Tenia ganas de escribir algo del trío de Ace, Sabo y Luffy desde hace mucho tiempo así que hice tres dabbles desde la perspectiva de cada uno ante un acontecimiento muy especial es sus vidas... el día en que se convirtieron en hermanos. Espero lo disfruten, un beso enorme a todos :*

Los capítulos han sido resubidos y corregidos ya que había muchas inconsistencias. Le agradezco enormemente a Ilet Moratar se tomo la molestia de revisarlos e indicarme cuales eran estas.

Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra de la gran mente de Oda-chin.


"Lo más probable es que terminemos en barcos diferentes. ¿Ya lo sabían? Cuando los hombres brindan se convierten en hermanos. Tal vez no seamos nakama en el mismo barco pirata, ¡pero estaremos unidos por nuestro lazo de hermanos! No importa lo que hagamos o donde estemos… ¡nadie romperá ese lazo! A partir de ahora…. ¡somos hermanos!"

Ace

No consigo dormir por la felicidad que recorre mi cuerpo, pero más que eso es Luffy y sus ronquidos que resuenan por todos lados. Trato de ignorarlo un momento, pero sonrío ante las palabras indescifrables que salen de su boca… Luffy el pequeño llorón, mi hermano.

Tengo ganas de gritarlo, de gritárselo a esos dos lo feliz que me hace tener una familia y que sea ésta precisamente conformada por ellos, pero por obviedad no voy a hacerlo; más que por convicción, esta vez es por pena… tal vez un poco de miedo.

Luffy no deja de roncar, así que le muevo el brazo para que deje de hacerlo, no funciona. Lo miro y recuerdo que debo de protegerlo como su hermano mayor, pero la paciencia se me agota y decido darle un golpe en la cara. Se levanta de sentón, confundido, me doy la vuelta para que no se dé cuenta que he sido yo. Escucho casi inaudiblemente la risa de Sabo.

¿Quién de los dos es el hermano mayor? No importa, si tuviera que elegir claro que optaría por Sabo, envidio de cierta manera lo centrado que es y como mantiene la calma, admiro su temple. Indudablemente es muy contrario a mí, tal vez por eso suelo pensar que Luffy le aprecia más. Pero sé que no es así. Gracias, Sabo, si no hubiera sido por ti en estos momentos no podría estar disfrutando la felicidad que inunda mi ser.

No lo diré abiertamente o por lo menos, no en estos momentos, muchas gracias a los dos por querer como hermano a alguien que lleva sangre maldita en sus venas. Sin perjuicios ni etiquetas, por aceptarme simplemente a mí, pese a la poca paciencia que cargo y el carácter solitario que en ocasiones suele caracterizarme. Pero sé que no estoy solo… y no lo estaré nunca más.