Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a JKR.
Advertencia: Este fic está ambientado en un AU donde la Batalla de Hogwarts nunca sucedió. Por lo consiguiente, Harry todavía no ha sido capaz de destruir todos los horrocruxes y derrotar a Voldemort. Todas las muertes producidas durante la batalla nunca sucedieron, así que posiblemente se encuentren con más de un personaje revivido.
Beastly
Capítulo I
El sonido de la tormenta rugía en el exterior y Hermione no podía evitar pensar lo acorde que estaba el clima a la situación. Los semblantes de los reunidos en el número 12 de Grimmauld Place esa noche no podían ser más sombríos; cualquier vestigio de una sonrisa habría sido considerado total y completamente inapropiado.
—Este plan es una locura —dijo Remus Lupin, la voz de la razón desde la muerte de Dumbledore, observando con pesar las notas y el mapa sobre la mesa—. El terreno es desconocido para cualquiera de nosotros. El que no debe ser nombrado seguramente tendrá guardias asechando cada esquina, esperándonos.
—Es la única posibilidad, Remus, y lo sabes —refutó Harry con fiereza. Ya poco se podía vislumbrar del niño que se había convertido en su mejor amigo, pensó Hermione al observarlo. El hombre frente a ella, con diecinueve años ya cumplidos, no mostraba ni un rastro de duda en su semblante mientras decía—: No podemos permitir que asesinen a Hannah y Dean. Son tan miembros de la Orden como cualquiera de nosotros.
—Pero ni la mitad de valiosos para él que tú —replicó el hombre lobo, sin dar el brazo a torcer—. Si te capturan, Harry, es el final de nuestra esperanza. De la esperanza del Mundo Mágico.
Hermione, como los demás reunidos allí, miraban el intercambio sin atreverse a intervenir. La muchacha entendía a Remus. Harry era lo único que le quedaba de James, Lily y hasta Sirius; y lo único que le quedaba al Mundo Mágico contra Voldemort. Pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados mientras dos de sus amigos permanecían prisioneros de los mortífagos. Tenía que haber algo, lo que fuera, que podrían hacer para rescatarlos.
—Harry no tiene por qué ir —dijo Hermione finalmente, atrayendo las miradas de toda la Orden. Evitó cuidadosamente los ojos esmeraldas de su mejor amigo, sabiendo perfectamente lo poco que le gustaría lo que diría a continuación—. Coincido con Remus en que dejarlo ir sería una locura. Pero eso no imposibilita a los demás, a los que estén dispuestos a arriesgarse, a intentar un plan de rescate…
—Hermione… —siseó Harry, pero Neville no lo dejó continuar.
—Estoy de acuerdo —dijo el muchacho—. Yo estoy dentro, aunque tenga que ir solo —afirmó con fiereza, recordándoles a todos que era Hannah Abbott, su novia, uno de los prisioneros de los que estaban hablando.
—No te dejaremos ir solo —interrumpió Hermione, agregando rápidamente al ver que Neville estaba a punto de replicar—. Puedes contar conmigo.
—¡Y conmigo! —intervinieron Ginny y Luna a unísono, a pesar de la mirada de reproche que Molly Weasley le dio a su hija.
—No pienso perderme de la diversión —aseguró Tonks, guiñándole un ojo a Neville para aligerar el ambiente.
Media hora después, un escuadrón conformado por los ya nombrados, más Bill Weasley, Seamus Finnigan y Remus, quien no había dudado en acompañar a su esposa, se preparaba para partir al lugar donde creían que sus compañeros se encontraban retenidos.
—Tengan mucho cuidado —le pidió Harry a Hermione, aún con la impotencia de no poder acompañarlos reflejada en sus ojos.
—No necesitamos más advertencias, Harry —le recordó la chica—. Sabemos perfectamente a quién nos enfrentamos. Y nos cuidaremos.
No pudo agregar que estarían bien y Harry tampoco se lo preguntó. Hacía tiempo que promesas como esa se hacían cada vez más difíciles de cumplir.
Se dirigió al pasillo que llevaba a la puerta principal, donde los demás ya la esperaban. Seamus, Bill y Ginny, el equipo que ella lideraba, desapareció mientras sus ojos castaños miraban por última vez a sus mejores amigos, en una muda despedida.
