Le dedico este One Shot a todo el foro de Harry y Ginny: Chocolate y Menta y por supuesto a los amantes de esta linda pareja.
No se que me pasa pero ultimamente estoy inspirada y lo estoy aprovechando... jajaj
¡Espero que les guste!
Attention! No hay escenas de sexo pero si violencia verbal.
Un solo instante.
Sinopsis
Se detestan al punto de sentir repugnancia el uno por el otro… Cuánto tuvo que pasar para que se dieran cuenta que del odio al amor hay un solo instante. Capítulo único.
¡Qué extraño dilema para mí!
Yo te odio pero no vivo sin ti
Puede ser que besarte en luna llena
Me altere por completo la razón.
La odiaba, cuánto la odiaba. Era insoportable su temperamento de los mil demonios, su carácter podrido, sus aires de superada. ¿Acaso él tenía la culpa que ella sea una maldita fracasada? ¿Acaso era el culpable de que Binns le haya puesto un uno en su último examen? ¿Por qué tenía que existir esa loca inestable, trastornada, porqué tenía haber ido que ir a Hogwarts? Harry maldecía esa coincidencia.
-Maldita enferma.
Esta vez Harry no iba a dejar que las cosas queden así, ella se había pasado de la raya. ¿Quién mierda se cree que es que esa putita de mierda? El odio y el resentimiento que le guardaba a esa pelirroja databan desde el primer año que ingresó a Hogwarts. Ella había empezado la guerra con él; siempre criticó la fama de Harry, siempre se burló de su mierdosa cicatriz, y detestaba la amistad que el huerfanito de Potter tenía con su hermano favorito, Ron Weasley. Harry conocía a la perfección a esos sentimientos negativos de esa loca, era un mutuo sentimiento. El siempre supo que ella lo odiaba. No era algo difícil de notar, claro.
Los ojos chocolate lo atravesaban con tanta furia que él pensaba que podía despedir Avadas Kedavras sin varita. Ginevra Weasley no soportaba a Harry Potter y viceversa. Competía con él por su familia. Ella detestaba que Harry fuese a pasar navidades a su casa, que su propia madre lo tratara como un hijo más. No dejaba de quejarse, de manera despectiva, proponiéndole que se vaya a la casa de los Dursley, que se arregle sólo, que deje de molestarlos… "¿Por qué tienes que venir aquí, Potter?", le escupía cada vez que Molly no la estaba escuchando, "Deberías irte con tus mugrosos parientes. No tenemos la culpa que no tengas familia", solía decirle muy seguido. Harry no se ofendía, desde que la conoció Ginny había sido con él una versión de Draco Malfoy en miniatura. Vale aclarar que Harry no se quedaba atrás, era de la misma manera con ella. Todo el mundo sabía cuánto se detestaban.
Desde el primer encuentro en el colegio habían empezado una guerra sin fin. Hermione Granger, su amiga en común, en vano intentó que tengan algún tipo de amistad, nada servía para mejorar la situación de Harry y Ginny; todos sabían que se odiaban y que eso no tenía vuelta atrás. Lo más duro es que Ronald Weasley, el hermano favorito de Ginny era nada más ni nada menos que el mejor amigo de Harry. La peor elección que pudo haber hecho en opinión de su única hermana, que le reprochaba muy seguido mezclarse con ese idiota.
Cuando Ginny entró a Hogwarts, el sombrero seleccionador dijo Griffyndor sin dudarlo. En ese momento Harry y Ron se alegraron muchísimo. El primero porque aún no conocía a esa chica. Y el segundo porque quería que la última Weasley también esté en su misma casa. Ginny era rebelde, frontal, dotada de una indiscreta verborragia que solía exasperar la poca paciencia de Harry Potter. Desde chica hacía y deshacía a su manera. Las tentativas de ejercer un control sobre ella por parte sus protectores hermanos que intentaron controlarla fracasaron estrepitosamente, porque ella jamás se dejó doblegar.
Lo cierto es que era esa pelirroja busca pleitos era la que había empezado la guerra entre ambos. Y literalmente se podía llamar guerra, sin exagerar ni caricaturizar la situación. Se decían cosas muy hirientes y los insultos verbales más variados y creativos que se pudieran imaginar. Era algo realmente mágico, cómo describían los testigos de tan negativa relación. Verse de alguna manera los inspiraba para comenzar a agredirse.
Las agresiones físicas o los daños colaterales – y si, los había – comenzaron en el cuarto curso de Harry. Fue un día como cualquier otro, tuvo que presentar varios metros de pergamino para una clase de Transformaciones. Como era su costumbre, Harry había copiado varios párrafos del trabajo de Hermione, que a su vez, había sido ayudada por Ginny, que pese a ser un año menor era una luz a la hora de redactar informes. Por supuesto, esta última hirvió de la bronca cuando vio que su amiga le dejaba ver la redacción a Harry, y no dudó un minuto en robarle el trabajo con el macabro fin de cambiarle todo el sentido de la redacción diciendo cosas obscenas, terribles para los ojos de Minerva McGonaggall. Harry entregó el trabajo y luego fue castigado por la profesora durante dos meses. Por supuesto que Harry, quién no era ningún santo, tomó represalias por el asunto. La venganza consistió robar toda la ropa interior de Ginny – la cual se sabía que coleccionaba sostenes- y la quemarla al lado de la cabaña de Hagrid. La escuela entera se rió con eso… hasta Ron tuvo que hacer el esfuerzo para no reír. Lo más sano que le gritó Ginny fue "eres un bastardo hijo de puta".
El odio era tal que llegaba a límites insospechados. En su quinto año Harry empezó a salir con las compañeras de habitación de Ginny, sólo para molestarla. Solía meterse en su habitación y se acostaba con varias sin ningún tipo de pudor, entre los bufidos de la pelirroja. Ella, por supuesto, lo denunció con McGonaggall para que lo agarre in fraganti, pero Ginny no logró que la estricta profesora lo viera follando con Valery Roberts, porque él logró taparse con su capa invisible (la falla de ese plan fue un golpe duro para Ginny). Para disfrutar haber ganado la batalla, Harry siguió acostándose con otras compañeras hasta el día de la fecha…
En otras ocasiones, Ginny le había robado todos los condones a Harry de su baúl para que cuando tuviera agarrarlo sin nada de protección ante una "emergencia". Ella no dejó nada librado al azar. Le pagó varios galleons a una chica para que empiece a "calentar el caldero" y luego dejarlo con las hormonas sulfuradas porque no traía protección. Harry casi la mata, le gritó durante una hora, mientras ella se le reía en la cara diciéndole "¡Te quedaste con las ganas, Potter, ahora tendrás que masturbarte!" Ron a duras penas lograba que no se muelan a golpes. Harry no se había ido a las manos sólo porque era la hermana de Ron y porque les debía demasiado a los señores Weasley. Además, el era un caballero, o por lo menos tenía su límite, pero últimamente ella se estaba pasando de la raya.
