Tratado de Soledad

Universo Alterno

Prologo

Desde que tengo memoria he estado sola, en mis primeros años de vida, me cuidaba una mujer de rostro cálido y sonrisa especial, a eso de los trece, esa mujer dejó de existir para mí. La verdad es que no recuerdo su nombre, tampoco estoy segura si alguna vez lo supe, desde esa edad vivo sola, no sé bien la razón de porque el SENAME no vino por mí, la legislación en mi país es muy estricta en eso, si había un niño viviendo solo o en situación de riesgo era llevado a los hogares que estaban dispuesto para eso. Conocí a un par de ellos que con el tiempo también desaparecieron de mi vida. Era extraño que pese a eso no me doliera, la soledad había sido mi compañera incondicional.

Me dejaron solo, no tengo memoria de quien podría ser mi familia o si en verdad alguien estaba vivo, sobreviví en las calles robando, hasta que fui totalmente consciente de lo que no tenía que hacer, empecé trabajando como aprendiz de contador, pronto vi la esperanza de un futuro en los estudios que podía tener, el sistema educacional, me proporcionó lo suficiente, a mis 20 años terminé la escolaridad, a los 25 la universidad y a los 31 ya era dueño de una empresa, lo suficientemente rentable como para mantener una familia de 30 personas, con un ingreso percapita de un millón por cabeza, pero eso se acumulaba en el banco, no me interesaba tener gente a mi alrededor que "me quisiera".

Capítulo 1 - El acuerdo.

Te gusta - Ella observó de formal neutral - es lo que necesito - fue la escasa respuesta que obtuvo de su acompañante - Si no fuera porque te conozco desde hace años, ten por seguro que me iría lejos - La mujer volvió a observar el techo y una pequeña mancha negra –hazlo cuando quieras… Te agradezco que me ayudes, pero si no quieres hacerlo o te sientes obligado porque crees que soy una indefensa mujer, solo vete - Su paciencia había llegado al límite, era su amiga desde que tenía memoria, o al menos eso ella creía, pero no, se acabó - Toma, aquí está el contacto, los documentos están listos, solo falta firmar y el departamento es tuyo, si te gusta bueno, si no... Ya te puedes ir al diablo - La mujer hizo una reverencia como aquellas de los años en que los súbditos de la monarquía reverenciaban a sus amos - Como usted quiera su alteza - ella tomó sus cosas y salió del pequeño apartamento con la tarjeta del contacto. Anthony se preguntó si alguna vez volvería a saber de ella, esperaba que sí... Que el tiempo le diera la razón y que ella volviera a sonreír.

Observó nuevamente la tarjeta, la calle estaba a unas cuantas cuadras, subió a motocicleta, puso el casco en su cabeza y se dirigió a firmar el contrato de compra, llegó a un edificio de cuatro pisos, impronta sofisticada y altanera, que se erguía entre pequeñas casas que servían de oficinas de otras empresa pequeñas, que por lo visto, la gran mayoría eran la recepción una mujer de edad media la recibió - Buenos días, señorita... - me apresuré a sacar el casto y contestar en forma seca - White, Candice White, busco a al señor Grandchester - La mujer en la recepción busco unos documentos - Usted viene por lo del apartamento, el señor Brahun, dejó sus datos - Conteste con un movimiento afirmativo de mi cabeza y ella me dirigió por las oficinas hasta el final - Señor Grandchester, la señorita White, está aquí - El hombre indicó que pasara y me señaló la silla - Un gusto señorita White, mi amigo Anthony me dijo que estaba interesada en el departamento - Me acomodé en la silla y cursé mis piernas - Si lo estoy, pero tengo algunas peticiones - La cara de hombre era seria, y miraba de forma analítica, tal vez esperando algo - Dígame - sonreí - Hay que reparar el techo de la cocina, hay que reparar la ducha y el aire acondicionado…¿lo descuenta o lo repara? - el hombre hizo una mueca - El departamento está a venta tal cual, lo toma o lo deja - Me puse de pie - Lo dejo - me dirigí lento a la puerta, necesitaba un lugar físico para vivir, pero por ahora aún tenía mi viejo departamento en el centro de la ciudad - bien lo repararé, esta misma tarde, cuando piensa firmar - me devolví a dejar mi tarjeta sobre su escritorio - Llámeme cuando estén listas las reparaciones.

