En uno de los peores días de su vida, fue testigo de la huida de un asesino. Meses después lo reconoció y quiso enfrentarlo, pero entonces vino esa explosión. Ahora, en lo más recóndito de su mente se esconde una pista sobre sobre el paradero de ese asesino… pero no logra desbloquearlo. No digamos que Shura le facilita la vida.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Seika dijo que actualizaría Madness en estos días. Presionemos, gente, presionemos =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
"XVII. NEC SPE, NEC METU"
("Sin Esperanza, Sin Miedo")
Apertura: Recuerdos que duelen
Casa de Capricornio
Cercano al amanecer. 9 de mayo. 5:59 horas.
No digamos que Flos tuvo mucha vergüenza en entrar en Capricornio. Desde que se había dado cuenta de que el Santuario de Athena comenzaba temprano sus días, ella hacía lo mismo, y con su irrupción en la décima casa no temía despertar a nadie. Eso sí, la mujer estaba algo somnolienta: llevaba días con insomnio, pero por cansada que estuviera, tampoco tenía ganas de pegar ojo. Sin ir muy lejos, había pasado la noche en vela en la playa, el cual se había convertido su lugar favorito desde que Dohko la llevase allí hacía ya algunas lunas atrás. Le gustaba el océano…
… tenía pánico de meterse al agua, claro, pero adoraba las olas, y la ayudaban a pensar.
Hmm. Tendría que decirle un día de estos a Dohko que le enseñara a nadar. Parecía divertido.
En fin. Flos llegó hasta la columnata del templo y se apoyó en una de ellas, observando hacia el techo, sin dejar de maravillarse. Este nuevo mundo estaba lleno de asombrosas construcciones; aunque no opacaban en grandiosidad a su querida caverna, no dejaba de impactarla saber que eran construcciones humanas. Se ajustó la máscara de cuero sobre su boca y nariz y tras pestañear, comenzó a buscar al arconte de aquella casa, sin atreverse a cruzar el umbral.
No tuvo que esperar demasiado, Shura venía de salida.
"Flos. ¡Buen día! ¿Qué haces aquí tan temprano?"
Shura la saludó amable, recordando que no debía hablar muy fuerte. La mujer era una guerrera peligrosa y sabía bien que los renegados en el calabozo le tenían miedo y por algo la llamaban demonio rojo. Dohko había prohibido la entrada de su mujer a las catacumbas, pues temía que asesinara a los prisioneros. Él era el anciano maestro, alguna razón debía tener para haber decretado eso.
No obstante, sabía que a su modo Flos era delicada. No estaba acostumbrada a los gritos ni vozarrones, por lo que por cortesía trataba de moderar el volumen de su voz cuando la notaba cerca. La mujer venía de un mundo tan radicalmente diferente que no quería estresarla de sobra. Ya bastante tenía acostumbrándose a su nuevo clan como les decía. Flos asintió.
"¿Ya partes a tu cacería, Cazador Cabra?"
"En un rato. Tengo una nueva pista… nada concreto, pero vale la pena investigar."
"¿Tu rastro lleva a alguna de las piedras perdidas?"
"La pista dice que no. Por ende, creo que sí podría llevarme con mi objetivo." Shura entrecerró los ojos al ver la severa mirada de Flos. "Habla, mujer, ¿qué te pasa?"
Flos sacó de su morral la daga. Usó las manos desnudas, lo que le provocó cortes por toda la palma de la mano. La sangre, en vez de fluir, parecía ser absorbida por el cristal. No tenía su color rojo usual, sino que parecía haber perdido fuerza. Shura entrecerró los ojos y la miró lleno de curiosidad.
"Para que la daga funcione y pueda liberar cosmos, necesita la sangre de mi clan. Cuatro de mis hermanos de cacería sacrificaron su sangre para que funcionara." Flos hizo un puchero que quedó oculto por la máscara, pero sus ojos reflejaron su angustia y tristeza. "No dura por siempre, la daga está perdiendo su potencia."
"Pero… ¿y los dos cosmos robados que quedan?"
"Durarán más tiempo que la daga, pero si la daga pierde el color rojo… no podré liberarlos."
