Epílogo

Si hace diez años me hubiesen contado este momento, probablemente les abría tomado por locos, no sin antes reírme de ese mal chiste. Ver su cara solo me traía pesadillas, la que viví con el y las que tuve después de todo aquel bochorno. Desde aquel día supe que el cuerpo y la mente humana están hechos para poder soportar mucho dolor, que decir "no puedo mas" en mentira, porque lamentablemente si se puede sufrir mas. Y aun así, no quería vengarme. ¿Para que? Me hizo tanto daño… pero no soy capaz de ponerme a su altura, no soy capaz de hacer que alguien sufra lo que yo sufrí siendo apenas una adolescente inmadura que no sabia absolutamente nada de la vida. Se que aquello me hizo crecer, darme cuenta de que la vida no es un capitulo de una de esas novelas a las que yo dedico mi vida. Esas historias las inventa gente con mucha imaginación que cambia los finales por otros más bonitos y estéticos que alimentan sueños que nunca se cumplen. Verle allí lo demostraba, aunque presentía que su mas que inesperada visita solo era la segunda parte de una historia que empezó hace poco mas de diez años.

Hace 10 años…

-Ahora vuelvo- dijo besándome la mejilla y saliendo por una de las puertas del gimnasio.

-Bella, acompáñame por favor- me pidió Alice tirando de mi brazo. Nunca supe de donde sacaba tanta fuerza algo tan pequeñito.

-Alice espera un momento, Edward va a subir a dar su discurso de graduado. Serán solo 5 minutos- le dije intentando calmarla, aunque mi convicción aprecia asustarla un poco mas de lo que estaba.

-Es urgente Bella- me pidió casi suplicándome a la vez de que los aplausos empezaban y Edward subía al escenario. Yo, como tonta enamorada, me quede observándole mientras aplaudía como una autómata.

Me sabía el discurso de memoria. A pesar de ser solo una celebración de alumnos, una celebración por nuestra graduación, Edward se había esforzado mucho. Verle allí solo me traía a la cabeza el como había cambiado mi vida en los últimos seis meses. De cómo ser una completa desconocida para el 98% de los estudiantes, a que un día un profesor te mande un trabajo en pareja con el chico del que llevas enamorada desde que entraste en aquella escuela. Y que ni siquiera el hecho de que se hubiese reído de mí durante años, o que su blanco favorito para las bromas fuese yo, había hecho que a la hora de quedarnos a solas hubiese caído en sus redes aun intentando con todas mis fuerzas evitarlo. Por algún extraño motivo el parecía sentir lo mismo. No lo dude nunca, se sentía tan natural estar los dos, tan verdadero que nunca me plantee otra cosa de que al final, la vida me había devuelto un poco de la felicidad que merecía haciendo que Edward me quisiese a mi tanto como yo le quería a el.

-Y bien, una vez finalizado el discurso quiero decir algo- mire hacia arriba sorprendida ante el giro del discurso, mas que giro, era una ampliación, porque a mi esa parte no me sonaba de los ensayos. Mire a Alice, la hermana de Edward, que le miraba negando con la cabeza. No la entendía, pero eso era casi una norma, "si alguna vez alguien comprendía a Alice, es que su cabeza estaba en un universo paralelo". –Hace seis meses mi vida cambio, si cambio. ¿Veis esto de aquí?- Edward saco de su bolsillo un sujetador… mi sujetador. ¿Qué demonios?... –Si- dijo mirando a sus amigos y riéndose, -esto es la señal de que mi apuesta, de nada mas y nada menos que 500 dólares, esta ganada señores. No hay nadie en clase virgen, y podéis preguntárselo. Seré muchas cosas, pero ladrón no. Fin- dijo bajándose se un salto del escenario para ser felicitado por sus compañeros.

Podía escuchar las risas de mi alrededor, como la gente me miraba divertida, como hacia 6 meses que no hacían por tener la compañía que tenia. Pero todo era mentira. ¿Una apuesta? ¿Eso es todo lo que alguna vez fui para el? ¿Una simple apuesta de 500 dólares? ¿Tan poco valía en esta vida mis sentimientos y mi cuerpo?

-No me puedo creer que haya sido capaz- escuche que decía Alice cogiendome por la cintura y arrastrándome a la puerta. No pude mas que quitarme sus manos de encima y mirarla con todo el odio que un día decidí no sacar.

-¿Lo sabias? ¿Tu sabias esto?-.

