Sueño recurrente

Tensemi


El aire llenando los pulmones y un calor sofocante expandiendo la habitación es todo lo que sus sentidos nublados pueden notar. Ahora el cuarto se siente infinito y las paredes tienen cada una un color diferente, como si estuviesen fuera del mundo. El techo parece una galaxia, repleta de sensaciones que le están haciendo sentir. Las manos dispersas por todos lados y la carne expuesta cubierta de tactos, suaves o firmes según lo ameriten.

Labios, es lo que puede identificar ahora, con el placer escurriendo por la punta de sus dedos parece estar más cuerdo. Son secos y se sienten lastimados, como si el dueño tuviese un hábito de morderlos con los nervios. Tendou tiene ese hábito, se dice. Abre los ojos (esta vez metáforicamente, porque los tenía abiertos sin saberlo ni ver nada) y puede ver el rojo de su cabello brillando en llamas, sobre y dentro de él está su cuerpo, sudoroso y pálido. Se ve frágil a su vista y tiene ganas de decirle que le ama, aunque no lo sienta (pero lo siente). Ve sus propias manos recorrer el torso delgado y pareciera que se desintegrara en sus palmas.

Ahora lo mira a los ojos, no puede verlos en la oscuridad que los rodea pero los siente quemando su piel, admirando su cuello. Sabe lo que vendrá. Los dientes del otro rozan y lastiman cerca de la yugular, siente sangre derramada pero sabe que no es de él. Las marcas que le deja le hacen sentir confianza, por eso permite que las siga haciendo a pesar de tener que soportar preguntas incómodas de parte de sus padres y del equipo. El rojo líquido que cayó en sus clavículas es el de los labios de Satori, lo sabe. Lo ha estado haciendo últimamente. Tiene miedo de que le vaya a molestar tanto su inseguridad al punto de abandonarlo. Y quiere decirle que no lo hará, que por más vergonzosas que sean las preguntas que le hacen sobre por qué tiene marcas rojizas en su cuello a él no le molestan. Le gusta sentirse tan necesitado por alguien, quiere decirle. Pero no puede cuando su inconsciente le traiciona y soluciona todo con un beso, porque es un cobarde y no quiere ahondar el tema de lo que son, por eso lo omite. Porque para él Tendou no es nada más que un desahogo, una liberación de sus ataduras.

No es sólo carnal y lo sabe. Pero lo oculta tras la indiferencia, cuando él le habla de sus miedos y de lo bien que le hace su compañía, porque le pasa lo mismo. Lo siente en toda la extensión de la palabra, en la carne, en los huesos y en el alma. Lo ama.

Cuando el silencio frío le devuelve a la realidad y la habitación sólo tiene cuatro paredes verdes, un techo blanco y están en una misma sintonía con el mundo, puede verlo. Satori está llorando, refugiado en sus propios brazos, tan frágil como lo había visto siempre. Pero no estaba respirando, no estaba más. Desapareció en cuanto despertó, había soñado con él de nuevo. Estaba llorando y respiraba agitado. Si tan sólo lo hubiese dicho.