Ginny solía coquetear con Dean Thomas. Ese chico, también de Gryffindor, dormía con ellos en el cuarto. Todos sabían que Ginny estaba prohibida en el cuarto de ellos, porque "Ginny y Potter no podían estar juntos en una misma habitación sin intentar matarse", prácticamente esa frase se convirtió en un refrán y era prioritario que todo el mundo lo supiese para que no ocurra una desgracia.
Fue así que ambos eran muy famosos por sus peleas. Y también muy populares en casi todo lo que hacían. El colegio estaba pendiente de cual sería la próxima batalla, todos tenían expectativas sobre el punto hasta dónde llegarían para agredirse y molestarse.
Para colmo de males, ahora ambos cursaban séptimo curso. Es que Harry, Ron y Hermione, estaban a destiempo porque habían tenido que destruir todos los Horcruxes de Voldemort. Harry jamás se imaginó que iba a tener una prueba más difícil que él: cursar las materias con Ginevra Weasley.
Bufó, contrariado, intentando quitarse aquella camisa rosa que debido a un ingenioso hechizo de esa estúpida chica, había aparecido sobre su cuerpo mientras desayunaba en el Gran Salón, siendo el motivo de varias carcajadas. Los amigos de Ginny no dudaron en festejarle el ataque aplaudiendo furiosamente.
-Te queda bien- Hermione estaba allí en su habitación, riéndose. Harry la miró serio. No podía creer que ella también se iba a burlar de él.
-Vete con tu amiga…- le espetó, intentando arrancarse aquel ridículo atuendo, pero no había caso.- ¿Qué diablos tiene esto?
-Ginny es buena con los encantamientos y tú te burlaste porque se sacó un uno en Historia de la Magia.- chascó la lengua Hermione, desaprobando la actitud de ambos.
-No le dije nada…
-¡Vamos, Harry! – se sulfuró Hermione enojada- ¡Le dijiste que muy burra como para aprenderse los nombres de los duendes!
-No exageres…
-Aseguraste que estaba follando con sus tipejos y por eso no había tocado un libro… que era una puta regalada… -Hermione rodó los ojos, pero Harry no sentía culpa, sino que sonrió, satisfecho por las ofensas que le había dicho a Ginny: no sólo eran ciertas, sino que se las merecía.- Y que su único trabajo podía ser cobrar por sexo…
-¡Es la verdad!
-No es así, Ginny tiene excelentes calificaciones y tú lo sabes.
-No le va bien Historia de la Magia y estuvo refunfuñando que Binns le puso un cero.-replicó Harry, mirándola. - ¡Es insoportable!
-Ella no estudió porque al igual que tú odia esa asignatura.- Hermione suspiró.
-Odio que la defiendas.
-No seas infantil, Harry, ambos son mis amigos.
-¡Estás de su lado! – La castaña no le hizo caso, sino que se quedó pensando.
-Ginny y tú son muy parecidos- Harry bufó por ese inoportuno comentario. Lo último que necesitaba escuchar eran las cosas en común que tenían él y esa loca pelirroja.
-¡Maldita sea esta camisa de mierda! – se quejó. Hermione sacó su varita.
-Quédate quieto, intentaré algo…- Harry la miró. Si alguien podía quitarle esa camisa horrenda, sin dudas esa sería Hermione Granger.
-Confío en ti.
-A ver… tal vez con cierto movimiento de la varita…- giró un poco la varita y en la camisa de Harry aparecieron florcitas color violeta. El chico abrió grandes sus ojos verdes, espantados.
-¡Has empeorado la situación! – Chilló nervioso – Maldita sea, esta vez mataré a Weasley, le dejaré marcas… ¡Deja de reírte!
-Te escucho decir eso hace años – dijo Hermione sonriendo.- Y hasta ahora jamás has reaccionado con golpes…
-No me instes a hacerlo. No quiero pelearme con Ron…- Harry seguía intentado arrancarse la camisa, pero era inútil.- ¿Puedes ayudarme? – Hermione bufó.
-Lo intentaré nuevamente…- Hermione hizo un no verbal y la ridícula camisa se rasgó al instante.
-¡Excelente!- Harry empezó a tirar del agujero para poder quitársela completa.- Me pregunto como esa yegua ha podido hacer ese hechizo…
-Te escuché – Harry miró: era Ron. – No llames a así a mi hermana.
-¿Oíste cómo ella me llama a mí? Cabeza rajada, rodillas nudosas, cuatrojos…
-Si bueno, todos sabemos que se odian – apaciguó Hermione algo harta del tema.- A veces me pregunto de donde viene tanto odio…
-Por si no lo recuerdas, Weasley empezó la guerra – se excusó Harry – Y no pienso quedarme atrás…
-¿Qué piensas hacer?
-¡Vengarme de tu hermana!
-Si la golpeas…
-No. Haré algo que le dolerá más…
-¡No me asustes Harry!- dijo Hermione, sacando un libro de su mochila.
-Preocúpate por Harry. – la calmó Ron - La venganza de mi hermana será terrible.- Harry lo miró.
-Esta vez no será así- aseguró- Esa braga suelta sabrá lo que es bueno, te lo aseguro. ¿Qué buscas, Hermione?
-No le digas braga suelta… - murmuró Ron incómodo.
-El hechizo que Ginny te hizo. Me entró la duda, y ya sabes, necesito sacármela…- hojeó el libro.- He hecho bien el contra maleficio…
-Si, me di cuenta – dijo Harry, que buscaba la camisa de Hogwarts en su baúl y comenzaba a abotonarla.- Me pregunto dónde apareció la camisa de esta mañana…
-¿Piensas que te la devolverá? – se burló el pelirrojo. Harry chascó la lengua, furioso.
-Es un maleficio complicadísimo – informó Hermione sin sorprenderse- Sustituye la prenda del damnificado por una nueva…
-¿Dónde aparece la prenda original? –quiso saber Ron
-Ni idea. Donde Ginny lo haya decidido, supongo.
-Me importa un bledo la maldita camisa de Hogwarts, tengo millones – dijo Harry.- Vamos a Transformaciones…
-Si, vamos – dijo Hermione – Hoy entregan las calificaciones. – Ron hizo un gemido de dolor y susto- Muero por saber cuánto me saqué en el último examen.
-Qué suerte tienes, yo ya se que me saqué un uno – dijo dolido. Harry rió y salió del agujero del retrato, pensando que su suerte sería igual que la de Ron.
-Lo único bueno es que Ginny no cursa transformaciones con nosotros.- comentó Hermione.
-¡Gracias a Merlín!- dijo Harry enseguida.