Flos puso un punto final a sus palabras, pero Shura tuvo la impresión que era un punto seguido. No necesitó hacer otra pregunta, no lo requirió. Solo hizo los cálculos mentales con la información que la mujer acababa de pasarle: si la daga perdía su color y se volvía transparente, no podría liberar los cosmos que aún estaban perdidos *sin* el sacrificio de su sangre.
No fue necesario que le dijeran lo grave que eso era. Flos, considerando su carácter, bien capaz era de dar toda su sangre con tal de completar su misión. Costara lo que le costara. Shura se irguió alto y decidido. ¡No iba a permitir que eso pasara! Ahora le tocaba a él hacer un esfuerzo cerca.
"¿Cuánto tiempo le queda antes que pierda su poder?"
"Hasta la próxima oscuridad total. Más o menos. Al menos si me rijo por los patrones de mi caverna."
Los cristales del techo de la caverna imitaban la luz del día y la noche. Cuando el sol estaba en lo alto, las piedras brillaban con esa intensidad, pero en la noche imitaban a la luna. Con oscuridad total, Flos se refería a la luna nueva… lo que en términos prácticos les daba poquito más de un mes de plazo.
Shura entrecerró los ojos.
"Tiempo más que suficiente."
Y con un movimiento de la capa, Shura pasó por el lado de Flos, fijando los ojos en el horizonte.
Hora de cazar en serio.
Atenas. Túneles del Metro.
11 de mayo, 7:56 horas.
Otro día comenzaba. Y sin embargo el soso movimiento del mar humano de personas rumbo al trabajo hacía de aquella mañana algo gris y extraño. Siempre que se subía al metro tenía la sensación de su cuerpo iba en automático, mientras que ella se quedaba como refugiada al fondo de su mente. Ni siquiera observaba a las personas, hacía años que no lo hacía: sabía que estaban allí, pero no las registraba. De pronto paseaba su abúlica mirada por los demás pasajeros, sin descubrir nada nuevo que llamase su atención.
Nada llamaba su atención.
Dejó escapar un suspiro vacío y bajó la mirada junto con sus hombros. Se arregló la blusa y sujetó mejor su bolso. Se afirmó mejor del poste y se dejó llevar por el metro, su constante bamboleo, y la rutina que se la comía viva todos los días.
Gabriela llevaba años sin lograr salir de ese estado. No por falta de ganas, sino por no poder encontrar ese algo que la hiciera sentir feliz. Era realista, no esperaba que el cielo, la tierra o el mar se abriesen en dos y de allí apareciera la solución a cada uno de sus problemas; tampoco rompimientos de gloria que cayeran de lo alto y la bañasen con la luz que le confiriera la iluminación, o el toque especial de la musa. No… Gabriela solo quería recuperar esa alegría que hacía tantos años le habían arrancado de su alma, como sacudida de su interior por fuerzas violentas y opuestas.
No estaba feliz. Su vida, como siempre, no tenía sentido. No era alegre…
Unos meses atrás incluso había coqueteado con la idea de saltar a las líneas del metro, pero ni bien había cruzado ese pensamiento por su cabeza lo había desechado por terror a lo que podría pasarle después en la otra vida. No quería matarse ni en broma, pero vivir en ese total estado de abulia y falta de esperanza la hacía sentir ansiosa. Al menos seguía sintiendo algo que fuese. Gaby tomó una buena bocanada de aire y miró al techo.
"Sin esperanza." Se dijo a sí misma, mientras el tren se detenía.
Quienes se bajaban en esa estación lo hicieron sin darle mayor importancia. El grueso de la gente se bajaría en algunas estaciones más. Sufrió un par de empujones y sacudidas, pero se mantuvo en su sitio. Se ajustó los lentes y sujetó su bolso, en lo que era casi un tic nervioso en ella. Siempre tenía que estar sujetando algo.
Uno de los pasajeros del metro iba con un periódico en la mano. Sin querer se fijó en la fecha… 11 de mayo. ¿Ya habían pasado cuatro meses? Sintió una tenaza en la garganta tan fuerte que hasta se la sujetó con una mano. Gaby se puso a parpadear a toda velocidad para no tener que derramar lágrimas, pues sintió sus ojos ardiendo.