Tres horas más tarde recibía una llamada de Grandchester - Están listas las reparaciones, la espero en el departamento - A veces me sorprendía la idiotez de algunas personas, estaba en la cafetería que tenía el edificio así que solo me demoré unos minutos, toqué la puerta caoba y esta se abrió - Que rápido Candice - entré y observé con detenimiento, el lugar estaba pintado en color blanco, el techo y las otras reparaciones estaban hechas, también estaba amoblado completamente - Es suficiente, para que firme el contrato - observé sus facciones detenidamente - Oh!, sí que lo es - saqué una pluma de mi cartera, el retrocedió hasta la mesa y extendió el documento a mis manos, lo leí lento, de alguna forma disfrutaba su impaciencia - La transferencia será a su cuenta corriente, nos vemos en la notaria - pasé por su lado y él tomó mi mano - He escuchado por boca de Anthony, que no tienes, ni quieres a nadie - Verdaderamente mi conocido era un bocón - Algo así... le dije de la forma más neutral que podía y él puso su boca en mi cuello - Necesito la compañía de alguien que no se enamoré de mi... Para asistir a algunas fiestas y para tener un buen rato, tú me agradas... Que te parece - me parecía atractivo, y de todas maneras no quiera tener una pareja que sabía que se iría en cualquier momento, no me pareció mal propuesta - Te parece discutirlo a profundidad... En el cuarto - tomó mis pantalones y los desabrochó rápido - Me parece su propuesta Señorita White - Me di la vuelta saqué su cinturón - Candy, para mis socios soy Candy - Atrapó su boca en un beso ardiente, con necesidad infinita mientras la arrastraba a la habitación - Sin amor - dijo el entre dientes - Sin promesas - replicó ella - Me parece - dijo Granchestar mientras comenzaba a besar su vientre al momento que la empujaba en la cama, con sus dientes comenzó a bajar lentamente la ropa interior de la mujer, para encontrarse con una intimidad muy bien cuidada, con aroma a flores y sabor a fresa, deslizó su lengua por los labios interiores y jugó con su botón, mientras que los gemidos de la rubia iban en asenso - Eso preciosa, ¿te gusta? - ella envolvió sus piernas al rededor del cuello del castaño - Me va a gustar más si no preguntas - el volvió a su faena, hasta que ella un poco aburrida de la rutina, tiró de sus cabellos y con manos ágiles hurgó en su ropa interior - Perfecto - Le beso la boca introduciendo su lengua y haciendo bailar en la boca de su compañero ocasional, un gruñido fuerte soltó el hombre cuando ella apretó su miembro erecto - Me toca - la rubia sacó de un tirón el bóxer y fue directo a pasar su lengua por la cabeza del miembro - Me quieres torturar - y ella abrió su boca para tragarlo entero - Demonios, si... Lo quieres hacer - el placer que sentía cada uno, los llevó a que en poco tiempo, desesperado por la situación, el hombre acomodara en delante de si a la rubia que se posaba sujeta en brazos y piernas, mientras él se colocó en posición para entrar en ella de una sola estocada - Quiero suponer que no eres virgen - ella empujó hacia atrás - Podría decir que tu si eres casto - dijo en tanto ambos gritaban por las nuevas sensaciones de aquella unión - Estás malditamente apretada - comenzó con un movimiento lento, para acelerar paulatinamente - y tú lo tienes gratamente grande - ambos rieron al acabar en un grito lujurioso.

Luego de unos minutos de descanso ambos se pusieron de pie de vistieron rápidamente - Te parece un café para terminar de afinar los detalles del trato - El terminó de cerrar el cinturón - Me parece un trago para brindar por uno de los mejores contratos de mi vida.

