¡Hola!
Esta historia es un Draco&Hermione. Lo aviso por si habéis entrado sin fijaros y no os gusta la pareja, que sepáis lo que vais a encontraros. Es un UA, lo que quiere decir que, en este caso, no hay Hogwarts, ni magia ni ná de ná de ese tipo, tan solo están nuestros protagonistas aunque de una forma bastante cambiada: van a un instituto normal y las relaciones de pareja están algo cambiadas.
Me inspiré en una historia en inglés que leí hace tiempo de otra chica que hizo un UA con Buffy&Spike (Buffy Cazavampiros) y me gustó tanto que me enganché. Hace como un año que no sé nada ni de ella ni de su historia y no tengo ni idea de por qué me ha dado la vena ahora para escribir un UA también xD francamente, soy rara y ni yo misma me entiendo, pero bueno...
Espero que os guste y que me dejéis reviews, porque si no recibo no continuo :(
¡Hasta pronto!
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Hermione Granger siempre había tenido una vida normal. Iba al instituto, sacaba buenas notas, por no decir excelentes, tenía unos padres que la querían, amigos geniales, novio… La vida le sonreía, porque además gustaba bastante al sector masculino y caía bien entre la gente, aunque a veces se asemejase más a un ratón de biblioteca que otra cosa.
Tenía diecisiete años, que pasarían en pocos meses a ser dieciocho, y un físico bastante agraciado: una larga y espesa mata de pelo castaño y ondulado que terminaba un poco más abajo de los hombros, que siempre presentaba aspecto salvaje pero cuidado aunque a ella le costase lo suyo mantenerlo domado; sus ojos eran castaños, almendrados y siempre brillantes; poseía unos labios carnosos y rojos y una nariz respingona. Era delgada y hacía un par de años que la edad le había concedido unas generosas curvas, unas caderas bien moldeadas, unas piernas finas y unos pechos desarrollados.
Sin embargo, no solía vestirse de manera especialmente provocativa. Y no porque no le quedase bien o no la dejasen, sino porque no era su estilo: se encontraba mucho más cómoda con unos vaqueros y una camiseta que con una minifalda y unos tacones quilométricos. Tampoco le gustaba maquillarse, porque lo consideraba una pérdida de tiempo: si su cara hubiese sido hecha para pintarse, sería una pared andante y no una chica.
Era abierta y divertida, pero se tomaba muy en serio sus estudios, a veces demasiado, y solía ponerse histérica ante la presencia de exámenes que luego siempre se sacaba con sobresalientes. Era muy perfeccionista y sus amigos la apreciaban por ello, aunque a veces los volviese locos con los pequeños detalles.
En la pandilla de la que formaba parte estaban también Ron Weasley y Luna Lovegood, que salían juntos y estaban a punto de cumplir un año como pareja. Ron era alto, pelirrojo y pecoso, bastante atractivo aunque un poco simplón. Luna era rubia y tenía expresión soñadora constante, y no era para menos, porque la chica parecía vivir en otro planeta y era bastante excéntrica, aunque todos la apreciaban porque era sensata para la mayoría de las cosas y siempre hacía reír. También estaba Ginny Weasley, la hermana de Ron, un año más pequeña. La chica era pelirroja y muy guapa, y ligaba mucho, pero a Ron le gustaba jugar a ser el hermano sobreprotector.
Luego, estaba el novio de Hermione. Harry Potter. Un chico de negro pelo alborotado, gafas, unos impresionantes ojos verdes y un cuerpo atlético y bien formado. Capitaneaba el equipo de baloncesto del instituto y era un conquistador consumado. Sin embargo, todo el mundo coincidía en que, desde que estaba con Hermione, parecía haber sentado la cabeza al fin. No era mal chico, quizás un poco chulo, pero con su grado de popularidad, él podía permitírselo.
Hermione tenía mucha suerte de estar rodeada de tantas personas geniales y lo sabía. De hecho, tenía mucha suerte con todo lo que le había tocado, y también lo sabía. Y daba gracias por ello.
