INTERCAMBIO DE VIDA
(Life Exchange)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya
Disclaimer: Adivinen qué? Inuyasha no me pertenece, porque si lo hiciera - este trabajito estaría en …
Nota de la autora: Síp, aquí está, la no tan esperada secuela de Intercambio del Alma. Nunca planeé hacerla - de hecho no tenía intención de hacer una. Pero aunque estoy feliz con la forma en que terminó la anterior, sentí que aún podría hacer más con la historia y las situaciones. Así que no confundan esto con una continuación - porque no lo es. Es una secuela con un nuevo complot.
Y como alguien se quejó sobre la ausencia de Shippo, podré incluirlo aquí esta vez.
Si eres nuevo en esta historia entonces supongo que no tendrás que leer la primera historia, así que para ayudar a la gente a ser conscientes de sus alrededores, o para aquellos que no puedan recordar lo que pasó en la última historia tendré que incluir ese tipo de detalle en la historia. Si la saben, siéntanse libres de pasarla - si no - siéntanse libres de pasarla de todas formas!
Tengan en mente que Intercambio del Alma era una historia complicada, así que va a ser difícil describir los hechos y relaciones actuales sin hacer que la historia parezca monótona al comienzo. Haré mi mejor esfuerzo (eso espero).
Nota de Inu: Hola!!... Como siempre feliz de poderles traer una nueva traducción de Rozefire… espero que les guste y que la disfruten… De antemano mil gracias por el apoyo… FELIZ LECTURA!!
Capítulo 1: La Nueva Fobia de Kagome
Cada giro no parecía conducir a ningún lado, cada puerta abierta a otro corredor y cada corredor parecía extenderse ante sus ojos. Era casi como si el palacio deliberadamente estuviera intentando mantenerla ahí para siempre. Bueno, estaba funcionando… estaba completa y seriamente perdida.
Ella rodeó otra esquina en el corredor y se lanzó dentro por una de las puertas a su derecha, cerrando la puerta y recostándose contra el costado del nuevo corredor con el que se presentó. No podía correr más… estaba exhausta. Su respiración llegaba en pequeños jadeos y su cabello hacía mucho tiempo se había soltado de sus ganchos y sus mechones se aplastaban en sus mejillas y cuello con sudor.
Su mente estaba gritándole continuar corriendo, pero sus piernas no podían obedecerla más. Podría correr por años y nunca encontraría su camino a la libertad… este era el palacio norte de la pequeña isla, y el lugar era un laberinto de corredores y calabozos. Aunque qué más esperaba? Sesshomaru gobernaba este lugar… bueno… tal vez él había gobernado este lugar. Pero fue quien lo construyó… era quien había hecho imposible que los prisioneros escaparan.
Hizo imposible que Kagome escapara.
Un sonido distante alcanzó sus oídos y colocó una mano sobre su boca para callar el ruido de su intenso jadeo. Miró una oscura mancha en el piso ante ella mientras su oído se concentraba en captar el distante sonido en el casi silencioso palacio.
Pasos. Tranquilos y seguros. Él siempre caminaba de esa manera, como si supiera a dónde iba todo el tiempo, como si poseyera el piso por el que caminaba. Bueno, ahora realmente lo hacía. El palacio le pertenecía.
Gradualmente se hicieron más fuertes, mientras se acercaba… Kagome quería correr pero estaba agotada. Si corría la escucharía, y sabría exactamente dónde encontrarla. Si se quedaba, podría encontrarla de todas formas, y entonces sería muy tarde para correr.
Los pasos se hicieron más fuertes, y más cercanos y giró de golpe su cabeza hacia la puerta por la que había pasado, sabiendo que ahora debía estar cerca. Los pasos crujían las tablas de madera del corredor y escuchó las tablillas bajo sus propios pies desnudos gruñir en respuesta.