-Bella, yo sabia cual era su intención al principio, pero luego… yo te juro que pensé que el había cambiado…-.

-Lo sabias- dije terminando la frase que ella pretendía alargar.

-Bella por favor…-.

-No Alice, no más Bella- dije saliendo de aquel local que aprecia ahogarme a cada segundo que pasaba dentro.

Cogi mi bolso y corrí, corrí hacia mi coche, en aquellos momentos el lugar mas cercano que podía darme una cierta seguridad. Las lágrimas nublaban mi vista, mi cuerpo temblaba de arriba abajo y mi corazón parecía derretirse como la mantequilla al calor. Dolía, dolía hasta un extremo que jamás creí posible, porque nunca jamás pensé que aquello pudiese suceder.

Mire por el retrovisor como cuatro personas salían corriendo en mi búsqueda y se quedaban quietos al ver que el coche ya les llevaba una distancia considerable. Jasper, Alice, Emmet y Rosalie. ¿Lo sabrían los cuatro? ¿O solo Alice y Emmet por ser sus hermanos? Daba igual, en esos momentos me daba igual, porque no tenía intención de preguntárselo nunca. No pensaba volver, ni a verles ni a nada. Quería tener e mi mente a Forks como un pueblo olvidado.

La decisión estaba tomada, adelantaría mi vuelo a Washington a esa misma noche. A mis padres les dolería no pasar el último verano juntos, pero mas les dolería que lo pasaran viendo a su hija rota de dolor. Y después se instalarla en mi librería, esa que pensaba abrí cuando terminase la carrera de literatura inglesa en la universidad, en lo que alguna vez fue la casa de su abuela y le dejo en herencia junto a unos ahorros, que siempre pensó en guardar para invertirlos en su proyecto de futuro. Y ese futuro comenzaba ese mismo día.

Hoy…

10 años después, ese momento era un mal recuerdo del pasado que hasta ese momento creí haber dejado atrás, y que sol volvía a mi en mis peores noches cuando inseguridad volvía a mi.

Fueron 10 años duros, donde me gradúe con honores y pude abrir mi librería, esa con la que llevaba soñando desde que la idea paso por mi cabeza. Estaba situada en el centro de Port Ángeles, lejos de Forks pero no lo suficiente como para recordar que en apenas 2 horas en coche mis padres me esperaban.

Y como cambian las cosas. Te levantas una mañana pensando que todo puede ser como el día anterior, normal, relajado. Hasta que alguien abre la puerta de tu local y te descoloca el día, y los cimientos de tu vida.

-Buenos días- dije educadamente. Jamás podría olvidar a esa persona. Hacia 10 años que no lo veía, que no sabía nada, absolutamente nada de su vida, y hoy mi opinión no había cambiado, pero parecía que la vida no estaba dispuesta a colaborar. Temblaba entera y mis ojos le miraban con miedo, miedo de que me volviese ha hacer mal. Había cambiado mucho, pero no en lo esencial. Sus ojos seguían con ese color tan especial parecido al verde esmeralda y su cabello bronce parecía igual de salvaje que 10 años atrás, un salvajismo que le hacia extremadamente sexy. Su espalda era mas ancha y había crecido por lo menos 20 centímetros mas llegando a 1,90 de altura. Su piel seguía blanca, exactamente igual que la mía. En otros tiempos, ese fue un motivo mas por el que pensaba que estábamos hechos el uno para el otro, que encajábamos perfectamente. Me miro y supe por su expresión que el tampoco se había olvidado de mi.

-¿Bella? ¿Bella Swan? ¿Eres tu?- dijo detrás del mostrador señalándome. Su voz seguía siendo igual de suave pero con un toque más masculino. En otras circunstancias, me seguiría pareciendo el hombre perfecto.

-Isabella Swan, si- dije intentando mantener la compostura. Mis manos, debajo del mostrador, sudaban de los nervios y la tensión.

-¿No me recuerdas? Soy yo…-.

-Edward Cullen, si, se quien es-.

-No es necesario tanta formalidad. Nos conocemos de hace un tiempo, puedes tratarme de tu…- dijo extendiéndome la mano. Si quería mantener un cierto control, lo mejor para mi salud mental, y probablemente la suya física, seria no devolverle ningún tipo de saludo o gratitud.

