El reino fue reconstruido, tal y como estaba años antes de que Regina lanzase la maldición, incluso antes de que fuese catalogada como ''la reina malvada''. Cada cual volvió a su hogar, ahora sí eran realmente felices, aunque seguro que echaban en falta las comodidades del siglo XXI.
Blancanieves y el príncipe permitieron a Regina conservar su palacio, conformándose la princesa con vivir en el castillo del rey Jorge, perteneciente ahora a David, su marido. Emma viviría con ellos, y Henry estaría intermitente entre esos dos cercanos reinos, que fueron unificados, entre ellos ya no había barreras, ni guerras…
Después de todo, Regina no era tan mala monarca, había cambiado, o más bien, enamorarse de la salvadora había sido la causa. Contrató sirvientes de palacio, ayudas de cámara y todo lo necesario para que este funcionara a las mil maravillas. En la aldea ya no se odiaba su figura, ni se quemaban sus representaciones… era una nueva mujer, noble y justa que velaba por ellos. Mantenía a raya el orden, los impuestos sobre la media y unas leyes unificadas con el reino conjunto de su hijastra. Ahora lucía vestidos claros y formales, la fachada de reina malvada con aquellos vestidos tétricos y siniestros, había quedado en el fondo de su ropero. Mantenía amistad con los demás reyes, acudía a fiestas…pero eso no aliviaba su sentimiento de soledad.
Su príncipe iba creciendo, convertido en todo un caballero que pasaba el día viajando de un reino a otro, incluso juraría que tenía una estrecha relación con una muchacha noble que rondaba su edad.
Tener magia le permitía tener encuentros secretos con Emma, a quien no sacaba de su cabeza ni un solo minuto. Su relación era extraña, como siempre lo fue, ambas se definían complemente adicta a ello.
Regina, entrada la noche, solía secuestrarla y llevarla a su cama para que le hiciese compañía. Se cubrían e inundaban a besos bajo aquellas elegantes sábanas reales.
Se oían susurros en la habitación de la reina, en la madrugada.
Emma.- Creo que va siendo hora de contárselo a mis padres…-Murmuraba entre beso y beso que su amada le brindaba.-
Regina.-¿C-Contárselo? –Tartamudeó, insegura. Aunque las cosas hubiesen cambiado, seguía sin estar bien visto.- Oh, Emma…-Su ilusionada sonrisa iluminaba aquella oscuridad de la que disfrutaban, sintiéndose dichosa por sus intenciones.- ¿De verdad estarías dispuesta a ello? Incluso a…¿Venir a vivir conmigo?.
Emma.- Así es…-Se contagió de su sentimiento, acariciando y enredando sus dedos en el largo cabello de la renovada y hermosa reina.- Yo y nuestro príncipe… Detesto abandonarte cada mañana, Regina.
Regina.- Yo también os necesito a mi lado, sois el motor de toda mi existencia.
El silencio volvió a reinar en la oscura habitación, ambas se ocultaron entre nuevos y cálidos besos y abrazos. Si su amor era tan potente para crear la unión definitiva entre los reinos, lo habían conseguido todo.
