Un nuevo estudiante

¿Qué pasaría si te enamoraras de la persona indicada, en el momento equivocado? ¿Si tu peor enemigo fuese el mismísimo tiempo o los prejuicios del resto del mundo?

"Quizá el destino sea una mentira, quizás lo único que quería era jugar conmigo…"

Ya era tarde, y comenzaba a dibujarse el ocaso en el horizonte. El timbre del colegio sonó. Las clases una vez más terminaban y todos comenzaban a irse. Nadie quería quedarse más de la cuenta, a menos de que lo hubiesen castigado.

—Kagome, el profesor quiere hablar contigo antes de irte. — Le informó la morocha a su amiga — ¿A caso ocurrió algo? Es la tercera vez en esta semana.

— No te preocupes Sango, no es nada. Vete sin mí, nos vemos mañana.

—Como quieras. Bye.

Sonrió mientras veía a Sango alejarse, luego se dirigió hacia el aula nuevamente. Al llegar allí, golpeó la puerta como era costumbre.

—Pasa Kagome... —Adivinando que era ella.

— ¿Y ahora que ocurre, Profe? —Se sentó sobre su escritorio, dejando a la vista sus largas y delicadas piernas, cruzadas entre sí.

—No hagas eso por favor. Si te llamé fue para algo importante.

—Lo nuestro es importante. —Sujetó la corbata del platinado entre sus manos y lo acercó a ella, atrapando sus labios en un repetitivo beso.

Se alejó sutilmente. — Ya basta. —Tenía que recobrar la compostura.

— ¿Qué ocurre?

—No podemos seguir haciendo esto. Debes detenerte, Kagome.

—No hemos hecho nada… aún. —Dijo graciosa, mientras volvía a acercarse a él.

— ¡Que ya basta, entiende de una vez! — Comenzó a caminar por el salón para evitarla.

— ¿Qué tengo que entender? — Fingió esa tonta credulidad una vez más.

—No te hagas la tonta. Eres la alumna con el promedio más alto, dudo que necesites que te explique lo que intento decir.

—Déjame ver… —Llevó su dedo índice hasta su barbilla, mientras miraba el cielo raso del aula. — Ya hemos tenido esta conversación antes. — Amenazó seria. —Y sabes bien lo que opino al respecto. ¡Estoy harta de discutir lo mismo!

—Entonces si lo entiendes, por favor acepta la realidad de una vez.

—Pero te necesito…

—Solo eres una adolescente confundida. —Suspiró. —Esta edad es muy difícil y te entiendo…

Lo interrumpió. —Ayyyy no me vengas con eso de que "la pubertad es una edad confusa, que sirve para experimental" y no sé cuanta mierda más… Yo sé muy bien lo que quiero… y es a ti. —Redujo nuevamente la distancia entre ambos y acarició suavemente su espalda.

—Detente… —Suplicó. —Esto no es tu culpa, pero debe terminar. —No estaba arrepentido del desencadenante de su relación, todo lo contrario. Pero debía poner fin por el bien de ambos.

—No fue culpa de nadie, no se puede culpar al amor. —Se abrazó a su amplia espalda.

— ¡Esto no es amor y lo sabes! —Volvió a alejarse.

—Me estás haciendo enojar. —No era mujer que fuera rechazada seguido. Esto comenzaba a molestarle.

—Soy yo el que debería decir eso. Entiende Kagome. Lo nuestro no puede continuar. —Dijo en un tono más dulce, como quien se despide cargando una gran pena. —Tú eres mi alumna, yo tu profesor, tengo 10 años más que tú.

— ¿Y eso qué? A mí no me interesa.

—Pero al resto del mundo sí. Si esto se llegase a saber, podrían expulsarte y me despedirían. — No le interesaba perder su trabajo, realmente quería salvarla de una situación inevitable a largo plazo. —Asique terminemos esto de una vez… y para siempre.

—Hace más de un año que tú y yo dormimos juntos. Más de un año que te acercaste a mí —Dijo fría, apuntándolo con su dedo—Si no nos han descubierto hasta ahora, créeme que ya no lo harán.

