para callarse. Me giré lo suficiente para ver que era un chico de la clase de literatura que pasaba más tiempo al teléfono que tomando notas.

Había mucho ruido en el comedor, charlas, teléfonos sonando, y televisores a todo volumen en las esquinas superiores del gran espacio. Todo el lugar me hacía sudar más que la humedad de afuera. Antes de que el pánico real por estar rodeado de tanta gente que no conocía, que no quería conocer, se apoderara de mí, me llamaron del mostrador para ordenar mi comida.

A pesar del fuerte sol y el aire denso y húmedo, me encaminé de regreso a las mesas del exterior en la sombra. Podía respirar mejor afuera. Afuera, había menos riesgo de que alguien me hablara. El hablar conducía a conversación, y la conversación conducía a que alguien descubriera lo inepto que era. Solo, estaba mejor. Al estar a solas había menos riesgo de hacer algo que me hiciera ver como un tonto. El graznido de las gaviotas era estridente y sonaba como una risa descortés. Me sorprendía lo mucho que se alejaban de playa para robar papas fritas y las cortezas de pan sobrantes. Demonios, las arrebataban de la mano de alguien si tenían la oportunidad.

Puse mi pesada mochila sobre la mesa, seguida de mi bandeja. Sacando mi diario y mi pluma, entonces empecé a picar de mi comida. Mi teléfono vibró en mi bolsillo, y todo mi cuerpo se tensó por un momento.

Por favor, que no sea…

Una sonrisa se curveó en mi rostro al ver el nombre en la pantalla, y no pude pasar mi dedo lo bastante rápido para contestar.

"¿Ali?"

"¿Cómo le va a mi hermano mayor favorito en el estado soleado?" Comenzó a decir de inmediato.

"Será mejor que Em no te escuche decir eso," le advertí con una risita.

"¿Qué? ¿Qué es soleado? Lo sabe. Oh, y sabe que tú eres mi favorito. Le digo en cada oportunidad que tengo. Dijo que no le importa, que me va a sacar el amor de una apretón."

Riendo, sacudí mi cabeza al escuchar a mi hermanita. La extrañaba como loco, y también echaba de menos a mi hermano mayor, Emmett. Pero no podía quedarme. En el momento en que empecé a aplicar para universidades, me aseguré que la mayor parte estuviera tan lejos de mi estado natal Washington como fuera posible. Otro país hubiese sido mejor, pero el otro extremo de los Estados Unidos tenía que ser suficiente.

"Está bien. Caliente, húmedo, um… playero," respondí su pregunta finalmente, mirando a mi reloj. "¿No deberías estar en clase?"

"Medio día. Día de jornada de capacitación docente o alguna mierda de esas. ¡Gracias a Dios! El Instituto de Forks no ha cambiado ni un poco desde que te fuiste."

Resoplé burlándome, cogiendo una papa y pasándola por la cátsup. "Estoy seguro de que la tienes mucho más fácil que yo," murmuré con la boca llena.

Dio un suspiro profundo. "Sí, bueno… no tengo tiempo para la mierda de esos idiotas. Tengo mejores cosas que hacer que lidiar con la insignificante gente del pequeño pueblo de Forks."

"No jodas," murmuré, sacudiendo mi cabeza al ver como mi hermana era mucho más fuerte que yo. Simplemente no le importaba lo que pensaba la gente, ni los chicos de la escuela; ni los adultos susurrando y cotilleando; ni mucho menos nuestro padre. Aunque, el último la ignoraba, lo que era mejor de cómo nos trataba a Emmett y a mí. Cuando era niño, habría matado por ser ignorado. "Te echo de menos."

"También te echo de menos, Edward," canturreó en respuesta. "Quiero ir de visita. ¿Puedo? ¿En las vacaciones de primavera?"

Sonriendo, asentí tontamente. "Sí, Ali, si él te deja. Seguro."

"Lo que él no sabe…"

"No puedes hacer eso. Solo empeorarás esa mierda, Mary Alice," la regañé, pero el terror puro de que papá tuviera en la mira a Alice era demasiado para pensar en ello. "Pregúntale primero. Si dice que no, entonces… en el verano, tal vez."