-McGonaggall hizo bien en separarlos. – opinó Hermione – La última vez ambos terminaron con plumas… - Ron largó una carcajada.
-Ella terminó con granos de pus y una semana en enfermería – recordó Harry cortante.
-Son tan divertidos – comentó Hermione.
Yo lo sé y no quisiera descubrir
Que muero poco a poco y es por ti
Cuídate porque abrigo la sospecha
Y apunto sin dudarlo al corazón.
Ginny Weasley caminaba con su típico andar coqueto por los pasillos de Hogwarts. Tenía hora libre, porque el profesor de Estudios Muggles estaba enfermo y no habían llegado a buscar un reemplazante. La pollera de Hogwarts era muy corta y dejaba ver sus sensuales piernas. La camisa la había entallado para su curvilínea figura, y estaba desprolijamente afuera. El pelo lo llevaba suelto y largo, con algunas ondas en los extremos. Ginny era una de las chicas más hermosas y deseadas de Hogwarts. Pero todos sabían que no se tomaba a ningún hombre en serio, ella sólo se divertía, y solía alardear de con cuántos había estado.
Una de las más famosas características de Ginny era que se llevaba muy mal con Harry Potter. ¡Y pensar que algunos creían que se había sentido atraída por él! ¡Ni por un solo instante! Si Ginevra Weasley lo detestaba, Harry Potter era mala palabra para ella, eso era un hecho. A pesar de estar en Gryffindor sus mejores amigos pertenecían a otras casas exceptuando a Hermione. Como por ejemplo, Pansy Parkinson de Slytherin, Luna Lovegood de Ravenclaw o René Clearwater, la hermana de Penélope, que también estaba en Ravenclaw.
Ginny odiaba todo el fanatismo con Harry Potter. ¿Acaso la gente no encontraba algo mejor que hacer que halagar a ese imbécil? Le revolvía el estómago que el sea el centro de atención. Le producía rechazo esa forma arrogante de andar, esas respuestas estúpidas, siempre metido en algún problema para hacerse más famoso. Ella era de la misma opinión de Severus Snape.
Era muy envidiada, algunas chicas no la querían por hacerle cosas horribles al sensual y popular de Harry Potter. Romilda Vane, presidenta del club de fans de Harry Potter, era su enemiga número uno. Bueno, en realidad ese puesto era del mismo Potter, pero si alguien debía ocupar un segundo lugar, sin dudas era esa estúpida chica. Pansy, Luna y René la alcanzaron por el pasillo…
-Estuviste muy bien en el desayuno, Ginny…- la felicitó Pansy con una sonrisa en los labios.
-Gracias, Parkinson- repuso la pelirroja.
-¡Draco no para de reírse de la camisa de Potter! – Ginny sonrió con malicia.
-Se lo merecía el maldito engreído- repuso ella.
-Ahora se va a vengar – dijo Luna con algo de preocupación.
-¡Toda la escuela estará pendiente de eso! – predijo Pansy.
-No creo que nos vaya a sorprender mucho – apaciguó Ginny, sin inmutarse.- Además yo no me quedaré quieta… si vuelve a burlarse de mí, la próxima será peor…
-Si siguen así los van a expulsar –Dijo René, hablando por primera vez.
-Mira si se pone a follar con Valery de nuevo como a principio de año… ¡sería un asco!
-No creo, Valery lo persigue por todos lados, y él ya no le da ni la hora.- Ginny lo dijo con satisfacción.- Sólo la utilizo para vengarse de mí, bien merecido lo tenía por haberlo ayudado.
-En eso tienes razón- la apoyó Pansy.
-De todas maneras, no es prudente subestimarlo- opinó René- Creo que deberías estar atenta…
-¡No seas exagerada! ¡El elegido no es Dios!–dijo Ginny algo molesta porque ella siempre lo defendía.- Ya sabemos lo básico que es Potter; sabe dos hechizos de porquería y con eso se cree Dumbledore…
-Que en paz descanse…- aportó Luna con cara de loca.
-No se si es tan así – dijo Pansy algo preocupada por la tranquilidad de su amiga.- Recuerda que es amigo de Hermione Granger.
-¡Ella también es mi amiga! – dijo Ginny enojada- Jamás ayudaría a Potter a vengarse de mí.
-Tampoco te ayuda a ti – observó Luna. Ginny bufó.
-La entiendo. –terció Pansy – Si quiere conservar la amistad de ambos…
Las tres se sentaron en el gran Salón, que en ese momento había muy poca gente, porque todos estaban cursando. Empezaron a charlar un poco de todo, hasta que rápidamente se hizo la hora del almuerzo. Los alumnos de séptimo curso llegaron al lugar, con aspecto de estar famélicos. Ginny vio cómo Harry, Ron y Hermione se sentaban a unos pocos metros de ella. Harry la miró y automáticamente le gesticuló "Puta" con los labios.
-Basta Harry – suplicó Hermione exasperada. En ese momento la comida apareció ante ellos. Ron empezó a engullir y Hermione lo miró con asco.
-Siempre con esa forma tan despectiva para comer… metes todo junto en la boca, eres desagradable Ronald- murmuró enojada. Ron se encogió de hombros, tenía la boca llena para replicar y sabía que si hablaba Hermione se enfadaría aún más. Hermione miró a Harry.- ¿Y tú, puedes dejar de insultar a Ginny? ¡Parecen dos críos!
-Me está haciendo un gesto sobre la camisa. No me pienso quedar callado.- contestó Harry clavando el tenedor con furia en una pata de pollo- Maldita hija de…
-¡No sigas! – dijo Ron tragando. Hermione refunfuñó. A veces la situación era insostenible.
Al finalizar el almuerzo, los estudiantes comenzaron a abandonar el Gran Salón con premura. Ron y Hermione fueron a buscar un par de libros, mientras Harry se quedó mirando la tarta de melaza, pensando en todos los deberes que la había dado la profesora. Seguramente iba a tener muy poco tiempo para atender a sus citas del fin de semana.
Harry se levantó, aun con un poco de tarta de melaza en la garganta, pensando en cepillarse los dientes e ir a clase de Pociones, lamentando que Ginny también tenga esa clase. Iba caminando derecho a las mazmorras y cuando ya estaba a pocos pasos del aula, se encontró de frente con ella que lo más parecido a un vómito.
Enseguida, sintió como un chorro de fuego ardiente le quemaba las entrañas. Como si un volcán en erupción estalla adentro y le llenara cada poro de su piel con pequeñas pero eficiente partículas de furia. Era una furia eficaz, atravesante y del color de del chocolate, era tan avasallante la repulsión que pensaba que su cabeza iba a estallar…
Piso lento cuando estás por si
Me descubres la jugada y vienes a por mí.
Sólo pretendo salir ileso; tener tiempo para huir.
