— Sabes que no puedo hacerlo ¿verdad? —dijo con un nudo en la garganta —Va en contra de las reglas — su voz se quiebra y las lágrimas pican sus ojos.
—Mil almas son demasiado — ella responde con voz triste y cierra los párpados, la piel de estos es muy delgada, se pueden apreciar pequeñas venas rojizas tapizarlos, una gota salada y cristalina rueda por su pómulo, el hueso sobresale, ya no hay grasa ni músculo tierno que le recubra, la enfermedad lo ha consumido por completo.
—Es muy arriesgado —él trata de justificar su egoísta decisión.
—Está bien, yo lo entiendo.
—Vas a estar bien —promete el hombre mayor y le aprieta la mano huesuda con cariño y algo de aprensión, como no queriendo dejarlo ir.
—Después de todo, el deseo de morir fue el principio de todo esto ¿no? —dice con una sonrisa —fuimos suicidas.
—No digas eso —pide él.
—Will...
—Encontraremos alguna cura, por favor aguanta.
—No, estoy cansado — con un suspiro cerró los ojos.
—Perdóname.
—No es tu culpa — murmuró, fue casi inaudible.
—Soy cobarde.
—Todos lo somos, por eso estamos aquí, cumpliendo esta penitencia Will.
—Grell... —William lloró, nunca le permitió a nadie el verle llorar. Sólo dos veces en su vida ha derramado lágrimas, durante el ataque del alma de Thomas Wallis y el día en que Grell murió y esas dos veces, sólo la muerte carmesí tuvo el privilegio de mirarle llorar.
—Voy a esperarte, por favor no tardes, te amo ~ —Grell acaricia la mejilla de William, en una promesa por reencontrarse una vez que la condena de William termine.
La película se detiene abruptamente, el libro se cierra y una puerta se abre permitiendo la entrada de luz a aquella habitación en penumbras.
—Señor Spears, ¿cómo se encuentra hoy? —pregunta una enfermera con sonrisa amable, William se abraza al libro celosamente y no responde, su mirada está perdida.
...
—Es una lástima, era un muy buen elemento, el mejor supervisor de Londres — dice un hombre con tristeza al ver en lo que terminó su maestro, Ronald suspira y sigue adelante, ahora él era el nuevo supervisor.
—¿Qué fue lo que le ocurrió? —pregunta un novato que le sigue cual cachorro inquieto, ahora el rubio debe formar su nuevo equipo de trabajo.
—Su esposa murió, él no pudo salvarla — responde el rubio al recordar esa historia de amor, trágico como le gustaba a Grell.
...
Cuando Grell contrajo las espinas de la muerte, todas las miradas estaban sobre William, expectantes de su reacción, hubo advertencias y amenazas, cualquier anomalía entre muertes y almas programadas, Spears sería el responsable. Si era atrapado recolectando almas para salvar a Grell, el pelirrojo sería ejecutado de inmediato y su alma no encontraría el perdón. No tenía otra opción más que disfrutar el poco tiempo de vida que le quedara a la muerte roja y verla morir lentamente. William perdió la razón, el remordimiento de dejar morir a Grell lo volvió loco y fue recluido en un asilo.
Todos los días William ve el libro de Grell y repite su último día de vida, para escucharle decir que lo perdona.