En cambio, aquel sábado por la noche, la vida no le parecía para nada fantástica. Estaba en pijama, tirada en el sofá con una enorme bolsa de patatas fritas, viendo la televisión sola, pues sus padres habían salido de cena. Harry le había dicho que aquel fin de semana iba a estar estudiando y que por ello no iba a poder salir con ella. Herms nunca había sido una persona particularmente dependiente, pero estaba en ese tipo de días en que lo único que quería eran mimos y no le apetecía salir sin él.
Por eso, los estudios de su novio la habían confinado a casa.
Cuando la película que estaba viendo y de la que no se estaba enterando de nada dio paso a un intermedio, sonó el teléfono. Ella no lo cogió ni al primer ni al segundo timbrazo, porque contaba con que lo hiciese su madre… cuando recordó que su madre no estaba. Entonces, se apresuró a chuparse los dedos para quitarse la grasa de las patatas de ellos y descolgó el auricular.
-¿Diga?
-¡Hermy! Soy Ginny. ¿Al final no vas a venir con nosotros? – preguntó su amiga, con un estruendoso jaleo de fondo al otro lado de la línea. Sin duda, el Circolo debía de estar hasta arriba.
-No me apetece – respondió ella, a desgana.
-Ron me está picando para que te insista. Anda, ven, que por aquí hay una marcha tremenda… y un montón de tíos buenos – Hermione alcanzó a imaginar una sonrisa viciosa en la cara de Ginny – El equipo de fútbol del College ha venido por aquí también.
-Con los chicos del Wayland tengo bastante – replicó ella, divertida.
-¿Qué más da? Mirar no es malo.
-En serio, no me apetece nada…
-Me da igual, no es bueno quedarse en casa y el lunes te arrepentirás. ¿Acaso tienes algo mejor que hacer?
Hermione lo pensó: estaba en el sofá, mirando la tele sin ver nada y poniéndose como una cerda de grasas y coca-cola. Sí, decididamente, allí había algo que no estaba bien. Se puso en pie, decidida y cargada de una nueva animación.
-Vale, espérame dentro de media hora a la puerta.
-Ok, nos vemos.
-¡Hasta ahora!
Colgaron, y al otro lado de la línea, Ginny se giró hacia Ron y Luna, sonriente y satisfecha.
-¿Y bien?
-Dice que en media hora está aquí, tengo que ir a buscarla a la puerta y…
Sus palabras se perdieron al vislumbrar algo por encima del hombro de su hermano. Éste, que tenía a Luna tomada de la cintura la miró, sin comprender, y se giró para comprobar qué había visto su hermanita. Lo que vio hizo que su cara se tornase del mismo color que su pelo, dándole el aspecto de una zanahoria gigante. Luna, que también lo había visto, soltó un pequeño silbido y miró hacia otro lado.
-No creo que a Herms le vaya a gustar…
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Cuando Hermione llegó al Circolo se alegró de haber salido. Aquella calle estaba llena de gente y ruido y el propio local desprendía animación por todas partes. Sin embargo, en cuanto se acercó a la puerta, se percató de que no solo Ginny había salido a esperarla: Ron, abrazado a la cintura de Luna desde detrás, esperaba junto a su hermana, colorado y muy serio. Tanto, que la chica pensó que había pasado algo y al acercarse a ellos, en vez de saludar, lo primero que barbotó fue:
-¿Qué ha pasado?
Ginny se revolvió, incómoda.
-¿Pasar? No pasa nada Herms… - soltó una risilla nerviosa y Hermione empezó a sospechar.
La pelirroja nunca había sido buena mentirosa y cada vez que trataba de ocultarle algo se le escapaba aquel ridículo mote. La miró, frunciendo el entrecejo y después paseó su mirada por los rostros de Ron y Luna, comprobando una seriedad que confirmaba sus sospechas.
-Decidme qué ha pasado – dijo, esta vez sin preguntar.
