Le llamaban "El Ángel de la Oscuridad" y "Príncipe del infierno", el único nombre al que él respondía era Castiel.
Tuvo que taparse los ojos, la luz era tan gratificantemente molesta, miro a derecha e izquierda, todo a su alrededor estaba destrozado ¿Así era todo allí arriba?
Comenzó a caminar sin saber bien a donde ir, a su alrededor todo eran árboles caídos y plantas muertas, oyó un leve graznido, aunque él aun no sabía que significaba esa palabra, se encamino hacía el lugar de donde provenía tan interesante sonido y se acuclillo ante un cuervo que había caído al suelo.
-¿Problemas amigo?- Le susurro mientras acercaba una mano para tocarlo, el cuervo volvió a graznar y le pico la mano, los ojos del pájaro se llenaron de ira, Castiel ladeó la cabeza mirando al huraño cuervo con curiosidad, se levanto y se alejo del animal que siguió en el suelo.
Caminó un par de kilómetros sin dirección fija, no sin parar ante todo aquello que llamaba su atención, la superficie era hermosa, era mucho, mucho mejor que cualquier descripción que le había dado su padre y ni siquiera había salido de aquella especie de bosque en Illinois.
-¿Piensas pasarte aquí el resto de tu existencia?- Castiel se giro, pero no vio nada a sus espadas.- Tan lento como siempre.
-Padre.- Dijo firmemente mirando al frente, ante él el Rey del Infierno, quien le había traído a la superficie, su padre, Crowley.
-¿Qué te parece esto? ¿Mejor que el infierno, eh?- Castiel asintió, sí claro que era mejor, pero no estaba ahí de vacaciones, ahora venía la parte en la que su padre le decía lo que tendría que hacer si no quería volver al hoyo.- Creo que te he criado bien ¿Lo he hecho verdad?
-Sí padre.- Respondió mirando a sus ojos.
-¡Demuéstralo!- Grito Crowley antes de sonreír-Perdón hijo, no quería gritarte, bueno si quería, pero es por el estrés, ya sabes es lo que tiene el poder.- Castiel volvió a asentir.
Si había algo que sabía que era mala idea era entablar una conversación con su padre.
-Bien, pues estando tan bien criado.- Se acerco a su hijo y le puso una mano sobre el hombro.- Sabrás que no estás aquí de vacaciones.- Castiel lo sabía.- A costado mucho sacarte de abajo, con alas y todo.- Crowley movió las manos por encima de sus hombros como si dibujara unas alas.- Eres hombre, o ángel, o lo que sea, de pocas palabras ¿No?- Él siguió callado con la mirada fija en su padre.
El graznido de un cuervo le hizo levantar la vista, con las alas desplegadas como burlándose de Castiel el pájaro los sobrevoló.
Crowley también lo miro, con un chasquear de dedos hizo que callera sin vida al suelo.
-¡Qué has hecho!- Lazó un grito ahogado Castiel cuando el pájaro golpeó el suelo a pocos metros de él.
-Es lo que le pasa a la gente que se burla de mi familia.- Crowley junto sus manos señorialmente por detrás de él, colgándose la medalla de padre del año.
-Era un pájaro padre, no se burlaba de nadie.- Castiel se separo de él y se acuclillo junto al cuervo.- ¿Esta vez me morderás si te toco?- Preguntó acercando la mano al pájaro sin vida.
-¡Castiel!-Le chillo su padre que no se había movido de su posición.
Él no respondió, tocó al pájaro y casi al instante sus ojos volvieron a cobrar vida, Castiel no pudo reprimir una tímida sonrisa, el pájaro no se lo agradeció, el animal ni se paró a reparar en quien le había devuelto a la vida.
Él, un cuervo negro de ojos penetrantes y grandes alas había recibido el don de la resurrección y todo por haberse burlado de un ángel rebelde ante su padre.
Sin emitir un solo sonido el pájaro voló, voló alto y voló lejos.
-Eres mi orgullo hijo mío, pero tu corazón va a ser tu gran problema Castiel.- Se lastimo su padre acercándose a él.- Ya lo veras.
Antes de que pudiera replicar, cosa que por otro lado no iba a hacer, el Rey del Infierno se había evaporado, "olvidando" darle su misión a Castiel.
Caminó tan solo cinco minutos más antes de encontrar un edificio, el primero que veía en su larga existencia, una gasolinera.
Entró, quería conocer a alguien, "su primer humano", pero allí no había nadie, busco algo interesante por la tienda, comida y bebida que no necesitaba, aun así echó un trago a una botella que lucía llena de polvo con una etiqueta de "Jack Daniels", no sintió nada y no entendió porque las almas que llegaban al infierno hablaban tanto de esas bebidas.
Cerca de la botella encontró unas revistas de pornografía, ni siquiera se molestó en ojearlas.
Con paso firme y bastante decepcionado salió de la gasolinera, quería encontrar una ciudad, un pueblo o una aldea, quería ver a los humanos, a los buenos los que nunca irían a la morada de su padre, y a los malos los que ya tenían un sitio reservado allí abajo, quería hablar con uno, todavía se acordaba de la última vez que había hablado con una alma.
Tenía que torturarla mientras Alastair era enviado a la superficie, no era la primera vez que lo hacía, era el Príncipe del Infierno estaba claro que eso entraba en sus obligaciones .
