Aclaración: ustedes saben que Bones, ni ninguno de sus personajes habituales me pertenecen… solo procuro hacer más llevadero el tiempo hasta el 2 de abril inventando historias.

Declaración: les pido paciencia, tengo claro lo que quiero hacer con este fic y va a terminar siendo el fic más largo que haya escrito hasta ahora. Pretendo escribir algo que tenga de todo: angustia, amistad, humor, compañerismo, coincidencias increíbles, romance y espero tener la valentía suficiente para tener un capítulo súper M. Poco a poco, irán apareciendo todos los personajes entrañables de la serie, en este primer capítulo solo está Brennan, en el segundo prometo que aparecerá Booth… No me odien, al final todo acabará bien.

Llevaba tan solo tres meses y catorce días formando parte del sistema de adopciones, en su expediente se indicaba "femenino / quince años / abandono total / nivel 3", pasarían años hasta que entendiera que su silenciosa actitud había sido considerada como una manifestación de un peligroso estado de violencia latente, lo que le había cerrado las puertas de muchos hogares en los que pudo tener una vida menos difícil.

Durante los primeros veintidós días había permanecido en una residencia temporal del gobierno, compartiendo una habitación con otra docena de adolescentes, durmiendo escasas horas en una cama dura y sin almohada, aceptando que sus compañeras de infortunio se aprovecharan de su falta de habilidades comunicativas y le robaran la poca ropa de abrigo que había llevado consigo cuando la obligaron a alejarse de su verdadero hogar.

Los siguientes treinta y cinco días estuvo en el que sería el primero de los muchos hogares de acogida por los que pasaría hasta su mayoría de edad, sus padres adoptivos apellidaban Bergman y eran una pareja de esposos bastante mayores que tenían a otras tres niñas de entre doce y catorce años viviendo con ellos. Durante su estadía con los Bergman compartió la habitación con la menor de las niñas, y aunque los días transcurrían enmarcados en una rutina de escuela, deberes y tareas hogareñas que la ayudó a sobrellevar el difícil período de adaptación, desde el principio le informaron que su permanencia con ellos sería por corto tiempo, pues en breve la pareja viajaría a un hogar de retiro en Florida.

Después de estar en la residencia temporal por otra semana, fue asignada al hogar de acogida de los esposos Rosalyn y Derek Barret. Los Barret, eran una pareja en sus cuarenta que tenían dos hijos biológicos, una niña de cinco y un niño de ocho años, y tan pronto la asistenta social que la presentó con su nueva familia se retiró, le quedó claro que había sido recibida en esa casa con la finalidad de tener a alguien que se encargara de todo el quehacer.

La señora Barret le explicó con claridad que durante los días de escuela, por las mañanas debería preparar el desayuno, al volver de la escuela debía hacer la lavandería, después terminar sus deberes de la escuela, preparar la cena y lavar los platos antes de retirarse a dormir. El fin de semana tenía que organizarse para aspirar las habitaciones, ordenar los cuartos de los niños y limpiar los baños. Si cumplía con todas sus obligaciones podría quedarse con ellos de lo contrario la devolverían.

Desde el primer día, su padre de acogida evitaba dirigirse a ella, solo lo hacía para darle órdenes en nombre de Rosalyn, y aunque le parecía que en ocasiones la miraba con la intensión de decirle algo, nunca lo hacía. Ella no podía evitar pensar en su propio padre al observar la forma tierna y divertida en que el señor Barret interactuaba con sus pequeños hijos. En más de una ocasión se sorprendió a sí misma espiándolos mientras jugaban en el patio, o leyendo algún cuento; todas las veces logró sobre ponerse a los recuerdos que afloraban en su mente, bloqueando su memoria y repitiéndose, una y otra vez hasta el infinito, que su familia no existía.

La familia Barret era muy diferente a la que ella había tenido, los niños vivían sus pequeñas vidas supeditados a su madre, la amaban, pero sobre todo le temían. Temperance no la había visto golpearlos, pero estaba segura que cada vez que alguno de los niños cometía alguna falta y ella los tomaba del brazo llevándolos casi a rastras al garaje, era allí en la soledad y silencio de ese espacio que los golpeaba… porque siempre los pequeños regresaban a los pocos minutos llorosos y sobándose sus pequeños cuerpecitos.

