Naruto no es mío. Tampoco la canción de Pxndx. No es mi intención lucrar con sus personajes.

Nuestra Aflicción

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Cap. 1

Este Dilema

Por: Yumi Inuzuka

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La tormenta llevaba arreciendo desde el mediodía.

Las densas y grises nubes chocaban estruendosamente unas con otras sobre la aldea, retumbando truenos ensordecedores. Cubriendo de una cortina de aguacero el ráfagas de viento eran tan violentas que azotaban con fuerza prácticamente todo a su paso, silbando lúgubremente. Los cables eléctricos chispaban cada que el aire los hacía rozarse, dejando a Konoha a obscuras. Sólo los rayos que latigueaban surcando el cielo alumbraban el tenebroso escenario.

Una tenue luz se vislumbraba en la residencia de la Haruno, temblando como si fuese miedo lo que tuviera.

La vela; situada en un pequeño buró al lado de la cama, iluminaba a penas para delinear las figuras dentro de la habitación. En la cual el silencio reinaba. Sólo el duro golpeteo de las gotas de lluvia en la ventana lo profanaba.

- Tengo miedo.

Haruno pareció revivir de su cavilación. Cambió de posición en aquel viejo sofá, cruzó los brazos y frunció ligeramente el ceño.

- ¿De qué?

La figura; que yacía en la cama cubierta por edredones hasta la nariz, respingó. Sabía que no era la intención de su amiga, pero el tono áspero en su voz la hizo sentir regañada.

La pelirrosada cayó en cuenta de eso y trató de suavizarse todo lo que pudo con aquella situación.

- O... ¿De quién?

Los ojitos azules parecían haber dejado su color celeste para abrir paso a un turbio mar. Llenándose a tope de lágrimas.

Un casi imperceptible sollozo fue la respuesta para la Haruno. Esta suspiró profundamente para recobrar paciencia.

¿Cómo ayudar a alguien que no quería decir a qué quería que la ayudaran?

-Ino, ¿qué -EXACTAMENTE QUÉ- fue lo que hiciste?

Yamanaka abrió los ojos a su tope.

No podía creer que su amiga de toda la vida pudiera creerla capaz de algo tan bajo. La Yamanaka jamás podría hacerle algo así a él. Simplemente no podría. El llanto seguía fluyendo sin quererlo. La rubia frunció el ceño hasta doler. Se sentía ofendida e indignada.

-Ino.

La ojiverde se levantó despacio, haciendo sonar el sofá por la falta de peso, y se dirigió lentamente hacia la chica, parecía no querer llegar.

Estaba tan confundida con el comportamiento de su amiga que realmente no sabía si expresarle su felicidad como en un principio o darle a conocer lo molesta que se sentía(o sentiría) si lo que su mente maquinaba era verdad.

Aun vagaban por su mente los recuerdos de hacía unos días...

¿Qué voy a hacer?

Se detuvo justo a un lado de su cama, había acudido con ella por ayuda, cómo rayos la ayudaría si no había dicho nada desde que había llegado escurriendo a su puerta sollozando

-Ino- Repitió - Tú no habrás sido capaz... ¿Cierto?

Yamanaka la miró aún molesta

-No, Sakura... NO- Recalcó la negativa y enterró el rostro en la cobija sobre sus rodillas mientras se abrazaba las piernas.

Los sollozos aumentaron.

Haruno volvió a suspirar.

Esta vez parecía que más tranquila se sentó en el borde de la cama y pasó un brazo sobre los hombros de la rubia, sintiendo casi al instante cómo su amiga se aferraba a ella en un fuerte y sentido abrazo.

- Entonces... No entiendo porque terminaste con él.

Ino lloró más.

Sus sollozos eran más sonoros, su pecho dolía y sus fuerzas se iban en el agarre con Sakura.

Era lo correcto, ella lo sabía sí.

¿Por qué hacer lo correcto dolía tanto? ¿ Por qué no hacer lo menos doloroso? ¿Por qué sufrir sola? ¿Por qué no sólo confiaba en él?

Él.

¡Cómo le extrañaba!

Juntó todo el valor que pudo, y con su gran fuerza de voluntad trató de dejar de llorar. Haruno dejó de sentir la firmeza de su abrazo y lentamente la ojiazul cesó su llanto, al menos lo suficiente para entender sus palabras.

Ino se retiró un poco de la pelirrosada para mirarle a los ojos. Dispuesta a contarle.

- Sakura es que yo...

