Declaimmer: Estos hermosos, ingeniosos, y maravillosos no son de mi propiedad; ellos pertenecen a la brillante imaginación de nuestra linda escritora Stephenie Meyer, en cambio la retorcida y loca historia en la que ellos están involucrados si es locura mía.. xD
Capitulo 1. Conociendo
Alice POV
-Hermosa es hora de la cena. Deja de ver tanto por esa ventana, no eres una prisionera.
-¿Alec ya te dije que ver por la ventana es lo mas emocionante que se puede hacer aquí?- respondí al vampiro que tenia por pareja.
-¿Y que tal si hiciésemos una carrera? Aunque sabes que te ganaría- sonrío.
-¿Seguro?- corrí dejándolo más atrás hasta que llegue al salón donde se encontraban Aro, Cayo, Marco y el resto de mis "hermanos".
-Eso no fue justo.- me intento besar, pero solo fue un pequeño beso ya que lo corte sin que se diera cuenta. No supe por que.
-Hola Alice- dijo Aro.
-Mi señor- hice una pequeña reverencia.
-Ya estamos todos, traigan la cena.- ordeno y entro un gran grupo de personas.
Todos disfrutaban jugar con su presa, todos menos yo, me encantaba el delicioso sabor de la sangre, pero los agonizantes gritos de los humanos eran un tormento. Yo siempre llevaba a mi humano al otro salón, esta vez era un chico de unos veinticinco o veintiséis años que, al igual que los otros, se encontraba horrorizado. Lo tome de la muñeca y sonreí, ¿Por qué todos eran tan tontos para caer siempre? ¿No se daba cuenta que yo también era uno de ellos, uno de esos, un monstruo?
-¿Cómo te llamas?- ¿no tenían otra pregunta? Yo era quien le daría fin a su vida y todavía pensaban en insinuarse a una linda chica, que idiotas todos.
-Alice, lamento que sea la última palabra que oirás- lo mordí, su grito no duro mucho, ya que solía hacer mi tarea rápidamente. Luego lleve el cadáver al salón donde estaban los demás y me retire a mi habitación.
Veía por la ventana, me reí, de veras parecía una prisionera pero no lo era, los prisioneros eran infelices, yo era ¿feliz?. Si, claro que lo eres Alice, pero ¿Por qué debería serlo?. Un aroma demasiado agudo me saco de mis pensamientos, deberás era fuerte ya que mi recamara se encontraba a gran distancia del suelo, pero aquel aroma parecía que estuviera justo frente a mi. Con un salto aterrice en el suelo frente a una señora que al parecer habían robado y golpeado terriblemente, en mi rostro se dibujo una sonrisa llena de alegría, de repente vino a mi uno de los escasos recuerdo que habían de mi infancia, mi mamá me había comprado la paleta de caramelo que le había pedido y la había dejado sobre la mesa, ese día no podía borrar la sonrisa de mi cara. Ahora la paleta había sido sustituida por la sangrante mujer. Me agache frente a ella quien miraba suplicante.
-Por favor ayúdeme.- logro decir.
-No puedo darle la ayuda que usted pide- no podía, mi naturaleza no me lo permitía.
-Si, si puedes, mátame, necesito un descanso.
-Eso si puedo hacerlo.
Regrese a mi habitación en donde se encontraba Alec.
-Veo que te diste la libertad de tomar un postre- dijo mientras recorría con su dedo el hilo de sangre que salía de mi boca y lo probaba.
-Ya basta, eres repulsivo.
-No importa, tu eres la parte hermosa de la relación, contigo es mas de suficiente.
-¿Y a que se debe tu presencia?- dije sentándome en el mueble de cuero marrón.
-Quería ver como estabas- me paro, y con un movimiento impredecible me pego de la pared- y si se te ofrecía algo.
-No, no necesito nada, puedes irte- lo quite y le abrí la puerta.
-Disculpa Alice, no quise incomodarte- salio y volteo a verme- te quiero.
-Lo se- me puse de puntitas y le di un beso- no hay cuidado.