¡Cuatro meses! El día anterior, 10 de mayo, se habían cumplido cuatro meses y ni cuenta se había dado. Bastó ese simple recordatorio y sintió como si le hubiera pasado tan solo minutos antes. Apretó los ojos con fuerza, tratando de no morderse los labios.
Gabriela luchaba todos los días contra un monstruo que no sabía si catalogar como depresión. Era el que le había robado la alegría y que desde que tenía catorce años que la atormentaba sin piedad. Sabía que en parte era su culpa, pero no encontraba la fuerza dentro para dominarlo. Ganas no le faltaban, de verdad que hacía un esfuerzo terrible por volver a encontrarle sentido a su vida. Había pasado por infinidad de médicos que bien poco habían podido hacer para ayudarla. Era sensible, lo cual era su principal problema, y aquella delicada alma se había visto sacudida con una violencia que la dejó tan desorientada que no lograba dar con sus ganas de vivir.
Obviamente tenía sus altibajos, temporadas buenas y malas. Ahora atravesaba uno de sus peores periodos, que había comenzado abruptamente cuatro meses antes, terminando de paso con una racha buena en la que incluso pensó que le había ganado por fin a la desolación, pero no había sido otra cosa sino una vil mentira.
A mediados del año anterior, había conocido un chico.
Trabajaba cerca de ella en un local de venta de celulares. Era carismático, venía de la isla de Creta y era poco mayor que ella. Un encanto de hombre, quizás algo suave de modales, pero sin duda una referencia entre quienes le conocían. La galanteó y ella se dejó enamorar, notando en sí misma un cambio que por primera vez en años la hizo sentir viva de nuevo. Gabriela se derramó de lleno en esa relación, dedicando mucha energía física y emocional a construirla y cuidarla, incluso atreviéndose a pensar en que sí tendría algún futuro con ese chico.
Se enamoró por completo.
… y le rompieron el corazón de la manera más bastarda de todas. Aquel 10 de enero, cuando se dirigía a un estacionamiento cercano (en esa época aún conducía) recibió un mensaje de texto del chico, que le decía que se había puesto de novio con una chica de su trabajo y que lo de ellos terminaba. Así tal cual.
Casi le dio un infarto.
De la impresión se había caído al suelo, pero tuvo la suficiente presencia de mente para hacer unas preguntas básicas, que por cierto, terminaron por liquidarla. ¿Desde cuándo la conocía? Llevaba galanteándola dos meses. Ella llevaba saliendo cuatro con él. Saquen sus conclusiones.
La pobrecita se quedó allí sentada en el frío suelo sin poder siquiera respirar, presa de un shock que nunca creyó posible. No supo cómo se puso de pie, pero lo hizo. Los recuerdos que tenía de aquél momento eran difusos. Solo tenía dos que eran muy claros: primero, el extraño y estrafalario grupo de hombres que pasó a corta distancia de ella huyendo (renegados supo después por la prensa) y segundo… aquella mujer quizás de unos cuarenta años que apareció de la nada: le quitó el celular de la mano y lo guardó en su bolso, mientras le dedicaba frases de consuelo que apenas escuchó, pues se largó a llorar en sus brazos como si no hubiera mañana. Ella la contuvo y de alguna manera la ayudó a llegar a su casa, en donde se pasó tres días sin poder salir siquiera de su habitación, excepto para ir al baño.
Gabriela nunca supo que la mujer que le quitó el celular había sido la diosa Hera. Quizás si lo hubiera sabido, no le hubiera extrañado tanto el hecho que en su trabajo ni la habían echado de menos: su jefe, bastante intrigado, le dijo que sí había ido a trabajar los últimos tres días y que si se sentía bien. Como fuese, ese rompimiento tan poco ortodoxo echó por la borda todo su progreso y la empujó a tocar un fondo incluso más bajo. Ahora no sabía si se estaba recuperando o no, pero ella misma se notaba algo mejor, dentro de su constante abulia y desinterés.