Esto es amor y odio, amor y odio,
Amor y odio, amor y odio...
Ginny lo miró a los ojos. Eran detestables, odiaba esos ojos redondos y fijos en ella, penetrantemente verdes. Maldito él y sus malditos y desagradables ojos. Un conmoción que se parecía al asco le obstruyó la boca del estómago impidiéndole hablar con normalidad; constantemente le sucedía lo mismo, el resentimiento la invalidaba en su interior y solo por un instante quedaba sosegada. Pero no podía ser débil, tenía que atacarlo, tenía que defenderse de esa mirada verde brillante y de la sensación de furia que originaba en ella.
-¿Te quitaste la camisa rosa de esta mañana, Potter? – Apuntó con los brazos cruzados.- Es una pena, te quedaba de maravilla. Hacía juego con tus gestos afeminados…
-Deberías alargarte la falda Weasley, así se te quitaría el aspecto de puta…- Ginny dejó de sonreír.- ¿Qué? ¿Ahora vas a negar que eres una cualquiera?
-¿Qué pasa Potter, necesitas de mis servicios…? – fingió coquetearle y lo miró sonriendo con repulsión.
-¿De ti? – Harry carcajeó- ¿Justamente tú? Me produces aversión. –Ginny de repente, se quedó muda.- No me gustan las zorras…
-No te engañes, Potter, es lo único que puedes conseguir.
-Estás equivocada, Weasley, no tengo tan mal gusto como algunos imbéciles de este colegio, ¿sabes? – se despeinó el cabello, haciendo un gesto arrogante.
-Nadie opina como tú, de hecho tus amiguitos mueren por entrar en mi cama.-le dijo ella con la boca fruncida.
-No sé que diablos te ven, eres deforme- Ginny sacó la varita.
-¿Y tú? ¡Mira tu inmunda cicatriz! ¿Crees que es estética? – se burló ella.
-Gracias a ella me acuesto con varias chicas, pendeja…
-Se acuestan contigo porque piensan que eres un hombre… ¿Cuánto te duran? ¿un fin de semana? ¿o eso es mucho?– comenzó a reírse viendo la cara de Harry.- ¡Parece que di en la tecla!
-¡Cállate!
-¿Realmente crees que tienen un condenado orgasmo contigo? – Ginny volvió a reír sintiendo un placer ante el espanto de él.- ¡En la cama no puedes engañar a nadie, Potter!
-¡No sabes lo que estás diciendo, zorra! – exclamó Harry- ¡Pero tampoco te daré la oportunidad de comprobarlo, aunque te mueras de ganas!
-Sólo eres famoso y te aprovechas de eso para tener sexo con estúpidas mujeres sin neuronas.– lo apuntó pero Harry no retrocedió.- No puedes llegar a nada más.
-¿Mujeres sin neuronas? ¡No estuve contigo, Weasley! – Harry también sacó su varita. No iba a dejar que lo ataque nuevamente. En ese momento Ron no estaba allí y tenía que aprovechar la ocasión para agredirla.
-¡Agradécele a Voldemort esa cicatriz, Potter! ¡Sino hubieras muerto virgen, fracasado!
-¡Prefiero morir virgen a acostarme contigo con una tan fácil como tú!
-Si dependiera de mí morirías Potter, seas virgen o no…
-¿No me digas que sabes usar la varita? – se burló Harry y dio otro paso adelante, con la mirada colérica. Ella retrocedió un milímetro como por instinto.
-Eres un pobre huerfanito con complejo de héroe. Ni siquiera eres lindo, no tienes nada que hacer al lado de Oliver Wood.
-¡Tu no tienes nada que hacer al lado de Cho Chang! ¡Hay muchas mejores que tú! ¿Quién te piensas que eres? ¡Te pareces a una Quaffle!
-Me das asco, Potter.
- ¡Y tu a mi, eres demasiado atorranta para mi gusto!
-¿Por qué no te vas a la casa de Chang en Navidad? ¿O sólo sirve para tener un par de polvos mediocres?
-¡En tu casa soy bienvenido, aunque a ti te pese perra! – Ginny le pegó una sonora cachetada y Harry se descontroló la tomó del cuello apoyándola violentamente contra la pared.
-¿Crees que te rogaré que me sueltes? – Susurró ella. Harry se obnubiló por dos minutos cuando un perfume dulzón le inundó el pecho, pero fue solo un instante, porque la sensación placentera se fue y la reemplazó de nuevo la furia…
-Te voy a decir una sola cosa, pendeja… Pagarás muy caro todas las bromitas de estos años. Haberte quemado tu ropa interior fue sólo un aperitivo. – Ginny le dio un rodillazo en sus partes íntimas- ¡Auch! – Harry se retorció de dolor. Ella se rió.
-¡Ni mi familia ni yo tenemos la culpa de que seas huérfano, Potter! ¡No te soportamos!
-¡Vete al infierno!
-¡Deja en paz a mi gente!
-Prostituta… - Ginny quiso volver a pegarle pero el le atajó la muñeca con una mano y la presionó. Le estaba haciendo daño, pero no iba a rogarle que la suerte, no se iba a mostrar débil ante ese maldito.
-¿Duele, Weasley? – dijo él con una mueca insolente.
-Para nada.- le contestó haciendo un esfuerzo porque su voz suene normal.
-Pagarás muy caro lo que hiciste esta mañana, zorra.- hizo más presión y la mano de Ginny se estaba poniendo roja.- ¿Duele?
-No.- contestó con los dientes apretados.
-Mientes…- Harry le retorció el brazo aún peor.- ¿Duele? – Ginny gimió inevitablemente y el sonrió.- Bien lo admitiste…- Ella le pegó con la otra mano libre al costado de la cara y Harry la soltó.
-Eso te dolió aún más… - pero Ginny vio a Harry levantar su varita.
-Forunculus! - dijo Harry blandiendo su varita. El hechizo le dio en un brazo y rápidamente se lleno de granos de pus. Sin embargo se dieron cuenta que no fue del todo exitoso. Harry resopló, era algo muy común: los hechizos contra Ginny Weasley simplemente le salían mal.
-¡Deplorable como de costumbre, Potter! – Gritó ella, sin inmutarse.- ¡Diffindo! – hizo una cruz con la varita.
