Escrito para Roxmina por su cumpleaños :)
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Harry estaba sentado sobre la mesa de la cocina, luciendo extremadamente pensativo.
—¿Qué haces ahí? —preguntó Draco, ni bien entró en la habitación —. ¿Budismo improvisado?
El moreno levantó la vista y le sonrió —. No, es sólo que estoy pensando qué podría regalarle a Roxmina.
—¿Otra de tus tontas fans? — El tono de voz del rubio se volvió frío. Siempre le había molestado que el otro muchacho tuviera tantos admiradores.
—No son tontas pero sí, es una de ellas. ¿Tú qué le regalarías?
—Un libro.
—No seas aburrido, Malfoy.
—No seas inculto, Potter. Un libro es un regalo más que decente. A mis fans les gustaría. Aunque, claro, no hay comparación. Mis admiradoras tienen buen gusto, algo que no se puede decir de las tuyas... Evidentemente —farfulló Draco, con el mentón en alto y voz de superado —. Tal vez puedas regalarle algún DC.
Harry sonrió —. CD, Draco. CD. ¿Cuántas veces te lo he dicho? Y no. Es que no sé qué le gusta. O sea, le gusto yo y le gustamos nosotros juntos —. Al terminar la frase, una idea se apoderó de su mente —. ¡Ya sé!
—¿Decidiste que no vale la pena perder el tiempo con personas que no son yo? Estoy de acuerdo —masculló el rubio, acercándose a una de las alacenas para buscar dulces.
El otro muchacho salió corriendo de la sala pero Draco había encontrado chocolates y tras organizar sus prioridades, se sentó en una silla y comenzó a comer. No era que Harry no fuera importante pero el chocolate era chocolate. O sea, ¡chocolate!
Instantes más tardes, el moreno regresó con una cámara fotográfica en la mano —. Ven aquí —le pidió.
—No, estoy comiendo.
—Sólo será un segundo —le aseguró.
—No —, volvió a negarse el rubio.
—¿Por favor? —pidió, una vez más el Auror —. Sólo quiero que te recuestes sobre la mesa para que comas frutillas.
Esa fundamental información hizo que Draco cambiara de parecer y, rápidamente, se sintiera predispuesto para colaborar en la elaboración del estúpido regalo —. ¿Así? —inquirió una vez que ya estaba acostado sobre la madera.
—Sip, así —respondió Harry y luego abrió la heladera para buscar las frutas —. ¿Quieres crema?
—No, quiero que estés aquí. Ya.
Con una sonrisa, Harry se acercó al otro muchacho y, colocando la cámara cerca de ellos, aproximó una de las frutillas a los tan besables labios de su novio para luego, lentamente, comenzar a ascenderla hasta llegar a la hermosa nariz.
Los cinco segundos ya habían pasado, así que, el disparador de la cámara se activó de manera automática, tomándoles la fotografía.
—Gracias —dijo Harry.
—¿Gracias? No, Potter. Te lo cobraré.
Harry puso los ojos en blanco. Por supuesto, debió imaginarlo. Con Draco nunca nada era gratis —. Está bien. ¿Qué quieres?
—¿Recuerdas la pulsera de caracoles que te di ayer?
—Sí.
—Quiero que juguemos a algo —le comunicó Draco, con una traviesa sonrisa en el rostro.
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La fotografía: h t t p : / / i35 . tinyp ic . c o m / f0x7k . j p g
(Quitar los espacios)