Él estaba del otro lado de la puerta…
Los pasos se habían detenido y no se atrevió a respirar mientras esperaba. Era muy tarde para correr? Sabía que estaba ahí? Él estaba ahí o su mente de nuevo estaba jugándole bromas? Lo hacía mucho esos días… Mayormente porque él lo hacía de esa manera…
Por un momento cuestionó sus sentidos, preguntándose si había escuchado los pasos… antes de que sus ojos se dirigieran de golpe del piso hacia la pantalla con una brusca inhalación de aire. Se puso en movimiento, alejándose de la pared, al mismo momento que la pantalla de la puerta fue hecha a un lado violentamente para permitirle entrar.
Ella no había corrido tres pasos antes de que sintiera una fuerte mano sujetar su brazo y retorcerlo rudamente detrás de su espalda, obligándola a caer de rodillas con un ahogado grito de dolor. "No!" ahogó ella, intentando estabilizarse en el piso con su brazo libre.
"Estoy cansado de perseguirte, pensé que podría ser divertido mantenerte aquí como una rata en un laberinto…" escuchó el rechinante sonido de metal sobre metal y se giró para mirar tras ella. "Pero estoy aburrido, así que ahora puedes irte."
Y él no quería decir que planeara dejarla ir. Por un momento se concentró en sus intensos ojos antes de levantar la mirada hacia la espada que estaba levantando sobre ella, listo para golpear su cuello. No era su espada. La había robado, el mismo momento como cuando había robado la vida de su hermano. Toukijin… la espada de Sesshomaru. Había tirado a Tessaiga en favor de tener un arma más poderosa que no titubeara cuando fuera usada para tomar vida humana.
"Por favor…" susurró ella, alejándose de la espada que brillaba en la luz de las antorchas.
"Por favor?" él sonrió, en una forma que no era terrible o amenazante. Era una plácida… menos por el hecho de que estaba posicionando una espada sobre ella para separar su cabeza de su cuerpo. Estaba loco. "No te preocupes, lo haré rápido. Siempre fuiste mi favorita."
"Inuyasha…" suplicó otra vez, pero sus ojos no se suavizaron ante sus ruegos. Apenas se parecía más a su antiguo ser. Se veía mayor, más alto, un oponente más formidable que el que se había visto cuando tenía diecisiete años. Ahora odiaba el cabello que tanto amaba ella, lo había cortado por la mitad y recogido en una apretada cola cerca a la cima de su cabeza. No era el chico que amaba… no más.
Él movió su brazo, a punto de completar el movimiento que terminaría con su vida cuando se detuvo y levantó su cabeza para mirar en la distancia, sus orejas se giraron ante un lejano ruido que sólo él podía escuchar. Ella lo miró perpleja por un momento… preguntándose si su conciencia finalmente había salido a la superficie…
Hasta que sintió el piso comenzar a temblar bajo sus rodillas. Ella miró su mano que había captado el muy leve, pero continuo temblor. Podría haber sido un pequeño terremoto pero aumentó hasta que las puertas estuvieron moviéndose en sus marcos y distantes estrépitos sonaran con la caída de objetos de repisas y mesas.
Pero todos los sonidos se desvanecieron, incluyendo la palpitación que su corazón producía en su pecho, mientras un leve y crujiente sonido se escuchaba. Seguido por un suave rugido de aire… o… algo…
"Terremoto, no te preocupes." Le aseguró Inuyasha, su agarre se apretó de nuevo en su brazo, aunque no captó sus palabras cuando el corredor continuó temblando a su alrededor y el rugido en la distancia se incrementó. Él se preparó para mover la espada hacia ella otra vez, y de repente Kagome no se preocupó más por los distantes ruidos en el viejo palacio.
Hasta que el agua de repente rodeó la esquina en el extremo de su corredor, y comenzó a correr hacia ella a velocidades quiebra cuellos.
Sólo pasaron segundos antes de que el ensordecedor rugido de las olas los golpeara y todo se callara y escuchara hablar a Inuyasha, en un tono que lo hizo parecer como si estuviera hablándole. "Qué significa esto?"