A Ginny, en cambio, le salían de maravilla: la camisa de Harry estaba rasgada y casi estaba hecha trizas en el piso. Harry se quedó con el torso desnudo y con un corte en el pecho. Ginny se arrepintió de haberlo atacado con ese hechizo. Por primera vez quiso huir de allí. Odiaba que sus ojos se le escapen hacia él, le asustaba su falta de autocontrol y el desvío de sus ojos hacia su pecho herido, ella simplemente lo odiaba demasiado como para verlo sin blusa…
-¡Me las pagarás! – Harry se acercó a ella, despeinado. Una gota de sangre recorría sus abdominales. Harry la arrinconó contra la pared con la mirada contaminada…
-¿Ah si? Disculpa que no tome muy enserio tus amenazas, Potter. – Ginny chocó contra la pared de espaldas; el sentido del olfato le hizo saber que Harry estaba demasiado cerca. Su infame perfume francés era inconfundible.- Y si no te molesta aléjate, me está dando nauseas tu cercanía…
-¡Ten en cuenta lo que te digo porque te daré en dónde más te duela, perra! – gritó Harry y le rompió los tímpanos.
-¡No me hagas reír, cabeza rajada! ¡No te puedes vengar de nadie!
-¿Cuánto estás cobrando la hora?
-Contigo no trabajaría ni loca.- soltó Ginny enseguida.
-¿Me darías un polvo gratis? – se acercó a ella hasta estar a milímetros- Entiendo gritarías como una perra en celo…- Ginny hincó un brusco dedo en la herida del pecho, él gimió de dolor, luego le paso la mano por la cara, ensuciándolo de sangre.- ¡Maldita!
-¡No te tengo miedo, Potter! – Gritó Ginny sacada.
-¡Deberías tenerlo, Weasley! ¡Porque ni te imaginas la que te espera!
-Cincuenta puntos menos para Gryffindor. -Snape estaba allí con aspecto enojado- Se aguantarán el dolor de los hechizos por haberse peleado, no volverán a perder otra clase para que los curen… La próxima serán cien. Entren ya mismo a clases. Potter, ponte tu camisa de Hogwarts… no, no me importa que esté rasgada, mejor que la de esta mañana es.- Ginny río por lo bajo.
Harry y Ginny se ubicaron en sus lugares, bien alejados. Harry temblaba de furia. Ginny, por el contrario se consideraba la ganadora de la batalla y estaba satisfecha a pesar de su forúnculo en el brazo. Los puntos para Gryffindor le importaban un comino. Hermione los miró con reprobación y Ron contuvo la risa por el aspecto de ambos. Los demás empezaron a cuchichear haciendo hipótesis de que habían hecho esta vez para agredirse.
Ese día prepararon Amortentia por primera vez. A pesar que habían estudiado los ingredientes, jamás pusieron en práctica hacer la mezcla en clase. No era agradable tener que hacer una poción tan complicada delante de la escrutadora mirada de Severus Snape. Sin embargo a Harry no le fue tan mal. Cerró los ojos al oler su propia poción, esa fragancia le gustaba y eso significaba que lo estaba haciendo bien. Era un perfume dulzón, que no sabía de dónde conocía, mezclado con shampoo de manzanillas. Inexplicablemente sintió un odio inconmensurable, sin saber bien porqué. Ese aroma de desconocido origen le encantaba, pero al mismo tiempo le producía rechazo, lo hacía sentirse débil y lo detestaba. Algo muy raro le ocurría con esa poción…
En eso, Draco Malfoy, que estaba al lado de Ginny Weasley, le hizo un dibujo de él con una camisa rosa y se lo mostró a espaldas de Snape, gesticulando un "Eres gay, Potter". Ginny le festejó el comentario afirmando con la cabeza. Harry les hizo un gesto grosero.
Horas más tarde, cuando terminaron las clases de la tarde, Harry sintió ganas de estar sólo y se fue por los corredores de Hogwarts, con la intención de pasear, o meditar. Tomó su capa invisible y se la echó encima, pensando que tal vez podía ir a la Sala Multipropósito y quedarse acostado escuchando música, teniendo la certeza de que nadie lo iba a molestar… Antes de que llegue al séptimo piso, se encontró con una escena particular que lo hizo quedarse estático en la esquina. Tuvo el instinto de esconderse a pesar de tener encima la capa invisible. Ginny y Dean Thomas estaban los dos tirados en el suelo y abrazados sobre la fría pared de piedra. Ella apoyaba la cabeza en su hombro y Dean le acariciaba el pelo, mirándola con ternura desbordando sus ojos negros.
-Me encantan tus caricias…-susurró ella entrelazando su mano con la de él. Dean sonrió. Harry sabía que su compañero de cuarto estaba loco por ella y verlo así le hizo torcer los ojos con desagrado.- Me relajan tanto…
-A mi me gusta que te gusten…- ella sonrió. Era raro para Harry verla sin ese gesto despectivo que le dedicaba apenas se cruzaba con el.
-Dean… -Harry la observó fijo.- ¿Cuál es tu color favorito?
-El azul. ¿El tuyo? – Ginny reflexionó un momento… Absurdamente Harry se preguntó si tenía algún poder para mirar a través de las capas invisibles, porque sin saberlo lo estaba mirando directamente a sus ojos.
-El verde, me gusta mucho el color verde.-Harry se estremeció. Maldita sea, odiaba esos ojos chocolate atravesándolo, de alguna manera lo hacían sentirse desgraciado y humillado.- Y el negro también me gusta.
-¿Por qué te gusta el verde? – quiso saber Dean.
-No lo sé. Me recuerda a la naturaleza. A la libertad…- Dean rió.- De verdad lo digo…
-¿Y el negro a que te recuerda?
-A la noche. Me gusta la noche, es como mi refugio- la voz de Ginny sonó apagada.- Y mi cabello resalta cuando me pongo una prenda oscura…
-Estás rara. ¿Te ocurre algo?
-No.- Las palabras de Potter resonaron en su cabeza "Realmente no sé que diablos te ven, ¡eres deforme!"
-Si tú lo dices… - le acarició más el cabello, haciendo que ella ronroneara.
–Dean…
-Dime… - ella se sentó a su lado y se tildó mirando el corredor vacío. Ella no dejaba de recordar esos ojos verdes insultándola y agrediéndola. Parpadeó, Dean aprovechó para besarla y Harry cerró los ojos sin querer ver eso. Era demasiado asco junto. Ginny miró a Dean de forma fija.- Dime…¿qué te ocurre, pelirroja?
-Tú crees que yo… -respiró hondo, era una pregunta tonta, demasiado tonta.- ¿estoy gorda…?
Harry sonrió con alegría: saber que las palabras que él le decía la afectaban le encantó, de hecho le produjo un calorcito en el pecho que no tenía nada que ver con el odio.
Dean se empezó a reír a carcajadas.
-¡No te burles, tonto!
-¿Me preguntas en serio?
-Si.- dijo serena mirándolo a los ojos.- Quiero que me seas sincero.
-Ginny, por favor. Estás perfecta, eres hermosa.- ella sonrió.- Sólo mírate al espejo y lo notarás…
-¿De verdad?
-Por supuesto…
-No lo sé...- dijo ella preocupada.- Tal vez debería dejar los postres por las noches.