Rosalie POV
Me reí de mi misma parecía un tipo de detective, Brincaba de un techo a otro, buscaba mi presa lo cual era divertido. Oí un grito que provenían de la otra calle, la misma calle que me traía tanto dolor y odio a la ves, la calle en la que se habían aprovechado de mi y en la cual acabaron con mi vida. Me dirigí al lugar en el que se encontraba un hombre golpeando a una chica cerca de diecinueve años, tal parecía que el grito había sido el ultimo que daría, ya había muerto, y el que lo había cometido iba por el mismo camino, todavía no me veía porque estaba a varios metros a su espalda, saco una pistola y pude ver que pensaba quitarse la vida. Cobarde. Me puse tras de él y quite el arma de su cabeza, se sobresalto.
-¿Tu hiciste eso?- sabia la respuesta.
-Una hermosura como tu no tendría que estar aquí, y menos en un acto así.- me acerco halando de mi cintura.
-No me toques- lo aleje con mas fuerza de la que debía mostrar.
-¿Sabes? Eso mismo fue lo que ella dijo- la señalo- ¿no quieres eso verdad?
-No.- me entro una ira gigante- me refiero, a que no aquí- le tome la mano, vi el cuerpo de la chica que me causaba una insaciable sed. Lo lleve a una tienda en construcción, traía una boba sonrisa en su rostro y estaba borracho.
-Quiero mostrarte algo- saque de uno de los estantes un pequeño reloj de arena, solo que no tenia arena, sabia que iría allí así que me adelante a ponerlo en esa pequeña tienda.- es un recuerdo.
-¿de que?- pregunto incrédulo a lo que veía.
-De mi muerte- su cara me vio extrañado- lo que tiene dentro es sangre de gente como tu.- retrocedió, pero serré la puerta.
-Eres una demente- busco su arma, pero la saque cuando no me veía y se la mostré- ¿Cómo hiciste eso?
-Tranquilo- me puse tras de él- no me has dejado terminar- recogí el reloj del suelo y lo puse frente a la mesa para que lo viese- espero te guste mi canto, mi maestra lo cantaba cuando era niña. Será lo último que escuches.
-¿A que te refier..
-Gota gotita, tic, tac, tic, tac. Chorro chorrito, tipi, tipi, ta, tipi, tipi, ta. Chorro chorrote, shhh, shhh.- me encanta ver como se hipnotizaban con esa canción, o con cualquiera que yo cantara, me hacían sentir una gran cantante, al terminar el canto su grito fue el sierre perfecto.
Tome mi pequeño artefacto y me marche de ese lugar. Mi juguetito era algo elaborado por mi misma, debido a que cuando morí y regrese para tomar venganza me di cuenta que era muy teatral, recordé las palabras que Royce me había dicho "no forcejees tanto, después de todo vas a morir segundo tras segundo y minuto tras minuto, tic tac, tic tac", y me dejo tirada en el frío y sucio piso creyéndome muerta. En su muerte escucho las mismas últimas palabras, encontré un reloj de arena que iba vaciando antes de que muriera y luego lo llene con su sangre. Obviamente esta se secaría, así que lo llenaba con la de mi última presa, con la última rata asesina que encontraba. Era divertido ver sus caras, y más todavía el ver como caían tan fácilmente con mi voz. No me consideraba una heroína o algo parecido, pues nunca salvaba a nadie, yo me consideraba un demonio, un monstruo que asesina disfrutando con una sonrisa en su rostro de punta a punta, viendo como mi victima se convertía en mi alimento y pensando en que la fuerza que este me diera seria empleada para mi siguiente acto. Nunca veía el fin de esto, estaba condenada, desde que era humana lo estaba, cuando la muerte me sorprendió atrapándome de la peor forma supe que seria así para siempre, lo único que me saca de esta desgracia es desquitándola con las personas que reviven en mi ese recuerdo.
Estaba en el cementerio. Frente a mi tumba, que por desgracia se había colocado al lado de quien era mi pareja.
-Royce King.- me puse de cuclillas viendo su lapida- cuanto desearía que sufrieras lo mismo que yo. Quería contarte que ya me iré de este pueblo, talvez dure un tiempo fuera. Te odio maldito imbecil.