Entonces el rugir del agua regresó a full volumen y se estrelló sobre sus cabezas…
Era la tercera vez esa semana que tenía ese sueño recurrente… Sabía bien el significado. Lo había sabido desde ese día hace unas semanas. Había negado lo que vio… lo que su intuición le había estado diciendo.
En cierta forma, aún no creía nada de eso.
Inuyasha no podría estar planeando matarla…
Habían pasado tres años desde que todo se había calmado. Los tres años era el tiempo que Inuyasha había estado gobernando la mitad sur de la isla de los Inu Youkai. Después del alboroto de quien iba a tomar el trono después de la muerte del padre de Inuyasha, finalmente había encontrado un dueño. No era fácil ser Rey… y mirando atrás, Kagome se preguntó si eso era lo que lo había vuelto loco. Siempre había confiado en ella sobre lo tedioso y aburrido que era. Algunas veces era muy desafiante… y algunas veces no era lo desafiante suficiente.
Era un gran Reino… y muchos Inu Youkai en un Reino grande añadía muchos problemas para su líder día tras día.
Pero después de un tiempo, Inuyasha había comenzado a hacerle frente a los problemas, aprendiendo cuáles ignorar y con cuáles tener prioridad. Había comenzado a volverse el tipo de gobernante del que la gente podía depender.
O eso era lo que todos habían pensado. Resultó ser que tal vez la confiada (si no engreída, egoísta y arrogante) sonrisa suya había sido una falsa máscara para esconder sus verdaderos sentimientos. Su verdadera naturaleza.
Bueno, cualquiera que fuera la razón para su lento decline en la cordura, no había sido aparente por mucho tiempo. Pero Kagome había comenzado a sentir una pizca de incomodidad después de que despertó de uno de sus sueños más perturbadores. Había logrado discutirlo con Miroku más tarde esa mañana.
"Un mal sueño?" Miroku le levantó una ceja al otro lado de la cama que ambos estaban haciendo. "Eso es inusual. No tienes atrapasueños para ese tipo de cosas?"
"Esos sólo son para tontos supersticiosos." Kagome giró sus ojos.
"Bueno, normalmente trabajan para mi." Miroku se encogió con una plácida sonrisa.
"Uh… sin ofender ni nada…" Kagome añadió rápidamente, acolchando las almohadas de la cama de Sango.
"Entonces qué fue eso?"
Kagome bajó la mirada tontamente. "Estúpido realmente…"
"Adelante. No me importa. Escucho a Inuyasha hablar mucho. Escucho estupideces todo el tiempo." Razonó Miroku.
Kagome suspiró mientras volvía su atención a la cama. "Bueno… yo estaba en un palacio… este, creo… o el del norte…" ella sacudió su cabeza intentando recordar los terribles detalles. "Alguien estaba persiguiéndome… un Inu Youkai, creo… recuerdo el cabello blanco."
"Quién era exactamente?"
"No lo sé." Kagome hizo un molesto movimiento de hombro. "Un hombre con cabello blanco. O una chica."
"En una isla llena de personas así…" Miroku su vio pensativo. "Eso reduce nuestras sospechas a… seiscientas personas?"
Ella suspiró mientras colocaba las almohadas y acomodaba la sábana con su ayuda. "Esa fue la parte mansa. Me cortaron la cabeza con una gran espada después de eso…"
Miroku le dio una preocupada mirada. "Quieres decir… como la de Inuyasha-"
"No!" Kagome sacudió su cabeza rápidamente. "No Tessaiga… era más delgada… no se transformó ni nada…"
"Tal vez sea la espada de Bankotsu… cómo se llama… Banryuu?" Miroku dio una inclinada sonrisa.
Kagome rió ante eso. "No era así de grande… además, el hombre tenía cabello blanco, recuerdas?"
"O tal vez eso era lo que le gustaría hacerte creer." Dijo Miroku en un tono sabio.
"No entiendo lo que tienes contra ese hombre." Razonó Kagome. "Él es humano, como nosotros. Eso hace que el número de humanos en esta isla sumen un gran total de… cuatro."
"No olvides a Lady Inu." Señaló él.