Capítulo 2 –Largas esperas.

Desde aquel día las salidas y los encuentros fueron recurrentes, pasaron meses y pasaron años, cada uno de ellos se amoldaba a las necesidades del otro. Siempre había sonrisas seductoras, y encuentros furtivos en el depto.o en la casa de Granchester, sus vidas habían estado tranquilas - Candy, necesito presentarte a alguien - Fueron las palabras que soltó a quemarropa - ¿A tu novia? - respondió la rubia - si es así ahórrate el drama, no compartimos sentimientos, esta aventura fue buena, hasta donde duró - la mujer se acercó lento y beso los labios de hombre, ante su cara de sorprendido, era verdad que él tenía una novia, pero no quería dejar a Candy... Ella, ella simplemente era algo a lo que no estaba dispuesto a renunciar - No quiero que tú la conozcas, ella quiere conocerte, para saber quién es su rival - la mujer lo miró de reojos - No entiendo como puede ser tan gusano para sus cosas, arrastrases detrás de un hombre, que quiere jugar el resto de su vida - el levantó las manos - he hehe!, has herido mi pobre corazón, yo le advertí que si quería estar conmigo, tenía que aceptar que yo tenía una fogosa y deliciosa amante, ambos sabemos que no amamos, pero no significa que no podamos disfrutar - ella movió sus hombros, dando entender que daba lo mismo - Bien me iré por hoy, nos vemos mañana - ella negó - No creo, tengo que salir de la ciudad y no sé cuándo vuelva - creyó ver furia en los ojos del castaño - ¿A dónde vas? - la rubia tomó su cámara fotográfica de la mesa - A trabajar... ¿A qué más? - en lo más profundo de su ser, el castaño sabía que no era una simple pregunta sin trasfondo, en los últimos meses se moría por saber qué hacía cuando no estaba con él - Estás con alguien más - ella suspiró hondo, sabía que ese tipo de preguntas llevaban a algo que no quería saber - Que yo sepa... Me acuesto contigo, ¿eso cuenta? - respiró tranquilo, su sentido del humor ácido, era una de las cosas que adoraba de ella - Si, eso cuenta - ella dio la espalda y continuó con lo que hacía - ¿Entonces qué dices?– Se dio vuelta y colgó en su hombro el bolso - ¿Sobre qué? – Suspiró resignado, aunque se lo preguntara mil veces la respuesta seria la misma – Nada… No te preocupes – Entonces ella se despidió desde lejos y salió rumbo a su departamento.

Capítulo 3 – Lance.

Lo pasarían a buscar temprano, entre gruñidos y gritos se levantó de la cama, buscando una excusa por la cual quedarse ese día encerrado en su alcoba y no tener que enfrentar sus errores, como todas las mañanas tomó una baso de café y apenas la bocina retumbó en su cerebro, vació el contenido de su tasa a un vaso plástico – Albert… Hijo, ponle tapa a eso, terminaras quemándote – Dijo su madre mientras él salía raudo por la puerta principal.

Tomó el reloj del velador y se desperezó, si se duchaba ahora, tendría tiempo suficiente para tomar un buen desayuno. Así lo hizo, puso su chaqueta de cuero y se dirigió a su moto. Lo que ocurrió el día anterior con su amante, aun le molestaba… Sí esa mujer quería quedarse con el castaño, está bien, hágalo… Pero que no la involucrara a en su baja el casco en su cabeza, las gafas, su bolso de trabajo y partió, con la incertidumbre de aquel que cree que no regresará.

Albert quien era el que manejaba en las mañanas, lo hacía de forma prudente. El rubio había subido al vehículo de copiloto sin ganas de nada, dejando el café sobre el tablero del auto y refunfuñando maldiciones en contra del mundo, abrió la ventana y solo le pidió paz a sus acompañantes.

El semáforo la detuvo por unos instantes, mientras cavilaba en que haría tanto con Grandchester como con su noviecita recién estrenada, dio el verde y apretó el acelerador.