...Ding... Dong...

Haruno presionó tanto como pudo la quijada, y un ligero temblor se apoderó de sus puños.

Quería decir tantas cosas - NO, ella deseaba - decirle tantas malas palabras a la persona que osaba interrumpirlas.

Pero había un inconveniente: Ella no era ese tipo de chicas. Ya no. Porque le había hecho la promesa a su prometido de que no volvería a ensuciar sus castos labios con palabras altisonantes ni lenguaje soez. Sí; la misma chica había quedado con la boca semi abierta cuando Inuzuka pronunció aquellas palabras tan rebuscadas.

Lo que un simple ¿por mí? podía hacer con ella. Pensó.

Claro sólo de él.

Resopló como toro más bien por la represión que por otra cosa.

- Ahora vengo- Sonrió tiérnamente a su amiga que había estado analizando su discusión mental.

Esta asintió aun hipando.

Justo se levantaba la ojiverde.

*Ding*Dong*...Ding*Dong*...Ding*Dong*...Ding*

- ¡Ya voy!- Alzó la voz lo suficiente para que dejaran de tocar el timbre, pero aún sin gritar para no aturdir a su compañera. Luego presuró el paso y salió de la habitación, susurrando uno que otro shanaroo.

¿Quién tendría tanta urgencia de verla en medio de esa torrencial lluvia?

Ino quedó allí sola.

Divagando entre el desastre que era en esos momentos su mente. ¿Cómo expresarle a su amiga sus pensamientos sin que - como Shikamaru lo había hecho - la tachara de loca y tonta, entre otras cosas?.

Su mirada tembló. El sólo hecho de recordar el por qué de su situación la ponía mal.

Aún no podía pronunciarlo tan sencillo.

Escuchó algunos pasos en el corredor aproximarse, Sakura regresaba. Se frotó los ojos retirando el exceso de agua en ellos. Ya no era tiempo de ser egoísta. Ya se había desahogado bastante. Ahora tocaba ser fuerte.

Los pasos se detuvieron antes de la alcoba de la pelirrosada, Yamanaka reparó en eso. Fijó su vista en el umbral de la puerta, esperando que su amiga lo atravesara de un momento a otro. No tenía idea de porqué, pero sus nervios comenzaban a ponerse de punta. Agudizó todo lo que pudo su oído, fue cuando lo escuchó... Sakura hablaba en ligeros susurros, parecía discutir con alguien...

Antes de poder deducirlo...

"Ino"

Un seco saludo varonil la sacó de su concentración, y por instinto tembló al pensar quien sería... pues los nervios le complicaban reconocer... tragó nerviosa. La figura grande y masculina se acercó decididamente a ella, ahora podía distinguirlo a la luz de la vela.

"Kiba"

Susurró sin poder evitar el descanso en su sonrió melancólicamente, le dolía ver a su amiga así. Tomó asiento en el mismo lugar que momentos antes había ocupado su novia.

"¿cómo estás, 'puerquita'?"

Yamanaka supo la doble intención de esa visita, ella NO era tonta, así que decidió irse por la tangente.

"... ¿'puerquita'?... tanto besarte con Sakura te ha afectado, es 'cerdita'..."

"si, bueno, me suena mejor así"

La abrazó tan brusco como siempre y la apretujó contra sí mismo.

"me gustaba más 'cachorrita'... "

"verás, a ella no le gusta compartir su 'palabra'..."

La rubia no podía verlo, pero sentía la plática de su amigo un poco mecanizada, como si estuviera... Lo sabía, ella sabía lo que seguía y no lo iba a permitir...

"¿sabes algo, Ino?"

La soltó delicadamente, dejándola de nuevo recostada en el gran cúmulo de cojines. Ella le miró con ternura, él no solía ser así.

- Te quiero tanto, tonta... Que me duele verte así.

La kunoichi bajó la mirada, no quería ver a Kiba cuando éste reaccionara tal como la ojiverde.

- Yo sé..." las palabras se atoraron en su garganta. Yamanaka detuvo su respiración... ahí venía... Inuzuka tomó su mano y le besó los nudillos " yo sé que Shikamaru es tu mejor amigo... pero tú eres la mía.

Ino se sonrojo avergonzada, sabía qué hacía un tiempo que convivía más con él que con el Nara... pero no se había detenido a comparar...

- Y haría lo que fuera porque estuvieras bien.

Volvió a la realidad con un nudo de nervios en el estómago…

- Me voy.