Lady Inu siendo la madre de Inuyasha… era más fiera y determinada de corazón que toda una villa de Inu Youkai juntos. Tenía que serlo, era la madre de Inuyasha después de todo. "Cierto… cinco entonces."
"Y no olvides a Fushi y al bebé." Continuó Miroku.
"Está bien… siete entonces."
"Y si el próximo hijo de Sango no fuera el hijo amado de su amante secreto entonces serían ocho humanos." Dijo él orgulloso.
"No cuentes tus pollos antes de que salgan del cascarón, Miroku." Le advirtió Kagome juguetona. "A propósito… qué tienes contra Bankotsu?"
"Es el chico nuevo. Siempre tienes que darle al chico nuevo un momento difícil."
"Esa no es excusa."
"Está bien entonces…" Miroku frunció sus ojos. "Lo que me gustaría saber es cómo un joven como él logró llegar a tan alta posición en la armada en menos de tres semanas a su llegada a este lugar? Digo… es humano por amor de dios."
"Lo haces sonar como si fuera algo malo." Lo reprimió Kagome.
"Sabes lo que quiero decir." Él dio un suspiro. "Me da mala espina."
"Bueno… llegó a ser capitán de la guardia porque es un buen peleador… experimentado… y leal… Su poder probablemente pondría a la mitad de los hombres en la armada. Es una gran adquisición para nosotros." Dijo Kagome razonable.
"Sí… pero eso es lo que lo hace tan peligroso." Miroku suspiró otra vez. "No sé Kagome, pero no creo que lo necesitemos. Como van las cosas, no creo que vayamos a estallar en guerra con Sesshomaru pronto. Poner a un hombre como Bankotsu a cargo de la armada es como cargar un arco con una flecha que nunca falla y apuntarla a Sesshomaru mientras grita 'está bien, no estamos intentando atacarte seriamente ni nada!'. Ves mi punto?"
"Vagamente." Kagome le frunció con preocupación. "Estamos un poco tensos estos días?"
"Bueno… el tercer niño. Los cambios de humor están golpeando duro a Sango de nuevo… un jarrón más lanzado hacia mi y creo que mi cabello comenzará a volverse blanco."
La mirada de Kagome se deslizó hacia su cabello. Hizo el show de quedar boquiabierta y lo miró. "Oh dios…"
"Qué?" sus manos volaron hacia su cabello.
"Creo que vi…" ella se sacudió de su estado. "Probablemente no es nada. Es imposible tornarse blanco a los veintiún años, verdad?"
"Kagome." Él le dio una seca mirada.
"Sólo bromeaba, a dónde se fue tu sentido del humor?" ella le sonrió animada y levantó un bulto de ropa para lanzárselo. "Esto es para Sango. La costurera las había hecho para ella viendo que sus vestidos no le quedan más."
"Genial. Otra manera de señalar lo grande que está." Él miró del bulto en sus manos hacia Kagome. "Esto es pedir ser golpeado."
"Deberías estar acostumbrado a esquivar." Kagome se dirigió hacia la puerta. "De cualquier forma, tengo cosas que hacer… asegúrate que reciba esos vestidos."
"Naturalmente."
"Adiós Miroku!" ella lo dejó arreglando el resto de la habitación.
Inuyasha suspiró interiormente mientras comenzaba a rodar su pluma de atrás hacia a delante por la mesa ante él. Comenzó a igualarlo al paso de Bankotsu, enviándolo a la izquierda cuando Bankotsu se giraba y caminaba hacia la izquierda, y luego a la derecha cuando Bankotsu se giraba hacia el otro lado.
"Como puede ver, enlistar más soldados es la llave para una armada invencible." Estaba diciendo Bankotsu. Inuyasha estaba medio escuchando. "Los hombres son impresionantes como son. Son muy habilidosos y… todo… pero estoy seguro que si hace una ley de que cada hombre mayor de catorce años debe enrolarse en la armada, entonces pronto tendrá una fuerte armada de mil."
