Disclaimers: Nada de esto me pertenece, todo es propiedad de Suzanne Collins. Solo la historia es mía.

El aire frio de la noche hace que los pulmones me quemen cuando intento respirar después de haber corrido por el bosque intentando escapar de la aterradora realidad que en este momento me rodea. Me dejo caer en el húmedo suelo porque me cuesta respirar y no sé porque tengo la vista nublada. Pasan unos cuantos minutos antes de que pueda darme cuenta que esto se debe a las lágrimas que no dejan de salir por mis ojos cayendo libres hacia el suelo del bosque. Ni siquiera intento frenarlas, no intento calmarme porque será en vano. Porque sé que perdí la única cosa en este mundo capaz de lograr que encuentre algo paz.

***/***Flash Back***/***

-Bueno Katniss, el estado de Peeta nos ha sorprendido a todos.- dice Plutarch-ya habíamos notado su deterioro durante las dos últimas entrevistas. Estaba claro que habían abusado de él, y creíamos que su estado mental se debía a eso. Ahora creemos que ha pasado algo más, que el Capitolio lo ha sometido a una técnica poco habitual conocida como secuestro. ¿Beetee?

-Lo siento,-dice Beetee- pero no puedo contarte todos los detalles, Katniss. El Capitolio mantienen muy en secreto esta clase de tortura y creo que los resultados son desiguales. Pero sí sabemos que es un tipo de condicionamiento a través del miedo. El término es una palabra arcaica que viene de sequestrare, que en un antiguo idioma significa "retener" o, incluso mejor, "apoderarse". La técnica consiste en utilizar veneno de rastrevispula. Quizá utilizaron ese nombre porque pensaron que existía cierto parecido entre las palabras "rastro" y "secuestro", no lo sabemos. Las rastrevíspulas te picaron en tus `primeros Juegos del Hambre, así que a diferencia de nosotros, conoces de primera mano los efectos del veneno.

Terror, alucinaciones, visiones de pesadillas en las que perdía a mis seres queridos… porque el veneno afecta a la parte del cerebro relacionada con el miedo.

-Seguro te acuerdas de lo asustada que estabas. ¿También sufriste después de confusión mental?-pregunta Beetee-¿La sensación de no distinguir lo real de lo falso? La mayoría de los que han sobrevivido para contarlo experimenta algo así.

Sí, aquel encuentro con Peeta. Incluso después de recuperarme, no estaba segura de si él había matado a Cato para salvarme la vida o me lo había imaginado.

-Resulta más difícil recordar porque los recuerdos pueden cambiarse.-dice Beetee, dándose unos golpecitos en la frente- Se sacan a la luz, se alteran y se vuelven a guardar modificados. Ahora imagina que te pido que recuerdes algo, ya sea con una sugerencia verbal o haciéndote ver la grabación de un suceso, y, mientras tienes fresca la experiencia, te doy una dosis de veneno de rastrevispula. No la suficiente para inducirte un desmayo de 3 días, sino lo bastante para llenar ese recuerdo de miedo y duda. Y eso es lo que tu cerebro guarda en su almacenamiento a largo plazo.

Empiezo a marearme. Prim pregunta lo que estoy pensando:

-¿Es eso lo que le han hecho a Peeta? ¿Han sacado sus recuerdos de Katniss y los han distorsionado para que sean aterradores?

-Tan aterradores que la ve como una amenaza letal.-Responde Beetee asintiendo- Tanto como para intentar matarla. Sí, esa es nuestra teoría en estos momentos.

Me cubro la cara con los brazos porque esto no está pasando, es imposible. Que alguien obligue a Peeta a olvidar que me quiere…., nadie podría hacer eso.

-Pero puede arreglarse ¿verdad?- Pregunta Prim.

-Bueno, tenemos pocos datos al respecto.-dice Plutarch- Ninguno, de hecho. Si la rehabilitación de un secuestrado se ha intentado antes, no tenemos acceso a esos archivos.

***/***End Flash Back***/***

El sol empieza a brillar fuerte en lo alto del cielo lastimando mis ojos rojos de tanto llorar, seguía en el medio del bosque del Distrito 13 derrumbada en el piso y aferrada al rugoso tronco de un viejo árbol. Exactamente en el mismo lugar y posición a donde había llegado corriendo ayer en medio de la noche al enterarme de lo que le había sucedido a Peeta.

-Peeta…-susurro sintiendo como nuevos sollozos acuden a mi cuerpo, no puedo creer lo que le han hecho al dulce chico que conocí, la persona más buena en el mundo, que me profesaba el más puro amor… Ahora solo me miraba con ojos llenos de el más profundo odio y una furia increíble. Con unos ojos negros casi en su totalidad donde apenas puede apreciarse un leve atisbo del azul cielo en el que tantas veces había encontrado las respuestas a todas mis mudas preguntas. Puedo recordar sus músculos tensándose al intentar alcanzar mi cuello para matarme.

