Buenos días y muchas gracias por estar aquí conmigo de nuevo. Empezar una nueva historia siempre es difícil porque no sabes cómo os va a llegar. Espero que al menos le deis una oportunidad.

Mil gracias a todos por estar desde el principio y por apoyarme en esta afición que surgió de la nada pero que estoy muy feliz de haber empezado.

Hoy quiero dedicar en especial este capítulo a Ladydkl mi compañera, por estar siempre ahí, por sacar un hueco de donde no lo tiene para que hoy pueda subir y por todo lo que me ha ayudado este tiempo atrás. Gracias sin ti no hubiera sido lo mismo y espero que todo te vaya genial porque lo mereces.

Sin más os dejo con el capítulo.

Los personajes no me pertenecen…

Capítulo 1

POV KATE

Hoy me sentía mejor que nunca. Por fin acabe mi carrera y empezaba a trabajar en unos de los mejores bufetes de la ciudad, cuyo dueño era todo un ídolo. Él había confiado en mi trabajo y gracias a eso ahora estaba de becaria y pensaba aprender todo lo que pudiera de él para ser la mejor en mi trabajo, hacer justicia, que al fin y al cabo, fue lo que siempre me atrajo de este trabajo.

Iba camino a la casa del que sería mi jefe por primera vez, para reunirme con él. Hacía ya cuatro años casi que había dejado de ejercer. Mantenía el bufete aunque el ya no ejerciera debido a un accidente que marcó su vida.

Ese día hizo una excepción que me permitió reunirme con él, quería aconsejarme sobre un caso fácil que me habían asignado. Pero era mi primer caso, quería estar segura antes del juicio y saber su opinión, una opinión que valoraba sobre la del resto, y que no me vendría mal.

Cuando llegue a mi punto de destino me sorprendió, aquello parecía una mansión, reflejaba lo importante que fue en este mundo, pero cuando venía a mi mente la desgracia que le cambio la vida, me daba cuenta de que el dinero no siempre portaba la felicidad, ni siquiera servía para comprar la tranquilidad.

Me dirigí a la entrada y enseguida una chica vino a mi encuentro. Me abrió la puerta y se sorprendió cuando pregunte por él.

- ¿El señor Castle?

- ¿Tiene usted cita con él? – pregunto muy diligentemente.

- Sí, claro.

- Espere un momento que lo consulte - dijo dejándome en el recibidor de la casa.

Aproveche para hacerme una idea de su persona. Tenía una casa increíble, todo lujo allá por donde mirase. Era mucho más grande de lo que en el exterior parecía y eso que me pareció enorme.

Enseguida la chica volvió y me hizo andar por la casa hasta llegar al que era el despacho. Estaba repleto de libros de derecho mirase a donde mirase, allí había uno. Luego, justo enfrente mío, se encontraba un escritorio de madera de roble y detrás de él estaba Alexander Castle sentado. El hombre que más he idolatrado en mi vida.

- Buenos días señor - dije tragando saliva. Hasta ese instante no me había dado cuenta de lo nerviosa que estaba por conocerlo.

- Buenos días… ¿Beckett?

- Sí, Katherine Beckett.

- Bien, pasa. Me han dicho que querías preguntarme algo sobre un caso.

- ¡Oh si señor! pero primero quería darle las gracias por aceptarme es su bufete, para mi es todo un placer.

- Si ya…

- No, de verdad… lo he admirado desde siempre. Es usted el mejor abogado del mundo.

- Lo era.

- Nunca se deja de serlo.

- En eso tienes razón - dijo sonriéndome, tenía una sonrisa que atraía a cualquiera, aunque fuera algo mayor, es más, podría ser hasta mi padre - Bien empecemos - dijo señalando la silla frente su escritorio, para que tomara asiento y así lo hice.

Pasamos un par de horas hablando sobre el caso, estaba centrada en su forma de hablar, en como exponía el caso, en sus manos y como las movía, que se me paso el tiempo volando y hubiera seguido así, si no nos hubieran interrumpidos.

- ¿Sabes dónde están las llaves de mi coche? - pregunto un chico de unos veintitantos años, más o menos como yo, entrando sin llamar.

- No lo sé, tú sabrás donde las has metido. Y Rick la próxima vez… - pero no le dejo acabar cuando ya había desaparecido de nuestra vista - lo siento - dijo dirigiéndose a mí, algo avergonzado.

- No pasa nada. De todas formas creo que ya le he molestado mucho será mejor que me vaya-dije levantándome de golpe guardando todo-muchas gracias por su tiempo y ha sido todo un honor poder recibir su ayuda.