"Llena de principiantes y adolescentes que saben cómo sostener un azadón mejor que una espada?" Dijo Inuyasha.
"Entonces los entrenaremos."
"Y mientras todos los hombres están entrenando para esta tan llamada 'guerra' quiénes atenderán los campos y proveerán la comida que comemos? No hay suficientes mujeres para cubrir todos los trabajos que hacen los hombres." Inuyasha sacudió su cabeza. "Buena idea… pero realmente no es necesaria."
"Pero hay noticias de los espías en el reino norte que Sesshomaru ha logrado obtener una nueva arma. Una espada… Toukijin, creo. Creen que su poder podría rivalizar la de su Tessaiga."
"Ninguna espada puede rivalizar a Tessaiga." Inuyasha giró sus ojos despedidamente.
Él no se dio cuenta de la forma como los puños de Bankotsu se apretaron a sus costados. "De acuerdo. Pero qué si decide probar esta teoría de verdad? Entonces nos encontraríamos hundidos en batalla."
"Bueno, ahí es cuando comenzaremos a preocuparnos." Inuyasha frunció. "Te estás volviendo tan malo como los consejeros reales. Deja de preocuparte por nada."
"Esto no es nada. Sesshomaru es una seria amenaza para este Reino. Aún está detrás de su trono." Discutió Bankotsu desviando su mirada hacia el piso mientras reasumía su paso. "Me dijiste sobre sus intentos de quitárselo hace tres años. Falló, pero su armada ha estado volviéndose más fuerte, y él también ha estado volviéndose más fuerte. Todo lo que has hecho es sentarte y dilatar las decisiones."
Él tomó el silencio de Inuyasha como la aceptación de este hecho. "Digo que nos adelantemos e incrementemos el número de hombres en la armada, entonces seremos una formidable fuerza contra el norte."
Hubo un golpe en la puerta, interrumpiendo el discurso de Bankotsu, "Adelante!" gritó él.
La puerta se abrió y Miroku miró alrededor del estudio antes de mirar a Bankotsu. "Con quién estás hablando?"
"Qué, eres ciego? Estaba hablando con…" él se desvaneció mientras se giraba para encontrar un escritorio vacío. La ventana tras él ahora estaba abierta y la cortina estaba ondeando en la leve brisa a su lado. "Mierda… no otra vez…"
"No te preocupes, lo hace todo el tiempo desde el último capitán." Miroku se encogió. "Si me preguntas, sólo está celoso porque tienes una espada más grande."
"Estoy de acuerdo." Bankotsu sonrió en aprobación. "Tendré que hablarle después." Dijo él, pasando a Miroku mientras dejaba el estudio del Rey.
Kagome viajó por las extensas y verdes praderas que yacían ante el palacio, pasando los dos lagos que se extendían ante él como una especie de foso, y se dirigió al bosque alrededor de la verde cuenca hacia un viejo arroyo que corría entre los árboles. Era un paseo, pero era placentero. Estando en el lado sur de la isla, el clima era casi tropical y casi siempre caliente… algunas veces un poco caliente en esos húmedos días de verano. Pero era el comienzo de la primavera, la época del año cuando los árboles y las plantas están comenzando a florecer y el clima era cómodamente cálido sin nada de humedad.
No había una nube en el cielo.
Se deslizó entre los espaciosos árboles, dirigiéndose hacia el viejo camino que debe haber tomado cientos de veces hacia el arroyo. A lo largo del camino sonrió cuando notó que las señales de un nuevo año estaban brotando en el camino. Lirios comenzaban a florecer y unas pocas orquídeas aquí y allá…
De vez en cuando se detenía a recoger unas pocas de las brillantes flores y las añadía a un acumulado ramo en su mano. Tal vez se las daría como un regalo para Sango, para intentar darle un poco de consuelo por los dolores del embarazo.
O tal vez deba dárselas a Inuyasha…
Ella alcanzó el arroyo después de unos minutos y de deshizo de sus sandalias y medias para sentarse en la orilla y sumergir sus pies en el agua caliente. Debe haber brotado de una fuente para que el agua fuera tan placentera… eso es por qué era su favorito sólo sentarse y escuchar cantar los pájaros.