Ron abrió la boca, dispuesto a darle una respuesta, pero Luna le dio un pisotón que lo dejó sin habla. El chico parecía tremendamente sulfurado y aparentaba estar reprimiéndose las ganas de gritar un montón de improperios. La expresión de molestia de la castaña se acentuó y Ginny trató de distraer su atención con otra cosa.
-Oye, esto se está poniendo aburrido por aquí – dijo - ¿Vamos hasta el parque, a ver si Neville y los demás tienen algo montado por allí?
-¡Qué dices! Neville tiene mañana una recuperación de Literatura, estará estudiando… ¡Además, esto está hasta arriba¿Cómo va a estar poniéndose aburrido? – exclamó Hermione, sonriendo con el cambio de tema y haciendo ademán de entrar.
Ron la detuvo con el brazo, negando con la cabeza.
-Vamos a otro sitio – dijo, con voz ronca.
Hermione empezaba a enfadarse. ¿Qué demonios sucedía allí que nadie quería contarle? Resopló, como un gato enfadado, y se puso firme sobre sus tacones al replicarle a sus amigos.
-Vosotros me pedisteis que viniese y eso he hecho, así que tengamos la fiesta en paz.
Y entró al local.
La chica no acababa de comprender lo que sucedía. Todos estaban rarísimos. ¿Es que había allí algo que…? Miró a su alrededor y lo que vio no la descolocó para nada: ruido, risas, música, gritos, luces, gente bailando, bebidas en las mesas, Harry besándose con una chica en la pista de baile, una partida de billar empezada, el camarero ligando con… ¡Un momento! Sus ojos hicieron el camino de vuelta y se detuvieron en un punto¿Harry besándose con una chica¿OTRA chica que no era ella? La escena pareció congelarse y Hermione casi pudo percibir cómo un helado viento imaginario le congelaba las facciones de la cara en una mueca de ira. Apretó las mandíbulas, furiosa, al ver quién era: Pansy Parkinson, una de las animadoras del instituto que tenía cara de perro enfadado. Notó a alguien a su lado.
-Deberíamos haber ido al parque… - oyó musitar a Ron.
No replicó. Estaba tan furiosa que no recibía las señales del exterior y por un momento sus amigos temieron que se lanzase sobre la pareja para matarlos a ambos. Sin embargo, alguien se le adelantó.
El novio (¿o ahora exnovio?) de Pansy, Draco, había llegado hasta la chica y la había separado de Harry bruscamente, gritando. De pronto, todo el mundo estuvo pendiente de la escena y cuando la gente comprendió lo que había sucedido, muchas miradas se desviaron hacia Hermione, furtivas, buscando la reacción de la chica.
Hermione, en cambio, había superado la fase de la ira incontrolada para dar paso a una vergüenza aplastante por la humillación que estaba sufriendo: su novio le había puesto los cuernos sin ningún disimulo, delante de todo el mundo, y encima con aquella cosa que apenas merecía el calificativo de ser humano. Y, mientras tanto, Draco Malfoy había salido de allí con Pansy, ambos gritándose.
Harry se giró, para soltar un ladrido que disolviese a la multitud, y se encontró de frente con la mirada dolida y acuosa de Hermione. Parecía que el chico fuera a decir algo, pero, sin mediar palabra ni correr, la castaña se dio media vuelta y se marchó al baño, caminando con tanta dignidad como el hecho de contener los sollozos le permitía.
El local pareció recuperar el movimiento y la animación de antes, y pronto nadie se fijaba ya en los protagonistas de la escena. Ron parecía querer seguir a Hermione, pero Luna y Ginny le detuvieron, diciéndole que irían ellas en un momento, solo para dejarle tiempo por si quería llorar sin que la viesen o algo parecido.
Después, irían a rescatarla.
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Mientras tanto, en los casi vacíos aseos de chicas retumbaban los sollozos de una chica que estaba encerrada en la última cabina. Hermione nunca lloraba por nada, de hecho, era una chica bastante dura y no solían afectarle tantos las cosas, pero en aquel caso no pudo contenerse. La furia, el sentirse traicionada, la vergüenza, la humillación… todo aquello, recibido tan de golpe y tan mal asimilado la habían afectado y en aquellos momentos solo quería desaparecer del mundo sin dejar huella porque tenía la sensación de que en cuanto saliese de allí, todo el mundo cuchichearía y la señalaría, quizás burlándose de ella o quizás solo cotilleando.
