DISCLAIMER: Todo lo reconocible pertenece a J.K. Rowling, el resto es mío.

AVISO: Este fic participa del reto "Drabbles, drabbles y más drabbles" del foro Multifandom is the new Black".

Basura. No lo leáis.


ÁMAME O VETE

El frío aire nocturno golpeaba su rostro. Jadeaba, pero no podía parar. Tenía que llegar hasta él antes de que fuera demasiado tarde.

Había visto a Dumbledore caer desde la Torre de Astronomía. Había visto a los mortífagos atacar. Demonios, ella se había enfrentado a ellos. Pero tenía que llegar hasta él.

Tenía que saber…

No era la única que tenía cuentas pendientes; Harry también se dirigía hacia ellos, pero por el claro. Ella había sido cauta: se había amparado bajo la penumbra del bosque.

Miró la escena que tenía delante: Harry se enfrentaba al profesor Snape, Bellatrix Lestrange bailaba alrededor de la cabaña quemada de Hagrid y los demás mortífagos estaban más adelante. Intentaban superar la barrera que impedía Aparecerse en Hogwarts. Hermione supo que si no lo hacía ahora, no tendría otra oportunidad.

Entonces lo vio. Él también se había detenido a observar lo que lo rodeaba.

Hermione salió de entre las sombras y se acercó a él con paso decidido, pero se detuvo al ver que él sujetaba con más fuerza su varita. Su rostro se contrajo en un gesto de dolor; hasta aquel punto habían llegado…

Draco miró a su derecha, nervioso.

—¿Qué haces aquí?

—¿Qué haces tú aquí, Draco? —replicó Hermione con tristeza.

—¡No lo entiendes! ¡Tenía que hacerlo!

La castaña negó con la cabeza.

—Si me lo hubieras contado, habríamos podido ayudarte…

—¿Quiénes? ¿Tu amiguito San Potter? ¿La Comadreja? —preguntó él con desdén—. No podías hacer nada, Hermione.

—Entonces, ¿estos meses han sido una mentira?

Tenía que saberlo. No podría soportar la respuesta, pero tenía que preguntar. Necesitaba saber si se había enamorado de Draco Malfoy para nada.

—Es… complicado —respondió él finalmente.

—Cobarde. —La palabra salió de los labios de Hermione como un dardo venenoso. Y por la expresión dolida de Draco, había dado en el blanco—. Me hiciste creer que de verdad no querías esto. —Levantó los brazos, señalando el caos que se había montado en apenas una hora.

—¿¡Crees que quiero formar parte de esta locura!? —escupió él.

—Pues quédate.

Se miraron a los ojos en silencio.

—No puedo —susurró el rubio.

— Si me has querido en algún momento, quédate y lucha —suplicó. No tuvo respuesta—. Todos tenemos alternativa, Draco. —Se acercó un paso—. Quédate conmigo, por favor.

Alargó una mano hacia él, pero el rubio retrocedió.

—No… —empezó a decir él.

Hermione lo cortó:

—Pues vete. Pero acuérdate de no mirar atrás, porque yo no estaré esperándote.

Miles de palabras cruzaron las mentes de ambos, pero ninguno se atrevió a decir nada más.

Draco se movió.

El destino estaba escrito.