"No le tengo miedo."

"Nada te da miedo. Ese es el problema."

Se echó a reír, y me hizo sonreír. Me puso nostálgico, al menos por ella. A pesar de que era más joven que yo, era mi mejor amiga.

En lugar de discutir, cambió de tema. "¿Cómo está la Chica de la Biblioteca?"

Gimiendo, coloqué mi codo sobre la mesa, con intenciones de ajustar unas gafas que ya no estaba usando, gracias a Alice. Los lentes de contacto estaban bien, pero mi tic nervioso era ajustarlos. Ahora, mi mano se disparó a mi cabello, pasando por él, agarrándolo, y esencialmente dejándolo más desordenado de lo que normalmente está. Afortunadamente, estaba más corto.

"¿Al menos has hablado con ella, Edward?"

"N-N-No."

La ansiedad que me golpeó casi me incapacitó, como un puñetazo en el estómago.

"Hey, hermano mayor… solo…" Alice suspiró otra vez. "¿Por qué no le escribes? Sabes que eso te ayuda."

Asintiendo aunque no podía verme, gemí. "Lo sé. Es solo que… ella está… muy fuera de mi alcance, Ali. Es solo…"

Se echó a reír. Con fuerza. Y de mí, por alguna maldita razón. "Oh, buen Dios, Edward. No tienes idea, ¿cierto? ¿No tienes una puta idea de cuántas chicas estaban locas por ti en tu último año?"

Frunciendo el ceño, me quedé callado, preguntándome si debía haberme guardado lo de mi enamoramiento pero sabiendo muy bien que Alice podría lograr que confesara casi cualquier cosa. Como excelente ejemplo, estaba esta conversación—la chica de la biblioteca a la que no podía evitar mirar, querer saber de ella, y esencialmente babear por ella. Sin mencionar que tenía un gusto estupendo en libros.

"Lauren, Jessica, y la señora Cope me dijeron que te diera sus saludos."

"¡¿La señora Cope?! ¿La señora de la oficina de la escuela?"

Se rio de nuevo. "Totalmente loca por ti, esa vieja asaltacunas. Dice que tienes los más lindos… modales."

"Aw, basta."

"Edward, eres muy guapo, y eres inteligente y adorable. Si la Chica de la Biblioteca no puede ver eso, entonces es una perra ciega, y ni siquiera deberías perder tu tiempo."

"Ni siquiera sé su nombre, Alice."

"No importa. Escríbelo. Te sentirás mejor. Es como funcionas, hermano mayor."

"Bien."

"Tengo que irme. Tengo una cita."

"¡¿Con quién?!"

"Royce."

"¡Mary Alice! ¿En serio? Es un pendejo. Su papá es un pendejo. Trabaja con—"

"Trabaja con papá. Estoy consciente de eso, pero hay una fiesta, y quiero ir," dijo con firmeza.

Sacudiendo mi cabeza, guardé mis cosas y tiré mi basura. "Bueno, mándame un mensaje o llama cuando llegues a casa."

"Lo haré. Lo prometo. Te quiero," canturreó antes de terminar la llamada.

Bufé una carcajada sin humor, poniéndome la mochila al hombro y metiendo mi teléfono otra vez en mi bolsillo. Comencé a caminar por el campus de la Universidad de Edgewater. Era una pequeña escuela, privada, y no tan intimidante como algunas universidades podían ser—definitivamente no tan grande como la Universidad de Washington, donde Emmett estaba asistiendo—pero aun así evité hacer contacto visual en todo el camino hacia la biblioteca. Había tenido que elegir entre una escuela pequeña y una grande. Mientras que un gran campus me permitiría perderme entre las masas, el pensar en toda esa gente me ponía nervioso. Edgewater era solo un poco más grande que mi viejo instituto—tal vez el doble de estudiantes. Pero estaba cerca de la playa, y era el centro del pueblo de la comarca de Glenhaven, Florida.

La Biblioteca Swan estaba al lado este del campus, situada bajo la sombra de enormes y viejos árboles de roble. El frente del edificio tenía vista a un pequeño lago al que rara vez miraba. Masas de agua eran peor que las masas de gente. Me hacían sentir enfermo, como con manos sudorosas, náusea, y respiración superficial.