—No hay que tentar a la suerte. Hubo muchas ocasiones en las que estuvimos muy cerca de ser atrapado.

—Pero no fue así… —Volteó la mirada a otro lado. — ¿Pero sabes qué? Bien, como quieras… —Se sentía decepcionada y molesta. Ya no quería seguir perdiendo tiempo en pelas que no llegaban a nada.

— ¿Hablas en serio? ¿Cederás…?

—Claro… si tanto te avergüenza que esté contigo. —Estaba siendo sarcástica.

—No me mal entiendas, bien sabes que no es así, preciosa. Pero esto no es aceptable, ni bien visto.

—Pero…Te extrañaré. —Lo abrazó.

—Verás que no… eres joven, te enamorarás de alguien de tu edad que te hará feliz en serio.

— ¡Ohhh cállate! Yo te quiero a ti, no a otro… —Sujetó su cabello y lo acercó a ella, volviéndolo a besarlo.

—Te dije que…

Ella volvió a besarlo antes de que pudiera hablar —Esta será la última vez, lo prometo…Sessh —Lo abrazó por el cuello sin apartar sus labios y fugazmente rodeó con sus delicadas piernas la cintura del platinado. —Si esta será nuestra última vez juntos mejor que sea una buena… —Sonrió mientras le desabotonaba la camisa rápidamente, esta era su forma de decir adiós.

.

Al día siguiente…

— ¿Kagome te ocurre algo? ¿Por qué traes esa cara?

—Solo que no quería venir hoy, Sango.

— ¿Discutiste con el profesor ayer?

—Creo que eso hubiese sido mejor.

— ¿A qué te refieres?

—Nada, solo olvídalo.

—A veces siento que te guardas demasiadas cosas, Kagome. Recuerda que soy tu amiga, si algo está sucediendo, dímelo, no estás sola.

—Tranquila, Sango. No es nada.

—Como digas…—Dijo poco convencida.

—Por cierto… ¿No crees que hay demasiado alboroto hoy?

— ¿No leíste los mensajes en el grupo ayer?

— ¿En WhatsApp?

—Sí, donde sino…

—Estuve algo ocupada ayer. —Dijo apenada.

—Por lo que leí, hoy llega un estudiante nuevo…

— ¿Es broma? —Dijo emocionada. —Hace demasiado tiempo que no hay nadie nuevo, será interesante. —Sonrió.

—Pienso igual que tú. Pero vamos que ya tocó el timbre.

—Sí… —Ambas entraron al aula.

Sango susurraba por lo bajo. — El profe trae camisa celeste hoy, le queda tan sexy. —Mordió su labio inferior.

—Prefiero la de rayas.

—Anticuadaaaaaa.

—Ohh cállate, que sabes tú… —Rieron.

Algunos pensaran que está mal ocultarle cosas a mi mejor amiga, pero no podía simplemente decirle que estaba teniendo un romance con nuestro profesor. Sabía que empezaría a sermonearme y no tenía ganas de escuchar opiniones. Es mi vida, ¿no?
Además ya no tiene sentido que lo diga, puesto que lo mío con él "terminó". Pensó.

El profesor tomó su lugar y la clase del día comenzó. —Clase…Hoy como algunos deben saber, llega un nuevo estudiante, háganlo sentir bienvenido. —Sonrió ampliamente como solía hacerlo a veces y como una aparición junto a él, ese misterioso chico nuevo del que todos hablaban hizo su gran entrada.

Kagome apenas si lo vio, estaba sumida en su mundo o mejor dicho en de Sesshomaru y en su perfecta sonrisa. "No sonrías así, tonto." Pensó, mientras trataba de no verlo. Esa sonrisa de lado era su debilidad.

— ¿Kagome?

— ¿¡Sí!? —Dijo volviendo a la realidad al escuchar que la llamaba.

— ¿Te sientes bien? Estás toda roja.

—¡Claro que estoy bien! —Gritó nerviosa. Lo que provocó que se rieran de ella.

