Inglaterra quitó los cupcakes del horno. El olor de la comida recién horneada inundó sus sentidos, y su constante sonrisa se ensanchó. Adoraba cocinar ese tipo de dulces. Los comería, pero todavía no quería morir.
-América~-canturreó, llamando a el chico que descansaba en el sofá.
El estadounidense se giró para verlo, y se revolvió los cabellos oscuros.
-¿Qué quieres?-gruñó, ya que el inglés acababa de distraerlo de su partido de béisbol.
-Acabo de cocinar cupcakes…
-De nuevo-susurró el americano.
-… Y me encantaría que los probaras. ¿Lo harás, verdad?
El de ojos rojizos lo miró con su mejor cara de malvado, dispuesto a decir que no, pero la sonrisa de Inglaterra se lo impedía.
No porque era una sonrisa increíblemente tierna.
No, era una sonrisa que reflejaba el psicópata interior que era Inglaterra. Podía parecer la sonrisa de un niño tierno, pero en realidad, tras esos ojos celestes se escondía un demonio que prácticamente gritaba "Si no comes uno, te castro".
Estados Unidos se removió incómodo en el sofá. Si decía que sí, Arthur lo atragantaría con comida y sin duda moriría por intoxicación. Si decía que no… No quería ni pensar en lo que pasaría.
Debía pensar en algo. Y rápido.
-No tengo hambre-dijo de forma cortante.
-Mentiroso-dijo el de cabello más claro, sin perder la sonrisa –Tú siempre tienes hambre.
-Inglaterra…
-¿Sí?
-Sabes que no quiero morir todavía.
El inglés bajó la mirada. Seguía sonriendo, aunque esta vez era una sonrisa bastante triste. El de piel morena suspiró pesadamente y se levantó para ponerse frente a Arthur.
-Si algún día quisiera suicidarme, mi primera y única opción sería uno de tus cupcakes.
Inglaterra volvió a sonreír, feliz y psicóticamente.
-Seriously?
-Yes.
-I love you, Alfred~
-Um…
-¿Um…?
-Yo no.
Arthur sonrió.
-Yo te amo más, y punto.
Estados Unidos rodó los ojos, mientras el loco inglés se arrojaba arriba suyo. Si no moría por su comida, lo haría asfixiado por sus abrazos.
…..
Más amor a esta pareja (? Son raros, pero adorables :D
