Nota de autor: Evangelion no me pertenece
Sus entrañas estaban sangrando, el atardecer carmesí se desplomaba sobre los tejidos desgarrados del Ángel, apenas un sonido de mutantes se alojaba entre las hierbas ya crecidas a través del invierno, y los grillos se iban por el caño junto a la vida que necesitaba. El EVA hizo movimientos poco gráciles como embriagándose en su cansancio.
Rei abrió los ojos, recordando el día anterior le distrajo de su meta actual: prepararse para la escuela. En su estado de desnudez recorrió el pequeño departamento, sus paredes raídas, medianamente limpio, aspiró el olor a detergente que se filtraba del baño, recogió las ropas que anoche dejó esparcir en el pasillo, y se detuvo frente a la ventana sin realmente pensar en algo. Observó a las personas circular en la mañana fresca, minutos después sus ojos vagaron sin mayor interés sobre el uniforme escolar plegado en la cama aún deshecha. Presentía la súbita revelación hacerse carne y huesos en alguna esquina del mundo acompañada del guiño de su propia muerte. NERV la reemplazaría como aquellos muñecos en las vitrinas, en el laboratorio hay muchas Rei; algo en su mente quiso protestar, la jeringa que no da con la vena. Alargó su brazo hacia las afueras, sus vellos erizarse con el viento, una imperceptible mueca se delató en su rostro no especialmente grande, sólo se sentía pedir más, sus dedos intentando alcanzar una realidad distante. No había nada, era una mañana de lunes en Tokyo.
Eso está bien. Sólo en ese caos encontraba la seguridad que le facilitaba la cotidianidad de un día a día, conocía la tristeza, pero no distinguía la desesperación; parpadeando tres, cuatro veces, tomó su uniforme acariciando sus bordes, quitándole invisibles arrugas, quizás si hoy no dejan mucha tarea con suerte no estará cansada para conducir los simuladores correctamente.
Gracias por leer