Esa alma no podía estar más rota, más desesperada, estaba perdida, no merecía estar ahí abajo, había llegado por el engaño de un demonio como tantas otras.
No recuerda como acabo hablando con el alma de aquel hombre, después de esa vez volvió otra vez y otra, hasta que el alma no aguantó más y le cambio el puesto a Alastair y sus ojos se volvieron negros, y Castiel sintió… Sintió que no quería volver a hablar con él.
Se apoyó en la fachada de la gasolinera y miro hacia el cielo, el lugar donde vivían los ángeles ¿El lugar donde el debería vivir? Una parte de él le decía que sí, la otra se reía en su cara, su sitio estaba en el infierno con su padre, él no era un ángel, era una blasfemia andante.
Un gato paso corriendo por delante suyo capturando su atención, no huía de nada, no perseguía nada, simplemente corría, corría porque podía, porque era libre, como él lo era ahora, al menos por el momento.
Sonrío y siguió caminando, esta vez por el camino de tierra que hacía de carretera, sus zapatos levantaban polvo a su paso, sabía que tenía el poder de teletransportarse pero no quería hacerlo, además ¿Qué iba a hacer? ¿Aparecer en mitad de una ciudad? Ni siquiera sabía que había por ahí, no, no se teletransportaría, andaría, andaría por ese camino de tierra hasta llegar a alguna parte o encontrar a alguien y después de eso, bueno ¿Quién sabe? Su padre le había concedido un tiempo libre al desaparecer, y una cosa estaba clara cuando él volviera a aparecer, que lo haría, las "vacaciones" de Castiel tocarían a su fin.
No pasó mucho tiempo, o a él no se lo pareció, hasta que Castiel llego a un pueblo llamado Pontiac, había gente por sus calles, la noche empezaba a cubrir el cielo y muchos volvían a sus casas, otros estaban comenzando a salir.
Sin saber dónde ir deslumbrado por la actividad del pueblo Castiel comenzó a moverse por las calles, cruzando de una acera a otra, observando los coches parados, las casas y comercios a cada lado de la acera, fue en un cruce donde un hombre con un maletín y un abrigo negro choco contra él casi derribándolo, no salió ni una palabra de la boca del caminante, Castiel lo miró mientras se alejaba corriendo, era su primer contacto con un humano, con uno vivo, y no había sido muy agradable, pero no le decepciono, al contrarío casi le reconforto.
Lo que no fue tan reconfortante fue volver a la realidad con una larga hilera de coches tocando el claxon para que moviera su angelical culo del cruce.
Alguien apoyó la mano en su hombro y le movió hacía delante dejándole en la otra acera.
-¿Querías suicidarte?- Hablo el hombre.- Porque sé un par de maneras mejores.
-Como ir a cazar tú solo sin avisar.- Murmuro otro hombre, más alto, tras él.
-¡Te quieres callar Sam!-Se giro gritando el primero- ¿Podemos discutir eso luego?- Volvió a girarse sonriendo a Castiel.- Soy Dean, y el gigantón es Sam.
-En…Encantado.- Respondió Castiel, no sabía a qué se había referido con "gigantón" su autentica forma era mucho mayor que la de ese humano.
-Bueno, pues hasta la próxima.- Se despidió Dean alejándose, pero Sam no se movió.-¡Venga!
-Oye, no nos has dicho tu nombre.- Sonrío al ángel.
-Me llamó Castiel.- Respondió él.
-Pareces un poco perdido Castiel ¿Eres de por aquí?- Pregunto Sam, Dean se impacientó de esperar y volvió atrás al lado de Sam.
-No, la verdad es que vivo bastante lejos de aquí.- Contestó, en realidad ese humano sí que era bastante alto.
-¿Quieres que te acompañemos a un hotel?-Siguió preguntando amablemente Sam.
-Oye, un momento.- Dean agarro al alto de la cazadora y lo alejo de allí haciendo un gesto a Castiel para que esperara.-¿Ahora somos hermanitas de la caridad?- Un tono de enfado se notaba en su voz, era gracioso que hablara entre susurros porque Castiel lo seguía oyendo perfectamente.
-Dean ¿No lo ves?-Él negó como respuesta.- Esta perdido.
-Bien ¿Y?- Cada vez estaba más cansado de esa conversación, lo único que Dean quería hacer era volver a la habitación de su motel, quitarse los zapatos y tirarse encima de la cama hasta que otra horrible pesadilla viviente le obligara a levantarse.
-¿Y? ¡Y que todo lo que está perdido acaba siendo algo sobrenatural!- Él lo miro con cara de pereza y se froto la frente.- Puedo sentirlo ¿Vale? No es normal.- Dean suspiro.
-Está bien, pero que conste que no me has convencido tú.- Dijo Dean y se dirigió de nuevo hacía Castiel.
-¡Espera!- Pero no espero, Sam quería saber que había convencido a Dean, pero no lo descubriría.
Había sido algo simple en lo que poca gente repararía, en todo el rato en el que habían estado hablando Castiel no había cambiado de posición, ni había parpadeado, Dean ni siquiera estaba seguro de que hubiese respirado. Cuando nadie le miraba, cuando él creía que nadie le miraba, dejaba de actuar como un humano.
-Bueno amigo.-Dean le dio una palmada en el hombro a Castiel.- ¿Vienes o no?