Esto era lo que era la vida. No era sobre los torrentes de adrenalina de aventuras y acción… el frío ardor del dolor y la traición que golpeaba de vez en cuando. No era sobre el calor y la sangre de la batalla o la inmensa alegría de la victoria, o la increíble pena de la derrota…
La vida era esto… sólo participar de los simples placeres que podía disfrutar todos los días. La compañía de verdaderos amigos con los que estaría por el resto de su vida… los cálidos días de verano que podía disfrutar afuera y las frías noches de invierno que podía pasar recogida en su cálida cama con un buen libro.
Esa era otra cosa que la hacía sonreír. Si no fuera por Inuyasha, no podría leer esos libros que tanto amaba…
Así era como debía ser. Pero aún no podía evitar sentir que algo faltaba en su vida. Aunque sabía exactamente lo que era.
Unos pocos metros atrás escuchó el fuerte sonido de cascos de caballo en el suave suelo junto con la respiración del animal y el choque de sus riendas. No se molestó en darse la vuelta. Sólo mantuvo sus ojos cerrados y continuó deleitándose en el calor del sol.
"Oh miren, es una chica a punto de quemarse."
"Oh miren, es un chico a punto de revolcarse con el caballo en el que monta." Respondió Kagome.
"Cielos… aún estás molesta?" ella lo escuchó acercarse y abrió un ojo para asegurarse de que no estuviera a punto de ser atropellada por su enorme caballo. "Dije que lo sentía."
"No pareció en el momento. Parecía que lo estabas disfrutando." Espetó ella, moviéndose más por la orilla y fuera del rango de atropellamiento. "De hecho, te reíste."
"Bueno… fue muy divertido…"
"Bastardo sadista…" refunfuñó ella, moviéndose más mientras su caballo se acercaba a la orilla del arroyo.
"Me hieres." Suspiró él. "Y aquí estaba listo para disculparme y darte estas."
Ella levantó la mirada y vio las flores que estaba sosteniéndole. "Oh - Inuyasha - para mi?"
"Bueno… en realidad eran para Sango, porque también está molesta conmigo."
"Por qué está molesta contigo?" de todas formas recibió las flores.
"Sólo por parpadear muy fuerte, supongo." Él se encogió.
"Bueno… estas también eran para Sango, pero supongo que puedes tenerlas." Ella levantó las flores que había recogido y sonrió cuando las tomó. "Ahora puedes darle mis flores y yo le daré las tuyas."
"De ninguna manera - mis flores se ven mejor - dámelas!" él extendió su mano.
"Tonto romántico." Kagome rió y mantuvo su agarre en las flores en sus manos. "Las entregaste. Ahora son mías."
"No le niegues nada al Rey, niñita." Dijo él con burlona seriedad.
"Ooh - buena impresión, casi tiemblo." Se burló ella.
"Está bien. Te lo advierto." Él se inclinó y enganchó un dedo alrededor del orillo de su manga, antes de urgir su caballo para caminar en el arroyo.
"Inuyasha - no - no otra vez!" Tartamudeó Kagome mientras la llevaba con él. Ella intentó desesperadamente quedarse en la orilla. "No - este es mi mejor kimono, rata! Podría haber sanguijuelas ahí! Y… piedras afiladas! Y peces asesinos!"
"Escuché que también tenían pirañas." Inuyasha sonrió mientras le daba un repentino tirón que la hizo tambalear en el agua.
"Ew! No!" Ella quedó boquiabierta ante su húmedo kimono… pero él sólo la metió más en el agua, mientras se quedaba bien y seco arriba de su caballo. "Oh dios mío - algo rozó mis pies! Sanguijuela! Oh dios!"
Ella odiaba las sanguijuelas. Su segunda fobia después de los mosquitos y otros insectos que chupaban su sangre. Sólo la idea de delgados invertebrados bajo el agua, lanzándose hacia sus desnudas y tersas piernas era suficiente para aterrorizarla de forma mayor.