—En ese caso, ya que eres la delegada del curso, te pediré que en el receso le enseñes la escuela a nuestro nuevo compañero. Suerte…

—Claro… — Dijo resignada. Era extraño pero le dolía verlo. Aunque en el fondo no estaba segura si se sentía realmente enamorada, su corazón no dejaba de sobresaltarse cada vez que le hablaba, la miraba o le sonreía.

—Oye Viejo, te dije que no necesito un guía para conocer esta mugrosa escuela. —Como un cristal rompiéndose, Kagome salió de su burbuja de sueños y dirigió la atención a la nueva voz que se oía por primera vez.

—Tonterías, te perderás si andas por ahí solo. —Repuso el profesor y luego revolvió el cabello del chico nuevo.

—Te dije que no hicieras eso. —Quitó su mano— Eres un pesado y esta escuela apesta.

Kagome estaba indignada ¿Cómo te atrevía ese tonto a hablarle a Sesshomaru así?—Se levantó de su asiento furiosa por lo que oía y golpeó con fuerza su mesa. —Eres un mal educado. Si no tienes nada productivo que decir mejor cálla… —Pero sus palabras quedaron suspendidas en el tiempo. Se quedó helada apenas vio con atención, por primera vez desde que había atravesado el umbral, al chico nuevo. Había estado tan perdida viendo a Sesshomaru, que no notó que ese maleducado era igual a su amado a él. Unos años menor obviamente. — ¿Es una broma…? —Se quedó boquiabierta por el parecido entre ambos. Demasiado para ser coincidencia.

—Tranquila Kagome. Creo que empezamos con el pie izquierdo. Déjenme explicarlo mejor. Él es mi hermano Inuyasha y desde hoy vendrá a este instituto.

— ¿Her-ma-no? —Dijo atónita. Aunque parecía que la pregunta iba exclusivamente dirigida a Sesshomaru.

—Se nota el parecido ¿no? —Le respondió divertido.

La azabache regresó a su lugar al instante. Estaba demasiado sorprendida como para decir algo.

—Siéntate donde quieras, Inuyasha.

—Ajá… —Dijo de mala gana y se sentó junto a Kagome.

— ¿No tenías otra lugar para ir? — Dijo la chica indiferente.

—Me gustan rebeldes. —Le susurró al oído.

—Te equivocaste de persona entonces.

—Sé lo que eres. Siempre fingiendo detrás de ese disfraz de Ángel… No eres mejor que yo, preciosa…

"Preciosa" Pensó… La única persona que la llamaba así era Sessh y sin darse cuenta, instintivamente giró a verlo ¿A caso él le había dicho a su hermano del romance entre ambos? o ¿qué la llamara por el mismo apodo era solo coincidencia? Se horrorizó, tendría que seguirle el juego al "hermanito" si quería mantener su reputación de chica perfecta intacta. No podía negarlo, ese idiota la había leído por completo.

—Interesante…—Dijo arrogante al verla palidecer.

— ¿Qué quieres de mí? — Interrogó irritada.

Inuyasha sonrió. —Nada.

—Bueno basta de charla comenzaremos con la clase…— Declaró el profesor.

A la salida del colegio…

Al igual que todos los días el timbre sonó y el salón quedó vacío, a excepción de dos personas.

— ¿Qué ocurre, Kagome? ¿No te vas aún? —Se sentía preocupado al verla tan perdida en sus pensamientos.

— ¿Es una broma o qué? Porque la verdad no entiendo tu juego. —Dijo finalmente.

— ¿A qué te refieres?

—No finjas… lo sabes.

Sesshomaru desvió su mirada al suelo. —Es sobre Inuyasha, ¿verdad?

Ella asintió. — ¿¡Le dijiste de lo nuestro!?

— ¡¿QUÉ?! —La pregunta lo sorprendió. — ¡Claro que no! ¿Qué clase de hombre crees que soy?

—Uno que me abandonó a mi suerte…

—Conoces muy bien la situación. Por favor Kagome, no empieces de nuevo. ¡Tengo 27 año, tu 17! ¿Ves la diferencia? Además ya eres otra, no me necesitas más.