De verdad deberías superar esa mierda al agua, hijo.

Negué al recordar la burla que había escuchado más veces de las que podía contar. Por puro coraje, me detuve en la acera y encaré al pequeño lago. El agua de color marrón y verde tenía patos, cisnes, y garzas altas, sin mencionar altas espadañas de un brillante color verde con sus puntas esponjadas de color marrón que se separaban por la brisa. Miré el agua furioso, con odio y miedo, las dos emociones luchando por la supremacía.

"No es ese lago. No lo es," dije para tranquilizarme, solo para darme por vencido cuando la idea de acercarme cruzó por mi mente.

El aire acondicionado en la biblioteca estaba casi glacial en comparación con el calor de afuera, por lo que un escalofrío prácticamente hizo temblar mis dientes cuando entré al único lugar que podía hacerme sentir a gusto. Cuando estaba en la biblioteca, nada podía lastimarme. Cuando caía por el hoyo del conejo de una buena historia, o me perdía en la tarea y proyectos, mi soledad y miedos y la vida que tan desesperadamente quería dejar atrás desaparecían como en una nube de humo, al menos por un capítulo o dos.

Mi mesa acostumbrada no estaba precisamente vacía, pero al menos mi extremo estaba vacío, coloqué mis cosas en ella, sacando mis libros, forzándome a no mirar, pero era un idiota débil y miré de todos modos.

Mi corazón dolió al verla. La Chica de la Biblioteca—como tan fácilmente la llamó mi hermana. Estaba en el extremo de otra mesa, de espaldas a las filas de estanterías al quedar de frente hacia el enorme espacio abierto del área de estudio. La biblioteca no era el único lugar en que la veía. Ella estaba en mi clase de Literatura y también en mi clase de Escritura Creativa, pero Alice se había centrado en el hecho de que fue en la biblioteca en donde se había desarrollado este estúpido e inútil enamoramiento de una chica de quién ni siquiera conocía el nombre.

Me senté en mi silla, echándole otro vistazo mientras sacaba sin ver mi laptop y mi diario. Como siempre, estaba perdida en un libro, sus dedos dando vueltas a un mechón de su cabello marrón chocolate una y otra vez, amarrándolo en un nudo, solo para dejarlo caer y empezar de nuevo. Era fascinante. Era hermosa, con cabello largo de un color oscuro, incluso más oscuro que sus ojos marrones, y sus pestañas eran una locura, sobre todo contra su piel cremosa. Nunca usaba mucho maquillaje, pero no lo necesitaba. Vestía de forma casual pero nunca como algunas chicas de por aquí y por mi casa. Algunas de ellas mostraban demasiado. No, la Chica de la Biblioteca lucía como si se vistiera para estar cómoda, no para exhibirse.

La primera vez que la vi, había estado llorando, y algo en ello me había molestado—casi hasta el punto de olvidar mi miedo y acercarme a ella. No fue sino hasta que me di cuenta que sus lágrimas fueron provocadas por el libro que estaba leyendo que me senté en la misma mesa. Esperé pacientemente para averiguar qué libro era, aunque solo fuera porque no podía recordar la última vez que había leído algo que me conmoviera hasta las lágrimas.

"Disculpa," escuché cuando una sombra cayó sobre mí.

Levanté la vista expectante para ver a una chica con gafas negras que conocía de algunas de mis clases. Amy… no, April… No, ese tampoco era.

"Soy Angela," se presentó. "Estamos juntos en Física."

Asintiendo estúpidamente, le susurré, "Edward."

Su sonrisa venía acompañada por el sonrojo de sus mejillas. "Cierto, Edward. Um, me preguntaba… ¿Tienes las notas de la última clase? Estaba enferma, y…"

Mis cejas se dispararon hacia arriba, pero asentí con nerviosismo, metiendo la mano en mi mochila por mis notas. Le di vuelta a la página más reciente y se las entregué.

"Gracias," me dijo, sonriendo en mi dirección pero señalando al otro extremo de la mesa. "Estaré por ahí. Solo voy a copiarlas rápidamente."

