Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a M. Kishimoto. La trama, sólo mía.

Notas de autor: Sí, actualizaré mis otras historias, lo prometo. ¿Cuándo? Antes de que se acabe el año. Bueno, esta historia nació de una inspiración musical, de una canción que me flechó, llamada "Marcas del ayer" de Adriana Mezzadri. Sin duda, esta canción toca un punto importante en este fic. Les dejo leer...

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Como el ave a la libertad

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Por Lux Lunar

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"Cada día me pregunto, ¿y si nunca te hubiera olvidado? ¿Habría entonces podido salvarte?"

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Después de hacer el berrinche de su vida, Yamanaka Ino cerró la puerta de la habitación de golpe, haciendo que todo temblara a su alrededor. Empezó a caminar de un lado a otro, tratando de entender cómo era posible que la hubieran relevado de su cargo como líder del equipo médico. Es sólo que, había viajado para esto, casi sufre una insolación, se había preparado como nunca, tan sólo para escuchar: 'Tranquila, ya veremos en qué puedes ayudarnos mientras estés aquí'. "¡Era una maldita broma!", pensó, agarrándose la cabeza para no estallar en otra rabieta.

Enseguida pensó en buscar al responsable. ¿A quién se le ocurrió semejante estupidez? Y como si un rayo del cielo le hubiera caído a la cabeza, la imagen de Kazekage apareció en ella. "¡Él, tuvo qué haber sido él!". Toda asignación pasa por sus manos, debió darse cuenta que ya estaba ahí para el trabajo, y aún así tomó la decisión de destituirla. "Ni siquiera le había dado la cara el muy… ¡agrr!", se quejó la rubia internamente, y sin poder esperar más, salió como alma endiablada de la habitación de huéspedes, directo a la torre del Kage de Suna.

Esa mañana, Gaara firmó el permiso para que el escuadrón médico partiera al País del Rayo, en ayuda a los heridos que sufrieron del turbio ataque suscitado hace cinco días, por miembros de una organización criminal de alta peligrosidad. Esto, se había interpuesto en los arreglos que debían llevarse a cabo para la conmemoración de la fundación de la aldea de la arena, que se festejaría en diez días.

El Kazekage supo que sus planes tambaleaban con este grave acontecimiento. Enseguida recordó que aún no estaba terminado el diagrama de seguridad del evento, y se dispuso a buscar entre el papeleo de su escritorio el plano. Cómo le hubiera gustado que Temari y Kankuro estuviera en la aldea ahora. A Matsuri y a los demás subordinados ya los tenía hasta el tope de obligaciones. Estaba solo y atiborrado de pendientes. No era su mejor momento. Pero Gaara trató de no ser negativo, sabía que todo se organizaría, tarde o temprano.

En ese instante vio que abrieron la puerta sin que antes haber llamado, y vislumbró entrar a una persona totalmente desconocida.

La rubia se acercó a él, con presura, logrando que sólo el escritorio los separara.

—¿En serio, Kazekage? ¿Para esto solicitó mi transferencia?

A Gaara esto lo tomó desprevenido. Sus mejillas se ruborizaron ligeramente mientras sus pupilas atraparon el rostro enardecido de aquella rubia, a quien a primera vista, no reconoció. Le observó la cara, el cuello, tratando de recordar, pero no encontró la conexión.

—No entiendo… —indicó, pero fue interrumpido, cuando Ino apoyó ambas manos sobre el escritorio, con fuerza, y le miró a tan corta distancia.

—¡Hice un viaje de tres días a mi lugar menos favorito, porque su jefe de escuadrón médico requería con urgencia mi colaboración! ¡Y ahora me han excluido como si fuera la niña gorda del equipo de natación! ¡Esto debe tener una explicación, una muy lógica y enorme explicación!

Gaara no podía apartar la mirada de esos ojos chispeantes que parecían quemar. Tenía qué reconocer que temió por un momento, segundos, quizá. Luego se compuso, y quiso entender lo que significaba eso de estar en su 'lugar menos favorito', lo que suponía, era el desierto que constituía la aldea de la arena. Por lo mismo, adivinó que era extranjera, aunque, podía jurar que la había visto en algún otro lugar. Punto y aparte, lo que no entendió fue la parte donde decía ser integrante del escuadrón médico de Suna. ¿Un refuerzo? Era imposible. Él revisó el formulario de la misión y conocía todos los nombres de los miembros.

Algo en todo esto no encajaba. Primeramente, no sabía quién era ella.

—¿Usted es…? —cuestionó, sin afán de ofender.

Como si hubiera recibido una bofetada más para su supuesta humillación, Ino se conmocionó. Esto le caló más a que la hubieran relevado del cargo de capitana en la misión. Entrecerró los ojos, incrédula. "¿Qué diablos? ¿No la recordaba?". Parecía ser un chiste, pero pronto reconoció que no lo era. Su expresión le aseguró que hablaba en serio. Ino abrió los labios para quejarse, pero no pudo; los cerró de inmediato y los apretó. Tragó saliva y se alejó del escritorio, tratando de mejorar su postura. Le temblaron los ojos, y con esfuerzo, intentó denotar su orgullo.

Gaara esperó que dijera algo, pero esperó en vano.

—Lo siento, señorita, si esto ha sido un error de nuestra parte, se emendará en un instante. Tiene mi palabra.

—No se moleste, no creo en su palabra.

Dicho esto, Ino le dirigió una mirada fulminante y enseguida giró sobre sus talones para encaminarse a la puerta.

Gaara no movió ningún músculo hasta que la vio desaparecer por la puerta. "¿Qué había sido todo eso?", se preguntó, como si hubiera sido irreal, porque no encontró coherencia. De pronto se sintió preocupado de que no estuviera enterado de algunos movimientos que se hubieran hecho en la aldea; esto, al parecer, sin su permiso. Debía hablar con el director del hospital para pedir una aclaración. No, ahora, debía encontrar ese plano escondidizo, así que envió a un subordinado a arreglar ese extraño incidente con la 'médico forastera'.

Ino anduvo por el pasillo con la cabeza gacha, no queriendo cruzar la mirada con nadie.

Le habían herido el orgullo, ¡dos veces! En tan poco tiempo. Y no creía que exageraba. Le dieron a entender que no sabían qué hacer con ella, que su ayuda en realidad no era indispensable, y lo más triste, pensó, es que nadie la reconocía ni sabía de dónde venía. "¿Se habían puesto de acuerdo todos para menospreciarla?". Deseó desesperadamente volver a Konoha y levantar una queja en contra de la administración de Suna. Pensó en tomar su equipaje, aunque no se lo hubieran autorizado, y emprender el viaje de regreso a casa en ese mismo momento.

Todos esos pensamientos agolparon su mente, mientras giraba la perilla de la puerta de la habitación de huéspedes. No obstante, lo siguiente que vio, fue una ventana abierta con el aire arenoso filtrándose por ella, y después sintió algo duro golpear su cabeza. Cayó al suelo, gimiendo ante la impresión, y perdió el conocimiento.


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Empezando algo nuevo, sí, pero no pude sacarme esta idea de la cabeza. Lo escribí, y pensé en no subirlo, pero ¡va! Amor es compartir, les comparto esta pequeña historia. Déjenme saber qué les pareció este pequeño fragmento.

Lux