El metro se detuvo y Gaby se desperezó. Estación Syntagma. Esta era su parada. Forzó una sonrisa y abandonó el tren. Mientras caminaba por el andén comenzó a componer su rostro, y así tenerlo listo para enfrentar su nuevo día laboral. Volvió a ajustarse los lentes y, aunque fingida, no tenía una fea sonrisa. Siempre había un momento cuando se acercaba a la salida del metro y el aire fresco comenzaba a percibirse, que sentía que hasta podía creerse el cuento de ser feliz y…
Se detuvo. Totalmente alerta.
Gabriela miró a cada lado con esa sensación en la base de la nuca. Observó sus alrededores con una nueva agudeza, con los ojos afilados y penetrantes. No parecía haber nada malo con el metro: la gente se agolpaba, se amontonaba, se apresuraba a salir de la estación y llegar a sus destinos. Gaby inspiró una buena bocanada de aire. ¡Conocía tan bien esa sensación! Las manos se le helaron y casi por instinto comenzó a hiperventilar para aguantar la respiración todo lo que podía.
Sus ojos rápidamente comenzaron a danzar por toda la estación en busca de la salida de emergencia, o de posibles refugios. Y así se puso a caminar, demasiado pendiente de lo que la rodeaba. ¡La gente estaba tan normal! Era el mismo caos de cada mañana, pero ¡Algo Iba a Pasar! Lo sentía en la base del estómago, en su hígado, en su nuca y mente.
Recordaba algo similar… una plácida rutina, cuando ella era una chiquilla de apenas catorce y disfrutaba de unas vacaciones familiares…
"¡NO!"
Se largó a correr, presa de la necesidad de sobrevivir, viendo a su alrededor como un loco frenesí de formas. ¡Tenía que salir! Su visión era de túnel, solo tenía ojos para la salida, que se supone debería estar delante. ¡¿Dónde Estaba La Maldita Salida?!
¡PLAAAAAF!
"¡Fíjate por donde vas!"
"¡Perdón!"
Gaby se apresuró en disculparse, aunque no había sido su culpa. Era de aquél hombre quien había chocado con ella. La mujer lo vio unos instantes, que fueron suficientes para ponerla en alerta: la urgencia se notaba en los ojos del tipo, pero ella se sentía paralizada de solo verlo…
Flashback.
10 de enero.
Las manos le temblaban y apenas podía sostener el celular, pero al mismo tiempo no podía soltarlo. Había caído de rodillas al suelo, entre los autos, y hasta se había olvidado de respirar.
¿Qué cosa estaba leyendo? ¿La estaban cortando por MENSAJE DE TEXTO? ¡¿Qué clase de maldad era esta?! ¡¿Quién se creía que…?!
Un golpe seco no lejos suyo. Con los ojos inundados por las lágrimas, y abiertos en actitud de pánico, Gaby levantó la mirada. Había un hombre alto, de cabello negro, tez blanca y ojos grafito. Tenía cicatrices recorriéndole el rostro y las manos manchadas de sangre.
Lo vio sin verlo. Él no la vio, sino que siguió huyendo.
Gaby apenas giró la cabeza para ver en qué dirección se había ido y volvió a dejar caer los ojos sobre su celular al percibir la llegada de un nuevo mensaje, cuyo texto le desgarró aún más el corazón. ¿Acaso le iba a dar un infarto de la impresión? ¡¿Por qué no le daba de una vez y ya?! ¿Acaso los dioses se regocijaban con su dolor?
"¿Te parece si nos juntamos mañana? Estaré solo: así tenemos una despedida." Decía el mensaje.
¡¿NO QUE ACABABA DE CORTARLA PARA ESTAR CON OTRA?!
Fue cuando una señora le quitó el celular de las manos.
"No lo necesitas."
Fin del Flashback.
"¡Eres tú!"
Gaby dijo esto en voz alta, con los ojos muy abiertos, a medida que el hombre se alejaba. Pero al escuchar a la mujer se detuvo peligroso y en seco. Giró sobre sus talones y la miró furibundo: este era de aquellas personas que mejor no había que hacerlos enojar, pero Gabriela se irguió completa, sin esperanza quizás de seguir con vida, pero tampoco con miedo por enfrentar algo tan peligroso.