Con eso ultimo me sentí completa para emprender mi marcha, todavía no sabia a donde, pero con casi un siglo aquí ya queria··· huir. Entre las tinieblas camine para así dejar todo aquello atrás y saber que en un buen tiempo ese lugar, ese pueblo, sus calles y ese cementerio no me volverían a verme.
Edward POV
Me encontraba en el techo de mi antiguo salón de música, seguía siendo el único lugar donde podía despejar mi mente y simular que estaba en paz. Mi garganta me comenzó a arder, era de día pero no tenia de que preocuparme, era por eso que amaba a Alaska, aunque estaba algo aburrido de ese lugar. Me encamine hacia la pista de hielo que se encontraba a unas cuantas calles de aquí. Al llegar vi a una chica de cabello rubio y blanca como la nieve, se callo, tal parecía que era primera vez que patinaba. Un hombre alto se dirigió a ella anunciando que ya tenían que cerrar, la chica paso por mi lado, no se daba cuenta que la veía. "eso no es justo yo quería patinar mas tiempo" "lo mas que hice fue caerme" sus pensamientos me dieron ganas de reír, cuando me miro y en su rostro vi el de… Me dirigí a otra parte volteando mi cara groseramente, "que grosero, talvez lo puse nerviosa" fue lo último que oí. Todos se fueron alrededor de unos cinco minutos, minutos que para mi sed fueron horas, ya estaba arto de tener que esperar tanto por mi cena. Un grupo de chicos seguía ahí, tengo un límite de tres pero en este caso eran unos siete, me acerque a ellos.
-Hola hermano, ¿quieres un cigarrillo?- ofreció uno de piel morena y gorro verde que estaba sentado en el barandal del hielo.
-No gracias, lo que quiero es otra cosa- sonreí.
-Hey no me dirás que eres una geba con voz ronca- se carcajearon dos de atrás.
Tome al que tenia mas cerca propinándole una patada que hizo que se pegara contra el hielo y quedara inconsciente, uno trato de pegarme con una roca pero la evadí fácilmente y tome a los otros dos del cuello, a uno lo mordí en el cuello, los gritos de mis victimas siempre me ponía mas enérgico, no recordaba que en mi vida humana fuera una persona tan tétrica pero ya no me importaba lo que era. Al otro chico lo tire contra el barandal viendo como su cabeza sangraba, los otros huyeron, no me importo, después de todo me quede con tres, perfecto para no tener que cazar por uno cinco días, no era del tipo que encarcelaba a mi sed en la sala de espera.
Luego de tirar a los cadáveres me fui al pequeño departamento que tenía desde que morí. Una parte de mi me molestaba diciendo que quitarle la vida a otros estaba mal, sobre todo a gente inocente, yo solo me alimentaba y la muerte mas grande que cabía en mi conciencia era la de una niñita de cinco años y su madre, lo había hecho porque cuando desperté de todo aquello fueron las primeras en pasar, lo lamente al final, pero no había sido del todo mi culpa. Mi vida, si es que esto era una, se había precipitado a lo mismo de siempre: ir de caza, tocar el piano y volver aquí. No era nada, no tenía nada de interesante y como dije antes este lugar ya me aburría, aparte solo me llenaba de malos recuerdos, que no eran tan malos, más que eso era atormentador. Debía irme de esta jaula, lo único que me hacia era hundirme en mi pobre desgracia. Lo único que me amarraba en ese lugar era ella, pero ya era demasiado, me sentía impotente y quería huir, no debía ser tratada así pero yo era demasiado gallina para soportar aquello.
Tome la mochila que pedía a gritos un descanso, la tenia desde los quince años, la cargue con una fotografía, mi libreta y la chaqueta que seguro necesitaría para disimular mi normalidad. La mochila se rompió un poco del lado izquierdo, reí.
-Lo siento, si yo sufro tu te hundes conmigo.
Con eso salí, pase por el salón de música y me encamine a no se donde con una mochila al hombro y una pila de pensamientos negativos, desgarradores y··· confundidos.
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Hello! ¿Qué tal? Por favor no se burlen de mi pobre locura,, ella no tiene la culpa de haber llegado a mi mente.. Porfiss dejen preciosos reviews con su opinión ¿si? No sean malos, si no los dejan me veré obligada a abandonar la historia.. xD
Los quiere su lokys*