"Relájate Kagome… no hay sanguijuelas en el agua." Le dijo él, con una buena carcajada a su expensa.
Ella dejó de forcejear y lo miró. "Te.O.dio."
"Eso está muy mal, porque yo te amo."
Una dolorosa punzada atravesó su corazón e intentó detener su expresión titubeante. Decía cosas como esas de vez en cuando… y dolían, porque sabía que no las decía en serio. Sus palabras no se acercaban a cómo se sentía por ella. Seguro que había afecto… pero había amor?
No realmente…
Ella se obligó a sonreír mientras dejaba que el dolor pasara tan fácilmente como había penetrado en su alma. Agarró su mano y le dio un fuerte tirón. Él medio cayó, sólo deteniéndose a tiempo de caer. "Espera - Kagome - no me inclino de esa manera - suelta!"
"No - esto es muy divertido!" ella rió a su expensa esta vez mientras retrocedía, arrastrándola con ella.
"Ah - mierda!" él se deslizó del caballo y justo dentro del agua que llegaba a su cintura. Desapareció de vista y Kagome rió tranquilamente para sí mientras su caballo celebraba viendo que su amo no estaba más a bordo.
Por largo tiempo Inuyasha no salió a la superficie, y después de un tiempo Kagome estaba comenzando a ponerse nerviosa. "Inuyasha?" llamó ella con una leve sonrisa, ondeando en el agua con sus brazos extendidos bajo la superficie, intentando sentir un cuerpo. "Inuyasha - no juegues - esto no es divertido!"
No podía verlo, o sentirlo, y comenzó a sentir pánico y a mirar alrededor. La corriente no estaba así de fuerte… no podría haberse ido… pero qué si hubiese golpeado su cabeza?
Kagome hizo esa idea a un lado - el cráneo de Inuyasha era muy duro para contemplar daño cerebral.
De repente algo pellizcó su pantorrilla y gritó, girándose alrededor para intentar ver el ofensor. Inuyasha de repente salió a la superficie del agua, retirando su increíble cabello fuera de su rostro.
"Me pellizcaste!" acusó ella.
"No lo hice." Él levantó una retorcida cosa negra entre sus garras. "Era una sanguijuela. Te la quité."
El grito de Kagome fue tan poderoso que él hizo una pequeña mueca y tuvo que aplastar sus orejas. Nunca había visto a un humano moverse tan rápido en toda su vida mientras se dirigía hacia la orilla, aún gritando.
Ella subió hacia la seca tierra y rápidamente comenzó a pasar sus manos frenética sobre sus piernas. "Quítamelas! Quítamelas! Quítamelas!"
"Creo que te encontramos una nueva fobia." Él observó mientras tiraba el pequeño bicho en el agua y comenzaba a regresar hacia la orilla y la histérica Kagome. "Calma, Kagome, se fue - no hay más."
Kagome hizo un estrangulado ruido, pero sus manos se calmaron donde estaban aferradas a sus piernas. Se estremeció. "ODIO…las sanguijuelas…!"
Inuyasha subió a la orilla y sin pensar mucho, agarró su tobillo y levantó su pierna, haciéndole a Kagome caer de espalda con un 'oof!'. Miró críticamente la pequeña marca en su pantorrilla. "Parece que recibiste un chupón. Y mira - es en forma de estrella."
"Más como un pez estrella en realidad." Kagome se infló, zafando su pierna de su agarre indignada, esperando que malinterpretara su sonrojo con su ataque de pánico.
Él rió y se levantó, dándole a su húmedo cabello una corta sacudida. "Eres una chica divertida."
Probablemente quería decir 'divertida' como 'extraña'. Era un cumplido afectuoso de cualquier forma. Ella lo observó con un desesperanzado suspiro mientras iba a recuperar su caballo y se montaba sobre la silla, un poco rígido desde que estaba pesado por la húmeda ropa.