La velocidad iba disminuyendo mientras se acercaba al semáforo en rojo, pero un cachorro que cruzó la calle de improvisto lo hizo frenar y que el café aún caliente se derramó en sus piernas distrayéndolo del rojo delantero… Impactó una moto negra. El rubio tardo un par de segundos en reaccionar, tímidamente se forzó a mover sus piernas por el camino de le indicaban los pedazos de metal y restos de aquella moto que vip minutos antes sobre su el auto.

Bajo el cuerpo tirado en la solera, se encontraba una mancha de sangre. Albert ya no escucha nada a su alrededor, solo observaba como una mujer corría marcando un número que quiso presumir que era la ambulancia, sus amigos que bajaron del auto poco después que él, le hablaban - ¡Hombre reacciona!, hay que llevarla al hospital –El rubio tomó a la mujer en sus brazos y la subió al auto.

No Susana, no quiere conocerte y creo que está en todo su derecho –Grandchestar estaba mirando por la ventana de su oficina – De verdad Susana, esto me está fastidiando, tu aceptaste… Si no eres capaz de hacer frente… Mejor retírate, no voy a dejar mi aventura con ella, porque a ti no te guste – el timbre del contestador sonó y se escuchó la voz de Anthony, un poco desesperado – No sé cómo lo vas a tomar Terrence… Candy tuvo un accidente, fue llevaba a la posta central… Decide si vas, te dejo, el médico me dará el informe reaccionó cortando el teléfono y dejando a Susana con el teléfono tomado, esta escuchó como tomaba su chaqueta y le informaba a su secretaria que la rubia había tenido un accidente, que cancelara todas las reuniones.

Candy sobrevivió por la rapidez de los jóvenes en llegar al hospital, su rostro no había sufrido heridas, pero el golpe dio directo en su columna, aun no sabían cuál era la consecuencia de aquel ía pasado tres días al lado de una mujer inconsciente, que a ratos lo asustaba con muecas y expresiones que jamás vio antes – Vamos despierta cariño – sonrió para sí, recién se percataba que no solo estaba con ella, por ser una buena amante, sino porque de a poco había calado en su mellado corazón, no pudo recordar los momentos que vivieron en esos dos años…

Te parece esta corbata – le preguntó a la rubia, mientras que ella se tapaba con la sábado – Me gusta más la azul, combina con tus ojos – se volteó a mirarla mientras ella se recostaba en medio de la gran cama – Me podré la verde, así te tendré presente toda la noche – bufó – Me iré pronto, tengo cosas que hacer – Él sonrió ladeado – Te buscaré en el departamento – se estiró arrugando las sabanas – O me puedes esperar aquí… Creo que te dejaré encerrada – Las palabras hicieron eco en su cabeza – No te atrevas – él se acercó a la cama cual gato montés – Entonces ven conmigo a la fiesta –dijo mientras la inmovilizaba con sus piernas y manos – Búscate un trofeo, si te exhibo no te gustara – El hombre gruño – Vístete, te dejé un vestido de noche para hoy – Le dijo antes de robarle un beso y meterse en la cama, para la última ronda antes de la fiesta.

Una mano tocó su hombro – ¿Te han dicho algo?– el negó en silencio, los médicos se habían reservado el diagnostico, sabiendo que no tenía familiares, aunque él había rejugado que era su pareja – Solo que está estable – volvió a su mudez y a tomar esa mano maltratada – Como somos de idiotas los humanos…

No había querido poseerla esa tarde, solo la había admirado mientras ella estaba sentada frente a la ventana captando imágenes de un pájaro – Que tiene de entretenido fotografiar a un pájaro – Ella en son de burla le respondió mientras seguía en su labor – Es más entretenido que fotografiarte – No supo si enojarse o reír, pero de dos trancos llegó a su lado y tomo la cámara, para levantar su falda y retratar su ropa interior –Eso es abuso de poder – dejó la cámara en la mesa y la acorraló contra la ventana –Ahora será literal abuso – rosó su miembro entre las piernas de la mujer y descubrió los senos, para succionarlos, la rubia ahogó un gemido, la mujer fue dada vuelta para ser apoyada en la ventana… Abrió sus piernas y de un solo movimiento entro en ella, sujetando el cabello –No soy de tu propiedad –el respondió entrado más profundamente en ella – Es lo que más me gusta.