La noche se cernía sobre sus cabezas mientras los ocho miembros de la Orden se aparecían en las afueras de Londres. No había ningún signo de urbanización alrededor, a excepción de la solitaria casa a aproximadamente medio kilometro de ellos y el camino de tierra que conducía hasta allí.
Gracias a la información que Severus Snape les había proporcionado, sabían que ese lugar pertenecía a Evan Rosier, uno de los más acérrimos seguidores de Lord Voldemort y era allí a donde habían llevado a Hannah y a Dean.
Protegidos por las sombras de la noche, se dividieron en dos grupos como habían acordado, escabulléndose cada uno por un lado. Cuando Neville y los demás desaparecieron por la zona sur, Hermione guió a los suyos hacia el norte, siempre pendiente de su entorno, esperando un inminente ataque.
Pero para sorpresa de todos, fueron capaces de llegar a la puerta trasera de la casa sin que ni una sola alarma sonara.
—Esto es extraño —se atrevió a murmurar Seamus, antes de que un gesto de Hermione lo callara. Ella también lo encontraba sumamente perturbador, con solo pensar en qué podrían haber planeado los mortífagos con esto.
Un simple alohomora destrabó la puerta con una facilidad que a ella no le gustó para nada, antes de que los cuatro entraran, con Bill cubriendo la retaguardia y ella misma la delantera.
La cocina, a donde habían ido a parar, se encontraba aparentemente vacía, y un par de hechizos más fueron suficientes para confirmarlo. Con una creciente ansiedad, y un muy mal presentimiento moviéndose en su interior, Hermione le hizo una seña a sus amigos, para que siguieran revisando la planta baja.
Cada habitación que recorrieron se encontraban exactamente igual que la cocina: sumida en las penumbras y total y completamente vacía.
Cuando ambos grupos se reunieron en el vestíbulo, la ansiedad de Hermione había sido reemplazada por la frustración de no entender qué estaba sucediendo.
—Esto no tiene sentido —dijo Tonks, dejando traslucir que no era la única en sentirse impotente—. ¿Por qué este lugar parece tan vacío? No hay señal alguna de habitantes ni aquí ni en kilómetros a la redonda…
—Pero eso no significa que aún no pueda ser una emboscada —respondió Remus, sin dejar de estar alerta a su entorno, esperando el ataque que sabía que tenía que llegar.
—Lo mejor es que no perdamos el tiempo —los interrumpió Hermione—. Aún nos queda revisar el sótano; Dean y Hannah tienen que estar allí. Neville, Remus y yo iremos. Los demás, dispérsense y asegúrense de mantener una vía de escape libre en caso de que decidan aparecer.
Un par de asentimientos le hizo saber que todos habían entendido y acatarían sus órdenes. Con Remus y Neville cubriéndole las espaldas, la antigua Gryffindor se dirigió a la puerta que la llevaría al sótano y, con algo de suerte, a sus amigos.
La vieja escalera crujió bajo sus pasos, alertando a quien fuera que estuviera al final de la misma. Solo su varita brillaba con un suave lumos, única y exclusivamente para que ninguno de los tres se tropezará por allí.
Las sombras inundaban el sótano hasta que aumentó su hechizo para llenar cada rincón con luz. Una estancia gigantesca, seguramente del mismo tamaño que la casa, se extendió ante ellos. Y al final de la misma, con un peor aspecto del que esperaba, Hannah Abbott y Dean Thomas se encontraban luchando por respirar.
Antes de que pudiera decir una advertencia, Neville corrió hacia ellos, obligándolos a seguirlo.
—Neville —murmuró Hannah con dolor, peleando por mantener la conciencia, mientras el muchacho acunaba sus pálidas mejillas entre sus manos.
—Ahora estarás a salvo —susurró Neville en respuesta, antes de levantar el cuerpo de su novia entre sus brazos, sin molestarse por la sangre manchando su ropa.
Remus hizo lo propio con Dean, intentando que su rostro no reflejara lo mal que ambos se veían. Se notaba a leguas que los habían torturado y, por las múltiples heridas que cubrían las partes visibles de sus cuerpos, no solamente a base de cruciatus.