… Días después del infame rompimiento con su ex novio, cuando ya había logrado recuperar en algo la compostura, Gabriela vio a la pasada una noticia en la prensa. Al parecer un grupo subversivo había entrado a la fuerza a uno de los hospitales de la ciudad y atacado a su personal, asesinando incluso a dos personas. Por lo visto había acaparado la atención de los medios, pues la noticia ocupaba un par de páginas. En aquella ocasión había visto un retrato hablado de uno de los asesinos. Gaby, aunque había estado casi loca de dolor, se sorprendió a sí misma recordando al hombre que había pasado cerca de ella en aquél estacionamiento y que no la había visto por estar en el suelo y entre los autos, pues era muy parecido al del retrato. Tanta era la similitud que incluso denunció el hecho a la policía.
Obviamente esa pista no había llegado a ningún lado, pues ahora tenía al tipo delante de ella, presto a atacar como si fuera un toro de lidia. Gaby entrecerró los ojos y respiró con fuerza.
La gente seguía caminando como si nada pasara.
"¿Y tú quién crees que soy?"
"Te busca la policía."
"¿Y te crees que me preocupa la policía?"
Gaby sintió un tic en el ojo. No supo si asociarlo a miedo… era… era justo como el momento antes que la ola se dejara caer.
La masa de agua se le venía encima. El sujeto dio una zancada y la sujetó por el cuello.
Fue como si le dieran un golpe. Si bien es cierto que la tenían bien sujeta del cuello, sintió un golpe muy fuerte, que dejó tras de sí la sensación de que la habían dejado sorda. Gabriela estiró las manos hacia adelante para defenderse.
Comenzó a perder la capacidad de respirar. Las manos de aquél hombre le comprimían el cuello. Gabriela tuvo la noción de haberle dado algunos manotazos.
"Sin testigos." Gruñó el hombre desde la garganta.
Sus dedos se enredaron en algo que colgaba del cuello del sujeto… Gabriela aferró un objeto con sus manos. Sintió el distintivo sonido del tintineo de una copa de cristal y una fuerza poderosa que pareció estallar quizás de dónde.
Gaby se fue a negro.
Y solo entonces las explosiones sacudieron aquella estación de metro.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Sin Recuerdos Aparentes
… mirando a Alisa sin entender mucho. Hizo un puchero y se puso a temblar de miedo, notando como todo el cuerpo se le estremecía. Fue entonces que Alisa notó que tenía algo en la mano izquierda, y solo porque un brillito entre sus dedos llamó su atención. Dos hebras de cuero rotas por la fuerza sobresalían por entre el puño y con delicadeza la bombero la instó a abrir los dedos… Fue cuando la esclava de escorpión resonó con el objeto en claro reconocimiento de su naturaleza.
Era una de las piedras–cielo que faltaba por recuperar. Era un cosmo plateado…
Nota Mental: ¡LES AGRADEZCO TANTO VERLES AQUÍ! Lo de siempre, no los detendré mucho aquí. Ojalá que esto les haya causado suficiente curiosidad como para seguir leyendo. Ahora algo importante: no habrá doble posteo de capítulos, pues este fic es corto (lo lamento ;_;), así que intentaré extenderlo en el tiempo lo más posible. Ya me dirán cómo va quedando. Cualquier duda me la hacen saber. Una última cosa es que procedo a responder los comentarios anónimos que me dejaron en el último omake. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER Y BIENVENIDOS!
Nice, no te preocupes, la vida real tiene prioridad y eso lo comprendo. Ojalá que hayas podido cumplir bien con tu periodo de evaluaciones. Sobre Mu, todos sabemos que es un lindo y sobre Shura… déjalo, sabes que olvida cosas a veces. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En esta ocasión… pues viene de mi cabecita y una mini investigación.
Nec spe nec metu: Aparece en varios escudos de armas de nobles y reyes más o menos importantes. Como por ejemplo, en el escudo del Rey Felipe II de España. Se puede traducir como "Sin esperanza, sin miedo" o "Ni por esperanza ni por miedo." Es una frase de rancio abolengo que se repite bastante en libros y a lo largo de la historia. Es interesante seguirle la pista, si lo desean, y como ven… con esa simpleza, tiene bastante profundidad.
