PRÓLOGO

El que se suponía que iba a ser uno de los mejores días de Halloween de la Historia de mi ciudad se ha convertido en una auténtica pesadilla. Al principio todo iba sobre ruedas, pero ahora me encuentro atrapado entre las garras de Oogie Boogie, quien tiene el Fruto del Edén con el que comenzó todo, mientras se ríe de mí por haber caído en su trampa. Por culpa de esa maldita bola de metal he dejado un rastro de cadáveres a mis espaldas cuando nunca he matado una mosca y he manchado de sangre mi túnica en el intento de recuperar lo que me arrebataron. Ahora estoy inmovilizado, rodeado de templarios zombis y para colmo no tengo ni idea de lo que me va a pasar. Como Asesino que soy, puedo predecir los movimientos de mis atacantes para adelantarme a ellos pero, por desgracia, no puedo adivinar el futuro.

Mi nombre es Jack Skellington y soy el Rey de Halloween… o al menos lo era antes de ser un Asesino. Por culpa de Oogie Boogie y del maldito Fruto he pasado de ser un personaje respetado, admirado y querido a ser un encapuchado que corre por los tejados que para avanzar hacia su objetivo tiene que clavar una hoja oculta en el cuello de una de sus numerosas víctimas y que sigue un credo que se resume en dos frases: "Nada es verdad. Todo está permitido".

¿Cómo, y lo que es más importante, por qué he llegado hasta este punto? Para conocer la respuesta tendremos que viajar atrás en el tiempo, concretamente hasta hace dos años, en la víspera de Halloween.