-Disculpe, pero estoy trabajando. En cambio, yo si agradecería un cierto formalismo señor Cullen- al decir esa frase con tanta convicción, llegue a la conclusión de que mi voz era lo único que no temblaba. Mi voz, y mis ideas.

-Oh vamos. esa actitud no estará condicionada por nada… han pasado mas de 10 años Bella- dijo riéndose y quitándole importancia a un asunto al que yo le debía casi mi vida. Desde luego, los años no le había regalado la conciencia de pensar en lo que hizo con una persona.

-¿Tiene algo mas que decir? ¿Alguna petición para un libro?- pregunto Bella entre dientes odiando esa hermosa sonrisa que desplegaba para reírse de lo que ella consideraba doloroso.

-No… no era ese tema. Disculpa por reírme. Venia por…-.

-Edward, ¿tanto tardas en entregar una carta? Simon se esta… ¿Bella?-.

-¿Alice?- dije en apenas un susurro sin poder evitarlo al verla. Si Edward conservaba su esencia de adolescente, Alice seguía exactamente igual. A pesar de ser hermanos eran bastantes diferentes, tanto física como gestualmente. A decir verdad, parecía que solo compartir apellidos.

-¡Bella no me lo puedo creer! ¡Cuánto tiempo! Estas… estas… diferente. ¡Estas espectacular!- dijo acercándose y abrazándome, un abrazo, que por supuesto, yo no devolvió, y no evite por falta de tiempo. Ella se separo lentamente mirándome extrañada por mi comportamiento. -¿Te encuentras bien?-.

-Al parecer Bella no comparte la alegría de volver a saber de nosotros- dijo Edward y Bella le miro, ya que ese tono le recordaba a aquella noche, ese tono burlón e irónico de superioridad que a mi me revolvía las tripas.

-Es lógico que a ti no te quiera ni ver, pero a mi… yo no hice nada Bella, y hace 10 años de todo aquello-.

-Tu lo sabias- me limite a decirla. -¿Necesitan algo?-.

-Solo venia a entregar estos papeles a la dueña o dueño de la tienda. Tendrá noticias. Buenas tardes. Alice- dijo Edward esperando en la puerta abierta a que saliese Alice, que estaba a mi lado todavía mirándome a mí a su hermano con pena negando con la cabeza. Un gesto que me recordaba a momentos no muy agradables. Lentamente salio y la puerta quedo cerrada.

Me deje caer en la silla de golpe y respire lentamente intentando asimilar el momento tan surreal que acababa de vivir. Abrí los ojos en un intento de que fuese de noche y yo acabase de despertarme de un mal sueño, casi peor que todos los que llevaba teniendo durante años. Pero eso no pasaba, yo seguía sentada en mi librería con los nervios a flor de piel, y lo peor de todo, con la sensación de que todo había sido demasiado real.

Cogi el sobre que Edward dejo encima de la mesa y lo abrí sabiendo que dentro no podía haber buenas noticias, y no iba muy desencaminada. Leí la carta y la deje encima de la mesa mirándola con lágrimas en los ojos.

¿Cuántas veces te puede romper la vida la misma persona y cada vez de una manera más cruel?

La librería, lo único que la había ayudado a salir adelante del episodio más triste de su vida, en pocas semanas se convertiría en escombros a manos de la empresa de la persona que la hundió para hacer un complejo de oficinas. La ofrecían mucho dinero, demasiado quizá para lo que realmente valía todo aquello, pero las emociones y recuerdos que aquel sitio evocaban no se vendían, por lo cual su decisión estaba tomada, ella no vendía.

Era partidaria de que las segundas partes nunca fueron buenas, y viendo como había sido la primera, la segunda no presentaba indicios de ser mucho mejor.

Holaaa!Nueva historia tal y como prometí!Me apetecia mucho escribir una historia de este tipo y veremos que tal se nos da la imaginación y todo esto, pero espero que este adelanto os haya gustado y sigais la historia.

Tengo que deciros que este viernes me voy de vacaciones todo el mes y no tengo ordenador, asique hasta que vuelva no podre actualizar. Lo siento mucho pero no puedo hacer mas que avisaros de que probablemente esto se quede asi hasta dentro de un mes, o quiza mañana, si me da tiempo, suba otro.

De todas formas podeis seguir comentando y sugiriendo cosas, como lo que dije de que si quereis que escriba sobre algun tema en particular, solo hace falta decirlo, y si yo veo que puedo, lo hago sin problemas

Un besoo!