-No digas pavadas. ¿Por qué lo dudas? Siempre fuiste muy segura de ti misma…
-Por nada en particular – mintió ella.- Sólo que algunas faldas de Hogwarts me vienen quedando chicas…- Dean rió.
-Tienes con qué rellenarlas- ella lo besó con dulzura.- Eres hermosa, nunca lo dudes…
Ginny lo abrazó sintiéndose protegida en él.
-Gracias…- dijo sensiblemente refugiándose en los brazos del chico.
-¿Volviste a pelear con Harry? – inquirió Dean con el entrecejo fruncido.
-¿Por qué lo preguntas? – dijo turbada
-Cada vez que peleas con él te pones así.- afirmó el muchacho.
-Nada que ver.
-Se agreden demasiado, deberían parar con la guerra…
-Basta, no quiero hablar de Potter.- el gesto de Ginny volvia a ser despreciativo y Harry de repente recordó que la odiaba demasiado.
-¿Discutieron otra vez?
-Si, esta mañana.- contestó Ginny- No te imaginas cuánto lo odio.
-El a ti también.- "No tengas dudas de eso, Thomas", pensó Harry.
-Estuvo divertido haberle puesto esa ridícula camisa, ¿verdad?- Dean asintió y Harry hizo una nota mental de pegarle una puñetazo en cuanto tenga oportunidad.- Ya me vengaré…
-¿No le tocaría a él cobrar venganza?
-Sí.- admitió ella- Pero debo ir pensando para cuando sea mi turno…- cerró las manos como una mosca que trama hacerle algo a su presa.- Ni se imagina lo que le espera, le daré en dónde más le duele…
-Eres terrible. Pero ten cuidado, Gin. Él también podría darte en dónde más te duele. Recuerda lo de tu ropa interior.
-Ni me hagas acordar – dijo ella con los dientes apretados.- Por suerte no quemó mi caja de madera, estaba justo en el cajón de mis bragas. - respiró hondo.- Si la agarraba sería lo peor para mi…- Harry sonrió con malicia debajo de la capa invisible.
-¿Qué tienes en esa caja?
-Es un secreto.- sonrió ella y Dean la miró intrigado.- Contiene dos cosas muy importantes para mí…
-¿Cuáles?
-No te lo diré, Thomas.- lo besó.- Me ayudarás a vengarme de Potter?
-Tal vez.
¿Por qué te es imposible convivir,
Y en ningún momento ser feliz?
Creo que adivino la respuesta:
Tienes pies de plomo en el amor.
Harry se fue de allí con una bronca terrible consigo mismo. No podía creer cómo Ginny engañaba a los hombres. ¡Si estaba con muchos más! Ella jamás tomaba en serio sus relaciones, ninguno era su novio, todos eran ocasionales. "Más fácil que tú, no hay Weasley!" ¡Y Thomas accedía a ayudarla para hacerle algo que seguramente lo avergonzaría delante de todo Hogwarts! "Estúpido Dean Thomas, lamentarás haberte dejado caer en las garras de esa putita", pensó con odio. "Ya me ocuparé de ti, le contaré Ginny Weasley cómo coqueteas con sus amigas". Sonrió con placer. ¿Con que Ginny tenía una caja de madera que era muy importante para ella, eh? "Sufrirás mucho, perra, muchísimo, porque esa caja será mía y la destruiré frente a tus narices…"
El fin de semana llegó con mucha lluvia y eso puso de mal humor a la mayoría de los estudiantes. Lo único positivo es que no habían cancelado los viajes a Hogsmeade y todos aprovecharon para ir, antes de que se agoten los cupos. Ginny fue una de las primeras que se anotó y se alegró bastante cuando Hermione le contó que Potter se había quedado sin lugar. Sin embargo eso no impidió su mala cara: ella detestaba la lluvia. Pero ella no iba a dejar que eso le arruine el divertido momento que pasaría en Hogsmeade con sus amigas… Ya tenía listo el piloto para no mojarse y bajaba a la Sala Común, que estaba vacía. Supuso que todos los estudiantes estaban esperando los carruajes para ir al pueblo. Estaba por atravesar el agujero del retrato para salir, pero una voz la detuvo…
-Pagaras muy caro lo que hiciste, Weasley– la sorprendió la voz de Romilda Vane. Ginny se dio vuelta y la miró. -¡Como se te ocurre lastimar a mi Harry!
-Vaya-repuso Ginny con superioridad - No me había dado cuenta.
-¿De qué?
-Que la cara te hace juego con lo estúpida que eres…
-¡Puedes decir lo que quieras! ¡Pero es evidente que te gusta Potter!
-¿Eh? – dijo Ginny sin dar crédito a sus oídos- Si claro, me gustaría verlo muerto, si a eso te refieres…
-¡No te vas a quedar con él! – dijo Romilda y sacó su varita. Ginny no llevaba la suya encima y lo lamentó.
-¿Me vas a atacar? – Dijo con sorna- Primero deberías eximirte en encantamientos, Vane. Flitwick está cansado de dibujar un cero en tus exámenes.
-¡No me provoques o te echaré un maleficio imperdonable!
-Imperdonable es la cara de idiota que tienes.- repuso Ginny burlona.
-No vuelvas a atacar a Harry, Weasley! No conseguirás acostarte con él, te detesta!
-¡Yo no quiero nada con Potter, prefiero la muerte antes de estar con ese imbécil!
-¡No te creo nada! ¡Se nota que te gusta! – salió un chorro de luz de su varita. Romilda estaba furiosa.
-Vane, no tengo la culpa que no te haga caso, ¿sabes? Se habrá dado cuenta que eres intocable… ¿sabes en qué sentido lo digo no?
-¡CALLATE! – gritó Romilda enojada.
-¿Te duele verdad? ¿Acaso amas a Potter? – empezó a reír, como si la idea de sentir algo por Harry Potter fuese ridícula.
-¿Y qué si fuera así?
-Es una pena, ¿no?
-¿De qué hablas, Weasley?
-Es realmente una lástima que Potter prefiera pelear conmigo antes de un polvo en tu cama…
-Tu no eres mejor que yo, Weasley, Harry te odia, jamás estaría contigo…
-¿A quién crees que elegiría para una noche de sexo? – Ginny sólo lo decía para provocarla. Le encantaba verla enojada y descargaba toda la bronca acumulada en las últimas horas.
-A mi, por supuesto…- aseguró Romilda- Jamás te tocaría un pelo, le das asco.
-¡Ja,Ja! ¡Eres una pobre ilusa…!
-¡CIERRA LA BOCA O…!
-A mi no me levantes la voz, Vane.
-¡Si vuelves a acercarte a Harry yo…!
-Follaré con él… -aventuró Ginny haciéndola reventar.
