El curso de fin de año ya había llegado a su fin, y éso se podía notar en los pasillos del gran castillo. Aún les quedaba el año siguiente para terminar, pero ahora se vendrían unas merecidas vacaciones.

El trío de oro, Harry, Ron y Hermione ya se encontraban en uno de los cubículos de El Expreso Howgarts. Hacía semanas que Harry y Ron deseaban que las vacaciones ya llegaran, que no se habían dado cuenta de que el tiempo se les pasó muy rápido. Claro, aún continuaban lastimados por la muerte de Albus Dumbledore, pero sabían que tenía que pasar, y que ahora, sus mentes estarían fuera de todo el círculo de Howgarts y Voldemort.

Harry y Hermione se encontraban hablando tranquilamente en el vagón, mientras que Ron salió en busca de su hermana.

—Y bien, ¿dónde irás éste año, Herms?— preguntó Harry a su amiga, con una sonrisa en su rostro.

—No lo sé, Harry... o sí en realidad, pero...— se movió del asiento, acercándose un poco a su amigo, dubitativa —pensaba invitarlos a ti y a Ron unos días al Lago Serpentine—

—Oh pero, éso sería genial!— se alegró Harry, asintiendo con su cabeza y en su rostro, una enorme facción de aceptación. —Pero, ¿porqué ésa cara?— preguntó algo desorientado.

—Bueno... yo supuse que querrías pasar tiempo en la guarida de la Ordén— se encogió de hombros y volvió a respaldar su espalda en el asiento, —seguramente, tengas mucho que pensar—

—Lo sé— suspiró el morocho, sacándose los anteojos y limpiándolos delicadamente con su remera, —pero sigo sin entender el problema— comentó por lo bajo, sin quitar la vista de sus lentes en sus manos.

—Ron...— contestó entre dientes, pero la puerta corrediza del vagón, hizo que ambos llevaran su vista hacía la puerta abrirse. Y ahí estaba el colorado del grupo, alto, con aquella sonrisa que lo caracterizaba y ésa mirada pérdida que siempre ponía cuando tenía un mal día, aunque el día en realidad recién estaba comenzando. Y sea cual sea el motivo, a Hermione ya le brillaban los ojos de tan solo verlo.

—¿Hablaban de mi?— preguntó con una ceja arqueada, mientras se sentaba al lado de su amiga, como siempre solía hacer.

—En realidad, Hermione me estaba explicando que haría éstas vacaciones— respondió Harry en tono burlón, sin dejar de sonreír y mirar a su amiga, que le echaba una mirada fulminadora. Potter solo rió por lo bajo, y se acomodó, estirando sus piernas por todo el banco desocupado que tenía.

—Bueno... yo, lo que le decía a Harry,— explicó Hermione entre furiosa y nerviosa. No sabía como Ron se tomaría aquella propuesta, y eso hacía que la lengua se le trabara y se ponga aún más nerviosa. —Bueno, quería invitarlos a pasar unos días al Lago Serpentine, pero no sé, si tú querrás venir— comentó tan rápido, que Ron apenas le dio tiempo para analizar las palabras en su mente.

Asintió al terminar de escuchar sus palabras, y luego, sonrió, mirándola fijamente a los ojos, como si no hubiera nadie más, solo ella y él. Aunque claro, había alguien más, y ése era Harry.

—Oh, claro, ¿porqué no?— Ron sacudió la cabeza, asintiendo, mientras volvía su vista a su amigo que también sonreía con aprobación, sin saber que el morocho no podría estar presente para aquellas vacaciones.

Harry se limitó a decir algo. Sabía que Hermione estaba enamorada de su mejor amigo, en como lo veía, y en como su corazón se rompió cuando vio a Lavender Brown besarle frente a todos en la Sala Común. Y también sabía como Ron la veía a Hermione, de una manera diferente. Y sí, ellos dos vivían peleando, discutían todo el tiempo hasta perder la paciencia, pero que ambos dos pasaran unas vacaciones sin él, harían que Harry pueda pensar mejor en la batalla que se vendría y además, dejaría que sus amigos puedan por fin, estar juntos, y decirse las cosas como se deben.

—Intentaré ir— comentó al final, saliendo de sus más profundos pensamientos y mirando a ambos, con las piernas estiradas y una sonrisa pícara en su rostro.

