Ángeles en la luna.
PRÓLOGOMe desperté aterrorizada oyendo un ruido extraño, demasiado cerca de mi. Toda la habitación estaba en la penumbra y no conseguía ver con claridad lo que me hizo sentir aún mas asustada.
Giré sobre la cama y encendí la luz de la habitación a la vez que me levantaba. Examiné toda la habitación y mi vista se paro en la ventana, la cual estaba abierta y la que yo cerraba todas las noches.
Los acelerados latidos de mi corazón bombeaban sangre sin cesar, un ardor se subió a mi cara, haciendo que sintiera mi pulso en las sienes. Sentí como alguien me miraba desde el otro lado de la ventana y tragué saliva pesadamente. Me acerqué a la ventana aún no segura de lo que estaba haciendo.
El frío aire de Charlestown me atizo en la cara, pronto la ráfaga desapareció y vi unos ojos negros al final de la calle. Me aparté repentinamente y note como me faltaba el aire, cerré la ventana con pánico y la luz parpadeo. Unas risas se oyeron a lo lejos, no eran risas procedentes de la televisión ni de ningún aparato tecnológico, se oían a lo lejos en la penumbra de la noche. No entendía lo que estaba pasando, me estaba volviendo loca.
- Permíteme que te diga que estas mucho más guapa cuando tienes miedo.
Me giré y alli estaba él en el umbral de mi puerta. Sus ojos azules ennegrecidos por la oscuridad de mi habitación me hicieron estremecer y retrocedí hasta que choque contra mi armario. Torció el rostro con una sonrisa perversa y camino hacia mí. Negué con la cabeza mientras unas lágrimas recorrían mis ardientes mejillas. Me estaba quedando sin aire a causa del pánico, alargue la mano hasta mi escritorio en busca de mi abrecartas mientras que él se acercaba a paso lento y seguro. Cuando estaba apunto de cogerlo, él se puso a mi lado con su especial rapidez y me empotro con fuerza contra el armario, haciendo que tirara el abrecartas al suelo.
- Has sido una chica muy mala, ¿sabías? - susurro con su voz ronca cerca de mi oído.
- Por favor…
Suplique entre lagrimas. Sabía perfectamente lo que haría conmigo, yo había descubierto su secreto y ahora era hora de acabar conmigo. Nunca había sentido tanta rabia conmigo misma. Había confiado en él e incluso había empezado a sentir algo por él. Pero, ahora sabía porque él me evitaba todo el tiempo y porque había aquella mancha de sangre en su coche. Aunque nunca entendería porque me había salvado en aquel avión, si en realidad lo que quería era acabar conmigo.
- No voy a hacerte daño - dijo secando mis que me hubiera mentido para ocultar su secreto, pero no soportaba que me estuviera mintiendo justo ahora cuando suponía que venia a matarme. Moví mi rostro de un lado a otro intentando quitar sus manos de mi cara pero no funciono. Giro mi cara y la alzo hasta que mis ojos quedaron a la altura de los suyos.
- Te odio.
Escupí esas dos palabras con toda la ira que tenia acumulada en mi interior. Él se rió y negó con la cabeza. Se acerco demasiado a mí y entonces sentí como sus labios chocaban con los míos. Intente cerrar mi boca pero no lo logre, era demasiado débil, porque al fin y al cabo estaba enamorada de él.