— ¡Sí te necesito!

Se acercó a ella y la abrazó. – Comprende que es mejor así. Esto podría traerte más problemas que soluciones.

Una lágrima escapó presa de sus sentimientos. — Lo sé… —Balbuceó triste y se separó de él.

—Entonces… respecto a Inuyasha, ¿No quedaron dudas cierto?

— ¿Por qué no me dijiste que tenías un hermano?

—No vi necesario tocar ese tema.

—Sabes algo… tú y él son muy parecidos y diferentes a la vez. —Un escalofrío recorrió su cuerpo.

—Lo sé… Pero él no tiene mi encanto. —Dijo en broma.

—Tonto. —Lo empujó suavemente.

—Es mejor que te vayas o se hará tarde.

—Sí, lo sé. Nos vemos mañana, Sessh.

—Ve con cuidado.

Kagome sonrió y salió del salón corriendo. Estaba demasiado feliz. Al fin y al cabo las cosas no habían cambiado tanto. Todavía no estaba dispuesta a darse por vencida, esto solo era un entretiempo. Estaba segura que haría que el platinado vuelva a sus brazos, era solo cuestión de tiempo.

Sesshomaru buscó sus cosas y se encaminó a la salida de la institución. Junto a la puerta estaba Inuyasha, cruzado de brazos y apoyado en la pared, esperando por él.

— "Sessh" —Dijo repitiendo lo que la azabache había dicho. — ¿Desde cuándo tus alumnas te dicen "Sessh"? —Interrogó irónico, casi burlándose.

Sesshomaru estaba atónito, sin embargo era necesario que lo disimulara. —No te enseñaron que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas. — Continuó su camino hasta su auto como si nada.

Inuyasha lo siguió desde atrás. Manteniendo una distancia prudente. — No respondiste mi pregunta… —Ambos subieron al vehículo y se pusieron en marcha.

—Ella solo estaba siendo agradable. —Respondió con la vista fija en el camino.

— "Agradable" —Rió exageradamente. — ¿Así lo llaman ahora? No creas que puedes hacerte el tonto conmigo… Pero si te tranquiliza, confesaré que solo escuché el final de su conversación.

De cierto modo si era un gran alivio. — No te hagas ideas equívocas, Inuyasha. —Trató de persuadirlo — Además ¿Qué hay de ti? Podrías disimular más, apenas fue la primera clase y cada vez que te veía, estabas observando a Kagome de reojo.

— ¿Y qué hay de malo con eso? ¿Está prohibido? Además no tengo intensiones de disimular. Ella me gusta… —Dijo con una sonrisa algo sádica, tal vez.

—No, no está prohibido, pero… —Se quedó mudo.

— ¿Pero?

Sesshomaru detuvo el auto de golpe y volteó a verlo. —Escucha Inuyasha, Kagome es una chica buena y especial y tú tienes mala reputación, será mejor que no te enredes con ella, mantente alejado.

— ¿Por qué tanta preocupación por una simple alumna?

—Lo que intento decir es que no juegues con ella. ¿Entendido? —Suspiró, esta conversación parecía un dejavú de cierta forma. —Solo mantén la distancia, por una vez…

—No prometo nada… —Sonrió malicioso. Dejando al otro más preocupado aún.

—¡Siempre haces lo mismo, ya es tiempo para que madures! No puedes estar cambiándote de colegio cada vez que te metes en problemas. Además mi nombre está en juego esta vez. Eres mi hermano, da una buena impresión, por favor.

—Relájate, prometo no golpear a nadie aquí.

—En realidad preferiría que te alejaras de cualquier clase de problema, no solo de las peleas. —Volvió a encender el auto y continuó su marcha.

—Eres demasiado molesto, ¿sabías?

—Solo intento protegerte.

— ¿Protegerme de qué?

—De ti mismo.

—Ni que fuera Masoquista.

—De cierto modo… —Dijo dudando.

—Ohhh, cállate y conduce.

Rió. – Sólo bromeaba…

Continuará...