El viaje resultó de lo más tranquilo. Mientras Hermione leía, como siempre y tan normal en ella, los chicos comían un poco de todo, sobre todo, ranas de chocolate, y Ron rogando que en algún cromo le tocara Agripa. La venía buscando desde que tenía memoria, pero nunca le había salido. Y ésa no iba a ser la excepción. Cien tarjetas más de Dumbledore para coleccionar.

Los tres estaban contentos, disfrutando de aquel momento agradable que estaban pasando. Ninguno de ellos sabía cuando estarían nuevamente los tres en paz y tranquilidad, disfrutando de ellos, entre risas y bromas, ya que la batalla se estaba aproximando. Y lo sabían. Y desearon justamente, que ése momento sea eterno.


El día había llegado. Hermione se había alistado hacía varias horas. Deseaba ya llegar a la estación para encontrarse con sus dos amigos. Se encontraba parada, en la plataforma 9 3/4 como lo había acordado. Claro que esta vez no llevaba ningún equipaje raro, ni tampoco estaba acompañándola su gato ni sus padres, solo ella, y un bolsito entrecruzado, pero del cual por dentro, parecía ser infinito.

Espero unos cuantos minutos, mientras se paseaba al rededor de la columna del punto de encuentro. Rogaba que Harry pudiera venir, aunque no estaba tan segura. Su amigo debía estar tranquilo, además, si él no llegase a venir, sería una buena oportunidad para que Ginny y Harry se vieran sin probelmas, el celoso de su amigo, y hermano de la colorada, no estaría para regañarles a ambos.

Al cabo de unos cuarenta minutos, una cabellera roja se le aproximo. Y bastante bien la conocía. Ésa sonrisa que traía en su rostro de alegría y algo de pena a la vez. El muchacho se acercó, y depositó en el suelo la mochila de mano y un pequeño bolso que seguramente, tenía ropa.

—Siento la demora... Papá quiso utilizar el auto y bueno...— suspiró Ron, rascando su cabeza, signo de nerviosismo —No tuvo mejor idea que venir por una autopista, repleta de autos y todos muggles conduciendo mal— resopló, mientras la castaña soltaba una pequeña risa, y se apoyaba contra la columna 9.

—Sí, debo decir que el tránsito no es muy bueno. La Red Flu es más cómoda y sencilla— asintió divertida, mirándo cada facción de su amigo.

Nunca se había fijado con detenimiento en sus ojos. Aquellos ojos azules intensos que tenía, como el océano, tranquilos, pero con furia cuando lo hacían enojar. Y su sonrisa. Su dulce sonrisa, y los labios que parecían tan suaves. "Oh vamos Hermione, no pienses en éso. Es tú amigo, no seas idiota". La castaña sacudió la cabeza de lado a otro, negando, evitando pensar en la perfección de Ron.

—¿Porqué se retrasa tanto Harry?— preguntó Ron algo desesperado ya.

—Bueno, no lo sé. Dijo que iba a venir a más tardar, las cinco— repusó la castaña, observando el enorme reloj que había entre el andén 9 y 10. Pero sin menor rodeo, una lechuza llegó volando. Sí, era Hedwing que venía volando toda melosa y tranquila. Dejó caer una carta al suelo, y sin antes poder decir nada, desapareció entre los humos del vapor de los trenes.

Ron enseguida se apresuró a recogerla del suelo. Miró sin expresión a Hermione y sin decir mas, la abrió, dispuesto a leerla

"Queridos Ron y Hermione:

Lamento haberlos echo esperar, pero no podré ir con ustedes al Lago. Surgió un problema y tendré que quedarme unos días más aquí en la guarida de la Orden. Espero que me entiendan.

Aún así, diviértanse y avísenme cuando hayan llegado.

¡Tengan cuidado! Últimamente ni el mundo muggle anda tranquilo. Los echaré de menos.

Les quiere, Harry."

Ambos dos quedaron con la boca abierta. Se podía notar a simple vista que Ron se ponía aún más nervioso, ni hablar de la castaña. Estaba que explotaba de furia con su amigo por plantarlos así, y por idear algún plan en su cabeza, dejándola a ella solo con Ron. Se miraron sin decir nada. Ella hizo una mueca y luego sonrió apenas. Él seguía mas confuso de lo que antes estaba.

