Fuego y mar.

Disclamer: Percy Jackson y los héroes del Olimpo no me pertenece, es propiedad de Rick Riordan, yo solo hago esto por entretenimiento.

—Hey, chico acuático —llamo Leo al ver pasar a Percy de camino al Bunker número nueve—, me preguntaba si querrías…

La sonrisa de Valdez cambio a una mueca triste cuando vio que el hijo de Poseidón pasaba de largo sin mirarlo siquiera. De haber sido otras las circunstancias, lo habría enfrentado y le habría reclamado por ello pero las cosas no eran tan simples. Y todo era su culpa.

Dioses, ¿cómo había podido ser tan estúpido?

Se suponía que eso no debía de ocurrir. Él había muerto y revivido para sacar a Calypso de Ogygia y Percy había sobrevivido al Tártaro al lado de Annabeth, parecía que, por fin, Leo se quedaría con la chica mientras que su amigo afianzaría aún más su lazo con la hija de Atenea y ambos tendrían su final feliz, todo lo feliz que un semidiós pudiera ser, claro.

Pero como al destino, a Afrodita u otro posible culpable cuya identidad Leo no alcanzaba a adivinar, le gustaba divertirse a costa de jugar con sus vidas, todo se había ido al garete.

Percy y Annabeth habían roto su relación algunos meses después de lo ocurrido con Gea y el Tártaro luego de que esta le confesara al joven de ojos verde mar su intención de enfocarse en su carrera como arquitecta de Olimpo y que, aunque su tiempo juntos había sido maravilloso, no tenía cabeza para nada más.

Calypso, por su parte, fue un poco menos sutil. Le agradecía por todo lo que había hecho pero estaba cansada de pelear con él y prefería explorar el mundo por su cuenta.

No supo cómo ni cuándo pero el moreno de ojos verdes y él se habían vuelto muy cercanos desde entonces. Quizá fuera porque ambos estaban solteros o tal vez porque habían sido abandonados por razones similares, Leo no lo sabía y, francamente, le daba igual a esas alturas.

Percy lo hacía reír y se reía de sus chistes, lo acompañaba en sus bromas y siempre podía contar con él cuando la melancolía y la tristeza lo acechaban y Piper no estaba para confortarlo.

Hasta aquella noche.

Aquella noche en la que tanto Annabeth como Calypso retornaron al campamento, ambas más bellas que nunca por la felicidad que sus nuevas vidas les traían además de lo que obviamente se cocinaba entre ellas con Reina, la pretora del campamento Romano, lugar donde la titán había hecho la última parada en su viaje recorriendo el mundo antes de regresar al lugar que la cobijo tras abandonar la isla.

Ambas chicas claramente competían por la atención de la hija de Belona, Annabeth narrando las mejoras que había hecho al Olimpo inspiradas en su estancia en Nueva Roma mientras que Calypso detallaba los cambios hechos en el jardín y agradecía a Reina el haberle permitido quedarse un tiempo así como ayudarle a mejorar sus habilidades en las peleas cuerpo a cuerpo.

Valdez alcanzó su límite cuando atrapó a Piper mirando con interés y cierta pena a la romana, quien hacia una verdadera demostración de paciencia al no abandonar la mesa y permitir que ambas se destrozaran como, claramente, querían hacer.

No recordaba mucho luego abandonar la mesa con el resto de los campistas pendientes de aquella bomba a punto de estallar.

No recordaba haberse cruzado con Percy, no recordaba haberlo besado o haber terminado en su cabaña, su mente se hallaba obnubilada por la imagen de su ahora ex novia coqueteando con la hija de Belona frente a todo el mundo y, cuando reaccionó, era demasiado tarde.

Aún podía ver la imagen del cuerpo de Jackson cuando cerraba los ojos, sudado y sonrojado entre un mar de ropa tirada y sábanas revueltas mientras arremetía en su interior, dejando que el despecho se canalizara en un acto apasionado y violento.

Lo peor vino después cuando reparo en el daño que le había causado al de ojos verdes, marcas que iban desde un simple chupón en el cuello hasta una quemadura en el tobillo derecho y la espalda baja.

Perdóname sirenito —había dicho Leo a la mañana siguiente—, ¿te lastime? —agregó muerto de vergüenza y culpa por lo ocurrido.

Pudo haber sido peor —respondió Percy haciendo un gesto de dolor al sentarse para ponerse la playera—, pudiste haberme quemado por dentro. Me preguntó si Will se refería a eso cuando dijo que ‹‹Me pondrías a arder›› —agregó mirándolo con el rostro rojo.

Eso lo descoloco, ¿de verdad Percy había hablado con el hijo de Apolo sobre eso?

¿Le preguntaste a Wil sobre sexo gay? —quiso saber incrédulo.

Algo así —contestó un tanto incómodo—. En realidad le pregunte sobre...

¿Qué cosa? —pronunció el latino repentinamente tenso.

Creo que me gustas Leo.

Después de eso todo era confuso.

Desconfianza por su parte, Jackson repitiendo su declaración mientras le aseguraba que no era ninguna broma seguida una discusión entre ambos y finalmente, Percy echándolo de su cabaña hecho un mar de furia.

Desde entonces habían trascurrido dos meses y Leo se sentía ahogado, cada vez que intentaba acercarse se topaba con un mar embravecido que mezclaba la indiferencia y el resentimiento plasmado en los ojos del hijo del dios del mar.

Y lo peor era que no sabía qué hacer para reparar lo que él mismo se había encargado de destruir.