- ¡Kiba!

¿Eso era todo? ¿Y qué pasaba con...?

- Sólo quería saber como estabas. Pero veo que no tienes muchas ganas de charlar.

- Pero tú...

Inuzuka saltó de su asiento casi hasta llegar a la entrada de la habitación, el palpitar de la chica aceleró un poco... ¿de verdad era todo? El ninja se detuvo bajo el marco de la puerta y respiró hondo...

- Al menos no conmigo. Por favor no te molestes con nosotros.

Y con esto salió cual relámpago de allí.

- ¿Nos... nosotros?

Y tan rápido como salió su amigo, alguien más apareció...

El corazón de Yamanaka parecía haberse detenido por completo... su presencia le alteraba todos sus sentidos... creyó que había dejado de respirar, pero en ese momento su varonil fragancia la hizo aspirar de nuevo... No necesitó que se acercara tanto, ella lo tenía bien ubicado, era tan único.

-¿Puedo pasar?

Su garganta se secó. Lo vio tiritar discretamente y gotear cuando se movía, parecía que a él le afectaba lluvia más que a Kiba -Shikamaru dijo que te encontraría aquí... ¿puedo pasar?- Repitió.

Ella notó como resoplaba por lo bajo, tratando de recobrar el oxígeno.

¿Había corrido?

Y una angustia tremenda la embargó...

¿Shikamaru le habría dicho la verdad, o lo que ella le había pedido?

Y por más esfuerzo que hizo, ninguna palabra pudo pronunciar. La ceja visible sobre aquellos anteojos obscuros la hizo ruborizarse. Era increíble como al tratarse de él sus sentidos se agudizaban al punto de verle a detalle aún en penumbras. Agachó la mirada, no podría contener el frenesí de su palpitar, pero al menos intentaría no llorar de nuevo... Al menos no frente a él. Asintió lentamente y disimulando los nervios estrujó los cobertores sobre su estómago... Estaba cansado, abatido, su pecho dolía y su fuerzas menguaban, al fin lograba verla de nuevo y no tenía el valor de abrazarla y besarla de nuevo... ella lo había decidido y él...

Él sólo existía para hacer cumplir sus órdenes...

Por mucho que él deseara ya no hacerlo - aunque perfectamente supiera que no era el caso - la amaba.

Podía sentir los fuertes golpes que daba su corazón hasta sus oídos, se intentó limpiar rápidamente los rastros de aquel llanto por él, irónico ¿no? la persona por la que lloraba hacía un rato era la única que la podía hacer dejar de llorar, sólo si ella lo permitía.

Le temblaban las manos puesto que comenzaban a entumirse, además el estar junto a ella su adrenalina se disparaba, así que antes de llegar a su lado las escondió dentro de los bolsillos de la gabardina que se había vuelto pesada por el agua.

- ¿Te molesta si yo...?

Su voz era apenas audible, pero la estaba torturando con tanta amabilidad, ella no merecía tanta cortesía, no se merecía su cariño, no merecía que el terminara corriendo bajo la lluvia por su culpa... simplemente no se lo merecía.

- El sofá es más cómodo.

Y fue todo lo que pudo decir antes de que su voz se quebrara, él tenía que entender que ella NO lo MERECÍA, y si la única forma era por las malas... Su corazón se apretujó más, lo había herido de sobremanera y ella sólo desviaba la mirada. ¿Es que ya ni siquiera merecía que lo viera? Cambió de dirección y se sentó a los pies de la cama... No resistía estar tan lejos de ella. Los zafiros se posaron fijamente en él en cuanto sintió su peso en el colchón, una fugaz pizca de culpa se les escapo, pero de inmediato intentó fruncir el ceño - inútilmente – simulando molestia para alejarlo de su presencia…

Él lo notó.

-No tardaré mucho.

Se excusó, Ino asintió sin dejar de tratar de reflejar algo de molestia. Sacó una mano de su bolsillo, parecía ligeramente amoratada y no dejaba de temblar, se retiró los lentes y bajó la mirada a su regazo.

No era tan valiente.

La rubia lo notó vibrar, y en seguida un suave sollozo masculino le robó el aliento...

-¿Shino?

No pudo evitar el tono de preocupación en aquél débil susurro. Se sentía tan miserable por provocar todo eso... Contuvo la respiración cuando con pulgar e índice se hacía presión en el puente de la nariz. No podía verle el rostro, pero sabía que estaba sufriendo... como ella.