- La verdad es que lo he echado de menos. Si necesitas algo, resolver alguna duda no dejes de acudir a mí.

- Claro, muchas gracias - dije sonriendo nerviosa y tras un apretón de manos salí de allí casi corriendo avergonzada por lo que me hacía sentir aquel hombre. No podía evitar notar cierta atracción por él, por la inmensa admiración… solo era eso, pero… sería mejor salir de allí cuanto antes.

Cuando salí de la gran mansión me centré en el buen día que hacia fuera y lo que destacaba en ese magnífico césped de la entrada de la casa del señor Castle. Las miles de flores que había alrededor de aquella obra de arte que era su mansión. Salí mucho más tranquila con mi primer juicio, gracias a los consejos de él. Sin duda iba a ganar mi primer caso y pensaba volver si lo necesitaba por supuesto que lo haría, era un sacrilegio desperdiciar su gran talento como se estaba desperdiciando en estos momentos.

Salí en busca de mi coche y vi que ahí estaba un Ferrari justo en medio y no podía sacar mi coche hasta que no me lo quitaran. No sabía qué hacer y mire el reloj, llegaba tarde a la cena con mis padres y seguramente me lo echarían en cara, ya que últimamente desde que empecé en el bufete apenas nos vemos y prometí pasar esa tarde con ellos, cenar, pero todavía me quedaba casi una hora de camino y si no salía ya apenas llegaría para la hora de la cena. Vi uno de los trabajadores del señor Castle justo allí arreglando la valla de la entrada y decidí ir a preguntar si alguien podía quitar de allí aquel Ferrari, solo esperaba que fuera lo más rápido posible.

- Perdone, ¿Puede decirme de quién es ese coche? - el hombre miró hacia donde mi mano señalaba y su cara se quedó seria.

- Es del señorito Castle.

- Oh… ¿Puede decirle si lo puede quitar?

- Yo puedo decírselo pero que me haga caso eso es ya otra cosa - dijo con cara de fastidio por tener que hacerlo. Aunque no debía sorprenderme por cómo había hablado a su padre hacía apenas unos minutos -Oh mira ya se va - dijo el hombre con una sonrisa sin duda de haberse librado de tener que ir a pedírselo.

Cuando me giré me encontré con el mismo chico de antes que se montaba en el Ferrari y sin decir una sola palabra arrancaba el coche y salía a toda velocidad por el camino de arena que daba entrada a la calle quedando una gran polvareda a su paso.

- Gracias - dije con una sonrisa marchando hacia mi coche con cara de circunstancia. Sabía lo que había vivido aquella familia, yo no era quien para criticarles su forma de llevar una tragedia, pero aun así no entendía algunas cosas y lo que más me disgustaba era lo que estaba sufriendo ese hombre, lo que había tenido que dejar, el talento que se había perdido y luego su hijo… no, prefería no hacerme una idea de una situación que no conocía. Ese chico había tenido que pasar por mucho y aunque no tuviera razones para hablarle así a su padre para actuar así… yo no era nadie para decidir cómo alguien tiene que vivir con ese dolor.

De repente recordé la prisa que llevaba y arranque el coche y con cuidado salí de aquella propiedad para volver a mi casa, una casa completamente diferente. Quizás no tengamos esos lujos pero nos tenemos los unos a los otros, gracias a la vida hemos tenido una vida tranquila sin ninguna tragedia que pudiera hacernos cambiar de la manera que esa familia lo había hecho.

Llevaba ya seis kilómetros por aquellas tranquila y solitaria carretera que llevaba a la casa de los Castle cuando empezó a lloviznar. Afogué un poco y le di al parabrisas. Esa pequeña lluvia empezó cada vez a ir a más y maldije porque era algo que sin duda iba a retrasarme. Seguí conduciendo con cuidad cuando de repente vi un coche averiado en el arcén de la carretera. Allí estaba de nuevo ese Ferrari rojo que hace apenas unos minutos me había cortado el paso. Estuve tentada a no parar pero… yo no era así, mi madre siempre me enseño que había que ayudar a todo el mundo aunque no te cayera nada bien. Reduje la velocidad y me aparté de la carretera con cuidado. Tome aire, me coloque la chaqueta y me decidí a bajar sin saber que era lo que podía encontrarme.

CONTINUARÁ…

Muchas gracias a todos por leer y darle una oportunidad, espero que os haya gustado y si es así, mañana tendremos otro capítulo.

Mil gracias y que paséis un buen día.

XXOO

Twitter: tamyalways