*Se abren los fuegos de Orodruin y aparece un balrog ensillado con una extraña figura sobre este* *Se escucha una risa malvada desde el jinete* *La risa malvada se detiene para una fea carraspera* *Se baja del balrog y le pone alarma*
— Ho mis queridos mortales, hacía tantos años que no nos veíamos. ¡Y he vuelto!... para hacerles sufrir nuevamente con mis OC. No coloquen esa cara de desprecio, si igual lo leen. Lo sé, mi Palantir/Stats me lo dice.
Les doy la bienvenida a conocidas y desconocidas lectoras, a mi nueva drama/tragedia. Disfrútenla.
Disclaimer: Como siempre nada me pertenece, todo lo que ustedes ven y sientan que lo conocen es que de hecho si lo conocen, es del maestro Tolkien. Todo lo otro es mío. Solo mío. Mi precioso~~
Resumen: Al Norte de la tierra media se alza los bosques de una antigua prole de Elfos. Su rey, el rey elfo del bosque ha vivido bajo la amenaza de un poder oscuro que mancha y mata sus bellos parajes. Alimañas nacidas de la oscuridad renacen y bajo un manto de dolor se llevan a todo lo que ha querido. Los milagros existen… aunque a veces no tengan memoria de ello.
Nota: Kohaku ya me pondré con la otra historia, no me mates, quiéreme :D
Los hijos del Bosque Negro
.-1-.
Año 1048. Tercera edad del sol.
La primavera está en su apogeo, los hermosos y altos árboles de los jardines reales se alzan majestuosos a la danza de una agradable brisa. El sol baña los senderos y arbustos de vivos colores, se ven mariposas de bellas tonalidades, y las fuentes que han sido construidas en estos paramos reales suenan al compás de la respiración de sus moradores.
Dos figuras se mueven tranquilamente por los senderos. Hablan en susurros como si sus voces pudieran romper la serenidad de los jardines.
Uno de ellos es alto, con un andar elegante y de porte majestuoso. Sus ropas son de plata y rojo oscuro, una corona de vivos colores adorna su lisa cabellera que destella bajo los rayos del sol.
Su compañero, un poco más bajo pero de andar tranquilo y calculado. Su cabello negro como la noche esta finamente entrelazado con hilos de oro. Lleva una armadura de cuero y plata que se ciñe con precisión sobre un cuerpo tallado en la batalla. El escudo del reino del Bosque grabado en el pectoral como símbolo de su jerarquía.
Ambos caminan atentos a los ruidos y a uno más que nada le ponían delimitada atención.
— Estas preocupado por nada, Thranduil- susurra de pronto el general mientras sonríe ante la cara pasmada de su amigo y rey.
— No me digas eso, Gilwën- respondió el rubio mientras hace un mohín poco elegante.- mi hijo está allá, afuera, siguiendo el rastro de un montón de orcos.
— Si, y con él van mis mejores hombres. Te preocupas demasiado, además, están completamente advertidos de que no pueden ir más allá del río. Y Legolas es demasiado buen guerrero para caer en una cosa así.
— A tenido a los mejores maestros.- sonríe el elfo con una sonrisa orgullosa en el rostro.
— Así es- responde Gilwën presuntuoso.
De pronto el ruido del que han estado pendiente se calla, lo que hace que ambos se detengan alertas a su alrededor. Se escucha el rumor de las hojas en el vaivén del viento, los pájaros cantar y los grillos a lo lejos. Pero el ruido especifico de su atención se ha apagado y eso les preocupa a ambos. Algo que han aprendido es que cuando hay silencio, hay peligro.
Es Gilwën quien da unos pasos rápidos cuando de pronto de un arbusto sale una figura pequeña y de cara llorosa.
Lleva su largo cabello rubio enredado y lleno de hojas, su carita esta roja por las lágrimas y sucia por la tierra en sus mejillas. Sus labios se fruncen como si estuviera conteniendo un largo sollozo y se mueve nerviosamente. Cuando sus ojos grises enormes, de pestañas kilométricas se fijan en el elfo moreno a pocos metros, estalla en llantos.
— Tío Gilwën, tío Gilwën- solloza la pequeña con las manos mostrando un pajarito que por los ojitos perdidos ha viajado al más allá.
— ¡Ho Pequeña, ¿Qué ha pasado?!- pregunta el hombre mirando al pajarito que yace muerto en sus manos sucias y pálidas.
— Salva al pajarito, tío Gilwën. Salva al pajarito.- solloza la niña.- el pajarito ha caído y no he podido salvarlo.- susurra con la voz rota por la pena. Gilwën toma al pajarito que frío ya no hay manera de traerlo de vuelta. Le cierra los ojitos y lo toma entre sus manos ante la mirada apenada de una pequeña demasiado inocente para comprender.
— Lo siento, pequeña- susurra mirando como los ojos se llenan aún más de lágrimas y silenciosas caen por sus pálidas mejillas.
— Meleth nin, no llores- susurra la voz detrás del general que se levanta aun con el pajarito en las manos.
— ¡Ada!- llora la pequeña corriendo hacía su padre que le toma en brazos con cariño- no he podido salvar al pajarito, Ada. No he podido.
— Ho mi pequeña- susurra el rey con cariño mientras le quita las lágrimas de las mejillas y le limpia la carita con ternura. La pequeña se abraza a su cuello hipando un poco.
— Yo quería salvarlo.
— Mi niña, el pajarito ha partido a cielos más azules y vientos más cálidos. Y allí nunca, nadie, le hará daño- le susurró acariciando su cabello y quitándole las ramitas que se le han pegado.
— ¿De verdad?- pregunto en un murmullo abrazándolo con fuerza.
— De verdad.- respondió dándole un beso en la mejilla.
— ¿Podemos enterrarlo, Ada?- pregunto con la voz trémula. Thranduil mira con una sonrisa apenada a un Gilwën que mira la escena enternecido por el cariño de la criatura por el pequeño pajarito.
— Sí, si podemos. ¿Dónde quieres dejarlo descansar?
— En el sauce- susurra.- entre las raíces para que esté protegido.
— Está bien, mi preciosa hojita. Entre las raíces para que le acunen.
Los rayos de sol se filtran entre las hojas cuando Gilwën le entrega el pajarito a la pequeña que lo deposita sobre un manto de hojas que ha recolectado. Lo tapa con cuidado y se preocupa de que no haya mala hierba ni nada que pueda molestarlo en su descanso. Cuando termina se aferra a las ropas de su padre y aunque quiere llorar, no lo hace. Porque el pequeño está durmiendo y está volando por cielos más azules y viento más cálidos.
— Está descansando, Ada- susurra mirando el pequeño montículo. Y el rey elfo sonríe a su pequeña.
— Sí, lo hace.
Ok. Esto ha sido hasta casi lindo. Pero como ven, yo amo la tragedia muajaja… en fin. ¿Qué primera impresión tienen? Espero que les guste y pasen a echarme la bronca. Amo que me amenacen de muerte :)
Cualquier error gramatical que les haya hecho llorar sangre por favor avisadme. Los quiero :D.