Saldré a tomar un café… ¿Quieres algo? – Le dijo mientras se ponía de pie – No nada, no te preocupes – necesitaba despejar su mente, la visual de la mujer que mil veces había tenido bajo de si, no era comparable a verla inmóvil en una cama – No me faltes.

No necesito tus concejos para hacer mi trabajo – Colgó el teléfono y lo observó con rencor, nadie lo había ayudado, nadie se había interesado en él o en su trabajo, nadie le dijo que era lo bueno y lo mano, nadie le tendió una mano cuando más lo necesitaba, por ende nadie tenía derecho a decirle que hacer y que no – Hola – vio ante sus ojos una cabellera dorada de risos que colgaba frente a sus ojos – No estoy de ánimo – ella suspiró - ¿Cuál es la diferencia?... Nunca estás de ánimo – gruñó volteando el rostro - ¿Qué es esto? –el observó la maqueta a medio armar –se supone que es, el nuevo proyecto que está dirigiendo Anthony… Quiero que se construya en el antiguo barrio central, pero hay un maldito que no quiere vender y me está atrasando todo – ella seguía observando la maqueta – Me agrada… Por qué no le dices que lo invitas a participar en el proyecto – la verdad había sido revelada ante sus ojos… ¿a se interesaba en su trabajo de verdad? – Te interesa lo que pase conmigo – se le escapó la pregunta de los labios sin pensarlo – Aunque no esté enamorada de ti, comparto mi cama contigo… Algún cariño vano tengo que tener.

Terminó con el café fuera de habitación y volvió a recuperar el lugar al lado de ella – Dime que por ultimo movió los parpados – Anthony negó – Ten un poco de fé… Aunque ella no lo tenga –Observó a su rubio amigo y nació la duda en sus entrañas - ¿Dónde la conociste? – El rubio se sacó la chaqueta y la dejó sobre el sofá, sabía que en algún momento aquella pregunta llegaría en forma de dardo a su corazón y memoria – íbamos a escuela juntos, ella no es la típica niña caprichosa –eso el castaño lo entendía, una vez que amobló el departamento, nunca vio un cambio… Asumió que le fue, porque le gustó – El departamento que amoblaste… No lo cambio por gusto o por falta de gusto, en su antiguo departamento, solo tenía su ropa y un sofá donde dormía – Él había pasado penurias, sabía lo que era dormir en la calle, pero nunca luego de tener el control verdadero sobre su vida, se imaginó vivir en tal precariedad – Creo que tenía unos trece, cuando se quedó sola, la persona que estaba a cargo de ella murió y nadie más llegó para hacerlo, comenzó a vivir por su padres o parientes la verdad no lo sé, le dejaron un fidecomiso mensual, que le permitía vivir, nunca le conocí novio, solo un par de corazones rotos y llorando por ella, pero nunca se inmutó… Los dejaba llorando, entre ellos a mí – Anthony sonrió con nostalgia – Nunca la vi sonreír… Solo a ti te sonríe con la mirada– esa era una sorpresa, que fue interrumpida por sus pensamientos… - Solo si fuera verdad - lo veía a diario y él se había mantenido cerca, esperando que exteriorizara que lo quería, por eso había aceptado a Susana, para saber si ella sentía lo mismo que lo quemaba a él – Dímelo, despierta por favor - El medico ingreso a la habitación con unos documentos en las manos – Señor Grandchester, señor Brahun – ambos hicieron una reverencia – Díganos –el medico observó las hojas del diagnóstico y respiró profundo –Hemos hecho estudios, hay una probabilidad de 50% de que haya quedado parapléjica.