Las reglas que Rosalyn había creado para ella eran muchas: caminar por la casa en medias para no hacer ruido, dormir con la puerta de la habitación abierta, ser la última en bañarse por las noches, limpiar los baños con una solución de amoníaco, lavar los platos con agua muy caliente, volver de la escuela sin retrasarse; y además tenía prohibido ver televisión o traer a alguno de sus compañeros de escuela a la casa. Si faltaba a alguna de las reglas, su castigo sería permanecer encerrada en la maletera del auto por dos días seguidos, antes de volver al sistema de adopciones.

Durante las noches en que se le hacía difícil conciliar el sueño, permanecía echada en su cama con los ojos cerrados, tratando de imaginar que podía haberles ocurrido a sus padres, intentando comprender porque su hermano la había abandonado… en todas esas ocasiones, le pareció que alguien entraba en su habitación y se paraba junto a su cama a observarla… en esos momentos sentía mucho temor, le parecía escuchar gemidos casi inaudibles, pero nunca abrió los ojos para cerciorarse de lo que ocurría, y en un par de ocasiones juraría que escuchó la voz de Rosalyn casi como un susurro diciendo "ya es suficiente Derek, aléjate de ella".

Ese viernes en particular había transcurrido casi como cualquier otro, excepto por el hecho de que la señora Barret había salido a cenar con su hermana, así que en la casa los niños habían estado más risueños que lo habitual durante la cena, jugando y conversando alegremente con su padre. Como siempre, Derek no le había dirigido la palabra en ningún momento. Al terminar de cenar, él había autorizado a los niños a comer el postre en sus dormitorios.

Cuando los niños subieron felices a sus habitaciones, el señor Barret se fue con ellos, y Temperance se quedó, como todas las noches, sola en la cocina terminando de cenar. Luego se dispuso a lavar los platos, abrió la llave y esperó hasta que el agua saliera lo suficientemente caliente, mientras tanto solo podía pensar que algún día cuando tuviera su propia casa jamás lavaría la vajilla con agua hirviente.

Algún día, cuando fuera independiente, evitaría a toda costa colocar su felicidad en las manos de otras personas, nunca más permitiría que alguien la abandonase ocasionándole el mismo sufrimiento que le habían creado sus propios padres… aunque para ello tuviera que mantenerse aislada, sola, apartada voluntariamente de cualquier clase de interacción emocional con otras personas; además si se lo pensaba bien, eso no sería muy complicado después de todo siempre se le había hecho difícil hacer amistad con otras personas, con mucha frecuencia no comprendía a sus compañeros de escuela cuando se dirigían a ella, entendía las palabras pero no el significado que se ocultaba detrás de ellas.

Estaba distraída en sus pensamientos, soñando despierta con el día en que saldría del sistema de adopciones y fue quizás por eso que no se percató del momento en que Derek había ingresado a la cocina, solo se dio cuenta de su presencia cuando lo sintió colocarse detrás de ella, lo suficientemente cerca como para sentirse muy asustada.

En un segundo cruzaron por su mente, muchas de las historias que había escuchado narrar a sus compañeras en la residencia temporal, historias de abusos terribles que esas chicas habían vivido en carne propia, y que comentaban como si fueran parte de las vivencias que cualquier adolescente que formara parte del sistema debía soportar tarde o temprano… cerró los ojos, y en silencio, se preguntó si quizás había llegado el momento en que ella también debería de ser víctima de alguna forma de abuso… sin poder evitarlo los ojos se le llenaron de lágrimas, tenía mucho miedo.

Derek colocó sus manos a ambos lados de ella, sobre el lavadero, bloqueándole cualquier posibilidad de salir huyendo. Recién en ese momento se fijó en lo grande que era ese hombre. Por primera vez, desde que llegó a esa casa, percibió un aliento alcohólico en el padre de los pequeños, ese simple descubrimiento la hizo temer lo peor; sabía muy bien que uno de los efectos del alcohol en la sangre consistía en la desinhibición, el bebedor se comporta irracionalmente dándole cabida a sus instintos primarios, permitiendo que se manifieste la conducta animal que usualmente mantenemos bajo control pero que es inherente a nuestra condición de primates provenientes de millones de años de evolución.