—Bueno, aún tengo las entradas— se insinuó Hermione, pero sin quererlo. Ella deseaba que Ron fuese con ella al Lago, solo serían dos días, porque luego ella tendría que volver con sus padres, y él, bueno... —Digo, por si quieres venir, claro—

—Estem...— Ron se había quedado sin palabras. Literalmente. En ése momento solo podía ver una cara que pedía ayuda y la confusión en carne propia.

—Bueno, hasta pronto, Ron— la castaña se acercó a su amigo, y tímidamente, besó la mejilla de su amigo, que rápidamente pasó a ser de blanca al igual que su cabello. Se dio la vuelta, algo apenada y se encaminó hacía el tren que la dejaría a pocos metros del Lago.

—¡E...espera!— reacciono Weasley detrás de ella, y se encamino a la par suya, sosteniendo firmemente el bolso y recargándose su mochila tras su hombro. Al parecer, él tenía las mismas ideas que rondaban por la cabeza de Hermione hacía rato. Poder estar solos, y descubrir algo más que solo discusiones y más.

Hermione lo miró de reojo, entre sorprendida, aturdida y alegre, y ambos dos se encaminaron hacía el tren que en poco tiempo, saldría hacía el destino de éstos dos.


Había llegado hacía más de dos horas y media. En el viaje, Ron se recostó en el hombro de la castaña, dejándose vencer por el sueño, mientras que ella, sonriente, leía un libro muggle.

—Vamos Ron, camina más rápido, así llegaremos el año que viene— resopló la castaña, haciéndose paso entre ramas, hojas y la oscuridad de toda Londres.

Habían llegado al Lago, pero la noche les llegó primero, por lo que, Hermione tuvo que pensar en donde dormirían y demás. En su bolso, llevaba una pequeña guía por lo que lo sacó, y se nutrió con la información que el pequeño libro le ofrecía. Una cabaña acogedora frente al lago, dos habitaciones, un baño y una sala/cocina/comedor.

Todo sería perfecto, pero olvido que aquella cabaña había sido clausurada, en general, toda la hostelería de por allí fue cerrada, debido a la baja paga que habían tenido la temporada pasada. Ahora solo buscaba un lugar espacioso, como para que entren una carpa, y pudiéndola armar entre un espacio vacío de ramas y hojas y árboles.

—Bien bien, ¿y ahora dónde nos metimos, Hermione?— resoplaba el colorado de atrás.

—Ron... estoy buscando un espacio vacío de ramas, para... sacar la carpa— respondió las últimas tres palabras por lo bajo.

—Perdón, ¿qué? No te oí— inquirió Ron, acelerando el paso para estar a la par de su amiga.

—Éso. Estoy buscando un espacio por aquí sin nada que nos pueda molestar por la noche—.

—Pero... pero... pero habías dich...

—Sí, ya lo sé— resopló fuertemente la castaña, frenándose de golpe y mirándolo una vez mas a los ojos, aquellos que la hacían perder la cordura. Su ceño se frunció. —La cabaña no está, y acá— señaló su bolso con su dedo índice, aunque sería difícil verlo en aquella oscuridad, —tengo... una carpa. Lo puse solamente por las dudas—.

—Oh bien, vaya. Estamos en quien sabe donde, yo sin mi varita, y ahora me dices que dormiremos en una carpa, bien— exclamó el pelirrojo algo molesto, volviendo a avanzar hacía adelante.

—¡Ronald Weasley! No es mi culpa que las cabañas hayan cerrado. Y si quieres poner un poco de ayuda, solo busca un espacio y nada más. No te pediré que duermas en la carpa, si tanto le molesta al señor— bufó Hermione.

Al caer ya por fin la luna, pudieron ubicarse mejor, lo que hizo que el lugar sin hojas ni ramas se encontrara rápido. Claramente, había algunas pocas de ramas, pero facilmente, ambos las corrieron con sus pies, y las dejaron a un lado, que luego les serviría para hacer una fogata.

Ahora ya estaban más tranquilos y más relajados. La castaña sacó de su bolso una carpa, y junto a Ron comenzaron a armarla con las estacas, sonriéndose de por medio, sin pensar que ésos dos días, serían la locura para ambos.