- ¿Qué... qué fue lo que... hice mal?

Había decidido no rogar, no humillarse, no preguntar su error, sólo preguntar si estaba bien... Pero no podía, no le interesaba en esos momentos su dignidad, sólo saber si había un pequeña posibilidad de recuperarla.

-Nada.

Sus ojos picaban por el conflicto de no querer llorar, y su voz cada ve se escuchaba menos. Era demasiado para ella sola. Pensó un momento y luego se pasó con rudeza el pulgar para retirar las lágrimas que había derramado sin querer.

Y por fin la miró fijamente.

Su mirada, limpia, sin los obscuros lentes de por medio; le hacía sentir escalofríos, pues podía deducir, sin temor a equivocarse, que le exigían con tanto dolor una explicación. Inmediatamente volvió la mirada a otro sitio.

-Ino- suplicó con temblor en la voz. Ella tembló. -¿En qué te defraudé?

Y ya no lo soportó un segundo más, gotitas comenzaron a rodar por sus pálidas mejillas mientras hipaba bajito. Los ojos masculinos no perdieron detalle, y con una rayito de esperanza se animó a preguntar...

-¿En verdad... ya no me amas?

El miedo era casi palpable en aquel susurro, su conciencia le indicaba que no debía preguntar si cabía la posibilidad de que la respuesta podría lastimarlo más, pero no lo había podido evitar. Los ojitos inundados por fin le miraron, temblosos e increíblemente tristes... Él tembló, el frío le entumía pero la incertidumbre lo quemaba.

- Ino ¿Qué ocurre?- No podía esperar. Sus ojos estaban clavados en él, pero no decía nada. -Ino- Usó un tono más audible, aunque no menos temeroso. Se llevó las manos a la cabeza, frustrado. Haciendo que sus lentes botaran. Bufó. -No sólo no me amas- Concluyó -Me odias... Y yo... Yo no sé por qué.

Ino abrió tanto como pudo los ojos, las lágrimas brotaron con más fuerza. Debía dejarlo creer eso.

Debía

Pero no quería.

Así que negó suavemente, intentando echar marcha atrás sobre su plan. Mandar todo al cuerno y no preocuparse por nada más, sólo por estar juntos.

Pero él ya no la veía.

Sus ojos yacían oprimidos por su mano, como si así controlase el llanto.

- Si hay alguien más, necesito que me lo digas.

- No- Soltó ella tajante. Ofendida.

Limpió sus mejillas e intentó hablar, pero él se adelantó.

- Si sólo fui un juego... -Dejó al aire la frase.

- No.

- ¡Si lo fui sólo necesito oírlo!

- Shino, yo...

- Si la idea era enamorar al estúpido Aburame...- Arrastró con rabia.

La rubia se hizo pequeña, arrinconándose debido a sus palabras.

- No- La voz de la rubia tembló. Casi doblegada- Es que...

- Lamento no haber podido ser lo que tú esperabas.

Y con eso se levantó tronando la boca

¿Qué más daba?

Se dirigió furioso a la entrada.

El corazón de la Yamanaka saltó asustado, cerró los ojos para auto reprimirse... hiperventiló desesperada... estrujó las cobijas con impotencia... y tomó valor de donde pudo...

Pero no pudo decirlo.

Sus lágrimas cayeron amargamente mientras Aburame Shino abandonaba la habitación. Y sentía su alma abandonarla con él.

-¿Sabes que?- Se detuvo justo bajo el marco de la puerta. Pero ya no la miró -Shikamaru dijo que… Que había alguien más implicado. Sólo quería asegurarme.

Ino se mordió el labio cuando con un suspiro pesado el joven desapareció.

Sí, había hecho prometer a Shikamaru que le diría que lo engañaba. Que ya no lo amaba. Inclusive que nunca lo había hecho; así él jamás sospecharía, así él pensaría lo mismo que su amiga pelirrosada.

-Estoy… Estoy embarazada- Susurró en un ahogado sollozo.

Y por muy difícil que fuera de creer para todas las demás persona, aquella vida que cargaba en su vientre era fruto de aquel gran amor que ahora estaba dejando escapársele de entre los dedos.

Pero es que ella nunca truncaría su vida.

Jamás.

Ella quería que él fuera un gran ninja. No lo quería retener, no así.

Se cubrió el rostro sin cesar de llorar. Ahora sólo le quedaba el recuerdo de aquel hombre al que le había entregado su corazón.

El más bello recuerdo de él.