De cualquier manera, ninguna perspectiva le agradaba.
¿Cómo se suponía que debía reaccionar¿Salir y hacer como si no pasase nada¿Sonreír¿Mostrarse tal y como estaba en aquellos momentos? No, era más fácil esconderse, al menos de momento. Ya habría tiempo para cualquiera de las demás cosas.
Se secó las lágrimas con la camiseta y trató de calmarse. Escuchó el sonido de la puerta del baño abrirse y supuso que serían Ginny y Luna, por lo que salió de la cabina para hablar con ellas. Pero se encontró algo bastante diferente. Draco Malfoy, apoyado contra la pared con los brazos cruzados la miraba fijamente.
-Granger. – dijo, a modo de saludo, con su característica manera de arrastrar las sílabas.
Hermione sintió que comenzaba a ponerse mucho más tensa. Lo que menos necesitaba entonces era encontrarse con el rubio. Aparte de que era otro de los implicados en lo que acababa de sucederle, ellos se odiaban desde el primer día.
Draco Malfoy era rubio, de fríos ojos grises, y tenía un cuerpo atlético y bien formado. De hecho, le habría resultado atractivo a Hermione si no fuese por lo mal que se llevaban. Y es que, desde el primer día, Malfoy la había despreciado. Cuando se la habían presentado como la presidenta del alumnado, el chico ni tan solo había estrechado la mano que ella le tendió con una cálida sonrisa. Nada. Se limitó a mirarla de arriba abajo, como si la evaluase, y luego había continuado hablando con su acompañante como si ella no estuviese allí. Resultó que Draco era hijo de Lucius Malfoy, un ricachón que vivía en la enorme casa de las afueras de la ciudad, un pijo consumado que consideraba "indigno" relacionarse con alguien que no fuese igual que él: vamos, podrido de dinero.
Desde entonces, se evitaban en la medida de lo posible, pero a Draco le gustaba demasiado meterse con ella y Hermione se veía obligada a replicarle de forma que no pareciese excesivamente agresiva, pero siempre daba la sensación de ella iba dos pasos por delante de él en todas las discusiones.
Y allí estaba, plantado ante ella, en actitud arrogante y superior, mirándola como si le estuviera haciendo un tremendo favor al hablar con ella. Hermione borró la falsa media sonrisa que había esbozado creyendo que serían Luna y Ginny y le lanzó una mirada que parecía decir "despégate de mi zapato, inmundo chicle". Pasó por su lado sin mirarle y se lavó la cara con agua. El rubio la observó en silencio y cuando la chica parecía a punto de salir de los servicios reaccionó.
-Granger – repitió, en el mismo tono.
-Procura que nadie te vea salir después de mí o pensarán que hemos hecho algo para vengarnos de… - Hermione dejó la frase colgando, apretando mucho los labios, y luego volvió a hacer ademán de salir.
Una mano se posó sobre la puerta y la cerró de nuevo, y la chica pudo sentir a Malfoy hablándole muy cerca de su oído.
-Estoy tan jodido como tú, Granger, aunque yo lo lleve con más estilo.
Ella bufó, escéptica y el chico enarcó una ceja.
-Por si no lo has notado, tu musculitos se ha liado con MI novia – dijo, recalcando el posesivo – Lo que no deja de ser una humillación: TU novio con MI novio.
-No sé cual de los dos debería estar más humillado – observó ella, dejando a un lado cualquier tipo de educación: estaba cabreada¿por qué no descargarlo con él? – Por cierto¿y esa obsesión por los adjetivos posesivos? Es agradable saber que aunque no sepas conjugar un verbo…
-Deja tus ironías, Granger. No es el momento.