Capítulo 4- La Culpa

Tomó a la mujer en sus brazos, la llevó al auto – Stear, Archi, ayúdame – Ambos primos corriendo al auto, uno sujeto la cabeza la rubia y el otro enderezó su cuerpo 10 minutos estaban en la posta central, entrado con la mujer, el medico preguntó - ¿Quiénes son del paciente? – Albert palideció y calló en la sala – de alguna forma provocamos el accidente –la mujer fue llevada por el pasillo al fondo de la sala de urgencias.

El rubio recuperó la conciencia por unos minutos, en segundos reconoció el lugar y se agolparon los recuerdos a su cabeza… Él le había asesinado, llevó sus manos al rostro y las vio llenas de sangre seca – Un asesino –escuchó voces de la recepción – Por favor necesito saber sobre la paciente Candice White –la enfermera masculló algunas palabras poco entendibles – El accidente de la moto negra – La enfermera lo hizo pasar a la sala del final – Candy… Perdóname – Comenzó a llorar amargamente.

Una luz fuerte sobre sus ojos que la segaba, se sentía cansada… Adolorida, con el cuerpo pesado como si estuviera despertando de una resaca de las buenas, escuchó la voz de unos hombres, pudo identificar la del rubio amigo de su infancia, la de su amante y una que no conocía – hay una probabilidad de 50% de que haya quedado parapléjica – Abrió sus ojos en señal de que había escuchado perfectamente la información, intentó abrir su boca para preguntar si estaban hablando de ella, pero no pudo, sus brazos no respondían, sus piernas no las sentía. Luego de la impresión inicial se calmó he intento tomar la atención de las personas que estaban en la sala. Terry la observó pudo ver la desesperación en sus ojos – Candy – Los tres hombres se acercaron a la cama, el castaño tomó su mano y la besó, Anthony se quedó mirando desde los pies y el doctor comenzó una revisión de rutina, llamó a las enfermeras y les pidió que ambos salieran de la sala y ellos se dirigieron a la cafetería. La mente del castaño no dejaba de pensar en esos pequeños momentos que compartían más allá de la cama.

Candy, llevamos poco más de un mes de esto y no sé nada de ti – La rubia no se movió de donde estaba sentada, solo levantó la vista y la fijó en sus ojos, era la primera vez que lo hacía, pudo observar a cabalidad su rostro, las pequeñas pecas en su nariz, sus ojos verde profundo – No hay nada que contar – él se revolvió en la cama - ¿Tienes parientes? – ella desvió su mirada a la ventana – no y si los tengo, tampoco estoy enterada si viven – en parte eran muy parecidos, solo que ella era una caja hermética, se preguntaba cómo es que Anthony pudo entrar ahí y como él podía sostener una conversación de más de tres palabras con ella, cuando sabía que sus clientes no podían hacerlo – Sola – volvió su cabeza y caminó hasta la orilla de la cama – No quiero hablar… Hay cosas más interesantes que podemos hacer.

En resumen no sabía nada de ella – Anthony, cuéntame más –el rubio sumido en sus recuerdos, no pensó en responder aquella pregunta – No te puedo contar…Amigo me retiro, alguien se tiene hacer cargo de tu empresa, mientras estás aquí– El castaño agradeció mentalmente tener un amigo como él, compró un nuevo café y se sentó a seguir divagando mientras hacían el chequeo a la rubia.

Tu tampoco me has contado mucho de tu vida –El sorprendido un poco de que le háblese de forma tan abierta – La verdad tampoco hay mucho que contar, calles, drogas, frustración… Esfuerzo, diabluras… Empresa y triunfo, así puedo resumir mi vida –cortó la conversación con un beso apasionado en los labios de la mujer, introdujo su mano debajo de las sabanas y acarició su botón, ella gimió – Dime que es lo que más amas – ella respondió entre jadeos – No amo a nada, ni nadie – con el dolor en su pecho, la besó de forma furiosa, descargando su rabia y deseo.