Ahora entendía el maldito plan de Snow. Él no pretendía quitarme a Peeta por un momento, ni matarlo. Lo que en realidad pretendía era derrumbarme por completo al dejarlo a mi alcance pero arrebatándomelo por completo. Porque aunque estaba aquí ese ya no era mi chico del pan, el que había conseguido que los juegos más atroces de la historia no lo convirtiesen en una pieza más, el que me había protegió aún a costa de su propia vida en todo momento, el que horneaba pan en la aldea de los vencedores todas las mañanas para mi familia y para Haymitch, el único que conseguía calmar mis pesadillas en la noche y hacerme sentir segura con un abrazo como solo mi padre lo había logrado cuando niña...

Ese chico ya no está ahí, y siento que los sollozos me ahogan al recordar una vez más a Peeta diciéndome "No sé si tiene sentido pero quiero morir siendo yo mismo… No quiero que me cambien ahí, que me conviertan en una especie de monstruo, yo no soy así…"

-Perdóname Peeta….-susurro al aire con la voz quebrada porque no pude protegerlo, porque le prometí que lo haría y no pude hacerlo. Porque Snow lo torturo por mi culpa, convirtiéndolo no solo en mi peor pesadilla sino también en la suya propia. Porque sé que si Peeta pudiera verse se odiaría a sí mismo. Así como yo me odio a mí misma ahora por permitir que esto pasara.

No puedo dejar de recordar momentos que vivimos juntos, como pequeños flashes. Escucho sus palabras en mi cabeza. "Todavía no lo entiendes ¿no? El poder que tienes en las personas" en ese momento no había sabido verlo, ahora lo veía pero nada podía importarme menos en este momento. Excepto porque sabía que tenía un poder especial sobre Peeta. Él me había amado desde siempre.

Y entonces lo entiendo. No pude salvarlo antes pero tal vez haya alguna esperanza todavía. Peeta no era cualquier persona, no importaba que nadie hubiera podido superarlo hasta ahora, él podría. Porque Peeta era la mejor persona que piso este corrupto mundo y sé que si alguien puede lograrlo es él. Y si alguien puede ayudarlo soy yo. Me niego a creer que no quede nada de mi chico del pan en él, y mientras haya algo, por mínimo que sea, lucharé. Sé que el habría hecho lo mismo por mí. Petta nunca me hubiera abandonado.

Con esa firme decisión me levanto del al fin del húmedo pasto limpiándome los ojos que están hinchados de tanto llorar e intentando desentumecer mis adoloridos músculos. Comienzo a correr de vuelta y antes de saber siquiera como, me encuentro frente al despacho de Coin, no será fácil, lo sé. Pero ser el maldito Sinsajo por una vez va a tener que servirme para algo más que para causarme dolor a mí a todos los que están a mí alrededor. Tomo aire profundamente y entro.

-Katniss, no te esperaba.- dice sorprendida de verme por allí voluntariamente supongo, y por un segundo notar un leve rastro de pena en sus fríos ojos.- Me entere de lo que sucedió con Peeta, lo siento.

-De eso venía a hablarle-digo tomando asiento sin esperar invitación.- Hay un nuevo punto que agregar a nuestro tratado.

-¿Y cuál sería ese?-pregunta tensa en su silla con sus grises y apagados ojos fijos en mí.

-Peeta.-Respondo sin dejarme intimidar, tengo que ser fuerte por él.- Quiero realizarle un tratamiento para recuperarlo. Yo estaré a cargo. Pasare con él cada día una hora más que el día anterior. Le demostrare quien es en realidad. Haymitch, Beetee, Finnick, Johanna y Prim estarán entre los médicos que me ayudarán y que yo elegiré.

-Katniss entiendo que te preocupes por él, pero los médicos dijeron...- empieza a decir acomodandose detrás de su escritorio y mirándome con sus vacios ojos. Sé que tengo que cortarla.

-Sé lo que dijeron. Pero también sé cómo ayudarlo.- respondo secamente.- O puedo ayudar a Peeta desde aquí o me lo llevare. Después de todo soy su esposa.- en este momento agradezco más que nunca que Peeta en su desesperado intento por salvarme haya dicho que estábamos ya casados.- También a mi madre y hermana. No creo que quiera perder dos excelentes médicas y a su Sinsajo ¿Verdad presidenta?- me mira achicando peligrosamente sus ojos, sé que es peligrosa, puedo presentirlo. Y sé que la estoy provocando. Pero no hay tiempo para pensar en eso ahora, todo lo que importa es Peeta.- El tratamiento empieza sin falta esta noche a las ocho en punto. Aquí, o en otro lado. Asique espero su respuesta.

Sin darle oportunidad a habar nuevamente salgo de su despacho y en cuanto doblo el corredor echo a correr. Necesito encontrar a los demás y conseguir su apoyo. Aunque tratándose de Peeta no creo que sea difícil. Por primera vez desde que me sacaron de aquella maldita arena un esbozo de algo parecido a una sonrisa se dibuja en mi cara. Aún hay esperanzas. Él me enseño eso y no pienso abandonarlo. No de nuevo.

Notas de autor: Espero que realmente les haya gustado el inicio de esta historia. Tengo el próximo capítulo listo, solo falta revisarlo asique espero poder subirlo mañana. ¡Espero sus reviews por favor! Que no cuestan nada y me alegran el día.

Saludos!