Una vez que estuvo arriba avanzó hacia ella y pasó una mano por su cabello. "Oh sí - Sango dice que si podrías intentar encontrar a Fushi? Lo perdió otra vez."
"Ella siempre pierde a su hijo."
"Ha estado huyendo desde que puede caminar." Inuyasha asintió en acuerdo. "Pero está ocupada, y desde que tienes un magneto para el niño imaginó que podrías ayudarla con eso."
"Como siempre." Ella le dio un saludo burlón y él lo devolvió mientras comenzaba a alejar el caballo del arroyo. Kagome lo observó irse hasta que estuvo fuera de vista, medio deseando patearse por ser una tonta enamorada.
Entonces quiso abofetearse cuando se dio cuenta que se había robado ambos ramos de flores para Sango. "Ese asqueroso…"
Bankotsu yacía recostado sobre una de las grandes rocas a lo largo de la playa, su cabeza amortiguada en sus brazos y una leve sonrisa mientras absorbía el calor del sol en su rostro. Después de pasar casi una década bajo tierra en una tumba, muerto para el mundo, era agradable disfrutar la luz del sol. Nunca lo había apreciado antes, pero… para eso eran las segundas oportunidades.
"Bankotsu, hermano!"
Él se sentó para ver dos figuras caminando por la arena hacia él y su canto. Uno de ellos estaba corriendo hacia él felizmente, el segundo quedándose atrás, caminando a un paso más sedado y dignificado.
"Ahí estás, Jakotsu." Bankotsu le dio un corto y animado saludo con la mano. "Cómo va la horca Renkotsu?"
"Lenta." Comentó el hombre monje secamente, observando a Jakotsu correr desgraciadamente para sentarse junto a su líder con un disgustado frunce.
"Y - cómo va la infiltración?" preguntó Jakotsu felizmente. Andar por ahí en la playa todo el día con Renkotsu no era la luz de su vida, obviamente. Era refrescante ver a Bankotsu de nuevo.
"De acuerdo al plan." Respondió el joven suavemente. "No sospechan nada… aunque ese monje, Miroku, tal vez sea un problema…"
"Oh, podemos manejarlo." Despidió Jakotsu con un movimiento de mano. "No puedo esperar para conocer a tus amigos."
"Ellos no son nuestros amigos." Intervino Renkotsu.
"Estaba siendo sadista."
"Querrás decir, sarcástico."
"Sí, probablemente." Jakotsu se encogió. "Y qué tan fuerte es su Rey? Es algo como Lord Inu?"
"Es difícil de decir." Bankotsu rascó su mejilla pensativo. "Sólo he estado alrededor tres semanas, no ha mostrado ninguna habilidad todavía. Pero… tiene un cierto… aire similar a su padre."
"Crees que es más fuerte?" Renkotsu frunció.
"Posiblemente." Su líder se encogió de nuevo. "Bueno, eso no importa por ahora. Asumo que Suikotsu está en su pequeña misión?"
Renkotsu sonrió ante esto y Jakotsu estalló en una carcajada. "Por supuesto. Se fue para el Reino del norte esta mañana. Para el anochecer debe haber derrocado a su Rey y vuelto el nuevo gobernante del norte."
"Excelente." Bankotsu sonrió. "Para el final de la semana tendré el control de este Reino y tendremos toda la isla a nuestra disposición. Parece que este asunto de la venganza está saliendo como se planeó…"
Continuará…
Nota de la autora: Y ahí lo tienen, el primer capítulo de la secuela. Si no saben quién es Bankotsu, Jakotsu y el resto del Shichinin-tai… entonces lo mejor que pueden hacer es dirigirse a las traducciones del manga para más información de personajes y cosas así. Como son los villanos principales durante los volúmenes 24-28 estaré usándolos en esta historia. Ellos merodearán por un tiempo… como el tomate malo que mancha su mejor camisa blanca…
De cualquier forma, siéntanse libres de hacer preguntas si piensan que necesito elaborar algunas cosas, porque tengo la sensación de que me salté algunos detalles en algún lugar.