Entonces lo escuchó susurrarle al oído "solo quiero tocarte…", y antes que pudiera procesar las palabras que acababa de oír, sintió una de las enormes manos de aquel hombre sobre sus senos, presionándolos por encima de la camiseta que tenía puesta, "todavía están pequeños pero pronto crecerán…", le dijo en un tono de voz entrecortado. Las lágrimas caían sobre su rostro en un llanto silencioso, miró al frente y vio el reflejo de ambos en el vidrio de la ventana, se sintió aún más pequeña al comprobar que aquel hombre la cubría totalmente.

Sin atreverse a hacer el menor ruido, pues quería evitar que los niños que estaban en el segundo piso de la casa se enteraran de lo que hacía su padre con ella en el primer piso, soportó callada que ese hombre manoseara su pecho de manera terriblemente agresiva… le pareció que el tiempo se detenía, no podía decir si habían pasado segundos o minutos, hasta que por fin se detuvo, se sentía adolorida, y en silencio rogó porque aquel hombre se hubiera aburrido y la dejara tranquila; sin embargo, lo que él hizo a continuación fue sujetarla por la cintura, utilizando unos de sus brazos como tenaza, con tanta fuerza que ella no pudo evitar soltar un sollozo, y levantándola hasta que solo la punta de sus pies rozaban el suelo. Mientras que con la otra mano tocaba su trasero, pellizcando y estrujando sus glúteos de una forma dolorosa, por encima de la tela del pantalón de algodón que llevaba puesto, mientras repetía "firmes, redondos, perfectos…".

Nunca estará segura si debe sentirse agradecida o no, por lo que ocurrió después. En el silencio en que Derek abusaba de ella, fue posible escuchar con claridad cuando Rosalyn abrió la puerta principal… como un resorte, el esposo de la mujer que acababa de volver a casa se alejó de ella y fingió buscar algo en el refrigerador… ella estaba tan asustada, el agua estaba tan caliente y jabonosa, que sin poder evitarlo uno de los platos se le resbaló de las manos cayendo al piso, rompiéndose escandalosamente en pequeños trozos.

La señora Barret ingresó a la cocina hecha una furia, comprobó que el sonido que había escuchado era el de un plato roto, vio a la muchacha frente al lavadero con la ropa extrañamente desarreglada, se volteó y encontró a su marido que evitaba mirarla a los ojos pretendiendo buscar algo en el interior del refrigerador. Sin necesidad de preguntar nada, la mujer dedujo lo que probablemente había ocurrido, y recién entonces pronunció las últimas palabras que Temperance escucharía esa noche "te lo advertí".

Con una levantada de cejas Rosalyn, le dio una orden a su marido y luego salió de la cocina. El hombre sin necesidad de ninguna explicación entendió lo que debía hacer, y con una mirada llena de ira tomó a la adolescente por un brazo y casi a rastras la obligó a seguirlo hasta el garaje. Allí, su mujer los estaba esperando con una correa de cuero muy gruesa en la mano y sin decir una palabra empezó a golpear a la muchacha con todas sus fuerzas, sin fijarse dónde caían los golpes, le daba igual, solo quería asegurarse de ocasionarle mucho daño.

Temperance no pudo contener un grito de dolor, cayó al piso y se acurrucó procurando evitar los golpes; el grito que dio provocó al hombre, que se acercó a ella y no bastándole con los correazos que su mujer le estaba propinando le dio un par de patadas en la boca del estómago, la adolescente sintió que se quedaba sin aire y además escuchó un sonido seco como de algo que se rompía en su interior, una oleada de terrible sufrimiento recorrió todo su cuerpo y se desvaneció.

La mujer también escuchó el sonido de lo que supuso eran costillas partiéndose, sujetó a su marido por el brazo para que se detuviera y con otro ademán, le ordenó levantar a la chica y meterla en la maletera del auto, que estaba abierta desde antes que él y su hija de acogida llegaron al garaje. La pareja se miró a los ojos, luego dirigieron sus ojos hacia la muchacha desmayada ante ellos y cerraron la maletera.

No estaba segura de si lo había soñado o si realmente ocurrió, pero en alguno de los instantes en que estuvo despierta le pareció escuchar las voces de los niños, el motor del otro auto de la familia encendiéndose, la voz de la señora Barret gritando "volveremos en dos días", y después el silencio.