-Cruccio…! – Romilda la agarró desprevenida, pero el hechizo no llegó a darle a Ginny porque alguien la corrió del medio tirándose al suelo con ella. Ginny abrió los ojos y tenía a Harry encima de ella. Fue sólo un instante… fue una endemoniada fracción de segundo en el cual sintió algo completamente inoportuno: ganas de besarlo. Y no se debía a que la había salvado porque Ginny estaba completamente exenta del contexto, no tuvo tiempo de asimilar lo ocurrido. La cruda sensación se asociaba con el odio derritiéndose en su interior, el odio fundiéndose placenteramente y dejándola flotando en ese impertinente aroma que no dudaba en encandilarla…
Ojalá que el viento sople contra tí
Y congele tu sonrisa de delfín.
Mira que he prendido ya la mecha
y pronto sentirás en tu interior
Una explosión de soledad.
Harry Potter se levantó y miró con desagrado a Romilda.
¿Ganas de besarlo?, no, Ginny no había sentido eso. La sangre volvía a explotarle en el pecho por su cercanía y las manos le transpiraban, indicándole que sólo quería golpearlo.
-¿Cómo se te ocurre lanzar un maleficio imperdonable, Vane? - gruñó furioso.
-Harry…- intentó explicarle ella.- Si le iba a dar a Ginny, tú la odias, tu no…
-¿Tienes idea de lo que siente con un Cruccio? – chilló él.
Ginny no podía creerlo, estaba estática… Por un instante creyó que Harry Potter la estaba defendiendo ¿o todo era producto de su imaginación?
-No…- Romilda estaba a punto de entrar en llanto- Pero ella es…
-¡No se lo desearía ni a Weasley! – dijo Harry enojado. Ginny jamás lo había visto tan seriamente enojado pese a que ella misma era quien mejor conocía esa faceta de él.- ¡Voldemort me torturó con eso Vane y es el peor dolor que se pueda sentir!
-Yo…
-¡Eres una inconsciente!
-¡Pero si tú la odias! – Insistió Romilda- Ella es…
-¡Se que es una maldita zorra! – La atajó Harry y Romilda quiso sonreír pero no se atrevió.- ¡Pero ni ella se merece que…!
-¿Saben qué? – Intervino Ginny, con rabia contenida.- Dejaré que tengan esta amena conversación el pobre huerfanito cuatrojos y la faltita de Romilda Vane. Esta la maldita zorra – dio una vuelta sobre sí misma- debe trabajar en Hogsmeade…porque yo no me quedé
-Por mi vete al infierno, Weasley- le espetó Harry.
-Gracias por defenderme, cabeza rajada.- Ginny atravesó el agujero del retrato, riendo a carcajadas.
-¡No lo hacía por ti, desgraciada! – le gritó Harry viéndola irse.
-Harry, no le hagas caso, ella es…
-¡NO ME DIRIJAS LA PALABRA, VANE! -giró sobre sus talones y emprendió hacia su dormitorio.
-Me las pagarás, Weasley, me las pagarás.- susurró Romilda con lágrimas en los ojos.
Pero Harry tuvo una idea mejor que estar sólo en su habitación. Tomó la escoba y salió por la ventana y voló hasta la ventana del cuarto de las chicas. Él aun no se había olvidado de la venganza que le debía a Weasley, jamás lo haría. ¡Tenía que cobrarle la afronta del desayuno! Rompió el vidrio con una piedra y metió la mano para abrir el cerrojo, que emitió un chirrido de esos que hacían mal los dientes. Dejó la escoba a un costado al pisar suelo firme. Enseguida ese aborrecible perfume dulzón le invadió sus sentidos otra vez. Fue un solo instante en el que Harry dudó si le gustaba o no. ¿Cómo podía preguntarse eso? ¡Era una pregunta tan fácil de responder! Pese a eso no era tan obvia la respuesta; siempre lo había detestado, era algo natural desde que tenía once años y lo dio por asumido… ¿y si no era tan así? ¿Por qué estaba dudando? No, no, no. Era detestable como toda ella.
Rápidamente, tachó ese interrogante de sus pensamientos y se dedicó a buscar la caja de algarrobo que Ginny le había descrito a Dean. "El cajón de las bragas", recordó. Fue hacia la cómoda y abrió el primer cajón. Lo primero que vio hizo que no tuviera éxito en reprimir una imagen de Ginny con una tanga de leopardo. Siguió revolviendo el cajón maldiciendo su mente pervertida y esos instantes, que eran únicos, en los cuales se permitía a si mismo delirar… el odio a veces lo enfermaba… y de repente la encontró.
Recordó ver la caja meses antes, cuando le robó toda su ropa interior para quemársela en sus narices. Y regresaron esos instantes secuaces de Ginny Weasley, esos míseros segundos de ensueño porque la curiosidad lo atravesó sin piedad. ¿Qué tenía Ginny ahí adentro? ¿Qué era lo que Ginny consideraba tan apreciable? No, no debía distraerse con esa intriga que lo debilitaba… ¡no importaba lo que había, tenía que destruirlo si es que era valioso para ella!
Harry lo sacudió y parecía que había varios objetos que chocaban contra la madera. Intentó abrirla, vencido por un solo instante, pero no lo logró. ¡Esa pelirroja le había puesto algún poderoso encantamiento para sellarla! "Hermione tiene razón. Ella es buena en encantamientos", pensó él odiándose por admitirlo. Se llevó la caja y volvió a volar por la ventana de su habitación.
Eran la una de la tarde y Ginny volvía de su excursión en Hogsmeade. Ron y Hermione la acompañaban. Los tres tenían pilotos y parecían un poco salpicados por la lluvia, que aún no había cesado. De hecho, la tormenta estaba a decidida a no parar por un sólo instante.
Los jardines de Hogwarts estaban desiertos porque todos se querían proteger de la lluvia. Ginny iba a hacer lo mismo, adelantándose a Ron y Hermione, pero una figura encapuchada frenó su accionar. Enseguida lo reconoció, su estómago se obstruía de rabia cuando él aparecía, era una señal alarmante que la estremecía. Nunca había sentido nada parecido por nadie más. La sensación de peligro inundó su cuerpo que se lo hizo saber con una ligera conmoción en la planta de los pies… Ginny olió el perfume francés de la venganza antes de llegar a él.
Harry permanecía sentado a la orilla del lago completamente empapado, pero eso no importaba. Era un momento para disfrutar a pleno: esa pelirroja iba a saber lo que es bueno.
Piso lento cuando estás por si
Me descubres la jugada y vienes a por mí.
Sólo pretendo salir ileso; tener tiempo para huir.
Esto es amor y odio, amor y odio,
Amor y odio, amor y odio...