Hermione se dijo que se ocuparían de las heridas una vez que estuvieran bajo la protección de Grimmauld Place. Ahora, tenían que enfocarse en salir de allí, aún consientes de que, si eso era una trampa, estaba próxima a ser llevada a cabo.
Efectivamente, los mortífagos llegaron en cuanto Remus atravesó la puerta del sótano. Y llegaron a montones, más de los que se esperaban. Más de los que jamás podrían manejar.
—¡Sácalos de aquí! —gritó Hermione a Remus, mientras los sonidos de las apariciones hacían eco sobre sus cabezas—. ¡Ahora!
El licántropo apremió a Neville frente a él, mientras Hermione empuñaba su varita con fuerza, lista para defenderlos mientras llevaban a los heridos fuera.
Terminó de salir del sótano para encontrarse con un panorama peor del que habría esperado; donde fuera que mirara, máscaras plateadas estaban esperándolos, como si siempre hubieran estado allí.
Por el rabillo del ojo pudo ver a Bill luchando con un par de mortífagos para mantener el control de la puerta trasera, su vía de escape, antes de que un haz de luz se dirigiera hacia ella, obligándola a centrar su atención en su propio contrincante.
Un mortífago de su misma estatura, posiblemente hombre por su contextura física, mandaba hechizos a diestra y siniestra tratando de derribarla.
De derribarla, no de matarla.
¿Qué está sucediendo aquí?, se preguntó Hermione, mientras contraatacaba.
Cuando un segundo mortífago se sumó a la batalla, sin ningún hechizo asesino de por medio, Hermione supo que no podía ser coincidencia. Nunca, en ninguna de las batallas en las que había luchado contra Voldemort y sus vasallos, los había visto conteniéndose tanto tiempo. Así que, si no iban a matarla, seguro por orden expresa del Lord, era porque le tenían algo más preparado. Algo que seguramente sería mucho más aterrador que enfrentarse a la muerte.
Derrotó a sus dos contrincantes segundos después de que ese pensamiento invadiera su mente. Y con un escudo mágico a su alrededor, no dudó en correr hacia la salida, con intención de advertir a los demás.
Pero no llegó muy lejos.
A pocos metros de la cocina, un tercer mortífago se interpuso en su camino, luchando con aun más fiereza que sus compañeros, pero todavía sin la maldición asesina de por medio.
—Ríndete, Granger. A mí no podrás derrotarme —siseó la voz de un hombre tras la máscara, una voz que ella estaba segura de haber escuchado antes.
¿Malfoy?, se cuestionó, mientras devolvía el ataque, sin molestarse en perder su concentración en contestar.
Pero la perdió de todos modos cuando un grito desgarrador, producto de un cruciatus, se escuchó a sus espaldas. El grito de Ginny Weasley.
Un segundo bastó. Un segundo en el que su mente se llenó de ese aullido de dolor, del grito de su mejor amiga, para que el mortífago frente a ella tomara ventaja.
Antes de que el mundo se volviera negro, Hermione pudo vislumbrar un par de ojos azules como el mar, mirándola con frialdad tras la máscara del hombre que la había derrotado.
No grises, como había esperado. Azules.
Los long-fics son mi debilidad, razón por la cual me he puesto como autodesafío del 2015 escribir uno.
Como seguramente habrán leído en la descripción, esto es un Theodore-Hermione, principalmente. Tal vez (y solo tal vez), tenga algún toque de Dramione, pero aún no lo sé.
Hace tiempo que quería escribir un fic sobre este tipo de AU y finalmente hoy me he animado a publicarlo. Esta pareja me tiene obsesionada desde hace un tiempo y, la ventaja con un personaje desconocido como Theodore, es que puedo respetar mi propio canon en cuanto a su personalidad.
Al título le he dado vuelta por días, cambiándolo una y otra vez. Finalmente me he decantado por "Beastly", inspirado en un libro del mismo nombre. Su significado en español es "bestial" y su relación con el fic lo descubrirán en unos cuantos capítulos ;)
Si les ha gustado, o les ha picado curiosidad como mínimo, son bienvenidos a dejar un comentario con sus opiniones. Los reviews son para el alma del escritor como el alimento es para el cuerpo.
En fin, espero que disfruten leyendo esta historia tanto como yo escribiéndola.
¡Hasta la próxima!
Sam.