"Está bien," susurré bajito, y ella se alejó dejando a la vista a la Chica de la Biblioteca mirándonos. Por primera vez, esos expresivos ojos oscuros miraron a los míos, y me dio una sonrisa suave, aunque se desviaron de mí hacia el otro extremo de la mesa para mirar en dirección a Angela, su ceño frunciéndose un poco.

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, y bajé la mirada a mi diario. Tal vez Alice tenía razón; tal vez sí necesitaba escribirlo primero. Escribir siempre me ayudaba a poner en orden mis pensamientos, unir las palabras mucho mejor de lo que mi boca jamás podría hacerlo. Casi podía escuchar a mi hermanita riéndose de mí, pero puse la pluma en el papel, esperando que para cuando terminara, quizás tendría el valor de dársela a ella.

Mientras escribía, imaginé dejarla en su libro o encima de su tarea. La idea de entregársela sonaba juvenil y tonto, sin mencionar prácticamente imposible, considerando que no creía que fuera capaz de formar una frase completa cerca de ella.

Levanté la vista mientras escribía, para ver que su atención volvía a su libro, así que terminé la carta.

Para la chica de la mesa casi al fondo de la biblioteca.

Casi te pregunté qué te pasaba la primera vez que te vi llorando. Entonces vi el libro que estabas leyendo y comprendí que estabas llorando por él. Y me interesó, porque nunca había leído nada que me conmoviera tanto.

Tomé prestado el libro que estabas leyendo, y adivina qué. Lloré también—solo un poco. Así fue como comenzó. Cada vez que voy a la biblioteca, casi siempre estás allí, por lo general con un libro completamente nuevo. Algunas veces sonríes, o te ríes, o lloras de nuevo, y cuando lo haces, tomo prestado el libro que estás leyendo.

Eso era todo, de verdad, hasta que me di cuenta de lo hermosa que eras. No eres bonita del tipo normal, pero Dios, cuando sonríes, ilumina tu rostro de la mejor forma.

Desearía que me notaras, sentado a unas mesas de distancia de ti, leyendo el libro que estabas leyendo hace unos días. Desearía que me sonrieras. No tengo las agallas para hablar contigo. Tengo miedo de que no te parezcas en nada a lo que he imaginado.

Uno de estos días, reuniré el valor y te preguntaré sobre lo que estás leyendo. Y tal vez me sonrías con esa hermosa sonrisa y me cuentes todo al respecto, y luego hablaremos de todos los libros que hemos leído. Pero hasta entonces, gracias por las recomendaciones. Me encantan.

Con amor, el chico a unas mesas de distancia de la tuya

Me eché hacia atrás en mi silla, releyendo lo que había escrito, y nada de eso era mentira. Cuando eché un vistazo hacia la mesa de la Chica de la Biblioteca, ahora estaba rodeada por algunas personas. Estaba sonriendo y asintiendo mientras guardaba sus cosas. Uno de ellos era un tipo alto y algo bien parecido, su cuerpo inclinado hacia ella, y ella no se apartó. Sin mirar de nuevo en mi dirección, dejó el área de estudio con ellos.

Frunciendo el ceño, releí mi nota, cerrando el libro de golpe. ¿A quién demonios estaba engañando? Ella era bonita en todos los sentidos. Era tan bonita que podría tener a cualquier chico que quisiera, así que, ¿por qué en el cielo miraría de nuevo en mi dirección?

Metí mi diario en mi mochila y acerqué mi tarea. Tenía que terminar algo de ella antes de mi turno en la cafetería.

~ooo~AFTA~ooo~


¡Pues les presento a Bookward! ¿Qué les pareció? Como verán es un chico sumamente tímido y con algunos problemas de autoestima, poco a poco conocerán su historia y por qué es como es. ¿Y qué les pareció esa carta a su Chica de la Biblioteca? Y sí, la chica de la biblioteca es Bella, ¿algún día se animará a hablar con ella? Ya empezarán a conocer un poco más de este Edward tan lindo, y estoy segura que muchas se enamorarán de él. Muchas gracias por acompañarme en otras de mis traducciones, y de antemano, gracias por sus reviews, alertas y favoritos. Nos leemos en el próximo capítulo ;)