La enfermera salió de la habitación cabizbaja – Fortaleza – fue todo lo que le dijo y continuó con su camino, tras la mujer de blanco, se dirigió el médico - ¿y?– Preguntó con un poco de temor – en un par de días tendrá el alta, pero va a ser necesario que alguien esté al pendiente de ella las 24 horas del día… - Su corazón se aceleró - ¿Recuperación? – El hombre lo miró con esperanza – haremos unos exámenes para descartar, el diagnóstico es favorable, pues no hubo daños, pero aún está en veremos–Aquella tarde él quiso detenerla, decirle que no necesitaba ir a ningún lado, desde hoy podía hacer lo que quisiera, que él estaría para apoyar todo lo que necesitaba, pero su miedo lo consumió, no había opción… Desde hoy se haría cargo de ella y cargaría con la culpa.

Capítulo 5–La Verdad de sus ojos.

Se levantó como aquella mañana, sin ganas de asumir lo que le tocaba como vida. Pese a la insistencia de su familia que le decía que no volviera al hospital, el condujo sus pasos hasta ahí – Bueno días, la habitación de Candy Withe – La enfermera de turno le indicó la habitación, en la puerta había un hombre castaño de ojos azules – Yo fui, quien provocó el accidente –el rostro Terry se levantó hasta su mirada – no te podría disculpar por su estado… Pero si te agradezco la oportunidad, de que ella sea mi mundo –se atrevió a observar en la habitación mientras las enfermeras arreglaban a la paciente para dar el alta – Es hermosa… ¿no lo crees? –el día que la llevó en sus brazos, pudo ver que era la más hermosa mujer que conoció, malditas las circunstancias en las cuales se conocían – no creo haber visto igual – le dejé mi tarjeta – me quiero hacer cargo de los gastos – Terry cambio su rostro –No es necesario, ella tiene lo suficiente conmigo – guarde silencio y me volví a mirarla nuevamente – De todas maneras, si me necesitan estaré dispuesto a ayudar –Me alejé con pena y frustración, aquel hombre estaba verdaderamente enamorado y algo en su mirada cambio, desde aquel día en que se habían encontrado en el hall de entrada de urgencias.

Las enfermeras habían terminado de vestir a mi pequeña sombra, estaba dormida, iba a ser trasladada en una ambulancia hasta el departamento, me interpuse a eso, ella debía tomar su lugar, junto a mí.

Sé que puedes escucharme, sé también que te negarás, pero te quiero conmigo, desde el día en que despertaste, decidí que estarías conmigo, quieras o no – La mujer lo observaba y unas pequeñas lagrimas le nublaron la vista, el hombre quería interpretar que era de alegría, pero solo ella en su interior podía confirmar que era de plena frustración, aceptaba su ayuda y su compañía, pero era decepcionante que no pudiera volver a hacer su vida y más frustrante era que dependiera de por vida de alguien más. Cerró sus ojos no quería ver lastima en su mirada, fijo sus ojos en la vista azul y se tranquilizó, su mirada solo demostraba amor.

Capítulo 6 – Las circunstancias de la vida

Los días habían sido largos y cortos desde que ella llegó a su casa, él quiso que la instalaran en su alcoba, había dispuesto que Anthony se hiciera cargo de su empresa por tiempo ilimitado, él quería ser quien estuviera cerca de ella los primeros meses, debió contratar a una enfermera, que más que cuidarla, se dedicaba monitorear su estado y le comunicaba al médico de cabecera, también se hizo cargo de enseñarle al castaño todo lo que necesitaba y los cuidados que debía tener un paciente con este estado.