La chica se mordió la lengua para no llamarle de todo. Llevaba mucho tiempo callándose lo que realmente pensaba de él como para que su autocontrol durase mucho. Y entonces, tratando de distraer su mente con otra cosa, apreció en que posición habían quedado.
Ella había quedado con la espalda contra la puerta, acorralada, pues el cuerpo del chico, con los dos brazos apoyados a ambos lados de su cabeza, no le dejaba escapatoria por ningún flanco. Y, además, por mucho que la despreciase y ya que el top que llevaba no era precisamente de cuello vuelto, el chico le miraba descaradamente el escote.
Hermione resopló, indignada y le pegó un empujón. Draco, tomado por sorpresa trastabilló hacia atrás y la chica se afianzó sobre sus dos piernas, con los brazos cruzados y la cadera a un lado, en actitud desafiante. El rubio sonrió al recuperar el equilibrio y verla tan chula, ante él, sin demostrar ninguna debilidad, segura de sí misma como para plantarle cara. No podía negar que, a pesar de sus circunstancias, estaba muy atractiva en su papel de chica dura.
La sonrisilla de él no hizo nada más que aumentar su enfado y su impaciencia. ¡Si quería algo que lo soltase ya! No tenía todo el día…
-Granger…
-¡Quieres dejar de repetir mi apellido! Si quieres algo, suéltalo, y si no, déjame largarme porque no seré capaz de seguir respirando el mismo aire que tú sin intoxicarme.
Malfoy se humedeció los labios en un gesto que parecía ser para conservar la paciencia y no ahorcarla con los cordones de los zapatos.
-Mira, hablemos claro, pelo-escoba… – dijo.
Ella negó con la cabeza, chasqueando la lengua.
-No empiezas bien, Draquito…
El chico tomó aire. Cada vez se le hacía más difícil no saltar sobre ella y cerrarle la boca. Para ser tan modosita, tenía una lengua viperina.
-Tengamos la fiesta en paz – murmuró él, más para sí mismo que otra cosa, y luego levantó la voz para ella – Nos han dejado en ridículo delante de todo el mundo… Merecemos una venganza.
Al oír las tres últimas palabras, dos ideas se cruzaron en la mente de Hermione: la primera, que era cierto, y la segunda, que no le gustaba nada el tono que Draco había utilizado para decirlo. Parecía que al chico se le hubiera ocurrido un plan maestro… pero todo lucía como que no iba a gustarle nada.
-Claro – terminó por replicar ella - ¿Tú les sujetas y yo les pego?
-No – los ojos del rubio centellearon – No creo que les hiciera tanta ilusión el haberse liado en público… si supiesen que nosotros hemos comenzado a llevarnos mejor gracias a ello.
-Ya, Malfoy, pero es que tú y yo no… - empezó, como quien habla con un niño pequeño, para terminar con un ahogado gemido de terror - ¡No¡No, no, no, no! Y por si no ha quedado claro¡no!
-Vamos, Granger, es perfecto…
-No, es nauseabundo. ¿Tú y yo…¡Dios, tienes un problema!
La chica se giró hacia la puerta, con la intención más que clara e irrevocable de salir de allí cuanto antes a un sitio donde el chico no fuera a seguir con aquello, pero de nuevo Draco le cerró la puerta, evitándole la salida.
-¿Me estás diciendo que tu noviete el cachitas no se enfurecería si supiese que no es que te haya afectado mucho la ruptura?
Por un momento, unos pequeños flashbacks de Harry completamente fuera de sí al verla con otro, siguiéndola, disculpándose, jurándole cambiar, la asaltaron haciendo que una vocecilla en su mente gritase desgarradoramente "¡Por qué no¡Tiene sentido!". Hermione sacudió la cabeza y se obligó a recordar quién se lo estaba prometiendo.
-Olvídalo. Estás enfermo.
Malfoy puso una mueca de escepticismo.
-Yo quiero que Pansy vuelva, tú quieres que lo haga el idiota de Potter. Busca algo mejor.
Hermione suspiró, harta.
-Tienes una mente muy retorcida.
-¿Eso es un sí?
-Eso es un "ni en broma". – replicó ella, dio media vuelta y salió del servicio.