-¡Weasley! – le habló directamente a ella.- ¡Mira lo que tengo aquí! – le mostró la caja de algarrobo y la expuso al borde del lago con peligro. Ginny lo miró y empezó a correr hacia él.
-¡DAME ESO, POTTER!- Le gritó debajo de la lluvia y se sacó la capucha.
-Te dije que me la ibas a pagar, Weasley... – Harry vio a Ginny sacar la varita.
-Dame eso Potter…
-No lo haré… y guarda esa varita o esta hermosa cajita será la comida del calamar gigante.
-¡NO!
-Me temo que sí…- dijo Harry riéndose a carcajadas.
-¡Eres un maldito hijo de puta! ¡Devuélvemela!
-¡No me insultes, perra! ¡Porque tu más preciado tesoro caerá al lago! ¿Qué pena no?
Ron empezó a reírse como siempre, pero Hermione esta vez estaba seria. Ella sabía que había en la caja, pero algo adentro le dijo que no debía intervenir.
-¡No la tires, Harry! – Suplicó Ginny con la voz aterrorizada.- Te hablo en serio, no la tires…
-¡Lo haré, por haberme hecho pasar una vergüenza esta mañana!
-¡Devuélveme la caja y te daré lo que sea! ¡Te daré lo que sea! – Harry disfrutó mucho cuando la voz de Ginny se quebró. La estaba haciendo caer, poco a poco.
-¡Olvídalo Weasley, no quiero nada tuyo!
-¡Harry, te lo suplico, me arrodillo, no la tires al lago! – Ginny evitaba mirar el lago, le daba terror el agua. El viento le helaba las entrañas sin piedad…
-¡Lo siento, pero te lo mereces por toda y cada una de las que me hiciste! – A Ginny se llenaron los ojos de lágrimas.
-¡ERES UN CERDO! – le gritó. Un refucilo estremecedor unido a otra ráfaga de viento helado cubrió la tarde y la lluvia se hizo más intensa.
-Yo también te quiero, prostituta…
Él arrojó la caja al lago y vio cómo caía en cámara lenta, mientras el grito de horror de Ginny le aturdió los oídos.
-¡NOOOO! – Sollozó Ginny.
Harry empezó a reír a carcajadas… pero algo lo interrumpió: Ginny se tiró de cabeza al lago casi desbordado. Sus ojos vieron cómo las olas del lago tapaban su cabeza. Jamás había imaginado que Ginny sería capaz de tirarse…
-¡GINNY NO SABE NADAR!- Escuchó decir a Ron.
Harry sintió terror y se tiró al lago de cabeza. El agua estaba helada y le congeló cada poro de su piel. Algo cambió, en un solo instante: Harry se vio envuelto en una terrible sensación de angustia. Se trataba de una desazón que jamás había sentido en su vida… si a Ginny le pasaba él no iba a poder seguir viviendo, la tristeza le cerró el pecho sin la posibilidad de negociar algún resquicio para poder respirar, sin la certeza de un solo instante de tranquilidad…
Comenzó a nadar y sacó su varita para alumbrar abajo del agua, que lo maltrataba tanto como la desfavorable situación que vivía. Allí abajo no se veía nada… de repente sintió ese aroma dulzón imposible de percibir debajo del agua, pero su propio olfato inventó la afabilidad y el encanto de ese olor a manzanillas de su cabello rojo fuego. Ese instante del que ya no se podía separar le confirmó que le encantaba, que era riquísimo, que en realidad amaba, amaba odiarlo así…Que le gustaban sus ojos castaños destilando ofensas en su contra, admiraba sus perfectos encantamientos, su varita de acebo, flexible pero fuerte, lo seducían sus piernas blancas con esa falda corta, le gustaba hasta la manera en que lo agredía y esa misma tarde cerró los ojos para no envidiar a Dean Thomas por haberla tenido entre sus brazos… ¿cómo podían cambiar tanto las cosas habiendo pasado sólo un instante?
Entonces la vio: Ginny caía sin cesar hacia el suelo del lago, con el cuerpo inerte, despidiendo burbujas por su boca. La tomó de la cintura y la apretó hacia a sí mismo concentrándose con todas sus fuerzas para desaparecer…
Aparecieron en las orillas del lago, empapados. Harry abrió los ojos y la miró: estaba desmayada. Desesperado, le hizo respiración boca a boca y presionó su vientre. Se apartó cuando ella empezó a toser y escupió abundante cantidad de agua. La lluvia no había cesado, sino que se intensificó copiosamente. Los ojos verdes de Harry encontraron los de ella… y Harry se estremeció por percibir el atroz temblor de odio de los suyos, pero no había odio, no era sólo eso, había mucho más…y quería entenderlo, pero entenderlo significaba asumirlo, y asumirlo era decir y aceptar que la sangre le explotaba en el pecho cuando ella estaba cerca, era reconocer el principio del terror ante la posibilidad de que le pasara algo grave, era esa sensación de repugnancia que bastó un solo instante para transformarse en atracción…
-Ginny yo quiero decirte que…
Ella le dio vuelta la cara de un cachetazo.
Harry, presa de un impulso la besó con violencia y por fin comprendió que Ginny era lo único real en mundo, su dulce perfume, el terciopelo de su piel, su ropa empapada marcando la curvilínea figura, la frescura de su nombre, el desconcierto de sus ojos marrones que se cerraron con rapidez, la profundidad con la que amaba odiarla así…
Harry la separó y no supo si lo que recorrían sus mejillas era el agua de lluvia o lágrimas de amargura…
-Quiero decirte que lo siento mucho…
-Harry…
La frase no pudo ser culminaba, por ese particular y largo instante volvió a empezar. Sus labios fueron capturados por esa otra boca que tanto odiaba y sin darse cuenta lo correspondía sin titubeos, sin dudas, sin detenimiento, sin trabas; con su odio enamorado, con su amor endemoniado; un olvido la atravesó con brutalidad, se apagó la repugnancia se había ido a otro lado, ese perfume francés la volvía ciega, despertaba la venganza que el amor le estaba haciendo al odio, porque los labios de Harry Potter eran asquerosamente ricos.
Piso lento cuando estás por si
Me descubres la jugada y vienes a por mí.
Sólo pretendo salir ileso; tener tiempo para huir.
Esto es amor y odio, amor y odio,
amor y odio, amor y odio...
La canción es "I love to hate you" de Erasure, en su versión española. La iba a poner en inglés, pero no sé, me gusta que todos entendamos lo que se lee sin necesidad de buscar la traducción
Me divertía jugar un poco con los sentimientos de amor odio equiparándolos, siempre quise escribir un shot con esta temática y no me decidía.
Espero ansiosa sus opiniones, de ellas depende que en un futuro no tan lejano haga una continuación para aclarar los puntos que quedaron "sueltos"
Gracias a todos por leerme.
Joanne