La tercera tarde a la hora de la comida, él llevó su bandeja hasta la habitación, la enfermera ya se había ido y el con una eterna paciencia le daba de comer – Dime que está delicioso – preguntó con cara suplicante, la sonrisa en los ojos de la rubia fue interpretada como una afirmación. En el silencio de la casa, se escuchó el móvil del hombre – Me disculpas, puede ser Anthony – el silencio le dio la paz que esperaba –Susana, que sorpresa… -se había olvidado que existía esa mujer en su vida, desde el accidente, solo tenía ojos para Candy – Si, lo sé… he estado ocupado, muy ocupado… ¿Qué estás aquí? –observó a la mujer en su cama y analizó rápidamente, no era conveniente que se conocieran de esta forma, lo mejor era terminar con su "novia", ya tenía a su mujer y Susana no pintaba nada en la historia – Por supuesto, estoy en casa, bajaré a abrir la puerta – cortó la comunicación de golpe –¿Me perdonas?, ahora voy a acabar esto - desapareció tras la puerta.

Al ingresar a la casa, la mujer se colgó de su cuello y besó pasionalmente sus labios –Que es bueno verte luego de tanto tiempo, supongo que estás solo – le dijo de forma coqueta y el hombre suspiró – Lamento decir esto Susana, pero se terminó no podemos seguir juntos –la cara se le descompuso a la rubia y contraataco con rabia – Tiene que ver con esa… Tu amante –el hombre rodó los ojos – En teoría, la conocí a ella primero, por lo cual la otra eres tú y si, si tiene que ver con ella… Pero al final el punto es que se terminó –la mujer lo empujó y fue escaleras arriba - ¿Dónde está?– le siguió de cerca, aunque intentara evitar que revisara la habitación esto sería imposible, ella entró rápido y se encontró con la mujer postrada, levemente dormida – Susana, sal de mi casa –La oji-azul se acercó a paso lento a la cama, le observo en su amplitud – ¿Por este vegetal me estas dejando? – la mujer en la cama fue consciente una vez más que lo que vivía era una utopía, Susana tenía razón, ella debía estar en un hospital, no es casa de Terry, él no tenía el deber de hacerse cargo de una mujer inútil como ella -¿Qué demonios estas diciendo? –la tomó del brazo y la llevó hasta la puerta – Tengo plena razón, ella puede que llene tu obsesión por cuidar de alguien, pero jamás será una mujer, una buena amante, ni podrá darte una familia – Fue lo último que deseó escuchar de sus labios – Es mejor que no te vuelvas a acercar a esta casa… o a mi o a ella, si lo haces, no seré responsable de lo que haga –la furia con la cual transmitió esas palabras hizo que la mujer saliera de la casa corriendo – Perdóname, no debí dejar que pasara a nuestra casa – el silencio se hizo presente, la mujer postrada lloraba de frustración, era consciente que no podía ser mujer nunca más, era sensato pensar que él nunca más en su vida la tocaría ni la podría ver como una mujer deseable, la burbuja se había reventado y ahora era una realidad – Estoy escuchando tus palabras y no quiero que pienses que por lo que ocurrió, dejaste de ser la mujer deseable que conocí hace cuatro años – tomó su mano y la besó tiernamente, luego acarició su rostro y la mujer se sonrojó – sé que no eres buena con las palabras… y no es necesario que lo seas, sólo no creas lo que dijo–comenzó por castos besos en sus labios inmóviles, a hurgar con su mano en el pecho de la joven, la esperanza reinó en la habitación – Me dejas poseerte – las miradas hablaban, las miradas decían todo lo que necesitaba ver. Gratitud, esperanza… ¿amor?,eso fue lo que más miedo le dio, pero también lo que necesitó para aventurarse a despejar su cuerpo maltratado. Aun las heridas del accidente estabas frescas y sanando… Se dedicó a besarlas una a una con infinita paciencia, descubriendo las partes más íntimas de su cuerpo, por primera vez en mucho tiempo se sintió deseada, cómoda y protegida – Eres hermosa – descubrió entre sus pliegues cicatrices muy antiguas, que ya no tendrían aplicación, pero si le daban indicios de porque su inexpresión era tan acentuada, ahora daba lo mismo, sus ojos siempre habían transmito más de lo que él quiso verdaderamente saber, su respiración se volvió entrecortada, con todas la fortaleza que tenía y centrada en querer retribuir el cariño que sentía, estiró su mano y tocó su rostro, esta noche serían uno.