Dentro, un frustrado Draco le dio una patada a la papelera.
Una vez fuera y aunque la gente todavía le lanzó algunas miradas y se oyeron cuchicheos a sus espaldas, Hermione se sintió mucho mejor. Avanzó entre la multitud, abriéndose paso como podía e ignorando a las personas poco discretas que la observaban, y encontró a sus amigos junto a la barra. Ginny y Luna parecían tratar de calmar a un sulfurado Ron, que amenazaba con deshacerse de ellas en cualquier momento, y que se relajó mucho al verla allí con ellos.
-¡Herms! – exclamó y le pasó un brazo por los hombros.
-¿Cómo estás? – preguntó Luna, dejando a un lado su acostumbrado tono soñador a favor de otro preocupado.
-Mejor, gracias.
-Íbamos a ir a buscarte en cuanto la bestia se calmase – informó Ginny, lanzándole una mirada furiosa a su hermano, que estaba demasiado ocupado mirando a la castaña.
Ésta se encogió de hombros.
-No os preocupéis. Casi prefiero que lo hayáis calmado, no vaya a ser cierto eso de que la mala leche se hereda, que conocemos a tu madre…
Luna y Ron sonrieron, divertidos. Sí, ya debía de estar mejor si era capaz de bromear después de algo así.
-¿Visteis a Malfoy? – preguntó de pronto Ginny.
Hermione tuvo la sensación de que treinta quilos de plomo se habían alojado de pronto en sus tripas, pero el comentario que la pelirroja hizo después la relajó en sobremanera.
-Estaba totalmente fuera de sí. Nunca le había visto perder los estribos de esa manera…
-Es que lo que la zorra de Pansy y el imbécil de Harry han hecho no tiene nombre – repuso Ron, enrojeciendo de furia otra vez – Me gustaría juntarlos a los dos, coger un bate de baseball y…
-Ya, Ron, respira… - le cortó Luna, colocando una mano en su brazo, tranquilizadoramente.
Hermione sonrió levemente. Se sentía mejor al ver a sus amigos tan preocupados por ella, y de pronto tuvo la sensación de que siempre que les tuviese cerca, nada iría tan mal. Se sintió muy agradecida hacia ellos. Sin embargo, todo su bienestar desapareció al descubrir unos ojos grises observándola antes de abandonar el local. La chica sacudió la cabeza. No, estaba haciendo bien. Lo que Malfoy le había propuesto era rastrero, patético… y con él, rozaba lo asqueroso. La recorrió un escalofrío. ¿Dejar que la relacionasen con él? Muy mal tendrían que funcionar las cosas como para que…
Cogió el vaso de Ron y le dio un trago largo, sin preguntar siquiera qué era. Sus amigos no se sorprendieron. Después de los sucesos de aquella noche, lo que les extrañaba es que todavía conservase la moral como para no agarrarse el pedo de su vida.
De repente, alguien dio un par de toques en el hombro de Ginny, y la pelirroja se giró. Automáticamente, una radiante sonrisa apareció en sus labios.
-Creí que estabas estudiando para tu recuperación – comentó.
-Me aburrí – Neville se encogió de hombros, algo cortado - ¿Me dejas invitarte a una copa?
Ginny dudó y le lanzó a Hermione una mirada vacilante. La castaña le sonrió, pícara, haciéndola sonrojar un poco, y le guiñó un ojo, dándole a entender que por ella no se preocupase, porque seguramente se marchase pronto y no quería fastidiarles la noche a los demás.
La pelirroja sonrió, algo más contenta, y asintió para Neville. Los dos se perdieron hacia el otro extremo de la barra y entonces Hermione y Luna se quedaron allí, tratando de evitar que Ron fuese en pos de su hermana como si fuera su guardaespaldas.
Apenas un cuarto de hora más tarde, cuando dio la medianoche, Hermione abandonó el Circolo para volver a su casa.
Y, ahora, un review ¿eh? xD aunque sea de tomatazos, porque de los errores se aprende ;)
