Natsu duerme entre mis sábanas. Hoy estoy muy cansada como para echarlo y gritar. Realmente, estoy demasiado cansada como para moverme siquiera. Este invasor de intimidad…

Su pelo rosado está frente a mi cara, él está de espaldas a mí, recogido un poco sobre sí mismo, de lado. Puedo percibir el olor a bosque, a agua fresca, a leña quemándose. He de suponer que este último será proveniente de su propia "cocina" en casa.

Dormir así no es de compañeros… ¡Dormir juntos no es definitivamente de compañeros! Pero no sería tan malo dejar de ser compañeros… No volvería a sentir frío por las noches, no volvería a tener miedo de que alguien me dañe y respecto a esta sensación de estar sola…

El gremio ayuda, pero no comparte conmigo la sensación de tener un hogar. Esa sensación de saber que alguien te espera en casa, de que alguien quiere disfrutar tu compañía. Aunque pensándolo bien, eso alguien ya me lo ha dado siempre.

Lucy sonrió acurrucada entre sus mantas, complacida por lo que pasaba por su mente. Sus ojos se llenaron de ternura y se acercó acurrucándose hacia el cuerpo tibio que la acompañaba, amoldándose a su calor y sintiendo por fin más cerca el aroma de su cabello. El percibió entre dormido y despierto el cambio que se había dado a su lado y también sonrió. Tomó la mano que Lucy había puesto en su costado entre las suyas, percatándose que su dueña había sido vencida rápidamente por el sueño, e ignoró por tanto su gesto. Estando seguro de ello por el sonido de su respiración, giró sobre sí mismo hasta quedar de cara a ella y la abrazó posesivamente por la cintura. Se llevaría un buen golpe al despertar, pero sentía que valía por mucho la pena.